⠀♡ྀ.⠀⠀⠀섹스⠀;⠀𝗎𝗇𝗂𝑞𝗎𝖾
경고.ᐟ.ᐟ⠀⠀contenido vulgar & sexual explícito,⠀Nam!top x Jin!bottom,⠀feminización,⠀boypussy,⠀sexo irreal / sin protección,⠀dub-con / non-con,⠀vínculo tóxico,⠀desequilibrio / abuso / diferencia de poder,⠀angst,⠀miscarriage / forced abortion,⠀dependencia & coerción emocional / física & psicológica,⠀ooc,⠀comportamiento / actitudes posesivas,⠀violencia / degradación normalizada,⠀manipulación & chantaje,⠀gaslighting,⠀more in bio.
기억하다 .ᐟ.ᐟ⠀⠀este oneshot NO normaliza la dinámica empleada ni busca validar los comportamientos narrados; todo es FICCIÓN. Si eres o fuiste víctima de una situación similar, hazlo saber a personas de confianza.
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⠀⠀⠀⠀Jin se alejó de la puerta principal, con la cabeza gacha y entristecido. Su pecho dolía por una melancolía que no sabía nombrar. Quizá —asumió— debería tomar su libro de fonemas e intentar sanarse, practicar los sonidos frente al espejo. Así, cuando Namjoon volviera, podría hacerlo feliz gimiendo su nombre con claridad y sumisión mientras compartieran su intimidad —sin importar su estado— en cualquier esquina del departamento, pintando hematomas sobre su piel al tratar de recuperar los días en que aún tenía voz.
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⠀⠀⠀⠀Transcurrieron más horas, aunque Seokjin no supo cuántas. No tenía reloj: Namjoon se los había quitado argumentando que el tiempo solo le causaba ansiedad innecesaria. A pesar de eso, era consciente que había pasado mucho al ver que los finos rayos de luz de las cortinas se apagaban por completo, reemplazados por la oscuridad de la noche, y Namjoon seguía sin regresar.
⠀⠀⠀⠀El sol había girado tres veces desde la última vez que lo vio. Tres días de encierro absoluto desde la tarde en que él —con una torpeza ilusionada— intentó mostrarle la tarta de fresas que preparó para el moreno con amor siguiendo las instrucciones de un libro de cocina. Jin había corrido a recibirlo, señalando su preciosa obra culinaria, pero eso no estaba en planes del mayor.
⠀⠀⠀⠀Namjoon llegó con la mirada sombría y la mandíbula tensa. En lugar de probar el postre o prestarle atención, lo tomó del cabello tirándolo al suelo del pasillo, lo despojó de sus ropas y poseyó allí mismo de forma furiosa mientras él intentaba gemir algo.
⠀⠀⠀⠀«No necesito comer esa mierda ahora… Solo te necesito a ti, dangshin*», murmuró descansando su mejilla sobre la cabeza del rubio.
⠀⠀⠀⠀Seokjin hipó a mares, su cuerpecito sosteniéndose sobre la madera, intentando entender qué había hecho mal para que Namjoon no quisiera probar su tarta. Esa semana ni siquiera había tocado sus pastillas, ¿por qué decidió hacerlo fuera de la cama?
⠀⠀⠀⠀«Déjame terminar».
⠀⠀⠀⠀Luego de aquel incidente, el pelinegro se levantó y arregló la ropa, dejándolo tirado como si fuera un objeto más. Jin se pegó contra la pared con los muslos manchados. Vio como Namjoon volvía a abandonar el departamento alegando que tendría trabajo indefinido, advirtiéndole que no causara problemas ni hiciera alguna estupidez.
⠀⠀⠀⠀«No estaré cerca para llevarte a emergencias, bonita. Sé fuerte para mí».
⠀⠀⠀⠀«Mhm…», respondió con una sonrisita que no supo a qué sentimiento atribuir.
