Trouble

—¿Estás listo? —el reportero de CNN News se sentó en la silla frente a Patrick De Beer, expiloto retirado de Ferrari que podía presumirse bicampeón de pilotos de la categoría.
Patrick, en respuesta, sonríe; cosa extraña en él, sobre todo en entrevistas con medios tradicionales.
—Por supuesto, cuando quieran.
El castaño se acomodó el saco de su traje y su corbata. Desvió la mirada hasta la zona de producción; detrás de las cámaras del estudio, sentado en una silla, estaba Theodore, Teddy, su hijo. La causa por la cual estaba ahí plantado haciendo una entrevista que, en su opinión, le parecía innecesaria.
—La entrevista se emitirá en horario estelar, pero no haremos pausas y nada de cortes. Todo será fluido.
—No pasa nada —murmuró Patrick, acomodándose los puños del traje con desinterés. La maquillista se acercó a darle retoques mientras el director daba las últimas indicaciones antes de comenzar la grabación.
—¡Silencio en el set! —exclamó el productor, haciendo las señales necesarias para que las cámaras comenzaran a grabar.
— Estamos aquí con el expiloto de Fórmula 1, Patrick De Beer, ex-bicampeón de pilotos, ambos de la mano con Scuderia Ferrari. Conocido por ser el heredero sudafricano que entró para quedarse, la pesadilla de la FIA, el mentor de Dante Ferrara y, por supuesto... el protagonista de uno de los escándalos más grandes que ha sacudido el deporte desde que se comenzó a normalizar la entrada de mujeres en asientos titulares. ¿Cómo estás, Patrick?
Patrick se quedó callado unos segundos antes de soltar una risa leve, bien ensayada, un poco cínica para quien conociera al De Beer en realidad —porque no estaba disfrutando ni un poco de esa descripción ni que el legado de él o su ahora esposa fuese manchado por Teddy ni que lo insinúen como tal—.
—Gran presentación, me haces ver más preparado de lo que creí.
—Bueno, para ser alguien que participó activamente en el asunto de April Morgenthau, no está de más.
—Por favor... Sé cortés, hablas de mi hijo.
—Disculpa, Patrick —el conductor carraspeó—. Eres el padre del bebé de April Morgenthau, un niño que hasta hace nada sabíamos que era el supuesto hijo biológico de un diplomático francés. Estás aquí en exclusiva con CNN porque tienes la confianza de contarnos más al respecto, en especial porque tras la noticia de tu retiro, al igual que el reconocimiento de paternidad sobre este bebé, hay mucha intriga sobre el futuro de las mujeres en el deporte. En especial de la continuidad de April Morgenthau dado que, aunque era polémico que una veterana como ella fuera madre y siguiera compitiendo en Fórmula 1, se sabe que Aston Martin ha decidido no renovarla porque no comparten en su lista de valores la idea de que en un entorno hipercompetitivo haya este conflicto de intereses tan grande. ¿Puedes empezar por decirnos cuándo fue concretamente que concibieron a este bebé?
—Si las cuentas no fallan —y no fallaban—, fue en el Gran Premio de Las Vegas de hace tres años.
—¿¡Cuando ganaste el campeonato!?
—Así es. Seguíamos en temporada, así que fue una indiscreción complicada de digerir. Ni siquiera tuvimos pleno conocimiento de que fue ahí cuando pasó.
—¿Puedes desarrollar?
—Lo dejaré a tu imaginación, hombre.
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A P R I L
📍 Ubicación: Lusail International Circuit, Doha, Qatar.
Tres años antes.
Qatar había sido un caos.
Bueno, las últimas carreras casi siempre lo eran, especialmente cuando el campeonato aún no estaba decidido. Entre octubre y noviembre —los meses de carreras nocturnas y los más brutales circuitos del calendario— tenían esa habilidad particular de poner a prueba de verdad la resistencia física y mental tanto de equipos como de pilotos: Singapur, Brasil, Las Vegas, Qatar y Abu Dhabi, cada una es una prueba de resistencia distinta. Pero al final lograban romper a cualquiera al grado de delatar su verdadera fortaleza.
