Personalizar legibilidad
Aa

Sin Mona y Sin Lisa

Todos los derechos reservados ©

Sinopsis

Miguel Ángel se desvive por dos chicas. Juega por partida doble y se arriesga a perderlas. Mona, una chica de ciudad y Lisa, de un poblado de Texas. La distancia le da lamiportutnidad de jugar al novio con ambas, pero las consecuencias siempre llegan.

Genero:
Romance
Autor/a:
Pat
Estado:
hace 12 días
Capítulos:
3
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

LOS TRES MOSQUETEROS (O LOS TRES MOCOSOS)

Rafael, Leonardo y yo

Mi madre decía que mi hermano Leonardo y yo jamás brillaríamos en sociedad.

Rafael, por su seriedad quizá se salvaría. De los tres varones que tuvo por hijos, cada uno brillaba por algo en especial y no hablo de cualidades precisamente. La caballerosidad era algo que, a pesar de los esfuerzos de mis padres, no se nos daba de forma natural.

Rafael, el más cuerdo de los tres, Leonardo el carismático y yo, el bohemio. Aunque mi madre, decía que yo soy un romántico sin remedio.

Crecimos en la gran ciudad de México, cuando ir y venir por las calles de la colonia del valle, no era de valientes.

Los tremendos hijos de Doña Teresa Greenwich, una mujer de origen irlandés, rica hasta los dientes, tacaña como nadie y que solo su marido, es decir mi padre, Don Ambrosio Arango, le pudo aguantar.

Papá era mexicano pero de padres texanos, él era más bueno que el pan de nata que hacía la abuela en los cumpleaños. Solo que, cuando se enojaba, no había quien lo hiciera entrar en razón, se ponía verde, luego rojo y si cambiaba a morado, nos cargaba con todo y todo.

Después de ser bautizados como los terroristas del barrio y que nuestros progenitores recibieran constantes acusaciones por nuestro imparable comportamiento, mis padres, decidieron enviarnos todo el verano a Texas al rancho del tío George.

El castigo, era realizar tareas rudas para forjar nuestro carácter, y también darse ellos un respiro. En el fondo, deseaban descansar un poco del trío de pirados que amenazaban la estabilidad de su casa, su negocio y el barrio.

Ellos creían que era un castigo, pero la emoción nos embargaba. La prima Jenny y el primo Andy eran nuestros cómplices de travesuras, por lo que la odisea de aquellas vacaciones parecía ser genial. Cual fue nuestra sorpresa al llegar al rancho de Saint Peter, el tío George y la tía María, se encontraban solos con sus trabajadores. Los primos estaban en México con nuestros padres, donde trabajarían de igual modo en su restaurante, haciendo las labores adecuadas para forjar su carácter.

Nos asignaron nuestras tareas, para ser honesto, poco gratas. Y lo que era el colmo, a cargo de su capataz Adri, quien se dedicó a mantenernos ocupados de tiempo completo: Ordeñar las vacas, limpiar el establo, alimentar a los cerdos, ir y venir, cargar y descargar, surtir los bebederos, lavar los coches, regar las plantas y si era necesario ayudar con la cosecha.

Rafael de dieciséis años, Leonardo de catorce y yo de doce, bueno, casi trece. La pubertad me brotaba por los poros y mis hermanos no se quedaban atrás. Las hormonas hacían de las suyas, sobre todo cuando Milly, la sobrina de Adri, que también se encontraba de vacaciones en el rancho, se recostaba frente al porche de la cabaña donde vivían a tomar el sol. La muy ingrata se vestía con pantalón corto de mezclilla y su camisa blanca amarrada a la altura del ombligo, que no dejaba mucho a la imaginación.

Durante días nos dedicamos a observarla, teníamos ya nuestros lugares privilegiados para el momento de la contemplación. Salía a las once menos cuarto a recibir a su amiga Mindy, se abrazaban y se contoneaban de ese modo en que solo la chicas saben hacerlo. Se dirigían a los camastros y se untaban bronceador, mientras desde lo alto del granero los tres babosos ya teníamos nuestro palco y se nos endurecía hasta el cerebro.

Rafael que era el grande, en múltiples ocasiones aprovechaba para llevar la pastura al establo y pasar frente a ellas. Pero las muy dignas ni siquiera lo miraban. Se hacían las interesantes y lo ignoraban por completo, mientras Rafa hacía de todo para llamar su atención.

Leonardo que era el carismático, trataba a su manera de coincidir con ellas, pero para su mala suerte, Adri siempre lo enviaba a algún mandado en el momento justo.

No puedo decir que el suertudo era yo, pues siendo el más pequeño, aquel par de quinceañeras pasaban de mí.

El almuerzo era una cosa curiosa, cada uno servía su comida y lavaba su loza, por lo que a veces había que hacer fila. Llegaba la pequeña hermana de Milly, una extrovertida niña de unos ocho años, pecosa y de ojos café claro, que se dilataban cada vez que se topaba conmigo. Se ponía colorada de las mejillas, acentuando sus pecas y su sonrisa.

-Uy, le gustas... - se burlaba de mi Leonardo cada vez que la Pequitas estaba a mi lado.

