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Angel || yoonmin O.S

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Sinopsis

"¿Seré un afortunado de estar cerca de ti por más tiempo, ángel?" ═════════════ ➳ Omegaverse ➳ Yoonmin ● Advertencias ● ➳ Contenido Sexual / Smut / Lemon ➳ Lenguaje Explícito ➢Obra completamente original, no permito la copia ni adaptación de la misma. ➢Cualquier similitud con otra obra es simplemente coincidencia, abstente de realizar comentarios sobre eso y respeta el trabajo de uno. ©chimchimmy16

Genero:
Romance
Autor/a:
Mica
Estado:
Completa
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo Único

Se aproxima una de las reuniones más importantes entre los reinos.

Como todos los años, se elige un reino como sede del evento. Esta celebración se realiza con el fin de festejar que todos mantienen una buena alianza, — aunque esto no sea cierto —, mientras se embriagan y comen hasta no poder más.

Claro, esto es solo para aparentar frente a su pueblo. En este tipo de reuniones, se hacía cada trato sucio con tal de beneficiarse con algo.

Este año le tocó ser anfitrión al Reino de Busan, o menor conocido como el reino de los lobos cobrizos. Allí eran más conocidos porque todos sus lobos eran de un color cobrizo brillante junto con un detalle único, sus patas eran de color blanco. Toda su gente tenía el cabello cobrizo con reflejos rubios casi blancos, como parte de su identidad.

Al ser el reino anfitrión, los preparativos eran demasiados.

Desde la Casa Real hasta los habitantes. Poniendo en condiciones todo el lugar para la llegada de los invitados, queriendo que se lleven una buena impresión durante su visita.

Las invitaciones fueron enviadas y las confirmaciones de asistencia comenzaron a llegar. Aquel momento era perfecto para reunirse y pulir detalles sobre los acuerdos vigentes; aprovechando también, si alguno de ellos tenía algún otro nuevo que proponer.

Muchas cosas podían suceder en este tipo de reuniones, sucesos sorprendentes y otros un tanto desafortunados.

******

En una fría mañana, más hacia el noroeste, un centinela se acercaba hacia la entrada del lugar, en donde se encontraba otro ellos con un recado importante.

Siguiendo el protocolo ante la llegada de una encomienda nueva, consistiendo de una revisión del mismo, se despidió del otro guardia. Se encaminó directamente hacia el jardín trasero del lugar atravesando algunos pasillos, hasta llegar a un gran ventanal, el cual tenía una puerta deslizante que daba hacia el gran patio que tenía la residencia. Desde su posición pudo ver a un grupo de personas que se encontraba entrenando. Una de ellas captó su atención de inmediato, por lo que se aproximó rápidamente hasta ella.

— Majestad, disculpe la interrupción, pero tengo algo para usted y es de suma importancia. — habló, realizando una reverencia total como saludo.

El grupo de personas se detuvo ante la interrupción y realizando una reverencia, se alejaron. Dejando a una persona sola, sudada y agitada. Ésta, alzó una mano y peinó su cabello hacia atrás y quitar toda molestia en su rostro. Como estaba dándole la espalda a su centinela, giró su cuerpo y vio que estaba parado con un sobre en sus manos.

— ¿Qué sucede?

— Llegó una carta del Reino de Busan, de carácter importante. — respondió, brindándole la carta. — Ordené que llevaran a su despacho una taza de café, junto con un cambio de ropa, para poder leerla allí con tranquilidad.

— Bien, muchas gracias. — contestó el joven, mientras realizaba una señal de despedida y comenzaba a caminar en dirección al interior de la residencia.

Una vez entró a la sala de estar, uno de los empleados se acercó para poder retirar su espada y guardarla en el lugar donde todos los accesorios de entrenamiento se encontraban. Otro, le acercó una pequeña toalla para poder secarse el sudor del rostro.

Uno pensaría que este joven estaba muy loco por entrenar a las afueras con ese clima muy frío, pero todo cambiaformas de ese lugar era muy particular.

En el Reino de Daegu, mejor conocido como el Reino de los Lobos Blancos, todo habitante de allí, tenía una alta tolerancia al frío. Una característica única de su especie, era que todos portaban un cabello rubio platinado. El pelaje de sus lobos era tan blanco que podían camuflarse entre la nieve, ventaja para cuando deben enfrentarse a un enemigo.

El joven llegó a su despacho y se despojó de su camisa, dejándola sobre uno de los sillones. Utilizando la pequeña toalla que le entregaron antes, se secó el sudor de su cuello, torso y espalda. Se acercó hacia su escritorio, tomó la camisa limpia y se la colocó. Se quitó los zapatos, junto con el pantalón sucio y se colocó las mismas prendas, pero limpias. Un sirviente se acercó, juntando las prendas sucias y tomó la toalla, retirándose de la habitación.

