Capítulo 1
Descargo de responsabilidad: No soy dueño del anime/manga “Naruto” ni de la saga de videojuegos “God of War”. De lo único que soy dueño es de esta historia alternativa/paralela que he escrito por diversión para lectoras/lectores curiosos.
Los Dioses Sangran
Capítulo 1: Día Sombrío y Problemas
Guía de Lectura:
—Diálogos—
«Pensamientos»
¡Rasengan!(Ataques / Habilidades / Chakra / Jutsu / Ki / Magia / Técnicas)
[Lectura / Noticias / Intercomunicadores]
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Era un día muy sombrío y triste para un niño que estaba parado frente a un cuerpo sin vida, envuelto en un sudario (tela funeraria utilizada para envolver cadáveres). Ambos estaban dentro de una cabaña, en alguna parte de un bosque completamente nevado. El frío era soportable para el niño, pero debido al momento que estaba sufriendo, terminó ignorando el clima.
—Señora Faye... —susurró.
Faye (o Laufey) es... era una gigante de hielo y su madre adoptiva. Ella, junto a su padre y su hermano mayor, lo habían adoptado en la familia cuando apenas era un bebé de unos pocos días de nacido; por ello, estaría agradecido hasta que diera su último suspiro en la tierra de los vivos.
—¿Por qué todos a los que quiero tienen que morir...?
—¡Naruto!
El niño de diez años conocido como «Naruto» es de tez semi-bronceada. Tiene el cabello negro de punta con un llamativo brillo gris, dos mechones que enmarcan su rostro y ojos oscuros como el carbón. Otra característica interesante de su rostro son los tres pares de marcas en sus mejillas, que él mismo se pintó con carbón. Su vestimenta consiste en cueros y pieles de animales (oso y lobo), y porta una faja de color verde oscuro alrededor de su cintura.
Nuestro querido protagonista se limpió rápidamente las lágrimas de los ojos y salió de la cabaña, encontrándose con la persona que lo llamó.
—¿Sí, hermano mayor? —Naruto respondió con la voz un tanto quebrada, aunque había hecho un buen trabajo disimulándolo frente a su familia.
«Él debe estar peor que yo...», pensó con simpatía al notar la enorme angustia que rodeaba al chico frente a él.
El chico de once años conocido como «Atreus» (cuyo nombre de gigante es «Loki») es de tez blanca, casi pálida. Tiene el cabello pelirrojo y corto, ojos azul hielo y pecas heredadas de su madre, junto a un par de cicatrices. Su vestimenta consiste en cueros y pieles de animales, complementada con una faja roja con detalles dorados en la cintura.
La joven divinidad, mitad dios y mitad gigante, no hizo ningún comentario sobre la expresión de su hermano pequeño. Era obvio que había estado llorando y era comprensible... ahora era su turno.
—Voy a preparar a madre.
El niño mortal no dijo nada y se hizo a un lado para que su hermano mayor entrara en la cabaña.
—Naruto.
El niño de cabello negro levantó la mirada del suelo al escuchar una voz grave, pero que a la vez sonó suave.
—¿Sí, señor Kratos? —dijo Naruto, fijando la mirada en su padre adoptivo, esperando la siguiente orden para cumplirla.
«Este hombre es peligroso... incluso hace ver a Madara o Kaguya como si fueran meras moscas», pensó con absoluto respeto y un toque de miedo.
El hombre conocido como «Kratos» (apodado el «Fantasma de Esparta») es de tez blanco ceniza y mide 1,95 metros. Tiene ojos color avellana, es calvo y luce una espesa barba negra. Un tatuaje rojo baja por la mayor parte superior de su cuerpo y sube hasta su rostro. Posee una gran cicatriz en el estómago y otra en su ojo derecho. Su vestimenta consiste en una armadura de cuero y metal (con elementos decorativos de inspiración nórdica, como runas y símbolos), además de pantalones y zapatos de cuero negro.
La deidad griega, antiguo Dios de la Guerra, observó a su hijo adoptivo con simpatía, aunque no era alguien que mostrara mucho sus sentimientos. Esta ocasión era única, pero tampoco le dijo nada para hacer sentir mejor al niño... a ninguno de los dos.
