Prólogo
Sebastián
El ruido de las olas del mar chocando contra las rocas reverbera por todo el sitio a pesar de que estoy a varios metros alejado. El viento se cola por los ventanales y las cortinas blancas danzan al ritmo de la brisa.
—¿En qué piensas?
La voz baja y serena de la mujer que me acompaña se cuela a mi lado.
—¿Te importa?
—Nunca dejarás de ser un idiota, ¿no? —ríe y desliza sus manos por mis hombros—. Últimamente estás de muy mal humor, puedo ayudarte con eso.
Detengo su mano cuando se abre paso por la camisa entreabierta.
—No quiero tu ayuda, solo tu talento.
—Bien —alza las manos—. Tranquilo.
Me rodea y se planta frente a mí luciendo un vestido violeta ceñido a su cuerpo. Desliza las tiras por sus hombros y deja caer la prenda quedando alrededor de sus tacones.
—¿Haz visto un cuerpo cómo este en todo este año? —se muerde el labio.
La recorro con la mirada de pies a cabeza.
—He visto muchos, pero debo admitir que tienes tus atributos —miento porque la verdad me da igual si solo voy a tirármela.
Suelta una risita y procede a quitarse la tanga de hilo que me deja ver su sexo.
—¿Qué diría tu padre si te ve posando desnuda frente a mí?
—Nada, solo se enojaría por unos días —alza sus hombros restándole importancia—. Después de todo soy su única hija, aunque...
Se acerca con sensualidad y me acomodo para que se suba encima mío con sus piernas reposando a cada lado de las mías.
—Deberías preguntar más bien qué diría el árabe que me esta cortejando.
—No pierdes el tiempo, después decías que me amabas —me empino a los labios el vaso con whisky.
—Del amor no se vive, corazón —mueve sus caderas como una experta sobre mi miembro—. Además entendí que eres muy poca cosa para mí, merezco un hombre que me quiera para algo más que solo abrirle las piernas.
—Más bien di que no podrías conmigo.
—No te creas la gran cosa.
—¿Y por qué estás aquí en vez de con el árabe? —contraataco.
—Porque nunca está de más un buen polvo —desabrocha los botones de mi camisa y pierdo mi vista en sus senos que se elevan con cada respiración.
—Luego dices que no soy la gran cosa.
Ríe y me da un golpe en el brazo que a penas me generan cosquillas.
—No te veo como un prospecto para un árabe, eres más de empresarios.
—Como lo escuchas, ese tipo está loco por mí —estampa un beso en la comisura de mis labios—. Hasta me insinuó que quiere casarse conmigo.
Suelto una risa nasal.
—Necesitas ser virgen para eso, ¿lo sabes?
—Él se lo creyó —bate sus pestañas con una falsa inocencia.
—Aprendiste a mentir muy bien.
—Eres el maestro.
—Ves —alzo el vaso—. Al final soy un gran prospecto, tanto que todas las mujeres nunca se olvidan de mí.
Pone los ojos en blanco.
—Algún día caerás por una y ese día me reiré de ti.
Tenso la mandíbula cuando mi cabeza me traiciona con la imagen de una, así que reacciono enojado apartando a Florencia y llevándola contra la cama donde cae de espalda.
—Ponte en cuatro —demando.
Ella obedece y me quito el pantalón junto con el bóxer para después sobar con una mano el miembro duro. Me coloco un preservativo y la tomo de las caderas al momento que ingreso de una estocada a su coño que me recibe sin problemas.
Gime con cada embestida y yo cierro mis ojos recordando de nuevo a quien no debo. Imagino que es ella por unos segundos hasta que abro mis ojos y veo el culo de la rubia recibiéndome.
—¡Ahí! —chilla y sigo dándole más fuerte.
Se toca el clirotis con sus dedos y le dejo el culo marcado con cada nalgada lleno de furia que le propino. Casi llora con el orgasmo que tiene y yo sigo sin llegar aún al mío. Salgo de su interior y continúo con mi mano.
—¿Te ayudo?
Cierro los ojos nuevamente imaginando que es esa mujer de ojos cafés quien me espera de rodillas lista para que me la chupe y hago la cabeza hacia atrás cuando me libero.
—¿Me das algo?
Miro a Florencia que esta de rodillas en la cama y dejo parte de mi eyaculación en sus senos mientras que el resto dejo que lo limpie con su boca.
Al terminar me coloco el bóxer y ella hace su ropa.
—Un gusto fue volverte a ver, Sebastián —se inclina a querer darme un beso en la boca pero me aparto—. ¿Ya no das besos?
—Pídeselos al árabe.
—Eres un caso perdido —ríe—. ¿Te quedarás más tiempo aquí?
