Personalizar legibilidad
Aa

Los sonidos de la Casa

Todos los derechos reservados ©

Sinopsis

Desde niño, aprendió a encontrar refugio en los pequeños detalles , un dibujo, una canción, una conversación. Mientras crecía entre silencios, pérdidas y heridas que nunca supo nombrar, comenzó a construir una vida alrededor de aquello que no podía decir. Ahora, los recuerdos lo obligan a mirar nuevamente su pasado y enfrentarse a una pregunta que siempre evitó ¿Cómo se aprende a vivir cuando una parte de ti se quedó en el pasado? Una historia sobre la soledad, la memoria, la pérdida y esas pequeñas cosas que, incluso después de todo, nos dan una razón para continuar.

Genero:
Drama
Autor/a:
Yuzeaj
Estado:
hace 7 días
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Chapter 1

Mi casa tenía sonidos para casi todo.

Aprendí a reconocerlos antes de aprender a leer.

La puerta que se cerraba demasiado fuerte significaba que alguien estaba molesto. El crujido de la madera del pasillo significaba que alguien venía caminando rápido. Los platos que chocaban entre sí significaban que mi madre estaba nerviosa.

Y había otro sonido que conocía mejor que ninguno.

El silencio.

No era un silencio vacío. Era un silencio que esperaba.

A veces escuchaba a mi padre y a mi madre hablar en la cocina.

-Siempre llegas tarde.

-Estoy trabajando.

-Siempre estás trabajando.

-¿Y qué quieres que haga?

-No sé.

-Entonces no preguntes.

Después dejaban de hablar.

Yo esperaba.

Uno.

Dos.

Tres.

A veces el grito llegaba en el cuatro.

Otras veces tardaba más.

Con los años aprendí que el tiempo entre una frase y la siguiente podía decir más que las propias palabras.

No sabía qué era una discusión de adultos.

Pero sabía cuándo debía cerrar la puerta.

---

Una noche vi a mi madre con un cuchillo.

No recuerdo exactamente qué estaba haciendo antes.

Quizá quería agua. Quizá tenía hambre.

Quizá simplemente había salido de mi cuarto porque había escuchado sus voces y quería comprobar que seguían allí.

La cocina estaba encendida.

Mi madre estaba de espaldas.

El cuchillo reflejó la luz.

Lo levantó.

-¡Mamá!

Se quedó quieta.

No sé cuánto tiempo pasó.

Luego bajó la mano.

Se giró.

Me miró.

Su cara había cambiado.

-¿Qué haces ahí?

-Nada.

-¿Por qué estás despierto?

-Tenía sed.

Ella dejó el cuchillo sobre la mesa.

-Ve a dormir.

-Sí, mami.

Esperé un segundo.

-¿Estás bien?

Me miró.

-Sí.

-¿Seguro?

Esta vez tardó en responder.

-Sí.

Me fui.

No le dije nada a mi padre.

Tampoco volví a preguntar.

Durante mucho tiempo pensé que quizá había entendido mal lo que había visto.

Era más fácil pensar eso.

---

Mi padre viajaba mucho.

Cuando se iba, la casa cambiaba.

Mi madre hablaba menos.

Mi hermano hacía más ruido.

Yo dibujaba.

Dibujaba cosas que encontraba en los libros: montañas, ríos, aviones, árboles.

Pero sobre todo dibujaba pandas.

No sabía por qué.

Quizá porque eran tranquilos.

Quizá porque nadie esperaba nada de ellos.

Un día mi hermano se asomó a mi cuarto.

-¿Otra vez un panda?

-Sí.

-Siempre dibujas pandas.

-Ya sé.

-Eres raro.

Seguí coloreando.

-Tú también.

Se quedó mirándome.

-¿Yo por qué?

-Porque entras a mi cuarto para decirme que soy raro.

Se rió.

Yo también.

Fue una risa pequeña.

De esas que no duran mucho.

Después se fue.

Y yo seguí dibujando.

El papel no preguntaba por qué dibujaba.

El papel tampoco se molestaba cuando me equivocaba.