Acomodándose nuevamente su cabello, se sentó en el sillón que tenía detrás de su escritorio. Tomó entre sus manos la taza de café, le dio un sorbo y la dejó de nuevo en el pequeño plato de cerámica en el cual reposaba. Miró el sobre que estaba frente a él.

— ¿Sabes lo que hay dentro? — preguntó al centinela que se encontraba parado frente a él.

— No, majestad. — respondió. — Como es de carácter importante, seguí el protocolo y se lo traje directamente a usted.

— De acuerdo. — exclamó, soltando un pesado suspiro. — Proviene de Busan así que creo saber de qué se trata.

Tomó un cuter que tenía en un portalápices y procedió a abrir el sobre, sacó la hoja doblada y vio como con una perfecta caligrafía, se leía la fecha del evento y el horario. Junto con otros detalles, de los cuales sabía de memoria. Esta misma celebración se hacía cada año, solamente le interesaba la fecha y horario, para poder asistir. Toda invitación mostraba un cronograma, al cual no le dio tanta importancia. Así que, la dejó a un costado.

— Bien. La semana que viene debo viajar hasta allá, por favor avisa a mi segundo al mando que no estaré por unos días. — exclamó, alzando su mirada y posandola en su centinela. — De paso dile que venga hasta acá, necesito decirles algunas cosas importantes.

— Si, majestad.

Vio como su centinela salía de la habitación. Aprovecho para recostarse totalmente en su asiento y cerrar los ojos. Estos días fueron muy agitados. Ser el Rey no era una tarea fácil, a pesar de tener a todo un equipo que lo ayude.

Min Yoongi se había convertido en rey desde muy joven. Siquiera había cumplido la mayoría de edad, cuando tuvo que prepararse para asumir como monarca. Su antecesor, — su padre —, había enfermado gravemente, de tal manera que quedó en cama y no podía siquiera levantarse. Le había agarrado una enfermedad terminal, la cual se le diagnosticó muy tarde y no se pudo hacer nada. Lamentablemente, esa misma noche, falleció. Quedando solos Yoongi, su hermana menor y su madre.

El velatorio se realizó al día siguiente durante todo el día, decisión tomada por la mujer viuda. Su padre había sido un gran monarca, todos los habitantes de Daegu lo admiraban; así que se merecía una honorable despedida.

Para toda la región, se mantuvo un duelo de tres días, en los cuales no hubo actividad alguna, salvo en la Casa Real. Allí estaban armando todos los preparativos para la asunción del nuevo rey. Llegado el día, todos estaban expectantes por Yoongi. Aunque era muy joven, siempre vieron como el pequeño alfa tenía un don de ser un buen líder. Todo gracias a las enseñanzas de su padre.

Ese día fue maravilloso para todos, pero el joven alfa estaba muy asustado. Tomar la corona a una temprana edad, era duro; más si fue de manera precipitada. Desde el primer momento tuvo miedo. Miedo de no poder ser lo que su gente necesitaba, miedo de hacer todo mal, miedo de fracasar.

Sus años de reinado fueron duros, para qué mentir. Sobre todo cuando perdió a su madre, lo cual era de esperarse, porque su pareja de vida se había ido. Quedando los dos hermanos solos y en la mira de los empleados de la Casa Real. Ellos fueron testigos de cómo Yoongi fue creciendo como líder, hasta ser lo que es hoy. A pesar de parecer un monarca muy estricto, se preocupaba por el bienestar de todos. Siendo siempre amable, tratando a los empleados de una buena manera; incluso si no está de humor. Ellos no tenían la culpa de su estado de ánimo, por lo que no tenía por qué desquitarse en ellos.

— ¿Irás a esa reunión? — habló una voz, que provocó que saliera de sus pensamientos.

— Sabes bien que tengo que asistir a esa mierda. — respondió, aún con los ojos cerrados.

— Todos los años dices lo mismo, ¿Por qué no te gusta asistir? Ah, cierto. No te gusta la gente.

— No es que no me gusten las personas, no tolero la hipocresía que hay en ese lugar. — contestó, mientras se incorporaba y quedaba sentado, totalmente erguido.

La persona rió. — Me dijeron que querías decirme algunas cosas, así que aquí estoy.

— Bien. Básicamente lo que diré, ya lo sabes. — suspiró. — La celebración es la semana entrante, con más exactitud, el jueves. Siempre soy de ir un día antes e irme dos días después. — hizo una pausa. — Quiero ver si puedo quedarme unos días más después del evento, en esa cabaña en los bosques de Busan. No me siento bien últimamente y quiero descansar un poco.

