𝖢𝖺𝗉𝗂́𝗍𝗎𝗅𝗈 𝟣
A sus manos había llegado una carta, parecía una invitación; el diseño era elegante, con colores beige y vino, le pareció curioso tal cosa en sus manos, y tampoco sabía exactamente de quien se trataba. No es que tuviera muchos amigos, pero fuera del sobre solo venía la dirección de su bar y su nombre, por lo que no sabía con exactitud de quien se trataba. Al abrirla con cuidado para ver su contenido y de quien se trataba, se llevó una sorpresa, pero rápidamente pasó a ser alegría provocando una sonrisa en su rostro; era la invitación que tanto había esperado, Leo y Oliver se casarían, lo llenó de energía saber que su mejor amigo al fin estaría con la persona que tanto había esperado, sabía lo mucho que Oliver en aquellos años había extrañado a Leo, y ver el resultado de su espera lo hacía sentirse feliz.
Aunque conoció a Oliver en el primer año que este estuvo en Estados Unidos, eso no fue impedimento para que ambos desarrollarán una amena relación. En aquellos 2 años antes de que se reunieran de nuevo Leo y Oliver, escuchó cada momento que el rubio había tenido en ausencia del moreno, y escuchar la gran melancolía en su voz le daba pesar, pero ahora, todo eso había sido historia, y la tarjeta entre sus manos lo confirmaba.
Entró a la sala de empleados de su bar y guardó aquella tarjeta en su bolso, se sentía feliz por ellos y también porque lo habían tomado en cuenta para tal cosa como una boda, algo que sabía era tan importante como privado para ambos. Antes de que estos volvieran a Suiza, lo cual había sido ya 3 años antes, tuvo la oportunidad de conocer a Leo, esa vez de manera sobria y no como un borracho melancólico como fue su primera impresión, le era divertido ver cómo Leo se disculpaba con él por aquella escena.
El tiempo había pasado realmente rápido, en un abrir y cerrar de ojos habían pasado ya 3 años desde eso, y si se ponía a pensar un poco en su vida, todo seguía exactamente igual «¿Qué hice en todo este tiempo?» se pensó mientras un gesto confuso se posaba en su rostro, de repente, escuchó a uno de sus compañeros llamarlo, por lo que sin pensar demasiado se apresuró y siguió con su trabajo. El bar había sido obra suya, gracias a un dinero que sus padres le regalaron cuando se mudó a Estados Unidos hacía 8 años, logró comprar el lugar y montar su propio bar 2 años después de llegar, el cual llevaba por nombre “Moon Bar” no por nada se llamaba así, la luna era su cosa favorita, y muchas cosas en él lo gritaban al aire.
Volviendo al bar, este era más concurrido en la noche, y de hecho su horario era de 4 de la tarde hasta las 12 media noche, tenía 5 trabajadores con él ya que no podría hacer todo él solo; tenía 2 cocineros, también a uno de limpieza y otros dos que servían en las mesas. Estos eran de edades parecidas, solo había uno que era menor apenas por 3 años, pero el ambiente era sumamente agradable. A fin de mes solían tomarse toda una noche para beber y comer en el lugar, era el día fijo donde el bar o cerraba temprano, o simplemente no abrían, también, tenían un día entre semana libre, el cual era los lunes, esto ya que los domingos por ser fin de semana, era aún más concurrido, por lo que ese día lo tomaban para relajarse y descansar.
En general el bar estaba bastante bien, apreciaba este ya que lo veía como un regalo de sus padres, que, aunque el dinero que invirtió no era para ese propósito y todo fue un riesgo, al final la inversión dio sus frutos, y ganó más de lo que había dado para el lugar, y aunque su sueño de pequeño era otro, podía decir que ahora vivía más que feliz.
—La inauguración será en estos días, es increíble… —Habló uno de los chicos viendo un pequeño brochure entre sus manos, este hablaba sobre un nuevo bar que abriría a unos kilómetros del suyo, este se llamaba “La Luciérnaga” era un nombre en español y su logo era una de estas de color amarillo.
