1
Estaba espeluznantemente tranquilo en la habitación, sólo el constante goteo de la máquina de café interrumpía el silencio. A esta hora temprana, incluso los otros equipos estaban ausentes. Asavarid Pinitkanjanapun, conocido por todos como Heng, se quedó mirando los escritorios vacíos por un momento, luego miró el gran reloj en la pared.
De un momento a otro, todos estarían allí. Conocía la rutina de sus compañeros mejor que la suya, sobre todo después de cerrar un caso como el que acababan de concluir. Ocho chicos desaparecidos. Sí, los habían encontrado, pero... los encontraron a todos... Muertos. El bastardo los había estado utilizando como juguetes sexuales, el más antiguo por dos meses. El más nuevo, tan sólo dos días. Todos muertos. Y sabía exactamente cómo su equipo se ocuparía de eso.
Su compañera de equipo, Freen Chankimha, probablemente saldría sola a un bar popular de lesbianas y después de una gran cantidad de tragos de soju, recogería una mujer cuyo nombre no recordaría esa mañana al despertar. Le pediría a la mujer que la llevara a su casa, follarían como locas, entonces se iría antes de que la mujer despertara. Sin nombre, sin número de teléfono. Así era como Freen manejaba las cosas.
Dao Mongkhon, cuyo propio hijo era de la misma edad que la mayoría de esos chicos, iría a casa de su ex-esposa, quién, por alguna extraña razón, todavía tenía relaciones sexuales con él. Tal vez ella había estado el tiempo suficiente para saber cómo estos casos lo afectaban, a pesar de que en un día normal peleaban como perros y gatos. La compañera de equipo de Dao, Becky Armstrong, siempre iba a casa sola y bebía una botella entera de vino... a veces dos, según él... mientras disfrutaba de un baño de burbujas. Heng se permitió que su mente vagara hacia la hermosa agente castaña, imaginándola hasta el cuello en burbujas, sosteniendo perezosamente con una mano una copa por el borde. Rápidamente apartó ese pensamiento, consciente de que Dao le patearía el culo por imaginarse de esa forma a su compañera. Dao tenía su propio enamoramiento con ella, con Armstrong, aunque lo negara hasta el día de su muerte.
Suspiró y se dirigió hacia el café, a pesar que conocía la rutina. En un día normal, después de un caso normal, Becky sería la primera en llegar. Siempre. Era irritantemente puntual, nunca llegaba tarde. Dao se apresuraría siendo el siguiente, sin dejar de masticar lo que hubiese comprado para el desayuno esa mañana. Luego Freen se arrastraría adentro, con su cabello todavía mojado, evidencia de que se había levantado a tiempo solo para una ducha rápida, sin café o desayuno. Freen habitualmente llegaba tarde. Siempre, pero eso era en un día normal. Hoy, ya que no era un día normal, tal vez llegaría primero, apestando a sexo y alcohol, con la misma ropa de ayer. Le gruñiría un saludo y luego se hundiría en su silla. Él le entregaría una taza de café, del cual ella se quejaría. Dao aparecería después, con los ojos rojos e hinchados por la falta de sueño. Su ex-esposa, le escucharía decir, que era una máquina sexual. Becky sería la última en llegar. Siempre traía café de Starbucks y desayuno para agasajarlos. A veces, cruasanes de jamón y queso, a veces tacos de un bar local mexicano, a veces sólo McDonald, pero siempre traía el desayuno, se sentaría en una silla a observarlos a todos, buscando ver si se habían recuperado, sus ojos sin duda aterrizarían en Freen con una leve mirada de desaprobación. Heng a menudo se preguntaba si esa era la razón por la que ella intencionalmente llegaba tarde...para no tener que presenciar a Freen entrando y luciendo tan desaliñada.
