El Omega del señor Zhang.

All Rights Reserved ©

Summary

Asfixiado por las deudas y la urgencia de costear el tratamiento de su hermano, el secretario Lin Yu toma una decisión desesperada: entrar en una exclusiva agencia donde omegas son seleccionados por catálogo para asistir a alfas durante su celo. Bajo una identidad falsa y oculto tras una máscara, su objetivo es claro: cumplir con un solo cliente y desaparecer. ​Sin embargo, el destino le juega una pieza traicionera. Un error de orientación lo lleva a irrumpir en la sala del Alfa que menos esperaba encontrar, su implacable y dominante jefe. ​Sin reconocer a su eficiente secretario bajo el disfraz, Zhang Xian se deja llevar por una pasión instintiva que no podrá contener. En este peligroso juego de feromonas y secretos, ¿qué pasará cuando las máscaras finalmente caigan?

Genre
Lgbtq
Author
Yuna
Status
Complete
Chapters
36
Rating
5.0 2 reviews
Age Rating
18+

Capítulo #1 "El secretario perfecto"

Lin Yu era la sombra detrás del millonario cuyo ego pesaba más que lo que llevaba entre las piernas.

Zhang Xian había levantado una empresa con sus propias manos, y de eso se enorgullecía más que de cualquier otra cosa.

El papel de Lin Yu era simple: obedecer.

El secretario perfecto, hablaba cinco idiomas y ejecutaba cada orden con precisión, sin cuestionar nada.

Hecho para complacer, para anticipar, para ser la extensión muda del deseo de su jefe.

Pero en su mente, un pensamiento ardía, corrosivo, prohibido:

“Maldito narcisista.”

Cinco años a su lado. Cinco años anotando sus horarios, recibiendo sus caprichos, sosteniendo sus silencios. Y ni una sola vez, ni una, había escuchado un gracias sincero escapar de sus labios.

Pero el sueldo era generoso, y en su situación no podía permitirse renunciar ni ser despedido por orgullo.

Entrar a la empresa con un estado civil falso le costó mucho. Tenía que hacerlo: la compañía solo aceptaba empleados con familias estables o en concubinato.

Biogénesis Familiar S.A. era una empresa líder en terapias de feromonas y control hormonal para Alfas y Omegas. Con el lema ‘Donde nace el equilibrio de tu familia’, ofrecía desde consultas médicas hasta seguros reproductivos, vendiendo estabilidad como si el amor pudiera fabricarse en laboratorio.

Mientras el secretario Lin Yu se dirigía a su oficina —a tan solo una puerta del despacho de Zhang Xian — se detuvo a conversar con una Alfa del área genética. Ella le entregaba unos documentos que debían ser firmados por el señor Zhang.

En ese mismo instante, Zhang Xian salió de su oficina. Lo primero que vio fue al Omega sonreírle a aquella Alfa de cuello largo y porte dominante.

—¿Un Omega con pareja coqueteando con una Alfa?… Qué descaro —murmuró, alejándose con el ceño fruncido.

Lin Yu, en cambio, sonreía por otra razón. Aquella Alfa estudiaba temas de genética que él jamás llegaría a comprender, como las cruzas hormonales y la herencia de rasgos. Ella siempre le preguntaba, con suavidad casi íntima, si tenía intenciones de tener hijos.

—Deberías pensarlo. Y si algún día lo decides con tu pareja, me gustaría estar allí. No solo como profesional, sino para asegurarme de que no te sientas solo.

Wang Jing le sonrió, como siempre lo hacía. Esa sonrisa que parecía hecha a la medida de los ojos tristes del Omega.

—Lo pensaré —dijo.

Pero en realidad no pensaba hacerlo. No quería hijos.

El mundo ya estaba demasiado lleno, demasiado ruidoso. No necesitaba más vidas dando vueltas en una casa donde apenas cabía la suya.

Wang Jing se despidió, dejando tras de sí un aroma a tierra mojada, fresco y dominante; lo mínimo que la empresa permitía.

En un lugar donde convivían alfas y omegas, debian cuidar sus feromonas.

Aun así, Lin Yu siempre lo percibía.

En ese momento el celular vibró en su mano, cuando miró la pantalla, era un mensaje del señor Zhang.

<"Te espero en mi coche.">

El Omega apresuró el paso hacia la salida. Se acomodó la corbata y alisó su cabello, como si esos pequeños gestos pudieran darle un aire de calma antes de subir al coche.

Dentro, lo esperaba su jefe: ese Alfa siempre serio, impecable en su elegancia, con la arrogancia tallada en su rostro. Sus ojos rasgados lo miraban de reojo, como si la sola presencia de Lin Yu interrumpiera su mundo perfecto.

—Secretario Lin… —la voz de Zhang fue cortante, como un filo en la penumbra —En el trabajo no se entretenga con los Alfas cuando yo lo necesito.

Lin Yu lo miró sorprendido. Sus ojos verdes brillaron con esa humedad que revelaba más de lo que decía.

—Señor Zhang —respondió con calma —La señora Wang solo me entregó unos documentos para su próxima investigación. Necesita su firma.

El señor Zhang no se dignó a mirarlo. Para él, la sola idea de un Omega con pareja coqueteando con otro Alfa era repulsiva. Y aunque en su interior ardía un fuego inexplicable, prefirió enterrarlo bajo su arrogancia habitual.