---

Lo peor no eran los gritos.

Era lo que venía después.

Una noche salí de mi cuarto.

Mis padres estaban sentados en el sillón.

Mi padre miraba hacia un lado.

Mi madre hacia el otro.

-¿Están bien?

Mi madre no me miró.

-Sí.

-¿Seguro?

-Seguro.

-¿Qué pasó?

Esta vez mi padre respondió.

-Nada.

Lo miré.

-Pero escuché...

-Vuelve a tu cuarto.

No lo dijo fuerte.

Eso fue peor.

Volví.

Cerré la puerta.

Me senté en el suelo y saqué mi cuaderno.

Dibujé un árbol.

Después otro.

Después otro.

Pensé que, si llenaba suficiente papel de árboles, quizá algún día la casa se parecería a un bosque.

Y quizá en un bosque nadie tenía que preguntarse si la tormenta había terminado.

---

Una noche mi padre volvió con olor a alcohol.

Lo supe antes de verlo.

Mi madre también.

-¿Dónde estabas?

-Trabajando.

-Hueles a alcohol.

-Tomé una copa.

-Siempre es una copa.

-¿Y qué quieres? ¿Que no pueda tomar nada después de trabajar?

-Quiero que llegues a casa.

-Estoy en casa.

Mi madre guardó silencio.

-No -dijo después-. Solo estás aquí.

Mi padre la miró.

Yo no sabía qué significaba esa frase.

Pero años después la entendí.

Entonces algo cayó en la sala.

Mi hermano apareció en el pasillo.

Nos miramos.

No dijo nada.

Solo levantó una mano.

Quédate.

Volví a mi cuarto.

Cerré la puerta.

Me senté en la cama.

Escuché los gritos del otro lado.

Esta vez no conté.

Ya sabía cómo terminaba.

---

A la mañana siguiente, mi madre preparó el desayuno.

-¿Quieres pan?

-Sí.

-¿Con mantequilla?

-Sí.

Untó la mantequilla.

-¿Leche?

-Sí, mami.

Puso el vaso frente a mí.

-Toma.

-Gracias.

Comí.

Ella también.

Ninguno habló de la noche anterior.

Era extraño.

Por la noche podían decirse cosas que parecían capaces de destruir la casa.

Por la mañana podían preguntarse si alguien quería más leche.

Quizá así funcionaban los adultos.

Todavía no lo sabía.

En mi cuaderno escribí:

¿Por qué las personas que se quieren se hacen daño?

Debajo escribí la misma pregunta.

Y otra vez.

Y otra.

Después cerré el cuaderno.

Dibujé un panda.

---

Mi padre tampoco era un hombre de abrazos.

Cuando regresaba de sus viajes, traía maletas.

A veces traía bolsas.

Alguna cosa para mi hermano.

Alguna cosa para mí.

Pero nunca un abrazo.

Yo lo esperaba en el pasillo.

No sabía cómo acercarme.

Él tampoco parecía saber cómo acercarse a mí.

Una tarde me encontró mirándolo.

-¿Qué?

-Nada.

-Entonces deja de mirar.

Bajé la cabeza.

-¿Qué quieres?

No respondí.

Él esperó.

Yo quería decirle muchas cosas.

Quería preguntarle si me había extrañado.

Quería preguntarle si estaba cansado.

Quería preguntarle por qué siempre parecía estar de paso incluso cuando estaba en casa.

Pero solo dije:

-Nada.

-Está bien.

Se fue.

Yo regresé a mi cuarto.

Dibujé.

---

Una noche entró sin llamar.

Yo estaba dibujando un panda.

-¿Qué haces?

-Dibujo.

Se acercó.

-¿Otra vez?

-Sí.

-¿Para qué?

Pensé un momento.

-Para estar tranquilo.

Mi padre miró el dibujo.

-Yo dibujaba cuando era niño.

Levanté la cabeza.

-¿Tú?

-Sí.

-¿Pandas?

Sonrió apenas.

-No.

-¿Entonces qué?

-De todo.

Volvió a mirar el dibujo.