⠀⠀⠀⠀Cuando el mayor desapareció de su vista, se mantuvo quieto en el suelo, divisando el caos residual entre sus piernas. Nunca supo en qué trabajaba; jamás preguntó porque sabía que no tenía derecho a saberlo. Sin embargo, Seokjin siempre lo veía llegar exhausto, oliendo a humo, a calle y, a veces, a un perfume que fingía no notar —enterrando su desconfianza— para no desmoronarse y para no hacerlo enfadar. Namjoon en varias oportunidades llegaba cansado que jamás tenía el ánimo o paciencia para escucharlo practicar los fonemas que intentaba pronunciar tras su accidente con los cristales.
⠀⠀⠀⠀— Na... —jadea con extrema dificultad. Sus cuerdas vocales silbaron, protestando por el esfuerzo de emitir sonido.
⠀⠀⠀⠀«Vamos, dangshin*, gime más fuerte para mí. Demuéstrame que sirves para algo», instó la voz en su mente.
⠀⠀⠀⠀Jin asintió en la penumbra. Sabía que debía aprender. Debía soportar el dolor e irritación para complacerlo, porque era Namjoon lo único que lo hacía feliz desde que lo sacó del abismo a pesar de tener una relación llena de malentendidos. Convencido patológicamente de que su único valor radicaba en su capacidad para ser usado por el hombre que lo amaba.
⠀⠀⠀⠀Desvió la mirada de la oscuridad y miró su alrededor de reojo. Estaba en el fondo del armario de la habitación principal, escondido como de costumbre. La ropa de Namjoon —chaquetas grandes que olían a su habitual loción nocturna— colgaban sobre su cabeza. Estar rodeado de la esencia ajena le recordaba a los rincones oscuros de su pasado que antes lo perseguían por los callejones hasta capturarlo.
⠀⠀⠀⠀El armario era su refugio seguro dentro del inmenso departamento. Sin embargo, la tranquilidad se rompió cuando un recuerdo lo asaltó su mente: ese lugar también era su prisión. Ahí era donde Namjoon lo encerraba, cuando no podía parar de llorar durante las crisis provocadas por la falta de medicina y pesadillas sobre las agresiones que recibía en la calle.
⠀⠀⠀⠀«¡Cállate! ¡Cállate la puta boca de una vez o no saldrás en una semana! ¿¡Así me respondes después de todo lo que hice por ti!? ¡Eres un imbécil, Jin! ¡Un inútil!», gritó el recuerdo vívido del moreno, distorsionando sus hermosos rasgos con rabia.
⠀⠀⠀⠀Se recordó llorando, golpeando débilmente la puerta de madera desde adentro, arañando la base y suplicando salir porque le temía a la oscuridad. Aquella vez el castigo había sido espantoso, ¿y por qué? Porque Namjoon lo descubrió de pie frente al ventanal mirando los coches, con la manito vendada apoyada en el cristal insonorizado, añorando por un segundo el ruido de la vida.
⠀⠀⠀⠀Él lo interpretó como un intento de fuga y una traición.
⠀⠀⠀⠀Jin reprimió su sollozo. Gateó lentamente fuera del armario empujando la puerta entreabierta y —con sus manos tibias— dobló cuidadosamente las colchitas suaves que guardaba en secreto en caso que por accidente tuviera que pasar otra noche encerrado. Acomodó todo para no dejar rastro y siguió gateando por el pasillo a oscuras, evitando apoyar el tobillo.
⠀⠀⠀⠀No solía caminar mucho por el departamento. Namjoon le había repetido que sus piernas no servían para desplazarse y que su cuerpo seguía frágil por los meses que pasó en la calle, así que él interiorizó que arrastrarse —y encogerse— era la única forma de mantenerse a salvo. De ser protegido antes que el mundo se lo comiera entero.
⠀⠀⠀⠀El trayecto, por más que fue a rastras, lo cansó. Llegó rendido a una habitación al final del pasillo. Era un espacio pequeño que solía ser la lavandería, pero Namjoon adaptó para que se volviera su sala de descanso. La habitación era un contraste con el resto del departamento: estantes con libros de fonemas, peluches de alpacas y astronautas, una alfombra acolchada, lámparas que proyectaban estrellas y un cesto de mimbre repleto de hilos de tejer.
