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ROMPE CONMIGO

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Sinopsis

Julia ama a Daniel. Lo ha amado durante años y está convencida de que no existe nadie más para ella. Pero Daniel no está. Cuando Daniel desaparece de su vida y una situación familiar la obliga a enfrentar cosas que no puede resolver sola, Julia termina recurriendo a la única persona a la que jamás habría querido necesitar: Gabriel. El hermano de Daniel. Su gemelo. Más complicado. Más difícil de entender. Entre secretos, problemas que no pueden enfrentar por separado y una cercanía que al principio parece puramente necesaria, Julia y Gabriel comienzan a construir algo que ninguno de los dos esperaba. Él se convierte lentamente en su refugio: el lugar al que acude cuando todo lo demás comienza a derrumbarse. Un lugar que nunca le correspondió. Y Julia se convierte en algo mucho más peligroso para Gabriel. Porque Gabriel siempre ha vivido acostumbrado a perder. A ser la versión equivocada de todo lo que su hermano parece tener. Pero cuanto más tiempo pasan juntos, más difícil resulta fingir que aquello que existe entre ellos es simplemente amistad. Y Julia tendrá que descubrir cuánto está dispuesta a perder cuando el hombre que nunca debió necesitar se convierte en la única persona de la que ya no puede alejarse. Gabriel sabe que debería alejarse. Julia sabe que está cruzando una línea. Pero alejarse de él podría romperla para siempre.

Genero:
Romance
Autor/a:
Serennitte
Estado:
Completa
Capítulos:
49
Rating
5.0 (1 reseña)
Clasificación por edades:
18+

Prólogo

La noche era limpia, la temperatura óptima para salir a fumar un poco y que la brisa aliviante se llevaba los restos de su aliento. Estaba harto, las chicas eran lindas pero por alguna razón no tenía ánimos como para fingir estar interesado en ellas en esa fiesta. 

Todo tenía una razón de ser. Su hermano y él últimamente no estaban muy conectados. Daniel Tromber apenas era siete minutos mayor que él y sus diferencias parecían de años luz. No lo entendía, años siendo uña y carne, comprendiendo hasta sus más oscuros pensamientos. Amaba a su hermano por su forma de ser, congeniaban.

Daniel era precavido, él era impulsivo.

Daniel era educado, él grosero.

Daniel vivía en la seguridad, a él le gustaba el peligro y su nombre era sinónimo de horror.

Estaba claro que él no era la oveja blanca de la familia tal y como su hermano lo era, pero solo Daniel era quien cuidaba de él y lo justificaba cuando era necesario. Siendo así un team invencible y abrasador, Daniel lo daría todo por Gabriel y Gabriel por su hermano.

O así era hasta que ella llegó a invadir la vista y percepción de su hermano.

Julia Valentina Grecco, una pelinegra de ojos azules penetrantes y de largas pestañas había embriagado los sentidos de su hermano, volviéndolo en su contra. Julia era la luz y voz de Daniel, ella era la que desaprobaba que Gabriel abusara de su confianza.

“No tienes porque responder por él, tu hermano ya es mayor, debe hacerse responsable de sus acciones”

Él era un desastre, más no un niño. Su hermano sólo obraba para que su apellido no se arruinara y ahora preferiría mil veces atender cuestiones patéticas como sacar a Julia a un parque o a tomar un helado antes de tan siquiera compartir una bebida con su hermano.

“Él mancha tus buenas acciones. Por favor Daniel, no lo defiendas más”

Tiró la colilla del cigarrillo por el balcón.

Maldita bruja. No tenía ningún derecho de decir esas cosas por sobre su cabeza. Tenía razón, pero sería Daniel quien debía decidir si hacer o no caso a su sangre.

Sus pensamientos debieron oírse con fuerza por como la puerta de ese balcón se abrió despejando sus duros pensamientos y solo enfocándose en la chica con mirada de cuidado y adoración que estaba frente a él.

—Sabia que te encontraria.

Gabriel frunció el ceño, parecía algo tomada pero jamás podría decir eso en voz alta. Julia y el alcohol jamás se unían. O eso es lo que ella decía. Quizás ahora solo se había tomado una o dos copas de algo.

Se unió a él sin decir una palabra solo fijando su mirada de dulzura y atención en él. Él tampoco dijo una sola palabra, se dedicó a observar.

No habían llegado con ella pero sabía que allí estaría. Era una mujer atractiva, tendría que ser ciego para no notarlo, de ojos hipnotizantes y de linda sonrisa perlada. Tenía su cabello al natural, le gustaba ver como sus ondas se revolvían de a poco con el viento despejando su rostro suave.

Ella era recatada y educada, tal y como su hermano, siempre usaba ropa que destacaba sus curvas sin salirse de la elegancia y parecer vulgar. Ahora mismo ese vestido celeste jugaba con la colorimetría de su rostro y cabello.

Tal vez no debería mirarla demasiado pero era malditamente hipnotizante.

—Te ves bastante bien hoy.

Su cuerpo se tensó al verla vacilar y luego dar un paso hacia él. Sus manos aterrizaron en las solapas de su chaqueta y se aferró a ellas. Ese acercamiento lo desarmó. Era peligroso, confuso, y aún así, fue irresistible.

