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La sala estaba completamente llena. Las risas y los murmullos se filtraban en cada esquina, mientras que, en un rincón, una banda de jazz tocaba una suave melodía. Jennie, de veinticuatro años, observaba a la multitud sin entender del todo por qué su madre había organizado una fiesta tan grande, con más de cien invitados. Mientras daba un sorbo delicado a su copa de champán, buscaba a su madre con la mirada. La mujer, de cincuenta y cuatro años, se acercó a ella sonriente, dejando atrás al grupo de señoras con las que charlaba.
Jennie le obsequió una dulce sonrisa mientras volvía a saborear su copa.
— Hija mía, qué guapa estás esta noche. ¿Llevas mucho rato aquí? — preguntó su madre.
— No, mamá, acabo de bajar hace un momento — respondió Jennie con su suave voz, mientras recorría la sala con la mirada —. Eso sí, invitaste a medio mundo.
— Es una noche especial — dijo la mujer mayor, con una sonrisa.
— ¿Qué pasa? — preguntó la joven, entre curiosa y cautelosa.
— Ya lo sabrás — contestó su madre, ampliando aún más su sonrisa justo cuando un joven alto, de piel morena, se acercaba a ellas.
— Señora Kim — saludó el joven, tomando la mano de la mujer y dejando un beso en ella —. Jennie, guau. Estás impresionante — dijo, mientras rodeaba la cintura de la chica y le plantaba un beso en la cabeza.
— Hola, Kai — respondió Jennie con una sonrisa suave.
— ¡Qué bien hacen pareja! — exclamó su madre, claramente encantada con la escena.
— Gracias, señora Kim — dijo Kai, devolviéndole la sonrisa antes de centrar su atención en Jennie —. ¿Quieres otra copa?
Jennie lo miró con ternura, regalándole una sonrisa radiante.
— Sí, me encantaría otra.
Kai asintió.
— ¿Y usted, señora Kim? ¿Le traigo algo?
La mujer mayor sonrió divertida.
— Gracias, cariño, pero me están controlando. Dicen que me vuelvo un poco loca cuando me paso con el champán — comentó, provocando risas en los tres —. Así que mejor no, no te preocupes.
— De acuerdo, ya vuelvo. Con permiso.
— Ve tranquilo, hijo — respondió la madre con un gesto de aprobación.
Mientras Kai se alejaba, las dos mujeres volvieron a quedarse solas. Jennie jugaba distraídamente con su copa vacía, dejando escapar un leve suspiro.
— ¿No te parece un chico extraordinario? — preguntó la madre.
— Sí — dijo Jennie con una sonrisa —. Es un gran chico.
La madre asintió, complacida.
— Deberías casarte con él.
Aquel comentario hizo que Jennie se tensara. Una vez más, su madre sacaba el tema que ella evitaba a toda costa.
— Él tiene todo lo que cualquiera desearía en un hombre. Es atento, educado, tiene un gran corazón... Sin duda, es el hombre perfecto para ti, cariño — dijo su madre, mirándola intensamente.
— Mamá...
— Jennie, ya tienes veinticuatro años, es hora de que te centres.
La joven hizo todo lo posible por no poner los ojos en blanco.
— Creo que sería precipitado... — murmuró Jennie, intentando esquivar el tema, pero su madre miró a ambos lados, asegurándose de que nadie las escuchara, y se inclinó hacia ella con una sonrisa que la hizo estremecer.
— Jennie, no te estoy pidiendo algo imposible, solo quiero que seas consciente de la atención que despiertas. Siempre has sido una hija ejemplar, llevando nuestro apellido con orgullo. Casarte con Kai sería la manera perfecta de preservar nuestra familia — dijo mientras apartaba delicadamente un mechón suelto del rostro de su hija, colocándolo detrás de su oreja —. No quiero que me decepciones, cariño. He hecho muchos sacrificios por ti.
Jennie se mordió el interior de la mejilla.
— ¿Podrías hacerme feliz a cambio?
Sin saber qué responder, Jennie la miró con temor. Entre todas las personas de su vida, era su madre quien más la intimidaba. Desde que su hermano mayor había abandonado la vida “perfecta” que su madre soñaba para él, toda la presión había recaído sobre Jennie. Ella asumió ese papel sin protestar, pero lo hacía más por proteger a su hermana menor que por convicción propia. No quería que su hermana cargara con el peso de ser el orgullo de la familia.
