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Love Is Mafia

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Sinopsis

¿Qué pasa cuando un ex-policía bueno y la emperatriz de la mafia se enamoran? ¿Podrá el mundo sobrevivir al romance? Una historia contada a ritmo de ráfaga teatral, con diálogos rápidos, acción constante y remates de superficie. Crossovers de culto y comedia negra.

Genero:
Humor
Autor/a:
LuchovAldezca
Estado:
En proceso
Capítulos:
4
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

La florería

Escena: Cita romántica

Los platos llegaron a la mesa.

El restaurante estaba casi vacío. Luz cálida de las lámparas colgantes.

Demian sonrió. El mesero colocó frente a él un plato que no había pedido.

—Disculpe. Creo que hay un error.

El mesero no lo miró a los ojos.

—¿Y qué quiere que haga?

Se alejó.

Demian bajó la mirada hacia el plato.

Violet lo observó.

—Demi. Deberías hablar con el gerente. Tú no ordenaste eso, y el mesero ha sido muy grosero.

Demian sonrió.

—No pasa nada, Violet. Tal vez tuvo un mal día. La gente puede ser grosera cuando está bajo mucho estrés.

Tomó una servilleta.

—Iré a lavarme las manos, regreso enseguida.

Violet lo siguió con la mirada hasta que desapareció en el pasillo.

Su sonrisa se desvaneció.

Llamó al mesero con un gesto.

—Disculpe.

El hombre se acercó.

—Vas a cambiar este plato por el que mi novio ordenó. Y vas a hacerlo rápido. Yo no pienso ensuciarme las manos, pero hay unos hombres afuera... —miró hacia la ventana— ...que no han tenido la oportunidad de cometer un acto violento hoy. Y están deseosos de hacerlo.

El mesero miró por la ventana.

Afuera, dos hombres con trajes negros lo observaban desde un auto. Sonrieron. Levantaron la mano en un gesto amistoso.

El mesero tragó saliva.

—S-sí, señorita. Enseguida.

Cuando Demian regresó, el plato frente a él había cambiado.

Contenía exactamente lo que había pedido. En una cantidad ridículamente exagerada. Casi una montaña de comida.

Demian arqueó una ceja.

—Parece que se arrepintió. Y además quiere disculparse... de rodillas, tal vez.

Sonrió.

—Bueno, no quiero que se arrodille. Con saber que cambió de opinión me basta. Probablemente reflexionó y decidió hacer lo correcto.

Violet apoyó el mentón en la mano.

—Sí, Demi. Parece que entendió que lo que hizo estuvo mal... y que no debe repetirlo.

Demian asintió. Comenzaron a comer.


Minutos después salieron del restaurante.

La noche estaba tranquila. El aire fresco.

Demian se detuvo junto a la puerta.

El mesero estaba tirado en el suelo. La ropa rasgada. El rostro hinchado.

—¡Por Dios! —Demian se acercó—. ¿Qué te pasó? ¿Estás bien?

El mesero levantó apenas la cabeza. Pálido.

Sus ojos se encontraron con los de Violet.

Ella lo observó en silencio.

El hombre tragó saliva.

—M-me caí... soy muy torpe...

Violet acarició el brazo de Demian.

—¿Ves, Demimuffin? Está bien, solo se cayó. ¿Verdad que estás bien?

—S-sí... excelente...

Demian frunció el ceño.

—No lo sé, Violet. Tal vez deberíamos llevarlo al hospital.

Violet suspiró.

—Estos zapatos son horribles, Demi... caminar me lastima los pies.

Demian se agachó frente a ella.

—Entonces súbete, te llevo yo.

Violet se acomodó en su espalda.

—Gracias, mi héroe.

—¿Qué estaba diciendo? —preguntó Demian mientras se alejaban. No miró atrás.

Violet apoyó el mentón sobre su hombro.

—Decías que después de una buena comida... lo mejor es un Demichocolate.

Demian rió.

—Oh sí, el néctar de los dioses.

Violet cerró los ojos.