Zhang Xian había crecido entre el olor agrio de la traición. Sus padres se engañaban con descaro, y muy pronto entendió que el amor no era más que un negocio mal disfrazado.

Un padre ausente, una madre emocionalmente inestable: fue suficiente para enseñarle a callar lo que sentía, a enterrar cada emoción bajo una capa de control.

Con el tiempo, logró alejarse de ellos y levantar su propio imperio, sus propios muros. Pero en su vida privada solo hubo Omegas de paso, rostros que se disolvían al amanecer. Ningún vínculo real.

Irónico, exigirle a sus empleados algo en lo que jamás creyó.

—Señor Zhang, el club está listo para usted —anunció el secretario, sin levantar la vista de su celular, como si aquel ritual fuera parte de una rutina vacía.

Lin Yu nunca entendia cómo un Alfa podía soportar tantos aromas sin hastiarse en ese club nocturno: frutas, flores, dulzuras empalagosas que parecían desfilar una tras otra, como si todas las noches fueran iguales y, aun así, nunca suficientes.

Él en cambio, no olía así. Su aroma no tenía la suavidad azucarada de los Omegas que solían rodear a Zhang Xian. El suyo era cítrico a lima, fresco, distinto. Tampoco su belleza era la que atraía las miradas en un salón: era alto, de manos finas pero sin la perfección de aquellas otras manos que acariciaban al señor Zhang con facilidad.

🐺🌸

Cuando llegaron al club, el señor Zhang descendió del coche sin siquiera saludar. No era una persona de afectos, y carecía un poco de educación.

Lin Yu permaneció en su asiento. No podía bajar a ese lugar, no con su situación sentimental, su jefe jamás se lo permitiría.

Un club lleno de Alfas hambrientos no era lugar para alguien que llevaba un anillo de compromiso en su dedo.

Allí, donde los aromas se mezclaban con el deseo y la fuerza, él se sentía un extraño.

Y, sin embargo, a veces imaginaba qué pasaría si se atreviera a bajar.

Tal vez su aroma no movería ni un solo pelo.

Tal vez sería invisible, incluso en medio del calor de la multitud.

Cuando el coche se alejó, Zhang Xian giró la vista hacia las luces que se desvanecían en la oscuridad.

Llevó una mano a su nuca y, sin detenerse, avanzó hacia su lugar reservado, donde lo esperaban sillones de terciopelo y copas siempre llenas.

Omegas hermosos lo rodeaban, pero ninguno lo tocaba, entre ellos reian y conversaban, desplegando fragancias dulces como un enjambre de flores.

Y aun así, entre tantos aromas, Zhang llevaba siempre consigo uno en particular: un rastro cítrico, imposible de confundir, que se aferraba a su memoria con obstinación.

La puerta se abrió y entró su amigo Li Qiang.

Su sola presencia llenó la sala: un Alfa de clase A, pero con la seguridad y la arrogancia propia de un Alfa S, casi al nivel de Zhang Xian.

Li Qiang era un hombre de lujos vacíos, pero también de disciplina. Médico especialista en glándulas de feromonas, cada gesto suyo parecía medido. Y aunque su aura irradiaba arrogancia, bastaba con que sonriera para transformar el ambiente entero.

—Xian, hoy llegaste antes de tiempo.

Zhang Xian lo miró sin palabras y le extendió un vaso de whisky.

—Hoy necesitaba salir de la empresa cuanto antes.

Li Qiang alzó el vaso en un breve gesto de saludo y lo bebió de un trago. No buscaba llamar la atención, pero los ojos de todos los Omegas en la sala se volvieron hacia él, como atraídos por una fuerza instintiva.

Poseía una belleza masculina que rozaba lo irreal.

Pero entonces, el aroma dominante de Zhang Xian se expandió. Rico, viril, cargado de deseo, menta y cedro, tan intenso que encendía la piel de los Omegas presentes. No era celos de su amigo, era posesión, el siempre debía ser el centro de todo y de todos. Ninguno de los lujos de Li Qiang podía opacar esa fuerza bruta: Zhang no necesitaba sonreír, ni hablar.

El alfa de clase S dejó el vaso vacío sobre la mesa, sin perder esa expresión arrogante que lo hacía dueño de todo lo que tocaba.

Li Qiang lo observó de reojo, como si calculara cada movimiento de su viejo amigo.

El salón vibraba con Omegas encendidos, pero Zhang no miraba a ninguno.

En su mente, todavía flotaba un rastro.

🐺🌸

Mientras tanto los pensamientos de Lin, dentro de ese coche que aceleraba con destino a su departamento, se quedaron atados a ese Alfa. Lo imaginaba rodeado de Omegas hermosos, enredado en risas y caricias, y el corazón le dolía como si lo desgarraran desde adentro.

No sabía en qué momento había comenzado a sentir ese amor silencioso, tan dependiente del aroma que dejaba Zhang Xian a su paso. Un rastro que lo perseguía incluso en sueños.

Pero no podía decir nada. él ya tenía un Alfa esperándolo en casa.

Además… ¿cómo podría un Omega como él, con un aroma cítrico y una belleza corriente, atreverse a soñar con alguien como el señor Zhang?

El silencio lo envolvió, y con él, la certeza amarga de que amar en secreto era lo único que podía permitirse.