— ¿Tu celo está cerca?

— Según tengo conocimiento, no, faltan unos dos meses. Volviendo al tema, eso obviamente significa que estaré ausente, así que necesito que te encargues de la entrega de mercadería al orfanato. Jisoo me envió una lista de lo que necesitan, así que quiero que de eso te encargues tú. Tienes un buen conocimiento de la calidad y cantidad de los alimentos. No quiero que lo haga otro.

— De acuerdo.

— Necesito que te reunas con la familia Song. No tienen una buena estabilidad económica, así que quiero que vayas con ellos y averigües sus habilidades. Quiero ayudarlos a que consigan un trabajo.

— Entendido.

— Si no llegas a conseguirles algo en lo que estoy ausente, no hay problema, luego me encargaré.

— Está bien, Yoongi.

— Eso es lo que por ahora me preocupa, pero necesito que el asunto del orfanato se resuelva pronto. Así que anótalo como prioridad. — expresó al mismo tiempo que se levantaba. — Obviamente, las demás tareas son las mismas; y por favor, haz el anuncio de que estaré ausente por unos días y que todo esté preparado para mi partida.

— De acuerdo. ¿Cómo quieres trasladarte esta vez?

— En vehículo, tan solo es una hora y media de viaje, podré aguantarlo.

— Bien. Haré el anuncio entonces y comenzaremos con los preparativos.

— Gracias, Daehyun. — contestó dirigiéndose hacia la puerta de su despacho. — Iré a descansar, realmente no me siento bien. Así que, por favor, no me molesten durante unas horas.

— Entendido, majestad. — respondió Daehyun, haciendo una venia. — Que descanse.

Yoongi se retiró, realizando una seña y se encaminó hacia su cuarto. No era mentira, no se sentía bien y quería ver si una pequeña siesta podía ayudarlo. Tenía un día muy agitado, pero necesitaba resistir para lo que se venía.

*****

Toda esa semana que pasó, fue un completo lío. Muchas cosas por firmar, visitas de personas importantes y demás. Tuvo que adelantar varias reuniones, por su futura ausencia; así que todos los días terminaba sus tareas muy tarde.

En ese momento se encontraba en el comedor desayunando. Faltaban unos treinta minutos para partir, así que tenía unos minutos más para disfrutar de su comida con tranquilidad.

— ¡Oppa!

Claro.

Si nadie lo molestaba en las mañanas.

— Yeji… ¿Cuántas veces te dije de no gritar a esta hora? — Habló, soltando un sonoro suspiro. — Es muy temprano.

— Ay, hermanito. Son las 7.30, no es tan temprano. — Contestó la joven, riendo por como su hermano la acechaba con sus ojos.

— Por supuesto, no es tan temprano.

— Aish… no me gusta tu sarcasmo. — Contestó, mientras agarraba una tostada y empezaba a untarle un poco de mermelada. — ¿Cuándo te irás?

— Dentro de 20 minutos.

— ¿Por qué siempre te vas tan temprano si tienes poco tiempo de viaje?

— Me gusta llegar con antelación.

— Con antelación… llegando un día antes. — Respondió, riendo al escuchar un gruñido. — Calma lobito gruñón, solo bromeaba.

— Lo sé, siempre lo haces, niña.

— ¡Oye! Haciendo eso y todo, me sigues amando.

— Claro, cariño. Como tu digas.

— ¡Yoongi!

El mayor no pudo hacer más que reír. Min Yeji era un sol, siempre alegre y bromeando. La amaba como nunca, así que siempre disfrutaba molestarla. Desde que sus padres murieron, ambos quedaron solos. Por lo que, ambos siempre estaban para el otro.

Especialmente Yoongi.

Al ser un alfa, su naturaleza le obliga proteger y velar por el bienestar de sus seres más cercanos. Así que siempre estuvo pendiente de que su hermanita estuviera bien y no le faltara nada.

— Bien, ya debo irme. — Habló, mientras se ponía de pie. — Cuídate mucho y por favor, llámame si algo sucede. Vendré rápido si me necesitas. En todo sentido, ¿De acuerdo?

— Yoongi… Estaré bien, ¿Sí? — Respondió la joven, viendo como el hombre se colocaba un tapado sobre su traje. — Está Daehyun, él me asistirá si lo necesito; y si es de fuerza mayor, te llamaré.

— De acuerdo. — Respondió, acercándose a la joven, para luego depositar un tierno beso en su frente. —

Te quiero, Ji.

— Yo a ti, hermanito. ¡Suerte!

Mientras caminaba hacia la puerta de entrada, muchos de sus empleados se despedían realizando venias de respeto. Estaban acostumbrados a que Yoongi se tomara unos días, por lo que estarían bien. Todos sabían que si había alguna emergencia, su rey regresaría tan pronto fuera posible.