—Si es tan bueno como lo está prometiendo, ¿Creen que tengamos problemas?
—¿No crees que seamos buenos? —preguntó uno de ellos, el que solía ser más callado.
—No me refería… a eso…
—Este bar se caracteriza por las bebidas que hace el jefe Hazel, si a las personas de verdad les gusta, no creo que dejen de venir —dijo la única mujer del grupo, Samantha, la cual llevaba el papel de mesera, tenía un cabello rojo y rizado, junto a unos ojos de un suave celeste.
—¿Entonces si no vuelven significa que nunca les gustó? —preguntó Hazel viendo a su equipo quienes se quedaron callados con cierto nerviosismo ya que no habían pensado en lo que dijeron, el alfa negó suavemente dando un pequeño suspiro y sonriendo—. No tendremos problemas, no hay de que preocuparse.
Aunque en realidad no estaba para nada seguro de esto, debía estar tranquilo para no alterar a los demás, y para no alterarse él tampoco, si bien le preocupaba que el bar que ahora abriría cerca de él le bajara las ventas, debía mantenerse firme en lo que fuera a pasar. Al caer la noche y terminar de atender a las últimas personas del lugar, acomodaron todo y luego de despedirse fueron a casa. Hazel tenía una motocicleta, la misma que Oliver había usado años atrás, por lo que poniéndose su casco se subió a esta y arrancó a casa, pero antes, pasó cerca de donde estaba aquel nuevo lugar y debía admitir que era más grande que el suyo, era toda una esquina y tenía un diseño más moderno.
Un suspiro se escuchó bajo el casco y luego fue a casa, a esa hora el tráfico era menos por lo que llegar no era tan difícil; entró al parqueo de su edificio luego de que este fuera abierto por el guarda y metió su motocicleta dejándola al lado de su auto. Fue al ascensor en lo que se quitaba el casco y lo colgaba en su antebrazo, apretó el número 4 y luego subió a aquel piso en donde se encontraba su apartamento. Al llegar dejó sus zapatos en la entrada, se quitó su bolso y fue a la cocina en donde se preparó un té. Mientras esperaba a que el agua estuviera lista, se recostó al mueble cruzando sus brazos, no sabía qué futuro tendría su bar ahora que había alguien más cerca de él, pero sabía que debía estar listo para cualquier cosa.
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—Es una broma… —dijeron al unísono, casi que solían llegar al mismo tiempo al bar y lo primero que habían encontrado, era un cartel del nuevo bar pegado en la pared del suyo.
—Estos infelices —reclamó Barry, uno de los cocineros del lugar, sus ojos negros se veían molestos. Este arrancó el cartel de un solo movimiento y tomando su propia motocicleta, empezó a andar hacia el otro restaurante, esto sorprendió a los chicos, en especial a Hazel, ya que tampoco quería meterse en problemas.
—¡Barry! —Se acercó con rapidez a su moto y se subió a esta arrancando y yendo detrás del más joven. Este, el cual era otro alfa, llegó primero sin mucha distracción y entró al lugar que seguramente estaba abierto para sus últimos detalles. El alfa de cabello blanco al llegar también y parquear rápido se bajó de ahí corriendo dentro del lugar.
—¿Creen que es gracioso? Es una falta de respeto ¿Lo sabían? ¿Dónde está el jefe? Quiero hablar con él. —Barry había empezado a hablar, o gritar en el lugar enseñando aquel pedazo de papel, Hazel se acercó y lo tomó del brazo haciéndolo hacia atrás.
—Barry detente, no hay que meternos en problemas —dijo tratando de calmar al alfa, sin embargo, este incluso tenía sus feromonas en el aire lo cual lo hacían sentir bastante incómodo.