Los Kim eran una familia conocida en la ciudad, no solo por su éxito empresarial, sino también por su linaje real. Su reputación era intachable, al punto de que el mero sonido de su apellido despertaba respeto y, a veces, temor. Los señores Kim habían tenido tres hijos, todos educados con esmero y entrenados desde pequeños para navegar con éxito en el mundo de los negocios y la alta sociedad. Pero, según la tradición familiar, solo uno de ellos podría heredar el legado, convirtiéndose en el sucesor.
Jennie había conocido a Kai gracias a su madre, que organizó una cena para que se encontraran. Su relación floreció rápidamente, y al cabo de un año comenzaron a salir oficialmente. Sin embargo, la presión de su madre no dejó de aumentar, recordándole constantemente que a su edad ya debería estar establecida y pensando en formar una familia. Aunque Jennie quería a Kai, no estaba enamorada de él, y no podía imaginarse organizando su vida junto a él en ese momento.
Por otro lado, Kai había quedado enamorado de Jennie desde que la vio por primera vez. La joven tímida que llevaba un vestido rojo había captado toda su atención. Desde entonces, se propuso conquistar su corazón, y lo consiguió cuando ella aceptó ser su novia. La familia de Jennie lo adoraba, especialmente su madre, que celebró que su hija tuviera por fin una pareja seria. Pero lo que nadie sabía era que Kai era su primer novio. Para su familia, cualquier relación fuera de lo tradicional sería inaceptable. Jennie temía que, si alguna vez descubrieran sus experiencias pasadas con chicas en la escuela, sería un escándalo monumental.
El tintineo de una copa la sacó bruscamente de sus pensamientos. Jennie no tenía idea de cuánto tiempo había pasado desde que dejó de escuchar a su madre; solo sabía que sus palabras seguían resonando en su cabeza.
Cuando levantó la mirada hacia el origen del sonido, se levantó de su silla blanca y caminó hacia el lugar donde todos comenzaban a reunirse. Su hermana pequeña apareció a su lado, con una sonrisa traviesa.
— ¿Qué pasa? ¿No puedes ver? — le dijo, burlándose.
Jennie puso los ojos en blanco y la miró.
— Eres tan bajita como yo.
— Te equivocas. Te recuerdo que crecí dos centímetros — respondió su hermana, divertida.
Jennie volvió a poner los ojos en blanco.
— ¡Gracias a todos por su atención! — la conversación entre las hermanas se interrumpió al escuchar una voz conocida. Ambas miraron hacia el frente.
— Sé que muchos de ustedes no entienden por qué están aquí ni el motivo de esta reunión. Pido disculpas por haberlos hecho esperar, pero quería prepararme bien para lo que estoy a punto de hacer.
Jennie escuchaba con atención mientras la multitud comenzaba a abrirse, dejándola al descubierto.
— Jennie, cariño, por favor, ven aquí.
Jennie esbozó una sonrisa nerviosa, sin entender qué estaba pasando. Miró a Kai, que la esperaba con una expresión serena pero expectante. Con una ligera mueca de duda, comenzó a caminar hacia él, consciente de todas las miradas que se clavaban en ella. El peso de esa atención la hizo aún más torpe, y al llegar junto a su novio, soltó una risa nerviosa.
— ¿Qué sucede? — preguntó en voz baja, intentando disimular su incomodidad.
Kai la miró con una sonrisa cálida, y sus ojos brillaban.
— Desde el día que te conocí, capturaste mi atención. Sinceramente, me enamoré de ti desde el instante en que cruzaste aquella puerta esa noche. Mi corazón se aceleró y mis manos sudaban. Supe desde ese momento que eras la correcta — dijo, firme —. Sé que hemos llevado todo con calma, y no quiero presionarte, pero me encantaría que fueras la mujer con la que voy a compartir toda mi vida, la mujer a la que amaré hasta la muerte.
Jennie sintió cómo las palabras de Kai empezaban a resonar con más fuerza.
— Jennie Kim, quisiera saber si aceptarías ser mi compañera, mi única mujer, la madre de mis hijos, mi esposa — concluyó, arrodillándose mientras sostenía un pequeño estuche con un anillo en su interior.
El mundo de Jennie pareció detenerse. Su mente quedó en blanco, incapaz de procesar lo que acababa de escuchar. Las palabras se le quedaron atascadas en la garganta mientras intentaba controlar los temblores de su cuerpo y el sudor frío que la invadía. Instintivamente, su mirada buscó entre los invitados, que esperaban con expectación su respuesta.