La morocha entrecerró los ojos ante la luz brillante del sol, sus gafas oscuras hicieron poco para suavizar el resplandor. Pasó la lengua por sus dientes, su boca seca y aún con el sabor a Soju... y a sexo. Gruñó, haciendo una mueca por el martilleo en su cabeza mientras se metía en el edificio. La mujer de anoche había sido una castaña. Recientemente, todas habían sido castañas. No podía recordar el nombre de la mujer ni para salvar su vida. Suspiró con cansancio mientras el ascensor se abría. Entró en la habitación, con las gafas de sol aún cubriendo sus ojos.
Su juego de escritorio estaba separado de los del equipo de la policía federal por una fila de archivadores y vio a Heng sentado en el suyo, como esperaba. Él era el último en salir y el primero en llegar. A veces se preguntaba si incluso iba a casa. Hizo caso omiso a la mirada que éste le dio y sacó su silla con el pie, hundiéndose lentamente, manteniendo su cabeza inmóvil.
-Sí, gracias - murmuró mientras él le entregaba una taza de café. Tomó un sorbo, haciendo una mueca ante el sabor - Maldita sea, Heng, esto sabe a mierda ¿Cuándo vas a aprender a hacer una buena taza de café?
-No dudes en intentarlo - dijo él. Ella parpadeó varias veces, centrándose en la cabeza del hombre.
-¿Qué demonios te ha pasado?
-Quería un cambio - dijo mientras se frotaba la cabeza rapada.
-Uh. No me digas - La morocha apoyó la cabeza sobre el escritorio, sus gafas de sol se aplastaban incómodamente contra su oído, esperando por la ansiada pregunta.
-¿Cuál era el nombre de ésta? - La morocha dio su respuesta habitual.
-No tengo ni idea - y mantuvo sus ojos cerrados, escuchando las puertas del ascensor que se abrían, consciente que era Dao.
Después de él, Freen había llegado mucho antes de lo que solía llegar.
-Jesús, Sarocha ¿no es la misma ropa que tenías puesta ayer?
-Muérdeme - murmuró con los ojos todavía cerrados.
-Desearías.
-Cállate - Suspiró nuevamente, prometiendo...por lo menos unas cien veces... que le pondría fin a todas estas noches en vela con extrañas. Pero era la única manera en que podía espantar por completo de su mente los horrores del trabajo. Bueno, no la única manera, pensó, al recordar la noche que Becky había compartido su cama. Gimió en voz baja, sin querer pensar en eso ahora. Nunca llevaba mujeres a su propia cama. Era una regla que nunca rompía. Nunca. Era más fácil de esa manera. Sin nombres, ni teléfonos, ni direcciones. Pero había roto todas las reglas esa noche. Sólo que ella no había sido la única escabulléndose de la cama de alguien y escapando en la oscuridad de la madrugada. Se sorprendió de lo mucho que le había dolido cuando despertó descubriendo que Becky ya se había ido.
-Jesús!!! Heng ¿Qué pasó con tu frondoso cabello que llegamos a amar?
-Vamos, coño, eso no era un árbol.
******************************************
Becky sabía lo que iba a encontrar, incluso antes de que las puertas del ascensor se abrieran. Heng estaría inclinado hacia atrás en su silla, mirando a Freen con ojos molestos...y preocupados...mientras tiraba pedazos de papeles arrugados en el bote de basura. Dao estaría leyendo las noticias en línea, con la barbilla apoyada en su mano tratando de ahogar un bostezo. Realmente no estaría leyendo el diario, lo sabía. Estaría reviviendo la noche pasada con su ex. Y Freen tendría su cabeza sobre el escritorio, con los ojos cerrados. Si era una mala mañana, todavía tendría puesta sus gafas de sol.
Hizo una pausa antes de bajar del ascensor, su mirada pasó rápidamente por la habitación. Silenciosamente reconoció que sus suposiciones eran correctas.
Tomando una respiración profunda, caminó hacia delante, sonriéndole a Heng antes de entregarle un café.