⠀⠀⠀⠀Ese rincón era su espacio privado y Seokjin lo sabía, pero tenía un detalle claro: no tenía puerta. Namjoon había quitado las bisagras con el pretexto de evitar que se lastimara.
⠀⠀⠀⠀«Así estarás mejor, ¿entendido?»
⠀⠀⠀⠀El rubiecito se sentó en el centro de la alfombra, cruzando sus piernas bajo el camisón naranja y estiró las manos hacia la canasta de hilos.
⠀⠀⠀⠀— Te... —intentó decir, pero el sonido murió en un suspiro entrecortado antes de apoyar el canasto sobre sus extremidades desnudas.
⠀⠀⠀⠀Luego, se inclinó hacia adelante y buscó debajo de unas mantas arrugadas —escondidas cuidadosamente bajo el estante más bajo— hasta dar con su objetivo. Tiró con suavidad la enigmática tela resguardada, exhibiendo una de tonalidad blanca e inmaculada. Sobre ella, bordadas con hilos finos, había seis bonitas estrellas —hechas con un cuidado desgarrador— y una séptima aún sin terminar, con la aguja de madera clavada a la mitad.
⠀⠀⠀⠀— Hola... —saludó con ternura infinita, su vocecita apenas fue un roce de aire.
⠀⠀⠀⠀Con el índice delineó cada estrella de forma superficial, acariciándolas maternalmente como si temiera romperlas. Debajo de cada una, bordada con un hilo más oscuro, había un pequeños dígitos: 1/08, 1/01, 7/11... hasta llegar a la séptima.
⠀⠀⠀⠀A causa de los constantes cambios en su medicación y su disociación, Jin no recordaba conscientemente por qué o para qué las había bordado, pero su cuerpo lo sabía. Su corazón lo sabía. Mirar esas estrellitas le devolvía un gramo de paz, más cuando la soledad y el encierro lo superaban hasta dejarlo asfixiantemente solo.
⠀⠀⠀⠀Sus manos temblaron con bruma, pero tomó la aguja con determinación. Frunció el ceño y se dispuso a terminar la última punta de su séptima estrella.
⠀⠀⠀⠀— B... —quiso pronunciar.
⠀⠀⠀⠀Cada una llevaba un nombre.
⠀⠀⠀⠀Un secreto que jamás diría en voz alta para evitar las represalias de Namjoon. Sin embargo, las había bautizado en una noche de lluvia luego de escurrirse de la cama mientras este dormía. Aquella madrugada, dolido y exhausto por la fuerza con la que su cuerpo agonizó, no pudo pegar ojo. Necesitaba consuelo y compañía, algo que no lo usara ni le gritara, así que buscó refugio en sus fantasmagóricos medicamentos alternativos: sus estrellas.
⠀⠀⠀⠀Todas representaban un dolor del que no tenía permitido hablar; pequeñas luces de esperanza que intentó conservar en su frasco de cristal antes de que el pelinegro —con indiferencia— le ordenara arrancarlas bajo el argumento de que no era capaz de cuidar de nada.
⠀⠀⠀⠀— No pienso discutir contigo, estás enfermo, deshazte de eso ya. —dijo la primera que despertó en un hospital clandestino, mientras una jeringa le administraba un líquido transparente en la vena.
⠀⠀⠀⠀— Nam…
⠀⠀⠀⠀Aquella vez él se dejó llevar, e igual ocurrió las tres veces siguientes. Durante el quinto incidente, el moreno se enfureció por su incapacidad para cuidarse solo y arremetió quince golpes contra su vientre antes que la agonía lo hiciera vomitar.
⠀⠀⠀⠀— Joonie… —murmuró Jin sobre el inodoro, con los pantalones en los tobillos y Namjoon acariciándole las rodillas.
