PROLOGO UNA NANA
—Larga vida...
La voz se apagó por un instante.
—Larga... vida...
Quizá eso era todo lo que recordaba de aquella nana.
O quizá había olvidado el resto.
Alguien comenzó a tararearla suavemente, buscando entre sus recuerdos una melodía demasiado antigua para ser nombrada.
—Mmm... mmm... mmm...
Nadie ha escuchado al mundo hablar, porque hemos perdido la conexión con él. El mundo lo sabe. Sabe que preferimos el ruido para no escucharlo.
Aun así, en su corazón, Shambala guarda una canción para todos nosotros.
Una canción que nadie recuerda haber aprendido, pero que, de algún modo, todos conocemos.
Quizá siempre estuvo allí, esperando bajo las raíces, entre las piedras y en el murmullo del viento.
Solo tenemos que dejar de hacer ruido para escucharla.
—¿Y cuál es la canción del mundo?
No puedo decírtelo.
—¿Por qué?
Porque realmente no la sé.
Tendrás que entrar en mis memorias y verlo por ti mismo... aunque quizá debería decir: sentirlo por ti mismo.
Pero si estás asustado, o esperas encontrar una historia hermosa, retrocede.
No entres en mi mente.
Podrías perderte en las viejas eras, cuando los dioses y los humanos caminaban a la par, cuando las estrellas parecían estar al alcance de las manos y aquello que hoy llamamos imposible era simplemente otra forma de existir.
La era donde todo era posible.
Si decides continuar, no me preguntes qué estás viendo.
Pregúntate por qué puedes sentirlo.
Porque las memorias no siempre muestran lo que ocurrió.
A veces muestran lo que el mundo quiso que recordaras.
Y cuando encuentres su canción, quizá descubras que nunca estuvo cantando para nosotros.
Quizá estaba esperando que recordáramos cómo escuchar.
La voz volvió a tararear.
—Larga vida...
Hubo un breve silencio.
—Larga vida... al mundo.
Y entonces comprendí que quizá nunca había olvidado la nana.
Solo había olvidado para quién había sido cantada.
Todo empezó con una nana.
![Eres mía [#1]](https://cdn-gcs.inkitt.com/vertical_storycovers/ipad_4344f13bc3a0abb8b1c504d5bd3ac0a3.jpg)







