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Arrusbell-descenso

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Sinopsis

En un mundo marcado por dos fuerzas ancestrales, la Luz y la Oscuridad, un joven despierta sin recuerdos de su pasado. Mientras los conflictos sacuden el mundo y los Arserkers aparecen bajo el mando de una figura misteriosa, él comienza a descubrir fragmentos de una verdad imposible. Su pasado no fue borrado por accidente. Alguna vez fue un Dios. Y lo más aterrador no es haber olvidado quién era... sino descubrir por qué alguien quiso que lo olvidara.

Genero:
Adventure
Autor/a:
joseph
Estado:
hace 4 horas
Capítulos:
4
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

CAPÍTULO l : MI DESTINO

ARRUSBELL

DESCENSO

PRÓLOGO

LA GUERRA DE SANGRE

-¡Hasta en el cielo los dioses pueden sentir el verdadero miedo!

La voz de Merged resonó sobre Arrusbell.

A su alrededor, el mundo estaba muriendo.

El cielo había perdido su color.

Las ciudades ardían.

Las montañas estaban cubiertas de humo y cenizas.

Y desde la luna de Arserk descendían miles de Arserkers.

No conocían el miedo.

No conocían la compasión.

No conocían el dolor.

Habían nacido para destruir.

Y ahora obedecían a uno solo.

Merged.

El dios que había declarado la guerra a su propio mundo.

El dios que había decidido destruir Arrusbell.

El planeta más grande que había existido.

El primero.

El mundo creado al principio de todo.

Pero para comprender cómo aquel mundo había llegado a convertirse en un infierno...

había que retroceder.

Mucho.

Muchísimo tiempo.

---

Antes de las estrellas.

Antes de los mundos.

Antes de todo aquello que los mortales llegarían a conocer...

existía The One.

El principio.

Y de aquel principio nació Arrusbell.

El primer planeta.

El más grande.

Un mundo que existió durante más de dos billones de años.

En él habitaban los Aruns, seres capaces de utilizar pequeñas porciones de un poder que durante generaciones había permanecido oculto.

El Prisma.

Pero el Prisma no era una energía.

Era un objeto.

Un collar.

Un artefacto capaz de unir las dos fuerzas más poderosas conocidas:

la Luz.

Y...

la Oscuridad.

Cuando ambas fuerzas se unían, el poder resultante podía alcanzar niveles capaces de destruir aquello que ningún ser mortal podría imaginar.

Pero existía un peligro.

El Prisma no podía ser dominado simplemente con fuerza.

Requería voluntad.

Una voluntad capaz de soportar la unión de ambas fuerzas.

Porque...

La Luz puede ser dominada.

La Oscuridad puede ser dominada.

Pero cuando ambas se unen, el verdadero enemigo no es el poder... es quien intenta controlarlo.

Y en la Guerra de Sangre...

el universo descubriría el precio de intentarlo.

---

Arrusbell llevaba años en guerra.

Los Arserkers habían descendido desde Arserk.

Millones de ellos.

Ciudades enteras habían caído.

Los ejércitos de Arrusbell luchaban desesperadamente por sobrevivir.

Y al frente de la destrucción estaba Merged.

Los Arubins eran la última gran defensa.

La legión estaba formada por cuatro figuras.

Mirrel.

Mael.

Bixel.

Nael.

Pero aquella noche, Mirrel se encontraba solo.

Había atravesado las filas de Arserkers durante horas.

Uno tras otro.

Cientos habían caído ante él.

Su armadura estaba cubierta de sangre.

Su cuerpo estaba herido.

Pero seguía avanzando.

Porque sabía que al final de aquel ejército...

estaba Merged.

Y finalmente lo encontró.

Mirrel levantó su espada.

Merged ni siquiera se movió.

-¿Eso es todo lo que tienes?

Mirrel atacó.

El choque hizo temblar la tierra.

Merged detuvo el golpe.

Mirrel volvió a atacar.

Otra vez.

Y otra.

Pero cada golpe confirmaba una verdad que Mirrel se negaba a aceptar.

No estaba luchando contra un guerrero.

Estaba luchando contra un dios.

Merged lo golpeó.

Mirrel salió despedido.

Cayó entre los escombros.

Se levantó.

Volvió a avanzar.

Entonces Merged miró hacia una ciudad cercana.

Mirrel siguió su mirada.

-No...

Merged comenzó a caminar hacia ella.

-¡No te atrevas!

Mirrel corrió.

Pero Merged llegó primero.

Extendió una mano.

Y sus dedos tocaron el suelo.

-Aniquilación.

La oscuridad se extendió.

La ciudad entera comenzó a desaparecer.

Las calles.

Las casas.

Las murallas.

Todo.

No hubo tiempo para escapar.

En unos segundos...

la ciudad dejó de existir.

Todo se convirtió en cenizas.

Mirrel se quedó inmóvil.

Porque aquella ciudad...

era su hogar.

Su familia estaba allí.

Su esposa.

Su hija.

Todo lo que había protegido.

Todo lo que había amado.

Todo lo que le daba una razón para regresar después de cada batalla...

había desaparecido.

Mirrel cayó de rodillas.

Su espada quedó sobre el suelo.

Por un instante no escuchó la guerra.

No escuchó los gritos.