⠀⠀⠀⠀— Ya está… ya pasó —respondió sin perder el contacto visual. Se estiró hacia la palanca, tirando de ella antes de que él pudiera mirar lo que acababa de perder—. Vamos a bañarnos para que descanses, lo necesitas para recuperarte, dangshin*.
⠀⠀⠀⠀— Nam…
⠀⠀⠀⠀— Llamaré para que te administren suero y despejes la mente —continuó sin escucharlo—. Fue la mejor decisión que tomaste, mi vida.
⠀⠀⠀⠀«Perdónenme», pensó para sí mismo.
⠀⠀⠀⠀Ahora, sentado en la alfombra, su corazoncito dañado se sintió abrumado por la nostalgia. Un nudo le cerró la garganta, ahogando el aire. Las lágrimas se acumularon en sus ojos y comenzaron a caer —gruesas y saladas— sobre la tela blanca mientras miraba las estrellas bordadas.
⠀⠀⠀⠀En sus delirios solitarios, esas estrellitas se sentían reales; cuidándolo y amándolo incondicionalmente desde un plano externo a pesar de la cobardía con la que falló al no luchar por ellas.
⠀⠀⠀⠀Seokjin estuvo tan sumido en el llanto y la costura que no percibió la llegada de Namjoon, quien emergió de las sombras del pasillo. El rubiecito no recordó escuchar la puerta ni sus pasos resonar en la madera, pero al notar que “algo” obstruía la luz de la lámpara, dio un respingo y soltó la aguja. Alzó la cabeza de inmediato y, por puro reflejo de amor condicionado, le sonrió entre lágrimas.
⠀⠀⠀⠀Fue una mueca llena de ternura rota que empapaban sus mejillas pálidas.
⠀⠀⠀⠀— No te muevas. —indicó con una calma rasposa y aterradora.
⠀⠀⠀⠀Se agachó frente a él, ocupando todo su campo de visión. Sin previo aviso, levantó una de sus grandes manos y sujetó el rostro ajeno. Con el pulgar le quitó bruscamente la pequeña gasa cerca del ojo izquierdo, el recuerdo de un accidente contra la mesita de noche durante uno de sus arrebatos de ira. Namjoon esbozó una sonrisa al ver que la hinchazón morada había disminuido tras esos tres días de encierro.
⠀⠀⠀⠀— Tenemos que limpiarlo de nuevo, la piel está seca. —soltó sin más, ignorando por completo sus lagrimales.
⠀⠀⠀⠀Antes de que pudiera siquiera asentir, el moreno sujetó con dureza el cuello de su camisón naranja y tiró hacia arriba con fuerza extremista, obligándolo a ponerse de pie. El estirón fue tan brusco que sus piernas, entumecidas por la posición en la que estuvo durante horas, cedieron al instante.
⠀⠀⠀⠀Jin gimió de dolor mientras tropezaba hacia adelante por la falta de fuerza. Para no caer de bruces, se vio forzado a apoyarse con las manos en el suelo, entre gateos y tropiezos humillantes. En medio del pánico, aferró los dedos al lienzo que albergaba a sus estrellitas, abrazándolo contra su pecho para protegerlas.
⠀⠀⠀⠀— Na... —llamó él, suplicando con la mirada mientras intentaba levantarse.
⠀⠀⠀⠀Sin perder el tiempo en su espectáculo, Namjoon lo sujetó del antebrazo con una fuerza que prometía moretones y, literalmente, lo llevó hasta el dormitorio principal.
⠀⠀⠀⠀— Inútil… —gruñe levántandolo por la cintura, para sentarlo de golpe en el colchón y empujarlo contra el cabecero.
⠀⠀⠀⠀— Mhm... —el impacto le sacó el aire de los pulmones.
⠀⠀⠀⠀Antes de que pudiera recuperar el aliento, el pelinegro bajó la vista hacia sus manos, fijándose en la tela arrugada que yacía entre ellas. De inmediato le arrebató el bordado con indiferencia—. ¿Qué fue lo que dije?
