El pecado de amar a tu enemigo

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Summary

Una detective integra e incorruptible. Un alto mando criminal decidido a conseguir la hegemonía de la ciudad. Un trato capaz de unirles. Una atracción desmedida. Un amor prohibido. ¿Será ella capaz de cambiar sus convicciones? ¿Puede alguien condenarse de cara al mundo por cumplir una promesa? Ésta es la historia, ésta es su historia. La historia del pecado de amar a tu enemigo. Booktrailer: https://www.youtube.com/watch?v=6a2Tkv0g6Y4 Obra con nº registro 2501170657257 en Safecreative Portada realizada con la ayuda de @beca_

Genre
Romance
Author
Ansonieta
Status
Ongoing
Chapters
40
Rating
5.0 27 reviews
Age Rating
18+

Capítulo 1: Tan delicioso como peligroso



Muelles de Tokyo, 17:30 pm

Me paro enfrente de la puerta del almacén aparentemente abandonado del puerto de Tokyo y realizo una profunda inspiración para dejar escapar el aire preso en mis pulmones.

Necesito armarme de valor para lo que estoy a punto de hacer.

Es incongruente e ilógico.

Es amoral e incluso deshonesto.

Pero tratándose de Ren Keitani y su mundo, es lo único que puedo hacer.

Miro a las alturas y contemplo la luna llena que poco a poco, va ocultándose tras una nube; los lúgubres muelles del puerto caen un poco más en la penumbra y yo, en un gesto de valor, abro la puerta y entro al lugar que Ren Keitani y su grupo Kendo han elegido para realizar sus trabajos sucios.

El temblor y el miedo que siento no se deben exclusivamente al alto dirigente de la famosa organización criminal y la peligrosidad que desprende, el temor más profundo que me atenaza es hacia mí misma y las sensaciones que me dominan cuando ese sádico bastardo está cerca.

Camino por el viejo almacén en dirección a los golpes y gritos que se escuchan al fondo de la estancia.

Me cruzo con varios miembros de Kendo que me miran con interés, pero ninguno intenta detenerme y sólo observan mi avance.

Los golpes y sollozos son cada vez más fuertes.

Intento darme ánimos, recordar porqué estoy aquí.

Han pasado doce horas y sé que las ocho siguientes son determinantes. Intento tranquilizarme y excusarme repitiéndome qué a veces, la única opción que queda para combatir el mal, es otro mal más perverso.

Y Ren Keitani es la personificación del mismísimo diablo. Incluso su belleza es comparable a la del malvado y poderoso Lucifer.

Rodeo el montón de cajas viejas que se apilan hasta el techo del almacén y entonces, le veo:

Ren se encuentra en lo alto de una especie de tarima que se alza al fondo del almacén. Hay varios miembros de su banda situados cerca de él. Algunos están sentados encima de cajas vacías, otros observan a su alto mando de pie. No veo a su hermano Randy por ninguna parte.

En medio de la tarima se encuentra colgado de unos grilletes el cuerpo ensangrentado de un hombre. Su torso está desnudo y veo las horrendas heridas abiertas que presentan su espalda y costados.

Un charco de sangre se ha formado debajo del cuerpo inerte suspendido del techo.

Trago duro y observo al hombre de metro noventa de estatura que se encuentra de pie en medio de la tarima con una barra de hierro en las manos.

Mi corazón se acelera y mi piel se estremece con un escalofrío al verle ya desde más cerca.

Ren Keitani.

El dirigente de Kendo viste un exquisito traje de seda italiana que se adhiere a su esbelta figura de manera impecable; veo la americana del mismo colgada de manera pulcra y perfecta en una percha que sujeta uno de sus esbirros. Él está en mangas de camisa, sus brazos desnudos hasta los codos presentan varias manchas de sangre de su víctima que sigue colgado de las muñecas.

Se le ve elegante y perfecto incluso manchado de sangre.

Mi escrutinio continúa y me centro en su hermoso rostro.

Es la perfección hecha hombre.

Su mejilla muestra una leve salpicadura de sangre que le da un matiz aún más peligroso y salvaje, su bonito cabello color azabache muestra un corte perfecto, signo inequívoco de que hace poco que ha visitado el salón de belleza.

Me centro en sus ojos y es entonces cuando me doy cuenta de que me ha visto, sus orbes verdes destellan al contemplarme en un brillo que no acierto a comprender, y una peligrosa y oscura sonrisa se dibuja en sus labios cuando se percata de que avanzo a su posición.

Levanta una mano para detener mi avance sin borrar esa peligrosa sonrisa de su rostro y alza su dedo índice pidiéndome tiempo, yo entiendo su gesto y asiento.