—Prepárate para encender el fuego cuando traiga el cuerpo de Faye —dijo Kratos, con la mirada puesta en la cabaña, donde veía a su otro hijo recitando unas palabras mientras encendía unas velas alrededor del cuerpo de su esposa.
El niño asintió con la cabeza.
—Sí, señor. —Naruto aceptó el pedido sin dudar, viendo cómo su padre entraba a la cabaña.
«Podría usar un jutsu simple de fuego, pero no quiero ser bombardeado a preguntas...», pensó con un suspiro mental. Ese era otro problema que escondía desde que reencarnó en este cuerpo: se restringía, y eso lo hacía enojar.
Nuestro protagonista buscó en su pequeño bolso de cuero un pedernal y sacó de su vaina un cuchillo con una empuñadura de estilo griego envuelta en hilos negros, un obsequio del señor Kratos durante su primera caza de ciervos. Ya estaba listo para encender la pira.
—Está lista —informó Atreus.
—Encuentra tu camino a casa. Eres libre —se despidió Kratos.
Naruto vio que, un rato después, su padre salió de la cabaña con el cuerpo de su madre en brazos, seguido de cerca por su hermano mayor.
—Hazlo —ordenó Kratos, con su habitual tono estoico.
Naruto respondió con un firme «Sí, señor» y utilizó el pedernal contra el cuchillo. No tardó ni cinco segundos en iniciar la llama.
Luego de esto, los tres observaron cómo el fuego empezaba a arder con intensidad, quemando los troncos de madera. Todavía faltaba un poco para que las llamas alcanzaran el cuerpo envuelto de la gigante.
De forma repentina, Atreus corrió hacia el fuego para recuperar un cuchillo que había quedado sobre el cuerpo de su madre. Sin embargo, en el proceso, se quemó la mano y lo dejó caer en la nieve.
—Lo lamento... —murmuró Atreus con una expresión entre adolorida y avergonzada al notar la mirada de su padre.
El Fantasma de Esparta no dijo nada. En su lugar, se arrodilló para tomar un poco de nieve del suelo.
—Aprieta —dijo Kratos con seriedad al poner la nieve sobre la mano herida de su hijo, mientras con su mano libre recogía el cuchillo—. Este cuchillo... era de ella. Ahora es tuyo.
Naruto observó la interacción entre su padre y su hermano, pero guardó silencio y volvió a fijar su mirada en el cuerpo de su madre, ignorando el resto de la conversación. Para este punto, el fuego ya envolvía por completo a la gigante de hielo.
—Naruto.
El niño parpadeó varias veces al escuchar la voz de su padre; al parecer, se había quedado hipnotizado por las llamas durante un largo rato.
—¿Sí, señor Kratos?
El antiguo dios griego observó fijamente a su hijo menor. A pesar de que no era de su sangre y de que era un mortal, a Kratos no le importaban esas diferencias; lo quería igual que a Atreus.
—Cuida de la casa mientras no estamos —Kratos hizo una pequeña pausa, enfocando su mirada en el cuerpo de su esposa consumiéndose en el fuego—. Iré de caza con Atreus.
Naruto asintió con la cabeza y vio que su hermano mayor ya estaba preparado con su arco y carcaj. Su expresión era una mezcla de tristeza, ansiedad y miedo, pues era la primera vez que salía a cazar a solas con su padre.
—Sí, señor —aceptó Naruto sin objeción, regresando su atención a las llamas.«Debo cuidar la casa», pensó con determinación.
Mientras Kratos y Atreus se marchaban en dirección a los ciervos, a Naruto le invadió un hermoso recuerdo de su madre adoptiva.
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Flashback
Un Naruto de nueve años caminaba de forma sigilosa en una dirección opuesta a la zona de los ciervos, lo cual le llamaba bastante la atención.
—Señora Faye...
La mujer, de cabello rubio rojizo atado en una trenza y ojos azul profundo, detuvo su avance y miró al niño. Su exótico cabello negro tenía un color y forma totalmente únicos en los Nueve Reinos.