Él no era un alfa completo o dominante después de todo, y al percibir feromonas de uno que si lo era, lo hacían sentir vulnerable y en desventaja, pero tampoco podía dejar a aquel chico allí, las personas de aquel lugar los veían y parecían juzgar tal actitud. En eso, unas feromonas esta vez más pesadas empezaron a hacerse presentes lo que hizo que apretara el agarre en el brazo del menor. Se sentía pesado, su cuerpo sentía que en cualquier momento caería de rodillas al suelo, al alzar su mirada vio a un hombre de traje, más alto que él, caminar hacia ellos. Tenía cabello negro canoso y su rostro reflejada edad, su presencia desprendía imponencia al igual que sus feromonas, algunos del lugar incluso parecían agachar su cabeza por esto, sin embargo, Barry fue el que más se mantuvo con su rostro levantado.
—¿Por qué tanto problema por un trozo de papel? ¿Se sienten amenazados? —preguntó el hombre viendo a ambos alfas que habían llegado, Hazel chasqueó sus dientes y vio a Barry.
—No vale la pena discutir.
—Oh no, deja que el niño hable —le respondió a Hazel mientras lo veía y luego dirigía su mirada al alfa más joven—. Respóndeme niño, ¿Cuál es el problema?
—El problema es su falta de respeto hacia nuestro local, pegar su porquería en las paredes ¿Acaso quiere declararnos guerra? Porque si es así con gusto vamos a-. —Tapó la boca del menor con prisa y lo hizo hacia atrás poniéndose frente a este a la vez que le quitaba aquel cartel de las manos.
—Por favor, no haga caso a lo que dice… no obstante —mencionó—, si me gustaría que de favor no pegue nada en nuestro local, nosotros no hemos hecho tal cosa con el suyo —dijo dejándole el cartel a sus pies, hizo una reverencia en despedida y luego tomó la muñeca de Barry caminando fuera del lugar, sin embargo, no pudo evitar quedarse quieto al sentir las feromonas llegar a él nuevamente, así como escuchó pasos detrás suyo.
—Bueno, así que de verdad se sienten amenazados, y no es de extrañar, así como su jefe parece ser un alfa de segunda, el local también lo será, por favor, no me tome a mal, pero su bar no podrá competir con el mío, usted es muy joven aún como para lidiar con tal presión. —De su frente empezaron a caer pequeñas gotas de sudor frío, quería irse, y sentirse libre de aquella amenaza, sin embargo, al escuchar aquello solo volvió su cuerpo viendo hacia el hombre que era por muchos años mayor que él—. Déjeme darle una sugerencia, vaya buscando un nuevo estilo de vida antes de que quede en la calle al igual que esos chicos suyos.
—Debería darle yo una sugerencia a usted también. —Su voz sonó segura y firme, mientras su rostro se levantaba con orgullo y molestia—. No hable sin antes asegurarse de que va a ganar, o después todo eso que acaba de decir, tendrá que tragárselo y será usted quien deba buscar otro estilo de vida, con su permiso. —Hizo otra reverencia y salió de ahí junto al alfa el cual no parecía querer quedarse callado, sin embargo, con gestos y pequeños apretones en su muñeca, logró que este no dijera algo de más.
Al salir de ahí sintió un alivio por no sentirse en peligro, de vez en cuando reclamaba en sus adentros por no ser un alfa como ellos o incluso un beta para no sentir tanto aquellas feromonas, que, aunque con él no muchos eran hostiles, no faltaban las personas que sí, y que lo veían como alguien defectuoso o como un simple fallo, y aunque aprendió a controlar aquellos sentimientos de decepción hacia su persona y naturaleza, no podía evitar que en situaciones como la anterior deseara ser algo más.
Ambos tomaron su motocicleta y se dirigieron de nuevo al bar en donde los demás ya habían entrado, al bajarse y entrar al local, todos se acercaron al verlo un tanto pálido, cosa que para él era lo de menos.
—Debemos estar atentos… Esa persona, el dueño de ese lugar, no es para nada amable, así que, si se encuentran con él, procuren no estar solos, en especial tu Damián, él usa sus feromonas para dominar y eso puede afectarte mucho, así que tengan mucho cuidado.
—Jefe Hazel… ¿Cree que estaremos bien? —preguntó la beta viendo al mayor, este suspiró y luego sonrió como de costumbre.
—Les prometo que estaremos bien.






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