Ren me observa con atención, sus hermosos ojos verdes recorren mi cuerpo con descaro y yo siento como cada centímetro de mi ser se estremece ante su escrutinio; ese peligroso brillo en su mirada no ha desaparecido, pero sí lo ha hecho su peligrosa sonrisa. Ahora el mayor de los Keitani me observa con severidad, su gesto no cambia y permanecemos así por varios segundos.

Entonces, sin previo aviso, agarra con más fuerza la barra que porta en sus manos y comienza a golpear con violencia al pobre desgraciado que solloza y grita con cada nuevo y violento envite.

Quiero cerrar los ojos y apartar la mirada de ese atroz castigo, pero sé que, si lo hago, Ren aún le golpeará más duro y durante más tiempo en respuesta a mi gesto.

El mayor de los Keitani sigue observándome mientras golpea a su víctima que debido a la pérdida de conocimiento, ya ha dejado de gritar.

Ren, finalmente para sus golpes y alza una mano. En menos de un segundo dos de sus subordinados desatan al hombre inconsciente y lo sacan de la tarima mientras tiran de él dejando un rastro de sangre a su paso.

Keitani, finalmente inclina levemente su cabeza sin dejar de mirarme en un burlón y provocativo saludo.

Da un ágil y gran salto, y baja de la tarima. Una vez a mi altura alza sus brazos y gira sobre sí en un gesto tan sobreactuado como fascinante.

—Vaya... —su voz es potente y retorcidamente sexy—. ¡Mirad! —exclama—. Tenemos aquí a la detective con número de placa 6.435 —mis ojos se entrecierran con ira al percatarme de que conoce mi identificación personal y al trabajar la mayor parte de tiempo como agente encubierta supone un riesgo para mi seguridad—. Ren sonríe burlón ante mi mirada, pero no detiene su provocación—. Nacida en Yokohama, más conocida como agente “M” —finaliza con una espléndida y triunfal sonrisa.

—He venido a hablar contigo —respondo sin caer en su provocación.

Él se acerca más a mí, inclina su cabeza para ponerla a mi altura y me susurra al oído con voz dominante y oscura:

—Ambos sabemos que has venido buscando algo más que hablar...

Mi respiración se descompasa y mi corazón se acelera ante su cercanía y sus palabras.

Siento miedo de mí misma y mis reacciones cuando se trata de Ren Keitani.

El dirigente de Kendo me da la espalda y avanza con tranquilidad hacia la tarima, yo no puedo evitar centrar mi mirada en ese perfecto trasero enfundado en alta costura italiana.

Ren Keitani es tan delicioso como peligroso.

Y tiene el culo más perfecto que he contemplado jamás.

—Y dime —habla aun dándome la espalda—. ¿Por casualidad recuerdas cuánto hace desde la última vez que viniste a.... hablar? —su tono burlón no esconde el peligroso matiz de enojo en su voz.

Ren Keitani está cabreado.

Y está cabreado conmigo.

Yo niego desde mi posición a pesar de que él no puede verme.

—Mmm... ¿Cuatro meses, quizás? —respondo intentando parecer despreocupada, sé que han sido más de cinco meses, pero no quiero que Ren sepa lo obsesionada que en realidad me siento por él.

Él niega desde su posición sin mirarme, flexiona las piernas y en un gesto de agilidad sobrehumana, salta con elegancia y sube de nuevo a la tarima que está a más de un metro de altura del suelo.

Sin duda es un tipo en una perfecta forma física, no en vano es uno de los mejores luchadores de los bajos fondos de Tokyo.

—Cinco meses, una semana, tres días y... —Mira el Rolex de oro que descansa en su muñeca—... dieciséis horas —finaliza aún dándome la espalda.

Yo no puedo evitar abrir los ojos con asombro ante sus palabras.

¿Acaso Ren ha estado contando los días desde nuestro último encuentro?

—Sube —me ordena sin volverse.

Inmediatamente dos de sus esbirros se acercan al borde de la tarima y me tienden la mano para ayudarme a subir, Ren se voltea levemente.

Yo en un arrebato de orgullo sólo acepto una de las manos que me ofrecen y asciendo con agilidad a la plataforma.

Soy una agente de élite, de las mejores de todo Tokyo y soy capaz de subir a esa tarima sin que mi corta falda muestre más de lo que yo me proponga, que se joda.

Ren sonríe de medio lado con satisfacción ante mi gesto, puedo ver cómo pasa la lengua por su labio inferior en un gesto de oscura perversión y noto como mi ropa interior se humedece en respuesta a la visión de su lengua.

