Capítulo 1: 10 de Julio
La lluvia golpeaba suavemente la ventana.
No era una tormenta. Todavía no.
Las gotas descendían por el vidrio formando caminos irregulares que se deformaban con cada nuevo impacto. Ethan observaba aquellas líneas desde el otro lado de la habitación mientras la luz azulada de su monitor iluminaba las paredes oscuras.
Las 23:47.
Faltaban trece minutos para terminar el día.
Su cumpleaños número diecisiete.
No había sido un día especial.
Nunca lo eran.
Había recibido algunos mensajes de amigos, una videollamada rápida de sus abuelos y una torta improvisada que su madre había comprado al salir del trabajo. Sus padres habían intentado hacerlo sentir importante, pero Ethan sabía que ambos estaban agotados.
No los culpaba.
Simplemente prefería estar allí.
En su habitación.
Solo.
Pensando.
Siempre pensando.
La pantalla de su computadora mostraba decenas de pestañas abiertas. Artículos científicos, documentos históricos, foros de programación, revistas digitales y varios archivos PDF descargados durante las últimas semanas.
Un caos absoluto para cualquiera.
Un sistema perfectamente ordenado para él.
Apoyó la taza de café sobre el escritorio y deslizó el cursor hasta un artículo que hablaba sobre la transmisión inalámbrica de energía.
Sonrió.
Otra vez Tesla.
Últimamente todo terminaba llevándolo a Tesla.
No sabía exactamente por qué.
Quizás porque era uno de los pocos genios de la historia que parecían más un personaje de ficción que una persona real.
Inventor.
Visionario.
Excéntrico.
Un hombre que parecía haber nacido en la época equivocada.
Ethan se identificaba un poco con eso.
No porque se considerara un genio.
Simplemente porque muchas veces sentía que el mundo avanzaba demasiado lento.
Leía una idea y quería saber diez más.
Aprendía algo nuevo y necesitaba entender qué había detrás.
Y cuando llegaba al final de una respuesta, encontraba una pregunta aún más grande.
Miró la hora.
23:55.
Cinco minutos.
Tomó el teléfono.
Veintisiete mensajes sin responder.
Lo volvió a dejar sobre el escritorio.
No tenía ganas.
La lluvia continuaba golpeando el vidrio.
La habitación estaba en silencio.
Entonces ocurrió.
Una notificación apareció en la esquina inferior derecha de la pantalla.
Ethan frunció el ceño.
No esperaba ningún archivo.
Mucho menos a esa hora.
Abrió el explorador.
No había correos nuevos.
Ninguna descarga activa.
Ningún dispositivo conectado.
Sin embargo, allí estaba.
Un único archivo.
Aparecido de la nada.
Su nombre era simple.
LAZAR
Nada más.
Sin extensión.
Sin remitente.
Sin fecha de creación.
Sin propietario.
Sin ubicación registrada.
Como si hubiera existido siempre.
El corazón de Ethan comenzó a acelerarse.
Intentó abrirlo.
Error.
Intentó copiarlo.
Error.
Intentó analizarlo.
Error.
Era como si el archivo se negara a interactuar con cualquier programa conocido.
-¿Qué mierda sos? -murmuró.
La computadora permaneció inmóvil.
Ethan abrió una terminal.
Ejecutó varios comandos.
Nada.
Intentó leer el código hexadecimal.
Nada.
Intentó extraer información oculta.
Nada.
No tenía sentido.
Todo archivo tenía una estructura.
Todo programa tenía un origen.
Todo sistema dejaba rastros.
Ese no.
Era imposible.
Y precisamente por eso no pudo apartar la vista.
Las 23:59 aparecieron en la esquina inferior de la pantalla.
La lluvia se intensificó.
Un relámpago iluminó la habitación durante una fracción de segundo.
Ethan observó el archivo.
LAZAR.
La pantalla parpadeó.
El reloj avanzó.
00:00.
11 de julio de 2026.
Y en ese preciso instante ocurrió algo todavía más extraño.
El archivo se abrió solo.
Las letras comenzaron a desplazarse por el monitor a una velocidad imposible.
Símbolos.
Números.
Idiomas desconocidos.
Ecuaciones incompletas.
Fragmentos de texto.
Como si cientos de documentos diferentes hubieran sido mezclados en uno solo.
Ethan sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
No entendía nada.
Pero había algo.
Un patrón.
Una lógica oculta.
Podía percibirla.
Estaba allí.
Enterrada bajo capas y capas de información.
Esperándolo.
La pantalla volvió a parpadear.
Por apenas un instante.
Menos de un segundo.
Y entre miles de símbolos caóticos apareció una frase.
Una única frase.
Escrita en inglés.
Perfectamente legible.
Como si hubiera sido colocada allí para él.
Ethan se inclinó hacia adelante.
Leyó lentamente.
Y sintió cómo el aire abandonaba sus pulmones.
«Si estás leyendo esto, significa que todo ocurrió exactamente como debía ocurrir.»
La frase desapareció.
El código volvió a llenar la pantalla.
La lluvia continuó golpeando la ventana.
Y por primera vez en su vida, Ethan sintió que acababa de abrir una puerta que jamás debió existir.




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