—No quiero que esta noche acabe nunca. Soy tan feliz cuando estoy contigo.

—Entonces hagamos que dure para siempre.

Detrás de ellos, el restaurante quedó en silencio.

Desde la penumbra, un hombre con traje oscuro tomó al mesero del cuello y lo arrastró sin decir palabra.

Un Mercedes negro se detuvo frente a la acera.

El hombre abrió la puerta trasera. Lanzó el cuerpo dentro. Cerró con un golpe seco. Golpeó el techo del auto con dos nudillos.

El vehículo arrancó y desapareció en la oscuridad.

El hombre se ajustó el saco. Encendió un cigarrillo. Siguió caminando.


Escena: La florería

Demian caminaba con una caja de chocolates entre las manos. El papel dorado reflejaba la luz del mediodía.

En la fachada, el letrero “Violet’s Flowers” brillaba recién pintado. Un grupo de hombres trajeados descargaba macetas, cortaba tallos y organizaba flores.

El aire olía a rosas, cemento fresco y perfume.

Al entrar, una campanita sonó en el local.

Violet se volvió enseguida.

—Demibebé, viniste. Y traes la camisa que te regalé. Te ves hermosísimo con ella.

—Sí, gracias, Violet. Me gustó mucho. Y como venía a verte por la inauguración, pensé que te daría gusto verme con ella.

—Me conoces bien, Demibombón. Te ves guapo, guapo. No puedo dejar de mirarte.

Demian miró alrededor. Los empleados movían jarrones y ajustaban flores sin apartar la vista de su trabajo.

—Parece que tus empleados están muy emocionados.

—Sí, Demi. Han estado trabajando muy duro para dejar la... florería perfecta para la inauguración.

Uno de los hombres se acercó con una hoja arrugada en la mano.

—Jefe Demi, le hice un dibujo.

Desplegó el papel. Figuras de palitos con nombres escritos arriba.

—Mire, este es usted, esta es la señorita V, y estos de acá somos nosotros.

—Wow, esto está muy bien. No sabía que eras un artista, Frankie Corte Fino.

—Muchas gracias, jefe Demi. Me alegra que le haya gustado.

Detrás de él, algunos hombres aplaudieron un momento y siguieron con su trabajo.

Un hombre alto salió del local.

Demian lo reconoció. Se cruzaron las miradas.

—Miren quién está aquí... la máquina de justicia, el hombre incorruptible. ¿Qué hace un superhéroe como tú en un lugar como este?

—Bueno, mi novia es la dueña del lugar.

—Vaya, ya veo. Tu novia es la dueña.

El hombre rió.

—Sabía que hasta alguien como tú iba a caer algún día.

—Bueno, así es el amor.

El hombre lo miró un momento.

—Está bien, ya debo irme. Cuídate, héroe. Es bueno verte del lado correcto.

Demian lo siguió con la mirada hasta que se alejó entre los puestos de flores.

Se volvió hacia Violet.

—¿Conoces a ese hombre?

—No, nunca en mi vida lo había visto. Tal vez era un cliente.

—Ese hombre es un policía.

—¿Un policía? ¿Qué hacía un policía en una... florería? Pero Demi, te siento raro. ¿Pasa algo?

—Perdona el vocabulario, Violet. Ese hombre no es una buena persona.

—¿Te hizo algo malo, Demi? Si te hizo algo, dímelo.

—Hace años descubrí que aceptaba sobornos, cobraba derechos de piso, incluso ayudó a construir un casino en el terreno del orfanato.

Violet bajó la mirada.

—Veo que esa persona le ha hecho daño a mi Demibombón.

—También me molesta que no lo despidieran. Tenía amigos poderosos. Yo reuní la evidencia, pero no pude atraparlo. Quiero que me prometas que si ese hombre viene a amenazarte, me lo dirás, y yo lo pondré en su lugar.

—Te lo prometo, Demimuffin. Gracias por siempre protegerme.

Violet le dio un beso.

Demian sonrió.


Más tarde, con el local vacío, Violet regresó.