Finalmente, se voltea y me mira con interés.

—Y bien, ¿De qué se trata está vez? —pregunta burlón—. ¿Un importante alijo? ¿Un aviso de ataque terrorista? ¿Un robo?

—Han secuestrado a una niña —le interrumpo dando un paso hasta su posición, él chasquea la lengua con desagrado.

—Mal asunto... —comenta pensativo.

—Sólo tiene tres años —explico con rapidez—. Han pasado ya doce horas y las siguientes son determinantes. Ambos sabemos que, si no la encontramos en las próximas ocho horas las posibilidades de dar con ella prácticamente se vuelven nulas... —Ren asiente y me mira con seriedad—. Necesito tu ayuda —confieso con desesperación.

—Que necesitas mi ayuda es algo que sé desde que te vi aparecer tras ese montón de cajas... —responde molesto.

—Es sólo una niña... —le digo en un callado ruego.

Ren se acerca peligrosamente a mí y la fragancia de LE PARFUM de Yves Saint Laurent con la que complementa su impecable outfit inunda mis fosas nasales.

El olor del habitual perfume de Ren me traslada al recuerdo de nuestro último encuentro. La imagen de su mano presionando mi cuello mientras me toma domina mi mente y no puedo evitar dejar salir un suave y delator gemido mientras me muerdo el labio inferior.

La mandíbula de Ren se tensa y sus ojos destellan con un peligroso brillo al percatarse de mi gesto.

Se acerca más a mí, yo reculo y me deja a pocos metros del montón de cajas de madera apiladas a mi espalda.

—Debería follarte aquí mismo delante de todos —amenaza en voz baja con tono serio—. Así quizás aprenderías que no soy la clase de hombre que desechas una vez te ha sido útil... —aclara.

—Ren... —murmuro su nombre en un callado ruego.

—¡Más de cinco putos meses, joder! —brama en mi cara, yo aguanto con firmeza su amenazadora mirada—. Dime... ¿Alguien te ha follado desde entonces tan rico como lo hice yo? —cuestiona con la mandíbula tensa, yo le sostengo la mirada sin responderle.

Sus ojos destellan con furia asesina, está comenzando a impacientarse.

—¡No es asunto tuyo! —le espeto finalmente con enojo.

Su mirada se oscurece y con una rapidez asombrosa me toma del cuello con una de sus manos y me empuja contra el montón de cajas de mi espalda. A pesar del rudo gesto, sé que ha frenado el golpe para evitar que me dañe la espalda y ni siquiera he rozado las cajas.

—Responde si no quieres que dé la orden de que toda Kendo se ocupe de que no deis con esa niña —El peligroso brillo que reflejan sus ojos me da a entender que no miente, a veces olvido lo perverso e implacable que ese sádico bastardo puede llegar a ser.

—No, no lo han hecho —respondo finalmente, la mano que presiona mi cuello afloja su agarre, aunque no la aparta y continua en la misma posición, una sonrisa triunfal se dibuja en su perfecto rostro.

—¿Te dejaron insatisfecha, agente “M”? —cuestiona burlón, yo intento zafarme de su agarre, pero él presiona con más fuerza y me pega al montón de cajas de mi espalda en una velada amenaza.

—No me han dejado insatisfecha porque no he estado con nadie desde entonces —confieso levemente avergonzada, la sonrisa que me dedica Ren ilumina sus hermosos ojos mientras me observa con satisfacción.

Acerca su rostro a mi cuello, su mano continúa presionándolo, pega su esbelto cuerpo al mío y siento que vuelvo a caer en el embrujo de su perfume y de todo lo que sólo él es capaz de provocar en mí.

Mis pezones se erizan al notar su torso contra mi piel, la respiración se me acelera y mi entrepierna palpita ante la cercanía de Ren Keitani.

—Cinco meses es mucho tiempo... —murmura en mi oído con voz oscura y penetrante—. Sobre todo, para una mujer tan ardiente y apasionada como tú... —confiesa casi en un lamento, pegándose más a mí—. Sabes que, si me hubieras buscado, yo te habría saciado; te habría colmado del placer más exquisito que hayas experimentado jamás... Y lo más importante; no te hubiera pedido nada a cambio —confiesa en un tono de voz que no soy capaz de descifrar, noto como suspira y separa su rostro de mi cuello para mirarme—. Ésa es la gran diferencia entre tú y yo —afirma con enfado—. A pesar de que de los dos yo soy el cruel, el malo, el sádico... —Sus ojos destellan con ira—... Eres tú la que me busca y me entrega su cuerpo para lograr un beneficio.