Dia 1
Sabado 25 de Octubre del 2025: Dia 1
Vaya día el que acaba de empezar.Me desperté tarde, como siempre. Estos días no tengo un trabajo estable. Mi tío Willy Girón, con quien estuve trabajando en Olomega instalando tablaroca, me dijo que me llamaría cuando hubiera más trabajo. Eso fue hace un mes, y todavía no ha llamado.
Abajo se escucha el ruido de siempre: la tienda de mis padres. Ellos trabajan duro desde las seis y media de la mañana, y ya son las nueve. Yo, ni he bajado a ayudar. Mi novia y yo nos dormimos anoche en videollamada, como siempre. Pero algo extraño pasó a las cinco de la madrugada: su voz me despertó.
Abrí los ojos con dificultad, todavía medio dormido. Ella me contó que iba al baño y quería que la acompañara en la llamada. Cuando regresó, me dijo que había tenido un sueño raro... que el mundo se había vuelto un caos, y que ella y yo corríamos por nuestras vidas en unas montañas cerca de donde vivimos.No le di mucha importancia. Pensé que era solo otro sueño raro de madrugada. Volví a dormir.
A las nueve tomé un libro -me gusta leer por las mañanas-. Sentado al borde de la cama, con el teléfono aún en videollamada, devoré página tras página. Cuando menos acordé, ya eran casi las diez.Llamé a mi novia para despertarla.
-Amor... -le dije varias veces al teléfono, esperando que reaccionara.Al rato contestó. Nos dimos los buenos días. Hablamos un rato. Ella es divertida, pero celosa... y con razón. Yo mismo la hice así. Fui un tonto al romperle el corazón tan puro que tenía. Por más que he cambiado, ella no olvida.Supongo que es mi aguijón de castigo, y tengo que soportarlo.Si tan solo no hubiera hablado con otras chicas cuando ya era su novio... pero bueno, no hay máquina del tiempo aun. Pura ciencia ficción pensé.
Le dije que iba a comer algo y luego a lavar mi ropa. Tengo dos bolsas grandes de ropa sucia desde hace dos meses. Bajé y me encontré con mi tío Juanfran Benavidez, que estaba trabajando en reparar el piso de un cuarto. Ayer limpiaron la fosa séptica y tuvieron que abrir un agujero en uno de los cuartos -el de mi tía Dora.
La sangre de los Montenegro es pesada: todos son de carácter fuerte y testarudo. Mi madre Dolores, sin embargo, no es tan así.
Fui a la cocina -la que usamos para la comida de la casa y los que trabajan en la tienda-. Ana Paniagua había hecho pupusas por encargo de mi madre. Agarré tres y me fui al comedor, que está detrás de la tienda.Mientras comía, mi tío Juanfran me preguntó cómo iban mis estudios de técnico en refrigeración y aire acondicionado.
Le conté que habíamos reparado una refrigeradora, pero que aún no le habíamos hecho vacío ni cargado gas para probarla.-Eso da buen dinero, si sabés hacerlo bien -me dijo, limpiándose el sudor con un trapo.Hablamos un poco, luego él volvió a su trabajo.
Le mandé un mensaje a mi novia para avisarle que iba a lavar ropa. Después metí algo de producto nuevo para el sistema de la tienda y me fui a cambiar.Hasta ese momento, todo parecía normal.
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A la una de la tarde ya estaba en clases.Mientras el instructor explicaba sobre los tipos de gases refrigerantes, escuché a unos compañeros comentar algo sobre un ataque en instalaciones militares de Venezuela. Decían que podía ser un golpe de Estado o una intervención de Estados Unidos. No le presté mucha atención. El día siguió normal.
Pero a eso de las 4:57 p. m., cuando salía del taller, escuché en la oficina de inscripcion que Venezuela había declarado alerta nacional y cerrado sus fronteras. Eso me hizo detenerme.
Decidí investigar por mi cuenta. Busqué en internet.Todas las cadenas de noticias hablaban del ataque. Unos decían que era en instalaciones nucleares clandestinas que los rusos tenían en Venezuela y que habían sido destruidas por un grupo rebelde. Otros aseguraban que Estados Unidos había bombardeado la zona “por seguridad continental”.
Luego encontré un video del propio Donald Trump desmintiendo los rumores.A la par, otro de Maduro jurando que los “rebeldes” pagarían por lo que habían hecho.Decía que enviarían tropas a Turgua para contener la situación.
Lo extraño era que las imágenes del supuesto atentado no parecían humanas: los cuerpos... las sombras... se movían de una forma que no cuadraba con una explosión o un ataque común.
Guardé mi teléfono.Decidí irme a casa.Mañana será un día mejor, pensé.
Aunque, por alguna razón, el aire olía raro.Denso. Agrio.Y los perros del vecindario ladraban mirando al cielo, como si esperaran que algo sucediera.
Algo que, sin saberlo, ya había comenzado.







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