-Después dejé de hacerlo.

-¿Por qué?

-Porque crecí.

No entendí.

-¿Y cuando uno crece tiene que dejar de dibujar?

Mi padre se quedó callado.

-A veces.

-¿Por qué?

Miró hacia la puerta.

-Porque hay cosas que uno tiene que hacer.

No supe qué decir.

Él tampoco.

Antes de salir, se detuvo.

-Está bonito.

Miré mi dibujo.

-Todavía le falta.

-A mí también me faltaban cosas cuando tenía tu edad.

-¿Qué cosas?

Me miró.

Esta vez no respondió.

Se fue.

Me quedé mirando la puerta.

Después escribí en mi cuaderno:

Mi padre dibujaba.

Debajo:

No sé por qué dejó de hacerlo.

Y debajo:

Quizá algún día podamos dibujar juntos.

Cerré el cuaderno.

Apagué la luz.

Desde la sala llegaba el sonido de la televisión.

Mi padre seguía ahí.

Por alguna razón, aquella noche eso me bastó.

Por ahora.

-----

«"Mucho tiempo después entendí que mi infancia no estuvo llena de grandes acontecimientos.

Estuvo llena de pequeños sonidos.

Una puerta.

Un vaso sobre la mesa.

Unos pasos en el pasillo.

Una voz que subía de tono.

Otra que bajaba.

El silencio después.

Y, algunas noches, el sonido de un lápiz sobre una hoja.

Durante años pensé que dibujaba pandas porque me gustaban.

Quizá era cierto.

Quizá también los dibujaba porque eran

fáciles de entender.

Blanco.

Negro.

Sin necesidad de decidir qué había entre ambos.

Yo todavía no sabía qué hacer con los grises.

Y quizá por eso sigo recordando aquella época como un recreo vacío.

Un lugar donde todos parecían haber aprendido las reglas menos yo.

Y donde, mientras los demás hablaban, yo aprendía a escuchar."»

¡Cuéntale a Yuzeaj lo que piensas sobre este capítulo!
Me encanta

0

Me encanta

Divertido

0

Divertido

Picante

0

Picante

Suspense

0

Suspense

Emotivo

0

Emotivo

Profundo

0

Profundo

Alentador

0

Alentador

Impactante

0

Impactante

Bien escrito

0

Bien escrito

Trama absorbente

0

Trama absorbente

Buenos personajes

0

Buenos personajes

Diálogos potentes

0

Diálogos potentes

Otras recomendaciones

¿Cuál es el precio de tu amor?

lulucitagvazquez: Simple y sencillamente está genial está historia me encantó tiene mucho romance tiene una historia que platicar muchas gracias por publicar Felicidades a la escritora

Leer ahora
La favorita de la profesora

Jud: Historia corta con buen desarrollo y ritmo

Leer ahora
Lo Que Nos Separó

jarriagada2501: Me gusta esta historia, es muy triste lo que le hicieron a mi Jikook de separarlos . Pero el amor siempre vence. Y con 2 hermosos . Ojalá su amor en la vida real sea para siempre. Y love Jikook

Leer ahora
Mi hermosa pesadilla

Diana Rodríguez Hernández: Me gusta mucho la historia

Leer ahora
Marido y mujer, ¡solo en papel!

Claudia: Hgytvbggghhhhhh Hu yhhhhhhyh

Leer ahora
Señorita Drammer | gl

Claumvp: Una historia que me atrapó desde el primer capítulo, no pude parar de leerlo y ya quiero leer la segunda parte.Amor y venganza, mentiras y verdades inesperadas.

Leer ahora
Casado con el Omega 🌑 Kookmin Adap.

Laura: Senti que algunos capitulos eran muy largos y eso fue lo que me encantó no quería que acabará además los personajes demuestran un símbolo de compromiso amor pasión y respeto. Estoy ansiosa por leer el segundo libro

Leer ahora
Era pagarte, no amarte

olgaluciaflorez658: Espectacular buena trama ... Me mantuvo pendiente de cada capítulo

Leer ahora