Capitulo 1
El perfume de las margaritas y la ceniza
El olor de las margaritas machacadas me recordaba a la sangre antes de saber a qué olía la sangre.
Tenía ocho años cuando comprendí que el mundo no era un lugar seguro, pero también que yo no había nacido para asustarme de él.
Crecí en casas de piedra fría y jardines prestados a lo largo de las Ciudades Libres. Para mi hermano Viserys, cada techo que nos acogía era una afrenta a nuestro derecho regio; para Daenerys, mi hermana mayor por dos años, era simplemente un refugio temporal donde esconderse de sus gritos. Para mí, eran solo escenarios que cambiaban antes de que pudiera memorizar la forma de las grietas en las paredes.
En aquel entonces, Viserys aún nos llamaba sus "pequeñas princesas", aunque su voz ya empezaba a agrietarse con esa furia amarga que años más tarde lo consumiría por completo. Él era el Rey Látigo, el hombre que nos recordaba cada noche quiénes éramos y qué nos habían robado. Yo no entendía de tronos de hierro ni de alianzas con los señores de Poniente, pero entendía el tono de su voz cuando las monedas se terminaban. Sabía que su mirada se volvía opaca y fija, Dany debía esconderse detrás de las cortinas.
Dany era perfecta. Tenía una dulzura suave, como la leche caliente con miel, y unos ojos del color de las violetas al atardecer. Yo la miraba y sentía un impulso violento y primario de ponerme frente a ella. Si Viserys levantaba la mano en un arranque de ira, yo me interponía. No porque supiera luchar —mis manos eran demasiado pequeñas incluso para sostener un cuchillo de cocina y mis brazos carecían de fuerza—, sino porque el dolor en mi propio cuerpo me parecía un precio insignificante comparado con ver una sola lágrima en la cara de mi hermana. Era torpe, salvaje y terca; si Viserys me empujaba, yo volvía a ponerme en pie, mirándolo con una fijación fija que a él empezaba a inquietarle.
Pero había algo más. Algo que no le contaba a nadie.
A veces, al cerrar los ojos al mediodía bajo el sol de Pentos, el aire se volvía denso. Veía imágenes que no pertenecían a mis recuerdos: una sombra gigantesca tapando el sol, el sonido de huesos rompiéndose bajo el peso de algo enorme, y el brillo de una hoja curva de metal rasgando la oscuridad. No entendía qué significaban.
Pensaba que eran las mismas pesadillas que atormentaban a cualquier niño en el exilio.
No sabía que mi sangre llevaba la maldición de los sueños Targaryen. No sabía que algún día aprendería a sostener el acero ni que salvaría la vida de mi hermana a costa de la mía. En ese entonces, mi única arma era un palito de madera cortado del jardín y mi propio cuerpo sirviendo de escudo para Dany.
—Si nos descubren aquí, Viserys se enfadará —susurró Daenerys aquella tarde, acurrucada a mi lado bajo la sombra de un limonero en la mansión de Illyrio Mopatiz. Tenía diez años y sus manos temblaban ligeramente.
—Que se enfade —respondí, apretando mi rama de madera contra el pecho mientras observaba la puerta del patio—. No voy a dejar que te toque hoy, Dany. Te lo prometo.
Ella sonrió, inocente y confiada, creyendo en la fuerza de una niña de ocho años que aún no sabía lo sangriento que terminaría siendo el futuro.
![Amor En Peligro [Kookmin]](https://cdn-gcs.inkitt.com/vertical_storycovers/ipad_88c55c0706ed80af7618cf7760429c6d.jpg)