⠀⠀⠀⠀Seokjin soltó un jadeo asustado, un sonido animal y agudo. Por un segundo, guiado por un instinto desesperado, estiró los brazos intentando recuperar su tesoro—. Na... ¡ah! —jadea apenas, con los ojos abiertos y la garganta ardiéndole por el esfuerzo.
⠀⠀⠀⠀Namjoon dio un paso atrás sosteniendo la tela entre sus yemas como si fuera un trapo contaminado. Su expresión se transfiguró a una decepción fingida—. ¿Volviste a coser esta mierda? Dangshin*... —dijo en un tono peligrosamente dulce—. Así nunca te vas a recuperar. Mírate, aferrado a porquerías del pasado. Te compré lo que querías, pero no para que desperdicies el tiempo en cosas deprimentes ni para que llores por lo que no existe.
⠀⠀⠀⠀— Be... —intentó explicarse, abriendo y cerrando las manos en el aire, desesperado. Sentía que le arrancaban el alma.
⠀⠀⠀⠀Quería decirle que no era basura, que esas estrellitas eran su mundo y que dolía. Sin embargo, Namjoon no le dio tregua, con un gesto despectivo arrojó la tela lejos de su alcance y —en un movimiento fluido— se abalanzó sobre él en la cama. Lo acorraló apoyando las manos a ambos lados de sus caderas, con su rostro a centímetros del otro, respirando su miedo.
⠀⠀⠀⠀— No, mi amor, no —sisea negando con la cabeza, como si el herido fuese él—. Estábamos mejorando tanto. Tú estabas mejorando. Hiciste que confiara en ti como imbécil… Me ausento tres días para darte este techo y esta ropa, regreso ilusionado solo para encontrarte escondido con esto, ensuciándote la mente otra vez con estupideces...
⠀⠀⠀⠀Jin, sintiendo las lágrimas nublarle la vista, empezó a mover sus manitos de forma frenética. Trataba de explicárselo con señas torpes que se redujo a aprender mientras su garganta sanaba del corte, también porque Namjoon lo había convencido de que su voz era molesta cuando lloraba.
⠀⠀⠀⠀«Lo siento…», gesticuló. «Mío…», indicó tocándose el pecho antes de simular que bordaba algo y volver a señalar su corazón. «Mío…», repitió mordiendo sus labios.
⠀⠀⠀⠀El moreno le atrapó las muñecas con una sola mano, frenando su comunicación. Apretó con la fuerza suficiente para que hiciera una mueca de dolor, regañándolo de forma ruidosa y llenando la habitación con reclamos y amenazas disfrazadas de afecto.
⠀⠀⠀⠀— ¡Eres egoísta! ¡Te saqué de la miseria donde vivías comiendo basura y te usaban otros adictos! Si prefieres llorar por esas porquerías de trapo en lugar de agradecer que te doy de comer, me voy —soltó sin más—. Te dejaré aquí, ¡solo! Quédate y púdrete siendo lo que eres, un puto paria. ¡Un maldito desgraciado!
⠀⠀⠀⠀El terror lo invadió. No quería volver a quedarse solo, no después del tiempo que estuvo compartiendo con Namjoon a pesar de sus errores. Recordar vívidamente la lluvia, el hambre y las burlas en los bares lo aterraba; la idea de un nuevo abandono lo quebró. Soekjin zafó del agarre como pudo, no para huir —no tenía dónde—, sino para aferrarse al cuello de la camisa ajena. Sus deditos blancos y nudosos se clavaron en la tela, colgándose desesperadamente.
⠀⠀⠀⠀— ¡Jo... ah...! ¡Ah...! —suplicó entre sonidos rotos e irregulares que le desgarraban las cuerdas vocales, sacudiendo la cabeza.