Pero ese Qatar... mierda, ese Qatar destronó oficialmente a Singapur como la carrera más brutal del año. Aunque ya era noviembre, el calor seguía siendo infernal en Oriente Medio. Los pilotos lo sintieron. Todos. Incluso los del podio estaban de pie solo por compromiso de agenda usando sus últimas fuerzas como combustible.
Los pesajes post–carrera se convirtieron en un retrato bien hecho de la palabra "caos" —aunque eso era una palabra amable para describir a veinte personas a punto de colapsarse—. Aquella vez, algunos pilotos ni siquiera lograban caminar recto hacia la fila de pesaje, otros no se pudieron bajar del coche, a los hombres que les tocó llegar al podio les ardía tanto la piel que estaban sin su camiseta nómex en el cooldown room y echados en el suelo, rogando que el piso de mármol helado les diera algo de calma.
Entre ellos, la más afectada era April Morgenthau. Apenas bajó del Alpine y, en lugar de caminar hacia la báscula, vomitó en el suelo frente a una cámara. Los comisarios, que estaban a segundos de discutir una sanción con el equipo, al verla expulsar hasta el alma entendieron que la alemana necesitaba en ese momento mucho más un médico que una sanción administrativa por faltas al protocolo de carrera.
Otros no estaban mejor. Los dos Williams, Arthur Sachs y la rookie Cordelia Hyland, tuvieron que ser sacados del auto con ayuda. Cordelia incluso sufrió un pequeño desmayo durante la carrera, captado por todas las cámaras. El piloto de McLaren Jean Castelotti pedía agua por radio como si hubiera una manguera escondida en el pit lane que pudieran sacar para estas emergencias. Mientras que el ruso Ivan Vasiliev —que ni sistema de hidratación tenía por una falla— terminó la carrera solamente por disciplina forjada por entrenamientos brutales y porque, según los rumores, si se moría el gobierno ruso ya tenía la demanda del siglo lista para su equipo.
El centro médico, después de la carrera, parecía una zona de guerra. Todos los pilotos que no estaban naturalmente citados en el podio les realizaron estudios completos: análisis, ultrasonidos abdominales, controles de deshidratación. Nada fuera de lo normal.
Lo que sí fue anormal fue que, entre esas pruebas, alguien saliera con un resultado positivo a un embarazo. Tanto en orina como en ultrasonido.
Y así, en un cubículo improvisado que olía a sudor, desinfectante y desesperación, April Morgenthau descubrió que estaba embarazada. En Qatar. En el infierno físico más grande del año. Y el embrión, milagrosamente, había sobrevivido.
Tampoco era un misterio para ella quién era el padre;
Patrick De Beer. Sudafricano. Recién coronado Campeón del Mundo algunas semanas antes en Las Vegas. Una mezcla de malas decisiones y dos adultos emocionalmente arruinados había terminado en eso... aunque esa explicación era una mierda amable para lo jodida que se sentía la alemana en ese instante.
April llevaba semanas igualmente sobreviviendo a la humillación más grande de su carrera: Alpine la había despedido. No por rendimiento. No por fallos millonarios. Simplemente, por ser mujer en una "etapa de la vida" donde —según ellos— quizá quería retirarse para formar una familia. La reemplazaban por alguien nueve años más joven: Sienna Wolff, la rookie brillante de Mercedes que ha dado el ancho como sustituta provisional de Satoru Suzuki.
Lo insultante no era el cambio. Era el mensaje.
El ventilador del cubículo la apuntaba directamente, pero su cuerpo seguía temblando. No sabía si por deshidratación, por el shock del ultrasonido o por el enojo que la consumía desde dentro.
Sebastian Beck, team principal de Alpine, estaba sentado en una silla plegable frente a ella. Sonrisa empática. iPad en mano. El tono más condescendiente del planeta. April lo veía y solo podía pensar en Michael Scott. Pero sin gracia. Solo incompetencia pura.
—Dime si hay otra palabra — decía Beck agitando el stylus en la mano— en lugar de "mujer mayor" que quieras usar en el comunicado. Algo menos... explosivo. Nadie te culpa por tu resultado de hoy, April. Entendemos que las mujeres... de tu edad... ya no están para estas energías.