—¿Sí, Naruto? —preguntó Faye con una sonrisa al notar la confusión de su hijo menor.
El niño dudó por un momento, pero se armó de valor.
—¿Por qué elegiste cazar conmigo? —preguntó con curiosidad, ya que era obvio que aquello no era una cacería normal.«Espero que no hayan descubierto nada...», pensó con un toque de nerviosismo ante la posibilidad de que su familia adoptiva supiera algo de su pasado.
La gigante de hielo dejó su arco y su carcaj enganchados en un árbol cercano para poder moverse con mayor libertad.
—Quiero ver qué tanto aprendiste de tu padre en estos años —respondió Faye, manteniendo la sonrisa.
A pesar de ser un niño, Naruto no era uno cualquiera. Su condición de reencarnado le otorgaba muchísimas ventajas. Tal vez no era tan inteligente como su hermano mayor, pero no era ningún tonto.
—Está bien —aceptó entusiasmado. Nunca había luchado contra su madre adoptiva y quería comprobar lo fuerte que era.«¿Debería ir con todo o será mejor contenerme?», meditó frunciendo el ceño. No le gustaba contenerse, pero tampoco quería lastimar a una mujer tan importante para él.
Ambos adoptaron posturas de combate. Ella preparó su hacha Leviatán (llamándola al estirar su mano derecha) y él simplemente alzó ambos puños frente a su rostro.
El primero en reaccionar fue Naruto, quien cargó rápidamente contra su madre. Antes de atacar, llevó su mano derecha hacia un costado con la intención de formar un¡Rasengan!.
—¿Oh? —murmuró Faye con interés ante la extraña acción de su hijo. Sin perder tiempo, arrojó la Leviatán hacia él para ver cómo reaccionaba.
Naruto siguió avanzando sin intenciones de esquivar el hacha, pero justo antes de que el arma lo lastimara, desapareció en una nube de humo (¡Kawarimi no Jutsu!), dejando un tronco de árbol en su lugar.
—¿Qué...?
Faye no pudo terminar la frase. De inmediato tuvo que dar un salto hacia atrás, pues su hijo menor había aparecido por encima de ella, dispuesto a propinarle una fuerte patada.
—Vaya, vaya... ese fue un truco interesante, Naruto —elogió Faye, todavía sorprendida.«Es más fuerte de lo que pensé... no debí subestimarlo», se dijo al desviar la mirada hacia su hacha, incrustada en el tronco. Aún no entendía cómo había hecho eso, pero estaba segura de que no había sido magia convencional.
Naruto asintió lentamente, sin bajar la guardia frente a la mujer.
—Bien... será puño a puño esta vez —comentó Faye con una sonrisa brillante.
A gran velocidad, se posicionó frente al niño y lanzó un derechazo. De alguna manera, Naruto logró bloquear el puñetazo formando una cruz con sus brazos, pero no pudo evitar la patada posterior que impactó contra su costado derecho. Salió volando contra un árbol, sintiendo que todo el oxígeno abandonaba sus pulmones.
Por suerte, el impacto no lo detuvo por mucho tiempo. Utilizó su Chakra para curar un poco su interior, dejando solo las heridas superficiales.
«A pesar de la desventaja, se adapta a la pelea... sin duda es un niño muy especial», pensó Faye, asombrada al ver a su hijo levantarse de entre el árbol partido a la mitad, ignorando sus heridas.
Esta vez, Naruto aumentó su velocidad y lanzó un puñetazo que fue detenido por la mano de su madre. A juzgar por la mueca de la Jötun, el golpe llevaba bastante fuerza.
—Me rindo. Tú ganas, Naruto —declaró Faye con una sonrisa orgullosa, sacudiendo su mano ligeramente entumecida.«¿Por qué siento que se contuvo?», pensó con un brillo divertido en sus ojos. Sentía curiosidad por saber hasta dónde llegaba la fuerza de su hijo y qué otros trucos interesantes escondía.
Al finalizar la batalla, ambos se sentaron en una gran roca para contemplar el río congelado, un paisaje tranquilizador para el alma.