⠀⠀⠀⠀Le pedía que no se fuera, que lo perdonara, que sería un buen chico. El moreno suspiró pesadamente, apartando las manos con una falsa resignación. Se alejó hacia la elegante butaca en la esquina del dormitorio, tomó asiento y cruzó las piernas, mirándolo con una expresión indignada, llena de dolor.
⠀⠀⠀⠀— Tu comportamiento me lastima, Jin —dijo de repente, bajando la mirada—. Me duele verte desafiándome, lastimándote a ti mismo.
⠀⠀⠀⠀— Ah…
⠀⠀⠀⠀— Te amo, joder. Te amo, y por eso he hecho todo este sacrificio. Por eso te saqué de esa calle asquerosa, te di un hogar, mi amor y mi cuerpo... comodidades que jamás soñaste. Y tú me pagas llorando por algo que me encargué de borrar por tu propio bienestar.
⠀⠀⠀⠀Cada palabra terminó por enterrar la poca cordura subyacente en Seokjin, quien sentado en la cama y temblando como si siguiera bajo la lluvia, se sintió como el ser más abyecto, desagradecido y asqueroso del mundo.
⠀⠀⠀⠀Miró sus manos: estaba limpio, vestía tela suave y no pasaba frío. Namjoon tenía razón. Estaba seguro, viviendo tranquilo sin saber valorar lo que se le ofreció, causando problemas al único hombre que trabajaba por él, lo alimentaba y le demostraba su amor de formas específicas para que supiera valorarse.
⠀⠀⠀⠀«Si lo piensas, dolerá».
⠀⠀⠀⠀Sus encuentros varíaban: unas noches el moreno lo trataba con una dulzura absoluta, llenándolo de besos profundos donde su estímulo principal era conectar más allá de lo físico; en otras solo lo usaba como un receptáculo para desahogar su frustración, dejándole la piel morada, agonizando por la asfixia e hipando para que no le dislocara nada.
⠀⠀⠀⠀Incapaz de soportar su mirada de decepción, Jin se bajó de la cama. El piso de madera contrastaba contra sus rodillas blancas. Cruzó la distancia hacia la butaca arrastrándose —humillándose voluntariamente— y se abrazó a sus piernas, escondiendo el rostro en el pantalón oscuro. Con las manitos temblorosas, empezó a hacer señas sobre el muslo de Namjoon para que las sintiera.
⠀⠀⠀⠀«Lo siento…», le dijo desesperado. «Las abrazo cuando no estás», continuó comunicándose, aunque la mirada del moreno seguía vacía. «Me acompañan…»
⠀⠀⠀⠀— ¿Prefieres más eso antes que a mí? —inquiere entonces, sonando ofendido y casi con repudio por la declaración.
⠀⠀⠀⠀Jin negó frenético, frotando su mejilla contra la rodilla del mayor. Hizo señas mucho más rápidas para negar la verdad: No, no amaba a sus estrellitas más que a él. Namjoon era su todo, su pareja, su lugar seguro sin importar las circunstancias; pero aun así quería a aquellas estrellitas bordadas. Lo señaló a él, indicándole que era su octava estrella y que los amaba a todos de forma equitativa.
⠀⠀⠀⠀— No te entiendo.
⠀⠀⠀⠀El rubiecito deslizaba la mano por el cuello de su camisón, ansioso de no saber cómo decírselo sin sentirse amenazado. No quería causar problemas admitiéndolo, sin embargo, sus estrellitas eran importantes porque —aunque fue por un breve y trágico tiempo— habían crecido dentro de él. Fueron parte de su carne y de la de Namjoon antes de que él las desechara.
⠀⠀⠀⠀Desde arriba, el moreno mantuvo su semblante inexpresivo por un segundo antes de esbozar una sonrisa sombría. La adoración de Seokjin era embriagadora. Sin mediar palabra, le indicó que se acercara con el índice; simultáneamente, dirigió los dedos de su diestra a la hebilla del cinturón para desabrocharlo. El sonido metálico rompió el silencio de la habitación, instantes después, su miembro —erecto y demandante— quedó expuesto a escasos centímetros del rostro de Seokjin.