-Bonita cabeza - dijo con una sonrisa. Dao tomó su café antes de que ella pudiese ofrecérselo, entonces miró la bolsa que la castaña sostenía -Salchichas y tortillas - dijo ella, entregándole una.
-Eres la mejor. Gracias.
Le arrojó una a Heng y luego se acercó a Freen, quien todavía tenía que levantar su cabeza. Colocó el café y el desayuno al lado de ella, sacudiendo lentamente la cabeza.
-Realmente, realmente necesitas una ducha, Freen -, dijo en voz baja.
-Lo sé - murmuró ella. Becky negó con su cabeza nuevamente, preguntándose por qué la tailandesa se ponía a sí misma a pasar por esto.
¿No podría estar satisfecha con una noche a solas? ¿Quizás con una botella de vino, tal vez un baño caliente con burbujas? ¿Siempre tenía que espantar las imágenes con sexo?
Se permitió una breve mirada al pasado, esa noche en la que había sido ella la que Freen había envuelto. Contra su mejor juicio, había cedido a sus deseos, un error provocado por el incesante coqueteo de Freen, demasiados tragos de alcohol y su propia necesidad de escapar del trabajo por unas horas. Aunque se había arrepentido de su decisión la mañana siguiente, todavía seguía siendo una noche que era incapaz de olvidar.
*******************************************
Dao vio cómo su pareja miraba a Freen. Echó un vistazo a Heng con las cejas levantadas cuando Becky negó con su cabeza por tercera vez antes de tomar asiento en su propio escritorio ordenado. Dao comió su desayuno en silencio, al igual que los demás. Finalmente, Freen se levantó... aunque lentamente... agarró su café y tortilla. Se quedó mirando a Rebecca.
-Voy a ducharme - dijo mientras se dirigía lentamente hacia afuera.
-Bien ¿Por qué no tomas dos? - dijo Becky en voz alta, arrastrando la silla fuera de su escritorio y yendo hacia la dirección opuesta de la morocha.
-Demonios ¿Qué pasa con ellas? - preguntó el castaño. Heng arrugó la envoltura de su desayuno y la lanzó en un tiro perfecto hacia el bote de basura.
-No lo sé. Han actuado extraño desde hace varios meses - Dao se inclinó hacia delante bajando su voz.
-¿No crees que... ya sabes?
-No, hombre. Vamos... - dijo Heng - ...Becky es Becky. Ella es perfecta. Y Freen...bueno, sabes que la amo, pero tiene algunos serios problemas - Dao soltó un bufido.
-¿Problemas? ¿Es así como le dices?
-Dale un respiro, joder. Sabes cómo fue su infancia.
-Sí, lo sé - Dao se echó hacia atrás nuevamente con un suspiro.
Sí, todos sabían cómo el padre de la morocha la usaba como saco de boxeo cuando era una niña.
Freen había crecido en el lado descuidado del parque de casas rodantes, en una parte mala de la ciudad, y aunque ella había dejado todo eso atrás, todos sabían que lo cargaba como una astilla en su hombro. Era hermosa como el infierno y podía seleccionar a las mujeres que quisiera, pero no era hermosa de la manera perfecta y elegante como lo era Becky. No, Freen era áspera y turbulenta, con su cabello oscuro cortado en diferentes longitudes, siempre luciendo algo desastroso. Pero incluso él admitía que era un look sexy, con la cantidad justa cayendo sobre esos grandes ojos marrones que le hacían desear llegar hasta ella y apartarlos de allí.
Se sacudió a sí mismo al saber sus pensamientos... Maldita sea. Era Freen ¿En qué demonios estaba pensando?






!["ᴇʟ ꜱɪᴄᴀʀɪᴏ" [ᴷᵒᵒᵏᴹⁱⁿ] 국민](https://cdn-gcs.inkitt.com/vertical_storycovers/ipad_ab81dd541d81136c31c75702f396d37d.jpg)