April cerró los ojos, le dolía la cabeza, las ideas iban a mil por hora y de todas formas solo respiró. No había nada más que pudiera hacer en ese instante más que respirar muy lento.
Aunque la verdad, ese ejercicio, si era honesta consigo misma no era para pensar sino para evitar estrellarle el iPad en la cara. Era consciente de que él tenía casi sesenta años, y agredir a un anciano probablemente era menos conveniente que su situación actual.
—Mujer mayor no es ofensivo —añadió él—. Claro, solo tienes 28, pero puede atraer ciertas connotaciones...
—¿Qué connotaciones? —lo interrumpió.
—Wow, wow. Tranquila, April. La presión...
—¿Qué connotaciones? —repitió, más a la defensiva, muy apenas controlando el tono. —Dímelo.
El monitor cardíaco delató que su corazón estaba acelerado.
—Recuerda... —Balbuceó Beck—. Ya no estás en edad.
—Tengo 28 años. ¿Qué significa "mayor" para ti?
El hombre miró al performance coach de la Morgenthau buscando ayuda. El coach fingió interés en lo que sea que pasaba fuera de esas cortinas
—Es experiencia... respeto... más... eh... madura... —murmuró Beck—. Eres muy especial para nosotros, April.
Quince minutos.
Quince minutos de insultos, condescendencia y paternalismo mediocre.
Quince minutos en los que supo que si mencionaba el embarazo, la echarían sin honores. Sin comunicado elegante donde parece que la llaman saco de huesos por tener 28. Sin nada. Ni asiento. Ni futuro asegurado, y demás con la probabilidad que dentro de poco se propague el rumor del bebé. Nadie en este paddock respeta la puta ética.
Cuando por fin se incorporó, le tomó unos segundos acostumbrarse a la nueva postura porque la vista se cegó unos segundos para acostumbrarse de nuevo. Cuando finalmente lo logró, solo lo miró con una calma que ni ella sabe de donde la logra sacar, pero la sostiene como puede.
—Director Beck —dijo—. Escoja con mucho cuidado la próxima palabra que use para describirme. Estoy muy cansada. Y si vuelve a hablarme como si yo fuera una reliquia... se le cae todo encima antes de que publique ese comunicado.
Si seguía un minuto más, alguien iba a terminar en el suelo. Y no iba a ser ella.
Afortunadamente para Beck, Patrick De Beer apareció en ese momento permitiéndole al hombre de Alpine huir, el sudafricano todavía oliendo a champagne del podio. Venía en modo representante sindical indignado, típica actitud burócrata de un director de la GPDA, listo para incendiar el paddock por las condiciones inseguras de la carrera. Y necesitaba a April —otra de los directores— para hacerlo.
Ella aprovechó el momento y se fue, solo diciéndole a Patrick que hiciera lo que quisiera. Fue instinto de supervivencia hacerlo, ella nunca huye de él así, pero no podía mirarlo en ese momento, necesitaba saber qué hacer y para ello, necesitaba consejo. La única que parecía demasiado responsable para darlo era una vieja amiga del paddock.
Útil, peligrosa, parece que lleva más años sin pagar impuestos que casada con Morgan Peralta: Jackie Da Silva. Y claro que no es sorpresa que sabe cómo manejar crisis ajenas y propias con una facilidad casi inhumana. Entonces, no hay nadie mejor para decirle qué hacer.
Logró en un rincón casi vacío del paddock club. Bebieron café. Jackie escuchó mucho contexto previo sin interrumpirla y cuando llegó el momento clave, April soltó lo inevitable:
—Entonces... estoy embarazada y sin contrato cuando termine la temporada. ¿Qué hago?
Jackie no se alteró. Solo cruzó la pierna, golpeó con el tacón la pata de la mesa y cuando terminó de evaluarla comenzó con las preguntas cruciales.
—Depende. ¿Quieres tenerlo?
—Claro que sí —respondió April sin dudar. Desde que vio la pantalla, no había otra opción en su cabeza.
Jackie asintió.
—Entonces no puedes correr en Abu Dhabi. Pero si aún quieres esa carrera y eso te hace dudar, tengo contactos muy discretos...
—Quiero tenerlo. —La interrumpió April. No había discusión.