Entonces, sus ojos se cruzaron con los de su madre. La mirada firme y penetrante de la señora Kim le dejó claro lo que tenía que hacer. Un leve movimiento afirmativo de su cabeza fue suficiente para transmitir el mensaje.
Jennie tragó saliva y, temblando, regresó la mirada a Kai. Su sonrisa seguía intacta, y el anillo brillaba bajo las luces de la sala.
— Yo... — empezó a decir, pero la voz se le quebró.
Buscó fuerzas en el público y, por un instante, sus ojos encontraron los de su hermana menor. Jisoo la miraba, suplicando que no lo hiciera.
Jennie mordió su labio inferior, cerró los ojos y respiró hondo.
— Y-yo acepto — dijo finalmente.
Kai se levantó de inmediato y rodeó a Jennie con sus brazos, besándola apasionadamente mientras la sala estallaba en aplausos. Jennie sentía su cuerpo más tenso que antes. Esperó pacientemente a que el beso terminara, forzando una sonrisa mientras miraba al público. Sus ojos buscaron a su madre, que le devolvió una sonrisa de orgullo.
— Gracias por aceptarme — le susurró Kai al oído.
Jennie asintió sin decir nada, regalándole otra sonrisa que no llegó a sus ojos.
Mientras la música continuaba y la fiesta se animaba, Jennie se apartó un momento. Se quedó sola en la terraza, mirando el cielo estrellado. Una lágrima rodó por su mejilla, y rápidamente la limpió al escuchar pasos detrás de ella.
— ¿Qué haces aquí? — preguntó Jisoo, acercándose.
— Solo observo el cielo — respondió Jennie sin mirarla.
Jisoo se apoyó en la barandilla, mirándola preocupada.
— ¿Por qué lo haces? ¿Por qué te obligas a esto? — preguntó su hermana, mirándola fijamente.
— No me obligo. De verdad quiero esto — contestó Jennie, evitando la mirada.
— Si no tuvieras los ojos llenos de lágrimas, te creería — replicó Jisoo con franqueza.
Jennie bajó la mirada.
— No tengo elección, Jisoo. Sabes lo duro que fue para mamá ver a nuestro hermano irse...
— Él se fue porque descubrió lo que quería. Jennie, aún estás a tiempo. Podemos escapar de todo esto. Podemos empezar de nuevo, como él lo hizo. Ser felices — dijo Jisoo, insistiendo.
Jennie quiso responder, pero su madre apareció de repente.
— Felicidades, cariño — la abrazó con fuerza —. Lo has hecho bien. Estoy tan orgullosa de ti.
— Gracias, mamá. Tenías razón, ya era hora — respondió Jennie, devolviendo el abrazo con una sonrisa tensa.
Mientras su madre se alejaba, Jennie miró a su hermana, que negaba con la cabeza, decepcionada. Jennie bajó la mirada, incapaz de sostener la de Jisoo.
— Este será un nuevo comienzo, ya lo verás. Valdrá la pena — afirmó su madre, tomando la mano de Jennie con cariño. Luego giró la cabeza hacia su otra hija —. ¿No estás orgullosa de tu hermana?
— Demasiado. Estoy que salto de la dicha — respondió Jisoo con un sarcasmo tan evidente que provocó una mueca de reproche en Jennie y una mirada de enfado en su madre.
— No tienes por qué ser tan grosera, Jisoo — la reprendió su madre.
— Como digas — replicó Jisoo, encogiéndose de hombros.
Se dio la vuelta y empezó a marcharse, ignorando los llamados de su madre.
— ¡Jisoo! ¡Vuelve aquí! — gritó la señora Kim, pero la joven ni siquiera volteó la cabeza.
La madre de Jennie suspiró profundamente, llevándose una mano a la frente.
— Dios mío, ya no sé qué hacer con esa muchacha.
Jennie esbozó una sonrisa, tratando de restarle importancia al asunto.
— Tranquila, mamá. Ya sabes cómo es — dijo, tratando de calmarla —. Todavía está en su etapa de rebeldía, se le pasará.
La señora Kim la miró por un momento, evaluando sus palabras, y luego sonrió.
— Tienes razón. Mejor no dejemos que eso arruine esta noche. La fiesta no puede continuar sin su protagonista principal. Vamos.
Jennie le dedicó una última mirada al cielo. Respiró hondo, apartando cualquier sentimiento que la traicionara, y siguió a su madre de regreso al salón, donde las luces y la música seguían envolviendo a los invitados.
Mientras caminaba, el eco de las palabras de Jisoo resonaba en su mente. Rogaba por haber hecho lo correcto.






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