Se quitó los guantes. Los dejó sobre el mostrador.

—Bueno, quiero que me digan quién era esa basura y qué hacía aquí.

El agua corriendo sobre los tallos recién cortados fue la única respuesta durante unos segundos.

Vinnie el Cirujano contestó sin levantar la vista del ramo.

—Era un puerco, señorita V.

—¿Y pueden explicarme qué hacía un puerco en mi... florería?

—Dijo que quería verla para negociar protección policial. Dijo que tenía una gran oferta para usted. Le dije que se fuera porque somos una... florería honesta. Pero dejó su tarjeta.

Violet tomó la tarjeta. La giró entre los dedos.

—Creo que no nos caería mal algo de protección, ¿no creen, muchachos?

Nadie respondió. Solo se oyeron las tijeras cortando flores.


El policía corrupto estaba sentado frente a Violet, en una habitación sin ventanas. El aire seco. Olía a metal.

—Espera un momento... tú eres la novia del superpolicía. Esto es brutalmente gracioso. El juez incorruptible es el novio de la emperatriz de la mafia.

—Cállate, basura. Vamos directo a los negocios.

El hombre tragó saliva.

—Los chicos me explicaron que querías ofrecernos protección, y pensé que no es mala idea estar más protegidos. Así que preparé mi oferta dentro de esa puerta de allá.

—¿En esa puerta? ¿Por qué no aquí enfrente?

—Eso sería muy obvio, ¿no crees? La mafia dándole dinero a la policía en plena vía pública. Además, lo que hay detrás de esa puerta no cabe en maletines. Es demasiado para ponerlo en un espacio tan pequeño.

El policía sonrió.

—Entonces puedo ir a ver mi paga.

—Claro que sí. De hecho, yo insisto en que lo hagas.

Entró.

La puerta se cerró sola detrás de él. Trató de abrirla. No se movió. La superficie era de acero, gruesa y fría.

Las luces se encendieron.

En el interior había varias personas: un anciano, un hombre con grilletes, otro golpeando los barrotes de una jaula con un vaso, y uno tocando una melodía triste en una armónica. El eco repetía las notas en el aire.

—Usted también debió hacer al novio de la señorita sentirse triste. Yo le serví el plato equivocado y luego me porté grosero. ¿Qué hizo usted?

El policía miró al del grillete.

—¿Y tú?

—Yo le manché la camisa. Fue un accidente, lo juro. Ya aprendí mi lección.

El policía se giró hacia el hombre de la armónica.

—Espere un momento... ¿usted es M. Night Shyamalan? ¿Qué hizo usted para terminar aquí?

—Demian no entiende mis películas.

El policía respiró agitado.

—Pero vamos a salir de aquí, ¿no?

Uno de los hombres encadenados levantó la vista.

—No lo sé. Pregúntele al viejo Roberts.

Desde el rincón, una voz ronca.

—Mi amigo Martin y yo llevamos aquí muchos años. No recuerdo cuántos. Martin, ¿cuántos años llevamos aquí?

No hubo respuesta.

La luz se extendió hacia una esquina. Junto al viejo Roberts, un esqueleto reposaba contra la pared.

El policía empezó a golpear la puerta.

—¡Sáquenme de aquí! ¡Me disculparé por todo! ¡Podemos hacer un trato! ¡Te daré protección gratis, dinero, lo que quieras!

Un ruido metálico vino del techo. Una pantalla bajó.

Violet apareció en ella.

—¿Salir de aquí? No me hagas reír. Yo no hago tratos con escoria como tú. La gente malvada debe recibir su merecido.

Rió.

—Nunca te perdonaré lo que le hiciste a mi Demi.

El hombre no dijo nada.

Violet miró hacia un costado.

—Bueno, más tarde seguiremos con la diversión. Ahora tengo una cita con mi hermoso Demi. Mientras tanto... disfruten su estancia.

La pantalla se apagó.

El eco de la armónica siguió sonando, lento y desafinado, en la oscuridad.

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