⠀⠀⠀⠀No hicieron falta indicaciones verbales; Jin estaba condicionado. Alzó la vista con sus ojitos rojos e hinchados fijos en la anatomía expuesta. No llevaba nada bajo aquel camisón naranja, solo sus medias de encaje para evitar sentir frío. Tembloroso se alzó sobre sus rodillas, sus dedos se posaron sobre los muslos anchos del mayor en busca de apoyo y, con un movimiento dudoso pero sumiso, levantó la tela hasta la cintura exponiendonsu pálido cuerpo, dispuesto a ser usado.
⠀⠀⠀⠀— Buena chica… —bisbiseó Namjoon al verlo.
⠀⠀⠀⠀Seokjin se acomodó abriendo sus piernas y sentándose sobre su bálano con lentitud, hasta acogerlo por completo. Un gemido sordo —una mezcla de dolor por la falta de preparación y un retorcido alivio mental— escapó de sus labios.
⠀⠀⠀⠀El dolor lo partía por la mitad, pero llenaba aquel vacío que amenazaba con destruirlo cada noche. Apoyando sus manos sobre el pecho ajeno, Jin comenzó a moverse débilmente de arriba abajo; sus caderas carecían de ritmo, era un vaivén letárgico debido a que estaba exhausto física y mentalmente.
⠀⠀⠀⠀— A-ah... —gimió sintiendo escozor en la garganta mientras intentaba acomodar las piernas para lograr la fricción que a Namjoon le gustaba.
⠀⠀⠀⠀— De prisa, Seokjin… —murmura.
⠀⠀⠀⠀Un sonido lastimero cortó el silencio: su barriguita gruñó, un ruido hueco y prolongado de su sistema. No había ingerido alimento en todo ese tiempo, más allá del agua que tomó de su vaso mordido. Namjoon lo ignoró por completo; el hambre de Seokjin no era su problema.
⠀⠀⠀⠀Sus grandes manos volaron hacia adelante, sujetando con brusquedad la pequeña cintura de Jin, apretando sobre los viejos hematomas. Lo empujó hacia abajo para forzar una penetración más profunda, mientras pegaba sus labios al cuello sensible, dispuesto a morder y succionar con agresividad las marcas violáceas que ya adornaban la piel de su pareja.
⠀⠀⠀⠀— ¿Se siente bien, cierto, mi amor? —preguntó ronco sobre el latir punzante de su cuello, impulsando sus caderas hacia arriba para imponer su fuerza.
⠀⠀⠀⠀— Mhm… Hmg… —fue lo único que Seokjin pudo articular, abrumado por la sensación.
⠀⠀⠀⠀— Eres lo más precioso que tengo, dangshin*...
⠀⠀⠀⠀Jin cerró fuertemente los ojitos, perdiendo la noción de la realidad y dejándose llevar por la intimidad para anestesiar el dolor de su pérdida. Se movía buscando desahogar su sufrimiento, no de forma sexual, sino mediante una emoción distorsionada que no sabía nombrar.
⠀⠀⠀⠀— Nam… —jadeó una última vez.
⠀⠀⠀⠀Los impactos de sus pieles resonaron por la habitación. Desesperado por la intensidad, el moreno dejó la ventaja de la butaca y acomodó a ambos en el suelo, a centímetros de la cama. Seokjin se aferró a sus hombros para no caer, hasta que el clímax llegó con un gruñido posesivo y Namjoon volvió a eyacular en él, llenándolo profundamente.
⠀⠀⠀⠀Jin jadeó debilitado, sintiendo el calor acumulado en su vientre bajo por la invasión seminal antes de que el peso ajeno casi lo derribara. Sin fuerzas, frotó su naricita en el cálido espacio del hombro y cuello de Namjoon.
⠀⠀⠀⠀— Na... —silbó su garganta, intentando agradecerle y pedirle que lo quisiera.