No escuchó las explosiones.

Solo escuchó el silencio.

Y dentro de aquel silencio nació algo.

Odio.

Mirrel tomó nuevamente su espada.

Se levantó.

Y caminó hacia Merged.

Merged lo observó acercarse.

-¿Todavía quieres luchar?

Mirrel no respondió.

Atacó.

Esta vez no luchaba como capitán.

No luchaba como protector.

Luchaba como un hombre que lo había perdido todo.

Derrotó a los Arserkers que intentaron detenerlo.

Avanzó.

Golpeó.

Cayó.

Se levantó.

Volvió a atacar.

Pero Merged era demasiado poderoso.

Un golpe.

Después otro.

Hasta que finalmente...

Mirrel perdió un brazo.

Su cuerpo cayó al suelo.

La sangre comenzó a cubrir las ruinas.

Merged caminó hacia él.

-Se acabó.

Mirrel respiró con dificultad.

Levantó la mirada.

-No.

Merged se detuvo.

Mirrel intentó levantarse.

-Hoy...

Su voz tembló.

-Hoy no puedo vencerte.

Se apoyó sobre su espada.

Consiguió ponerse de pie.

-Pero algún día...

Mirrel miró directamente a los ojos de Merged.

-Voy a vengarlos.

Merged permaneció en silencio.

-No importa cuánto tiempo pase.

Mirrel apretó los dientes.

-No importa dónde estés.

-Te encontraré.

Merged sonrió.

-Entonces tendrás toda una existencia para intentarlo.

Mirrel sabía la verdad.

No podía vencerlo.

No todavía.

Pero tampoco podía permitir que aquella fuera la última página de su historia.

Entonces levantó la mirada.

Más allá de las nubes.

Más allá del cielo.

Hacia el lugar donde habitaba Arel.

El Cenit.

Mirrel tomó aire.

Y gritó con todas sus fuerzas:

-¡AREL!

---

Muy por encima de Arrusbell...

en el Cenit...

Arel abrió los ojos.

El Dios otorgado de la Luz había sentido el llamado.

Miró hacia abajo.

Y vio su mundo.

Las ciudades destruidas.

Los campos cubiertos de cenizas.

Los Arserkers.

Los cuerpos.

La destrucción.

Y entonces lo vio.

Merged.

Arel permaneció inmóvil.

Durante unos segundos...

solo lo observó.

Había algo en aquella mirada.

Algo que ningún mortal habría podido comprender.

No era la mirada de dos desconocidos.

Ellos se conocían.

Arel dio un paso hacia el borde del Cenit.

Y descendió.

La luz atravesó las nubes.

Una columna luminosa cayó desde las alturas.

Los guerreros de Arrusbell levantaron la mirada.

Los Arserkers se detuvieron.

Mirrel observó el cielo.

Y entonces...

Arel llegó.

Sus pies tocaron la tierra.

La luz que lo rodeaba comenzó a desaparecer lentamente.

Arel miró a su alrededor.

Luego miró a Merged.

Su rostro cambió.

-¿Qué hiciste...?

Merged no respondió.

Arel observó las cenizas.

-¿Qué has hecho?

Merged levantó lentamente la mirada.

-Hice lo que tú nunca pudiste hacer.

Arel frunció el ceño.

-¿Destruirlo todo?

Merged dio un paso hacia él.

-No.

Una sonrisa apareció en su rostro.

-Hacer que terminara.

Arel lo observó.

-Has condenado a millones.

-Millones ya estaban condenados.

-Esto no era necesario.

Merged soltó una pequeña risa.

-Siempre dices lo mismo.

Arel permaneció en silencio.

Merged continuó:

-Pero esta vez no voy a detenerme.

-¿Qué quieres?

Merged miró directamente a sus ojos.

-A ti.

El silencio cayó sobre Arrusbell.

-Siempre has sido tú.

Arel cerró los puños.

-Entonces ven por mí.

Merged sonrió.

-Ese siempre fue mi objetivo.

La oscuridad comenzó a envolver su cuerpo.

Arel liberó la Luz.

El suelo comenzó a temblar.

Mirrel observó desde las ruinas.

Había visto suficiente.

Sabía que aquella batalla estaba más allá de cualquier Arubin.

Más allá de cualquier Arun.

Más allá de cualquier ejército.

Dos dioses estaban a punto de enfrentarse.

Merged extendió una mano.

Arel hizo lo mismo.

Luz.

Oscuridad.

Silencio.

Y entonces...

chocaron.

El impacto atravesó Arrusbell.

Las montañas temblaron.

El cielo se abrió.

Las ciudades que aún permanecían en pie comenzaron a caer.

La Guerra de Sangre alcanzó su punto final.

Pero nadie sabía qué ocurriría después.

Nadie sabía quién sobreviviría.

Nadie sabía qué sucedería con Arrusbell.

Y nadie sabía...

qué secreto escondía realmente Merged.

Porque aquella batalla no sería recordada como el final de un mundo.

Sería recordada como el comienzo de algo mucho peor.

Algo que sobreviviría a Arrusbell.

Algo que llegaría hasta otro mundo.

Hasta otro tiempo.

Hasta la Tierra.

Y allí...

sin recordar quién era...

Alguien volvería a despertar.

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