—Naruto —lo llamó Faye, una vez que terminó de curarlo con su magia. Ella sabía que su hijo no era un dios y, por ende, no podía sanarse solo a ese nivel.
Naruto dejó de observar el tronco sustituto que tenía en las manos, ahora cubierto por una gruesa capa de hielo provocada por la Leviatán. Estaba muy agradecido por la magia curativa de su madre. Curiosamente, cada vez que su cuerpo se curaba tras una dura pelea, se sentía más fuerte que antes.
—¿Sí, señora Faye?
La mujer no respondió de inmediato. Parecía estar debatiéndose internamente, pero decidió hablar.
—Cuida de Loki y de Kratos por mí cuando yo no esté —pidió Faye con los ojos cerrados, sumida en sus pensamientos.
La petición fue tan inesperada que Naruto no supo qué decir. Notó que se había referido a su hermano como «Loki», pero decidió guardar silencio al respecto.
—Sé que ellos son fuertes... sobre todo Kratos —añadió ella con tono juguetón, abriendo sus ojos, los cuales reflejaban una paz capaz de contagiar a cualquiera.
Naruto tragó saliva al recordar sus entrenamientos con su padre. Aunque habían valido la pena (ahora podía defenderse de sus ataques por más de un minuto), seguían siendo aterradores.
—Pero tú, Naruto... Tú eres especial. Estoy segura de que harás grandes cosas en el futuro —aseguró Faye, fijando su mirada en él, esperando una respuesta.
El niño asintió con una enorme sonrisa.
—Lo haré, señora Faye —prometió con absoluta determinación—. ¡Nunca rompo una promesa,Dattebayo! —aseguró, apretando su puño derecho frente a su rostro, sin darse cuenta de que había utilizado el tic verbal de su vida pasada.
Faye mantuvo su sonrisa orgullosa. Sabía que su muerte estaba cerca, pero eso no le impidió sentir curiosidad sobre qué significaba ese “Dattebayo”. Al final lo dejó pasar, prefiriendo disfrutar de aquel hermoso momento junto a su hijo.
Fin del Flashback
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Cuando volvió a la realidad, Naruto cerró los ojos y bajó la cabeza en señal de respeto.
—La voy a extrañar mucho, señora Faye... —murmuró, apretando los puños.«Prometo proteger a Atreus y al señor Kratos». Su mirada determinada ardió con la misma intensidad que un Amaterasu.
Estaba tan sumido en sus pensamientos que no notó que las llamas habían terminado de consumir el cuerpo de la Jötun. Lo que lo sacó de su trance fue un fuerte ruido detrás de la cabaña, en dirección al jardín. Segundos después, aparecieron su padre y su hermano.
—¿Qué pasó...? —preguntó Naruto al ver sus ropas cubiertas de suciedad y sangre, aunque se tranquilizó al percibir que no era de ellos.«Tal vez debí haber dejado un clon de sombra por si acaso...», se recriminó mentalmente.
Kratos solo gruñó en respuesta y caminó hacia la puerta de la cabaña, claramente molesto.
—Trol de fuego... —susurró Atreus, intentando que su padre no lo escuchara, pero fracasó.
Naruto asintió; eso explicaba el estado en el que se encontraban. Estaba aliviado de que no hubieran sufrido heridas graves.
—Dejen de hablar. Atreus, Naruto, entren a la casa —ordenó Kratos con un gruñido final.
Los hermanos obedecieron. Naruto siguió de cerca a Atreus, dándole espacio a su padre para que recogiera las cenizas de su madre en su bolsa de cuero y pudiera despedirse a solas.
—No es justo... estoy listo... —murmuraba Atreus con mezcla de enojo y tristeza, sentándose en su cama.
Naruto guardó silencio para no alterar más el estado emocional de su hermano.
—Perdiste el control.
Ambos levantaron la vista para ver a su padre entrar con expresión severa.
—Esa... cosa trató de matarnos, padre —se defendió Atreus—. Además, lo dices como si tú no te enojaras en una pelea... —añadió, bajando la mirada.
