PRÓLOGO
En el infinito mar de calma, solo una tonada, la más bella, la más hermosa melodía... el coro no terminaba nunca.
En medio de la luz imposible de mirar de frente... demasiadas... miles de voces, miles de alas plegadas, cantando al unísono, mucho antes de que hubiera tiempo para contarlo. Arriba, en un trono... no... el trono, tan alto que no se le veía el rostro, solo la barba blanca que caía como una cascada sobre océanos de todo, una mano se levantó.
Era la señal para que se detuviera el canto.
¿Por qué? ¿Qué ha pasado? ¿Nunca antes se había detenido el coro, es la primera vez?
Pero al ser seres creados para obedecer, sin cuestionar nada, porque todo es parte de su plan. La mano misma detenía lo que solo Él podía detener.
La voz de trueno sonó y el universo entero retumbó, no hubo recoveco del todo donde no se escuchó su voz, todo ser temió.
— Ha llegado el momento. — hizo una pausa. Su silencio pesaba igual que su voz —. Quiero que todos estén listos.
Nadie tenía que preguntar para qué.
