CONECT:IN A NEW AGE - PROLOGO
PROLOGO-EL ECLIPSE DEL NIÑO.
—¡De pie!
La voz resonó dentro de la cabeza del niño y sus ojos se abrieron de golpe. Había estado dormido, o al menos eso parecía. Parpadeó varias veces sin reconocer aquel lugar: a su alrededor crecían lianas entre viejos artefactos y pantallas cubiertas por años de humedad, algunas rotas, otras apagadas, como si llevaran siglos esperando que alguien volviera a encenderlas.
No entendía dónde estaba. No sabía cuánto tiempo había pasado. Y no sabía dónde estaba su madre.
—¿Mamá…?
Silencio. Esperó. Nada.
—¿¡Mamá!?
Su voz tembló. Volvió a mirar a su alrededor, esperando encontrar a alguien. No había nadie.
—¡MAMÁ!
El grito recorrió la habitación y regresó convertido en eco. Pero nadie respondió. El niño estaba solo.
Frente a él había una enorme puerta metálica. Quizá era la salida. Se incorporó lentamente —todavía se sentía débil— y, casi por instinto, levantó una mano. La pantalla junto a la puerta se encendió.
—RECONOCIMIENTO ACEPTADO.
El niño bajó la mano y miró sus dedos sin entender por qué había funcionado. La puerta comenzó a abrirse.
CLANK.
El sonido retumbó por toda la habitación y el niño se quedó inmóvil. Miró hacia atrás: una vieja cápsula, unas cuantas pantallas, lianas, polvo. Nada más.
Salió, paso a paso. El lugar parecía abandonado desde hacía muchísimo tiempo. Mientras avanzaba, una de sus piernas casi cayó dentro de un enorme agujero; retrocedió de inmediato, respirando con dificultad, y levantó la mirada.
Se quedó completamente quieto.
A lo lejos había un castillo, flotando sobre un mundo sumido en una oscuridad que parecía no tener fin. No era de noche. Pero tampoco era de día. El niño no sabía qué estaba viendo. Solo sabía que era enorme.
Siguió caminando. Entró en una habitación cubierta de polvo y allí encontró algo: una lanza oxidada, gastada, que casi no tenía filo —abandonada hacía tanto tiempo que parecía formar parte de aquel lugar. El niño la tomó. No sabía utilizarla, pero no quería seguir avanzando con las manos vacías. La sujetó con fuerza. Era lo único que tenía.
Entonces escuchó algo.
CRACK.
El niño quedó inmóvil. Un paso. Después otro. Eran pisadas fuertes, pesadas. No eran humanas.
Retrocedió y, con las pocas fuerzas que tenía, se escondió detrás de una pared, conteniendo la respiración. Esperó. Nada. Se atrevió a asomar lentamente la cabeza.
Entonces…
FWOOM.
Un fuego intenso iluminó toda la habitación. El niño cerró los ojos.
CRACK.
Las pisadas comenzaron a alejarse. Esperó unos segundos más. Nada. Se deslizó lentamente hasta el suelo y abrazó la lanza. Era su única defensa.
Y aquella noche, no se atrevió a salir.