Naruto se quedó de pie en silencio. En su vida pasada probablemente habría hecho un comentario fuera de lugar y habría terminado recibiendo un puñetazo de Sakura. Gracias a Kami-sama, eso había quedado atrás.
—La ira puede ser un arma. Pero solo si la controlas puedes usarla —afirmó Kratos sabiamente—. Obviamente, ese no es tu caso, Atreus.
El niño mitad dios se quedó sin palabras; aquellas frases le provocaron tanta ira como tristeza.
—Pero hace mucho tiempo que no me enfermo. Ahora estoy sano —aseguró sin titubear.
Tanto Naruto como Kratos compartían la misma preocupación respecto a la enfermedad que había mantenido a Atreus en cama durante tanto tiempo.
—Bien... —Kratos se arrodilló frente a su hijo mayor y levantó las manos, con las palmas abiertas—. Vamos.
La acción sorprendió a los hermanos.
—¿Quieres que te golpee? —preguntó Atreus, poco convencido.
Kratos asintió.
—Quiero que lo intentes.
Atreus aceptó el reto y lanzó un puñetazo, pero su padre lo detuvo fácilmente golpeándolo con la palma. Estuvieron así durante un buen rato.
Naruto dejó de observarlos cuando sintió una perturbación en el bosque. Estaba lejos, pero se acercaba muy rápido.
—Señor Kratos... hermano mayor... algo grande viene hacia aquí.
Ambos detuvieron su ejercicio y miraron hacia el techo con expectación. Un segundo después, algo de gran tamaño sobrevoló la cabaña provocando un ruido infernal.
—¿Qué fue eso? —preguntó Atreus alarmado.
Naruto lo miró y susurró: —Lagarto gigante volador.
Al comprenderlo, Atreus tragó saliva.
—Silencio —ordenó Kratos con estoicismo, preparándose para un ataque y calculando el tiempo para ocultar a sus hijos.
Naruto enfocó su vista en la puerta, listo para una confrontación. Si tenía que luchar para proteger a su familia, lo haría sin dudar.
[Toc, toc, toc]
—¡Muéstrate! ¡No tiene sentido seguir ocultándote! Yo sé quién eres...
Los tres se miraron. Ninguno reconocía la voz del hombre de afuera, pero estaba claro que no era una visita amistosa.
—¿Qué sucede? ¿Lo conoces? —preguntó Atreus. Una mirada severa de su padre bastó para que guardara silencio.
—Y más importante: ¡Sé lo que eres! —continuó el desconocido.
Viendo que el conflicto era inevitable, Kratos tomó una decisión.
—Atreus, Naruto. Bajo el suelo. Ahora.
Naruto asintió y caminó hacia el escondite secreto bajo las tablas.
—Pero dijiste que nunca bajáramos ahí —replicó Atreus, ansioso—. ¿Quién es?
Kratos gruñó, molesto por las preguntas, y apartó la alfombra de piel de oso.
—No lo sé —contestó en voz baja.
Naruto miró a su hermano con preocupación, sabiendo que si seguía presionando, su padre se enojaría más.
—¿De qué está hablando? —insistió Atreus.
Kratos levantó la puerta de madera.
—No lo sé, Atreus. Deja de hablar y entren los dos.
Naruto fue el primero en entrar, seguido de cerca por un molesto Atreus.
—¡Solo dime lo que quiero saber! —gritó el hombre afuera.
Kratos cerró la puerta de madera y acomodó la alfombra para disimularla.
—¡No hace falta derramar sangre!
Naruto podía sentir las intenciones del sujeto; no eran nada buenas.
—No sé si sea un enemigo de padre... pero ese tipo no es una buena persona —le susurró Naruto a su hermano—. Su presencia es muy diferente a la de la señora Faye... —explicó, usando su Chakra para analizar el entorno.
Atreus lo observó con curiosidad; no sabía que su hermano poseyera esa habilidad.
—¿Puedes sentir las emociones de la gente? —preguntó, sorprendido.
Naruto se rascó la cabeza, nervioso.