No supo porque ella se comportaba de esa manera ahora mismo, como si sus pensamientos no hubieran bastado ahora la tenía allí, frente a él mirándolo como si fuera lo único que quisiera tener frente para toda su vida.

No pensó lo que hacía cuando su mano derecha se apoderó de su cintura. Ni tampoco supo qué hacía cuando inclinó un poco su cabeza para verla mejor. Ella no vaciló.

Cuando vió como su cabeza subía con ansias él también fue a su encuentro. Hasta creyó que se había puesto de puntillas solo para alcanzarlo.

Sus bocas se unieron suavemente en un inicio, delicado y dulce beso, un testeo previo, pero solo hizo falta un suspiro para que el hambre y la desesperación de ambos se prestara y despertara la intensidad que ambos quería recibir. La boca de Julia se abrió para recibirlo y acalorada sintió como su lengua le saboreaba cada parte de su sensible boca. Creyó que ella se caería, sus manos se aferraron a su pequeña cintura y ella se sostuvo elevando sus manos y envolviendolas en su cuello.

El beso se rompió cuando sintió que el aire desaparecía de sus pulmones. Aún así Julia mantuvo sus ojos cerrados con miedo de que vea lo desesperada que estaba por uno más de esos húmedos besos.

Sus pies cedieron y Julia se volvió más pequeña entre sus brazos. Cuando abrió los ojos lo miró con amor, con deseo y ternura. Todo para él. El corazón le latía nervioso y sus manos habían empezado a sudar como un tonto adolescente sin experiencia.

—Te amo —confesó la morena—. Te amo demasiado, Daniel.

Daniel

El nombre lo atravesó como un cuchillo.

Fue como recibir un baldazo de agua helada, un golpe bajo que le arrancó el aire de los pulmones. La obviedad lo fulminó frente a sus ojos: ella los había confundido. ¡Claro que los había confundido! de otro modo jamás se habría acercado a hablar con él a solas como ahora se encontraba. Todo lo que acababan de compartir no le pertenecía. Era para su hermano.

Podría fácilmente empujarla, salir de allí y fingir que eso jamás pasó, buscar a una mujer que si quisiera darle ese pequeño regalo y más a él, a Gabriel Tromber.

Pero no lo hizo.

La dejó en sus brazos un rato más mientras ella esperaba una respuesta de su parte. Sonrió finalmente y la abrazó, dejó que su pequeña cabeza se acomodara bajo su mentón. Ella correspondió, confiada, aferrándose a su cintura con toda el alma.

—Si realmente lo amaras —susurró, envenenado—, lo habrías reconocido.

El cuerpo de esa mujer se congeló.

Se enfrió entre sus brazos y se tensó como nunca antes. Después de unos largos segundos esta lo empujó con toda la fuerza de su cuerpo. Él, por su parte, no hizo más que refugiarse en esa sonrisa arrogante que ella tanto odiaba.

Horrorizada, Julia se aferró a la baranda del balcón sin dejar de mirarlo con desprecio y confusión. Gabriel no quería reconocer el asco que también pudo leer en su rostro.

—¿Gabriel? —preguntó con horror.

—Así me llaman.

Ella no supo dónde mirar, dónde correr, ¿Qué es lo que había hecho? ¿Qué pasó? Lo único que se le cruzó por la cabeza fue observar cómo este se reía de ella, se burlaba de su confusión e inmediatamente actuó.

Fue un impulso, quizás erróneo.

La bofetada le cruzó el rostro con sorpresa y le arrancó la sonrisa al instante. El golpe lo enrojeció de inmediato, pero aun así, esa maldita sonrisa regresó segundos después, amarga, torcida, mientras se sujetaba la mejilla.

Dios la ayudara, quería llorar.

—Maldito... ¿Cómo...

—¿Qué sucede? —La voz de una tercera persona cruzando la puerta del balcón la interrumpió.

Allí estaba él. Bien peinado, de camisa limpia y bien planchada. Era Daniel, su Daniel. ¿Cómo había podido ser tan estúpida? Las diferencias eran horrorosamente notorias.

Inmediatamente corrió a sus brazos. Nadie dijo nada, Daniel la recibió y ella inmediatamente inventó algo.

—Es solo Gabriel, estaba molestándome. Solo... tonterías.

Al voltear este estaba mirándola, sus ojos oscuros estaban sobre ella pero no agregó ni desmintió nada. Solo se quedó allí, en la fría esquina del balcón, odiándola.

—Vete Gabriel, no estoy de humor para tus tonterías infantiles. Si quieres molestar deberías hacerlo lejos de mí y de Julia.

Gabriel solo observó a la delicada parejita y como la confundida mujer se refugiaba en los brazos de su hermano como si quisiera esconderse y borrar lo que había ocurrido. Estaba claro que aquel incidente no sería mencionado y terminaría olvidado por ambos.

Sonrió con amargura y salió de allí sabiendo que, por lo menos de su parte, le sería imposible olvidar los labios de Julia Grecco.

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