Chapter 1
EL DIAGNÓSTICO QUE LO CAMBIÓ TODO
En el año 2022 yo tenía 18 años y cuatro meses.
Era hijo único. Había aprobado los exámenes para ingresar a la universidad y finalmente iba a comenzar la carrera que había elegido: Odontología.
En octubre de 2022 comenzó mi primer semestre.
Todo era nuevo. Los profesores, los compañeros, las aulas, las materias y una forma completamente diferente de estudiar.
Venía de terminar el colegio y de repente me encontraba en un mundo mucho más exigente.
Pero estaba feliz.
Tenía metas. Tenía sueños. Y tenía el apoyo de mis padres.
Especialmente de mi mamá.
Con ella tenía una relación muy especial. Éramos cómplices. Ella siempre estaba pendiente de mí.
Después de aproximadamente un mes de haber comenzado la universidad conocí a una persona muy especial. Hubo una conexión inmediata y terminé enamorándome. Comenzamos una relación.
Por aquellos días yo sentía que todo estaba comenzando a salir bien.
Pero la vida tenía preparado algo que ninguno de nosotros esperaba.
Llegó diciembre.
Como todos los años, salí con mi mamá al centro histórico y también fuimos al centro comercial Gran Amanecer. Ella siempre quería verme bien. Me compró ropa. Me preguntaba qué me gustaba. Y buscaba la manera de hacerme feliz.
Pero durante esos días comenzó a sentir un dolor extraño y muy fuerte en la zona de la axila.
Era un dolor punzante.
Fuimos a una farmacia y le recomendaron analgésicos como paracetamol o ibuprofeno. Le dijeron que, si el dolor continuaba, debía acudir a un centro médico.
Terminó el año.
Mi papá nos propuso visitar a familiares. Viajamos a Pelileo y estuvimos alrededor de cuatro días. Regresamos a casa.
Pero en enero de 2023 el dolor volvió.
Mi mamá acudió a emergencia en un hospital público. Le dieron analgésicos y le dijeron que necesitaba realizar el proceso correspondiente para poder ser atendida por especialistas.
Pasaron aproximadamente 15 días hasta que pudo completar el registro.
Finalmente la evaluaron.
Los especialistas encontraron una pequeña masa. La llamaron un nódulo. Necesitaban estudiarlo.
Llegó febrero.
Yo había terminado mi primer semestre y tenía aproximadamente un mes de vacaciones.
Mi mamá se realizó exámenes de sangre y una biopsia.
Los resultados tardarían varias semanas.
Pero yo tenía una sensación que no podía explicar.
Pensaba en cáncer. Quizás porque ya había comenzado a estudiar temas relacionados con enfermedades y biología.
También recordaba algo que había visto en mi mamá. Su cabello se estaba cayendo muchísimo mientras cocinaba.
En aquel momento no sabía que ese recuerdo quedaría grabado para siempre en mi memoria.
Después de aproximadamente tres semanas llegó el resultado.
El médico nos miró y dijo:
«Señora, usted tiene cáncer de mama agresivo. Aún estamos a tiempo de combatirlo.»
Después explicó el tratamiento.
Primero quimioterapia. Después radioterapia. Y, si el tumor no disminuía lo suficiente, una cirugía.
Sentí que el mundo se detenía.
Mi mamá lloró.
Mi papá quedó en silencio.
Y nosotros solamente pudimos abrazarnos y pedirle a Dios que nos ayudara.
La biopsia incluso fue enviada a Colombia para determinar si existía algún origen genético.
El resultado indicó que no era genético.
Y nosotros seguíamos sin entender por qué aquella enfermedad había llegado de una manera tan agresiva.
Pero había comenzado una lucha.
Y apenas estábamos en el principio.