—Algo así... no sé cómo explicarlo en este momento. —Desvió la mirada hacia un rincón del escondite donde había un objeto envuelto en tela roja. Era exactamente lo que su padre les había prohibido tocar.«Prefiero evitar esta conversación lo más posible...», pensó.
Atreus soltó un «wow» impresionado, dándose cuenta de lo útil que sería esa habilidad en batalla.
[¡Golpe! ¡Crack!]
Un impacto sacudió la cabaña como si fuera de papel. La estructura tembló una, dos, tres veces.
—El otro sujeto golpeó al señor Kratos... —reveló Naruto con preocupación—.«Maldita sea, ¿debería intervenir?», se debatió, apretando los puños para no perder a su nueva familia.
Atreus se puso de pie e intentó abrir la trampilla, pero Naruto lo detuvo.
—¿Qué haces, Naruto? ¡Hay que ayudar a padre!
—El señor Kratos nos ordenó quedarnos aquí hasta que la pelea terminara —le recordó Naruto, aunque él mismo luchaba contra la necesidad de salir—.«¡Mierda, esto se está saliendo de control!». Apretó tanto los puños que sus uñas se clavaron en sus palmas, haciéndolo sangrar.
Atreus le dedicó una mirada furiosa, pero volvió a sentarse. Intentó ignorar los estruendos de la pelea, lo cual era casi imposible.
Tiempo después, escucharon cómo algo pesado se estrellaba contra el techo.
[¡Golpe!]
—¿Por qué hay tres camas ahí? —preguntó la voz del intruso, aterrándolos a ambos. Fieles a la orden, no se movieron ni dijeron una palabra.
El silencio que siguió fue inquietante.
—Silencio... ¿la pelea terminó? —preguntó Atreus con miedo, rogándole a su madre que su padre hubiera ganado.
Naruto «miró» en varias direcciones usando su sensor, hasta que sintió el chakra de Kratos. Débil, pero vivo.
—Tranquilo, hermano mayor... el señor Kratos está bien. Ganó la pelea —sonrió Naruto, sintiendo que el alma le volvía al cuerpo—.«Gracias a Kami-sama...». Se apoyó contra una roca del escondite, aliviado.
Atreus sintió una inmensa alegría.
—¡Vamos, Naruto! —exclamó, empujando la trampilla para salir apresuradamente.
Naruto asintió y lo siguió.
—Les dije que no salieran del escondite —gruñó Kratos al abrir la puerta y encontrar a sus hijos fuera de lugar.
Ambos tragaron saliva ante su mirada severa. Atreus decidió explicarse:
—Padre, Naruto supo que habías ganado gracias a una habilidad que tiene, y al ver que no había peligro... bueno, salimos.
Kratos miró a su hijo menor con sorpresa; no le gustaba que le ocultaran cosas.
—Hablaremos de eso después, Naruto... —hizo una pausa, recuperando el aliento—. Ahora recojan sus cosas. Nos vamos.
Naruto asintió y respondió: —Sí, señor Kratos.
Internamente, fulminó a Atreus con la mirada:«Maldito soplón».
—¿No decías que no estaba listo? —preguntó Atreus con ironía, mirando a su hermano.«Será un viaje más seguro con su ayuda», pensó el pelirrojo, contento de tener un sensor de su lado.
Kratos lo miró de reojo.
—No lo estás, Atreus... pero ya no tenemos opción —aclaró Kratos, consciente de que alguien más podría venir buscando al forastero muerto—. Desmiénteme.
Atreus, ya con su bolso preparado, lo miró con determinación.
—Sí, señor.
Naruto también terminó de empacar. En su bolsa llevaba la única reliquia de su madre biológica: un trozo de tela de color naranja y azul. Era su objeto más preciado, junto al cuchillo que le dio Kratos.
—La montaña... va a ser unLARGOviaje —comentó Atreus ya fuera de la cabaña.
Naruto miró hacia el pico más alto de los reinos, esperando no toparse con más enemigos.
—Sí. Pero uno importante —sentenció Kratos, cerrando la puerta de su hogar.