—Perfecto. Entonces entiendes que no puedes seguir compitiendo. ¿Es de De Beer? ¿Estás segura al cien por ciento?
—La única vez que fui imprudente en medio de un desastre emocional. Mi equipo me reemplazó por una niña de 19 años. La hija de Wolff. Incluyendo que desde hace años que en verdad no hacía algo genuinamente divertido por amor a mi reputación. Así que sí, fue De Beer. En Las Vegas. No me interesó nada.
—¿Y le vas a decir?
April miró a Jackie como si le hubiera planteado el escenario más idiota del mundo.
—¿A él? ¿Al hombre casado con su carrera? ¿Que odia a la gente y se cree superior a todos? ¿Y que me ve como un cono humano? Ni loca. No quiero que se sienta obligado ni arruinarle la vida.
Jackie enumeró sin pestañear:
—Patrick De Beer. Campeón del Mundo. Figura pública. Futuro presidente de la GPDA si sigue con este ritmo brutal de aterrorizar a la FIA. Tan emocional como una tabla de surf.
—Te faltó que hace llorar adolescentes por diversión —murmuró April.
—Eso ya estaba implícito. —La brasileña suspiró y dejó el café. —Escucha. Las relaciones en el paddock son ajedrez. Si se lo dices ahora, va a intentar "arreglarlo". Un anillo de sus minas, probablemente. Él seguiría corriendo feliz y tú criando al bebé. Tú quedarías como la villana. Él como el caballero. Y no tienes contrato. ¿Sabes cómo lo interpretaría la prensa? Como una coincidencia conveniente. Aunque no lo sea.
La alemana de inmediato sintió el golpe de culpa y angustia acumulándose en el estómago. Porque era verdad. Así funciona esto en un mundo donde se le puede dar mil interpretaciones a cualquier cosa y la gente es innecesariamente fatalista.
—Entonces... ¿qué hago?
Jackie se puso de pie, alisando la falda de su vestido.
—Uno, no vas a Abu Dhabi. Ni te acerques. Si sometes al bebé a otro infierno como el de este fin de semana, nadie te garantiza que bajes del coche. Dos, controlas la narrativa desde fuera... y tres, en Austria, cuando tengas a tu bebé, que seguramente tendrá la osadía de parecerse a él porque siempre los primeros cometen esa falta, decides si le dices o no. Para entonces tu vida será tuya otra vez.
—¿Austria? —repitió April.
—Corazón, te embarazaste en Vegas. Haz la cuenta tomando como referencia el calendario del siguiente año. —Jackie le sonrió a su amiga, porque a pesar de todo, April Morgenthau y ella se tenían esa confianza de tanto tiempo conociéndose. No solo era la esposa de Morgan para ella, sino alguien de tanta confianza que era capaz de poner su futuro en sus muy capaces (y cuestionables) manos. —Y recuerda lo más importante: Haces todo esto con el único objetivo de no arruinar la vida de un hombre por accidente... y no dejar que un hombre arruine la tuya por descuido. El bebé es tuyo primero. De él segundo. Y del mundo... nunca.
Eso le permitió a la alemana de pensar con claridad y hasta le regaló un atisbo de poder que no creía que tenía.
—Gracias, Jackie.
—De nada, linda. —Tomó su bolso hermés, April no pudo identificar con claridad el modelo, pero decían que era una exquisita edición limitada. Tan único que su esposo necesitó de los contactos del mismo Patrick para conseguirlo, Jackie era tan buena que podía manipular las cosas a su favor; incluso por algo tan insignificante como un bolso—. Y ahora vete al hotel antes de que Patrick te vea y empiece a sospechar. Cuando acabe su necesidad casi patológica de pelear con las autoridades por tener la razón, te va a buscar porque le gusta molestarte por deporte y ahí se dará cuenta, si es que no lo notó en el centro médico.
Caminó unos pasos, se detuvo y giró levemente;
—Ah, y April.
—¿Sí?
—Si quieres, puedo conseguirte un abogado para destruir a Alpine por discriminación. No es barato... pero es divertidísimo.
—Consígueme algo para mantener alejado a Patrick cuando no me vea en Yas Marina.
—Hecho.