Milly, como buena hermana mayor se dedicaba a molestarla. Una tras otra, la intimidaba con tonterías.

-Pareces niño trepando a los árboles. Así no habrá chico que se te acerque.

La pequeña Pequitas me daba ternura, su madre había muerto hacía un par de años, Adri se quedó a cargo de las niñas debido a que el padre les había abandonado.

Milly era mucho más femenina, debido a que creció en la ciudad. Sin embargo, la simpática Pequitas crecía en el rudo ambiente del rancho, no había más niñas con quien jugar. Por las tardes en nuestros ratos de descanso jugábamos béisbol. La Pequitas se unía a nosotros, por supuesto las dos doncellas quinceañeras ni lo consideraban, eso era cosa de niños y ellas debían cuidar su reputación de chicas populares en el condado.

Al terminar el verano, volvimos a casa con una lección aprendida. Por lo que a raíz de esa experiencia, nuestro carácter cambió, no sé si para bien o para mal, aun así, había una reputación que cuidar y aunque nuestras travesuras cada vez eran menos, seguían culpando a los tres terroristas de cualquier cosa que sucediera en el barrio.

Así pasó el resto de nuestra pubertad y juventud, cada verano éramos enviados a Austin, y cada año volvíamos con nuestro forjado carácter. Papá se creía que nos volvíamos hombres de provecho, aunque la fama de terroristas seguía vigente en el barrio.

La edad y nuestros intereses nos habían llevado por caminos distintos, Rafael

entró a la universidad, y gracias a su seriedad y buen comportamiento logró ingresar a la escuela naval en Estados Unidos.

Mamá sufrió mucho, pues al estar enlistado, en cualquier momento podrían mandarlo a la guerra, pues bien es sabido que los gringos nunca se están quietos en esos menesteres.

Leonardo, seguía sin brillar en sociedad, no había chica que se le resistiera a sus encantos, pero con ninguna tenía algo serio, así que pasó de ser el terrorista, al rompecorazones de mala fama y enemigo de todas las señoras del barrio con hijas adolescentes. Luego decidió estudiar administración de empresas turísticas y se puso a trabajar en el negocio familiar.

Y yo, Miguel Ángel, casi veinticinco años, decidí sentar cabeza y me hice de una novia; Mónica, la hija de don Pedro, el carnicero, a quién todos llaman Mona.

Don Pedro era proveedor de mi padre, tenía una carnicería y yo iba por los filetes y los chorizos, todos los días. El problema se vino un día, al llegar al restaurante, que me he encontrado a mi padre con una carta en las manos. El tío George había enfermado y mi primo Andy, estaba de viaje de trabajo, así que me envió de nuevo aquel verano al rancho de Texas, para mala suerte mía.

Me despedí de Mona, prometiendo traerle un gran regalo del extranjero. Con mi cara de baboso, porque no hay otra palabra para describir lo alterado que me ponía mi novia cuando caminaba.

En Texas, me olvidé de Mona, Pequitas, se había convertido en toda una mujer.

Era la chica más linda del condado, Pequitas siempre buscaba un momento para estar conmigo al atardecer. Ya no jugábamos béisbol. Me dejaba llamarla Pequitas, pero su nombre era Lisa. La mujer que robó mi alma, mi mente y mi corazón. La que me hizo ver mi suerte, que me amó con locura, y luego me abandonó.

Así que, les contaré la historia, de cómo me quedé, sin Mona y sin Lisa.


FOTO: Los Tres Mosqueteros – Rancho Texas

Imagen creada con IA por Pat Muñoz

Granjeando aura desde León

¡Cuéntale a Pat lo que piensas sobre este capítulo!
Me encanta

0

Me encanta

Divertido

0

Divertido

Picante

0

Picante

Suspense

0

Suspense

Emotivo

0

Emotivo

Profundo

0

Profundo

Alentador

0

Alentador

Impactante

0

Impactante

Bien escrito

0

Bien escrito

Trama absorbente

0

Trama absorbente

Buenos personajes

0

Buenos personajes

Diálogos potentes

0

Diálogos potentes

Otras recomendaciones

La favorita de la profesora

Jud: Historia corta con buen desarrollo y ritmo

Leer ahora
Vuelve a mi

Hildaaaa: Me ha gustado mucho pero creo que se necesitaban más contexto o como capítulos del pasado.

Leer ahora
ATRAPADO

MONSY💋: Me.encanto 💋

Leer ahora
Noah Clark

Arwen: Me encanta esta historia, definitivamente puedes ir de lo más Taboo y prohibido ,hasta lo más romántico y dulce, está novela difiere mucho de las historias tuyas que he leído y me encanta.

Leer ahora
Una sorpresa para el millonario

Alexandra: Me gusta como desarrolla la trama y me emociona cada capítulo, excelente

Leer ahora
Euphoria

Thv_KimVante: ❤️ muy bien ❤️‍🩹

Leer ahora
No te vayas

Anna: Es cierto el perdón libera y jimin reconoció su error también ambos lo hicieron me gustó sigue escribiendo 😍😊

Leer ahora