Antes de seguir a su familia, Naruto le dio una última mirada a la casa. Por un segundo, juró ver a la señora Faye observándolos con una sonrisa. Él le devolvió el gesto y corrió para alcanzarlos.
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Al llegar al borde del bosque, Naruto y Atreus observaron asombrados una enorme grieta en la tierra, clara consecuencia de la batalla.
—¿Cómo pasó esto? —preguntó Atreus, mirando hacia el fondo oscuro del acantilado.
Kratos descendió por la tierra partida en silencio, sin ganas de dar explicaciones.
—¿Quién era ese sujeto? —insistió Atreus.
—No lo sé.
—¿Qué quería de nosotros? No somos nadie... ¿Lo mataste? —volvió a preguntar el niño mientras subía a la espalda de su padre para cruzar.
—Hice lo que tenía que hacer —respondió Kratos sin arrepentimiento por haberle quebrado el cuello a quien amenazó a su familia.
Naruto cruzó sin problemas detrás de ellos. De pronto, un árbol cercano se desprendió y cayó al vacío.
—Pudiste haber muerto... —susurró Atreus al ver el agotamiento de su padre—. Nunca más vuelvas a dejarnos solos, ¿de acuerdo?
Kratos lo miró a los ojos.
—De acuerdo.
Naruto saltó el acantilado y comenzó a escalar la pared de roca junto a ellos.
—Tuviste que matar personas antes, ¿verdad? ¿Acaso estás acostumbrado a eso? —continuaba Atreus, sintiendo un poco de envidia al ver lo ágil que era su hermano menor.
—Hacemos lo que debemos para sobrevivir, niño —contestó Kratos.
Naruto estaba de acuerdo con su padre, pero él quería usar esa fuerza para proteger a los débiles, especialmente a los gigantes (Jötun), víctimas de las masacres de los dioses Aesir. Cada vez que recordaba las historias sobre Thor y Odín, su sangre hervía con la necesidad de destrozar al Dios del Trueno con sus propias manos...
—¡Naruto!
El repentino grito de su padre sacó a Naruto de sus pensamientos violentos, justo a tiempo, pues casi resbala del precipicio. Kratos logró sujetarlo de la ropa.
—Concéntrate —ordenó Kratos con severidad, aunque sus ojos reflejaban preocupación. Nunca antes le había pasado eso a su hijo menor.
Naruto sacudió la cabeza y acomodó su bolso.
—Sí, señor Kratos. —«Esta ira... es mucho peor que cuando accedía al Chakra de Kurama», reflexionó asustado. Le aterraba perder el control y lastimar a quienes amaba.
Atreus lo observó en silencio. Prometió preguntarle qué le molestaba tanto cuando tuvieran un descanso.
—Bien... Sigamos —indicó Kratos, retomando el camino hacia la cima para esparcir las cenizas de Faye y permitirle descansar en paz.
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Fin del Capítulo 1
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Subido: 13/09/26
Actualizado (Corregido): ¿?/¿?/¿?
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Omake 1
Un Naruto de cinco años estaba sentado sobre una roca frente a un río congelado. Vestía un conjunto de pieles de oso y lobo con una capucha que, al estar bajada, dejaba a la vista su exótico cabello negro de punta con ese brillo gris tan llamativo.
—Wow... todavía puedo usar chakra...
El niño observaba feliz su querido Rasengan. Era pequeño, pues su control aún era inestable por la falta de entrenamiento (no podía practicar bajo la constante vigilancia de sus padres adoptivos).
—No sé cómo es posible que aún conserve esta energía, pero estoy muy, muy agradecido...
La esfera giratoria de viento brillaba con un hermoso tono celeste y destellos blancos. Quería probar su potencial en su nuevo cuerpo, pues se sentía más fuerte, pero tendría que esperar a luchar contra alguien para comprobarlo.
—¡Naruto!
El grito repentino de su padre casi lo hace caer de espaldas. El Rasengan se desvaneció de su mano en una suave brisa helada.
—¡Ya voy, señor Kratos!
Rápidamente se ató una venda azul alrededor de la frente, bajó de un salto de la roca y corrió presuroso en dirección al antiguo dios griego.
Fin del Omake 1