⠀⠀⠀⠀— Shh, no hables, amor. Tranquilo —dijo él, recuperando su tono cariñoso mientras acariciaba sus hebras sudorosas—. No te esfuerces recordando tonterías, por favor... No quiero verte llorar por cosas que no importan.
⠀⠀⠀⠀— Hm…
⠀⠀⠀⠀— Todo está bien ahora. —murmuró en su oído, sobándole la nuca en un falso gesto de ternura.
⠀⠀⠀⠀Seokjin asintió repetidamente contra su hombro, aceptando esa reinterpretación de su encierro. Satisfecho, Namjoon lo tomó por la cintura, lo desvinculó de su cuerpo antes de recostarlo en la cama para que descansara sin necesidad de caminar.
⠀⠀⠀⠀— Duerme... —dijo mientras se ajustaba el pantalón.
⠀⠀⠀⠀Agarró la inmensa colcha doblada en la esquina para cubrirlo, asegurándose de que quedase envuelto y listo para caer rendido por el cansancio, el hambre y el agotamiento físico. El rubiecito ni siquiera protestó. Con los ojitos entrecerrados, vio a través de la penumbra cómo Namjoon caminaba hacia la puerta y se agachaba para recoger del suelo la tela blanca donde había bordado sus siete estrellitas.
⠀⠀⠀⠀Lo vio salir de la habitación y escuchó la puerta cerrarse pesadamente, junto al sonido del pestillo de seguridad trabándose desde afuera, recalcando que lo encerraba de nuevo. Él se acurrucó bajo la colcha doblando las rodillas hacia el pecho, ignorando el dolor muscular y el ardor entre sus piernas.
⠀⠀⠀⠀Lentamente, llevó una mano hacia su propio vientre —pálido, plano y golpeado—, ahora cálido por la presencia espesa de Namjoon. Lo acarició con sus yemas durante unos segundos mientras una pequeña sonrisa se dibujaba en sus labios agrietados.
⠀⠀⠀⠀— Hm…
⠀⠀⠀⠀Fue cerrando los párpados, divagando con una última esperanza: tal vez en esta oportunidad no terminaría en un hospital. Tal vez demostraría ser lo suficientemente bueno para convencer a Namjoon de permitirle esa compañía durante sus ausencias. De lo contrario, una octava estrellita terminaría bordada en su mente, cuidándolo del frío, los medicamentos y las promesas rotas de su relación convencional.

⠀⠀⠀⠀Sinceramente, no tengo nada bueno que decir al respecto sobre este oneshot, más allá de que se me ocurrió crearlo porque estuve escuchando en bucle —y de madrugada— las canciones que ocupo como soundtrack de fondo para acompañarlo. Extrañaba hacer tramas angst y algo heavys, not sorry at all.
⠀⠀⠀⠀Primera chamba luego de estar en la primera semana de vuelta en la facultad. Me siento realizada con esto. (˶ = ̫ = ˶)࿔
⠀⠀⠀⠀Ah, es verdad. Si se preguntan por qué Jin tiene tantas vendas durante la narración del oneshot, les respondo rápido: Namjoon. En el texto doy señales de que tiene vendas y demás... bueno, todo lo provocó él.
⠀⠀⠀⠀𝗶.⠀Noona (누나): En coreano significa “hermana mayor”. Es un título honorífico informal y cariñoso que usan exclusivamente los hombres para dirigirse a una mujer mayor.
⠀⠀⠀⠀𝗶𝗶.⠀Dangshin (당신): Significa “tú“, pero depende del contexto, puede significar un afectuoso “cariño” entre parejas, un “tú” formal en la literatura o un “tú” agresivo durante una discusión acalorada. + Las parejas casadas suelen usar esta expresión para referirse a “cariño” o “mi amor”.
⠀⠀⠀⠀Por cierto, dejo el QR a mi canal donde comparto adelantos de mis futuros oneshots e ideas de cualquier ship de polybangtan. Pueden seguirme, ya que también pienso interactuar ahí (no muerdo, lo juro):

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