—No habrá otro encuentro si eso piensas —busco el baño.
—Te estas volviendo un aguafiestas —bufa—. Antes dabas hasta varias horas de sexo sin parar y ahora un solo orgasmo.
—Si no te gusto eres libre de buscarte a otro —cierro la puerta en su cara.
No estoy para reclamos estúpidos. Entro a la ducha y me doy un baño rápido antes de alistarme para ir al restaurante para clientes vip del hotel.
Reconozco en seguida al hombre que está sentado en una de las mesas del balcón con vista al mar de Miami. Sus hombres trajeados me abren paso y saludan con un asentimiento de cabeza para luego cerrar las puertas corredizas y dejarnos solos.
—Hasta que por fin nos volvemos a ver, hermano —se pone de pie y extiende su mano.
—Dagmar —estrecho la mano y nos miramos fijamente.
Tomamos asiento y sé muy que sabe para que lo cite luego de mucho tiempo.
—Tu nombre ha estado sonado mucho en Europa últimamente —se empina su copa de vino—. Por fin te tomas en serio el negocio.
—Mejor tarde que nunca.
—¿O es que quieres enfrentar a tu padrastro también?
Lo fulmino con la mirada y él ladea una sonrisa sabiendo que toco un punto que no debe.
—No quiero meterme en su suciedad.
—¿Entonces qué haces hablando conmigo?
—Sé que eres un peor que esa escoria —me acomodo en la silla buscando comodidad—. Por eso, prefiero que seas tú mi socio a que él.
—Pero sabes que lo que tienes que hacer, ¿no querrás ensuciar tus lindos trajes Armani?
—Tú lo haces y no veo el problema.
Uno de sus hombres abre la puerta de vidrio y una mesera entra con una bandeja en mano que esta a punto de caer por sus manos de gelatina.
Ni la miro, pero el idiota de Dagmar la escanea provocando que se ponga más nerviosa y antes de que sigan con sus intercambios de miradas le arrebato el vaso con whisky.
—Vete —demando.
El infeliz bufa cuando la chica se va corriendo del lugar y el guardia vuelve a cerrar la puerta.
—Primero hablemos y luego te vas a coger.
—Tú lo dices porque ya vienes liberado.
Ruedo los ojos y me empino la bebida que saboreo en mi boca.
—Entonces, estábamos en la parte que quieres ser un mafioso.
—¿Tienes problemas de retención de información o qué?
Ríe y me hacer perder la paciencia.
—Habla claro, o saber tantos idiomas te confunde las ideas.
—Sabes muy bien en lo que soy bueno —voy al grano—. Finanzas.
—¡Ah no! No creas que voy a poner mis millones en tus manos.
—¿Y quién dijo que necesito de tu dinero sucio?
—Entonces, deja de dar vueltas —posa con fuerza la copa contra la mesa.
—Tus negocios y mis métodos.
Alza una ceja con recelo. El muy idiota no le gusta que metan sus narices en lo suyo, pero se joderá porque yo no soy cualquiera y él lo sabe.
—Si me jodes....—me apunta con el dedo índice.
—Ya te dije, no lo haré.
—¿Y cómo estoy seguro? Traicionaste a tu padrino y por qué no lo harías conmigo.
—No vengas con tus maricadas —me exaspero—. Sabes muy bien porque lo hice.
—Te cortaré el...
Su oración queda a medias cuando es interrumpido por el ruido de la puerta abrirse y ambos miramos hacia el hombre agitado que se planta frente a nosotros.
—No ves que estamos hablando.
—Es muy importante —me mira.
—¿Y ahora que pasa Negro? —pregunta el italiano.
Contiene el aire y me inquieta su posición, porque algo grave debió de pasar para que nos interrumpa de esta manera.
—Hernán Fernández escapo de prisión.
Me quedo atónito y frunzo el ceño ante mi amigo que asiente varias veces en confirmación.
—Vaya, el demonio viene por el diablo —se burla Dagmer—. Ahora sí prepárate porque te van a querer bombardear el culo.
Tenso la mandíbula y los puños con fuerza con las miles de preguntas en mi cabeza.
—Que lo intente, veremos quién una vez más será el ganador —digo confiado.
No le tengo miedo, más porque se que no tiene apoyo más que Bianci, pero veremos si ese idiota pensará en traicionarme.
—Contáctame con la periodista.
El Negro asiente antes de salir y me empino todo el licor de una vez, dejando que queme todo a su paso como ese infeliz pensara en hacer.
Que empiece la guerra de nuevo.
Estoy más que listo.
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Empezamos mal...
Pero les prometo que este hombre va a sufrir jeje