Salió al exterior de la Casa Real. Hacía bastante frío esa mañana, habiendo incluso un poco de escarchas de hielo. Eso hizo que se preocupara un poco por su viaje. Significaba que su chofer tendría que manejar con mucho más cuidado y evitar un accidente. Tardaría un poco más en llegar, pero para su seguridad, eso no se podía evitar.

Uno de los centinelas abrió la puerta de la camioneta color negra, esperando por él. Apresuró un poco su paso y se adentró al automóvil. Un agradable olor a pino invadió sus fosas nasales, lo que provocó que suspirara relajado. Ese aroma pertenecía a su chofer, un alfa de unos cincuenta años. A su lado, en el copiloto, se encontraba uno de sus centinelas.

Con un asentimiento en dirección al piloto, emprendieron viaje hacia el Reino de Busan.

***

— Majestad, ya llegamos.

Lentamente abrió los ojos y miró por la ventanilla. Dándose cuenta de que estaban ingresando al reino. No se había dado cuenta del momento en que se quedó dormido.

— ¿En qué momento me quedé dormido?

— Cuando pasamos la frontera, su majestad. — respondió el piloto. — Supongo que estuvo muy cansado, lamentamos despertarlo, señor.

— Mmm… no te preocupes. — respondió, estirándose y soltando un quejido al sentir su cuello sonar al haber estado por mucho tiempo en la misma posición.

Siguió mirando por la ventanilla, mientras avanzaban en dirección a la Casa Real. Pudo ver como la gente lo recibía con vítores y moviendo unas pequeñas banderas, con los colores distintivos del reino. Aquello le produjo un sentimiento cálido en el pecho. Algo que era bastante notorio del reino, era la calidez que provenía de la gente. Siempre que debía venir aquí, ellos lo recibían de muy buena manera.

Luego de unos minutos, arribaron frente a la Casa Real y rápidamente su centinela bajó del vehículo y abrió su puerta, permitiéndole bajar. Cuando menos se dio cuenta, se encontraba entre los brazos del Rey. Aquello le incomodó un poco y deshizo el abrazo, luego de unos segundos.

— Ah… Siempre tan frío, mi querido Yoongi. Supongo que toda tu gente es así. — habló, soltando una risa, que a oídos del alfa fue de todo menos amigable.

— No somos de tanto tacto, Jeongho.

— Excusas, excusas. — contestó, haciendo un gesto con la mano. — Estoy seguro que te falta un poco de cariño y compañía. Eso te quitará esa actitud y puedo conseguirte un poco de ella si lo requieres.

Yoongi rió. — Lo siento, Jeongho. Pero hacer lo que tu haces todo el tiempo no funciona, estar lleno de prostitutas, no lo solucionará.

Luego de decir aquello, se produjo un silencio incómodo, provocando que el Rey de Daegu sonriera de costado. Supuso que nadie sabía de lo que el perfecto Rey de Busan hacía con el dinero del reino. O tenían conocimiento de ello, pero hacían oídos sordos.

Con un carraspeo de parte del otro rey, le hizo una seña para que lo siguiera hacia el interior del lugar.

Esta no era la primera vez que Yoongi pisaba la Casa Real de Busan. Muchas veces tuvo que venir y tratar temas especiales o, descansar en una cabaña en las afueras. Su padre tenía un trato muy especial con el rey de aquí, había logrado comprar una propiedad en el lugar, pero más que nada para uso personal y no para beneficio de su pueblo. Cada vez que el pálido venía, se quedaba en esa cabaña. No le gustaba rondar por aquí.

La Casa Real tenía aspectos bastantes lujosos. Sus paredes eran de mármol, con detalles en oro y un poco de plata, sus pisos eran de una cerámica color arena, pero se podía notar que se mantenía limpio por como uno podía ver un poco de su reflejo. A diferencia de la vista exterior, el interior era un poco más exorbitante.

Llegaron a lo que sería el comedor, uno enorme de hecho. Contaba con una larga mesa, en la que minimo entraban unas veinte personas, cada una con su silla y sus cubiertos, que claro eran de vidrio y oro. Jeongho ocupó una de las cabeceras de la mesa y Yoongi se ubicó a su derecha. Con un chasquido de parte del rey mayor, empezaron a aparecer sirvientes que tenían bandejas con diversos platos, que a ojos de Yoongi, era demasiado para ellos dos. Luego de que ubicaran todo rápidamente, otro grupo de sirvientes llegó trayendo consigo jarras, las cuales tenían agua, vino y algún licor fuerte. Yoongi pudo ver como Jeongho comenzó a comer sin dirigir una sola mirada, por lo que soltando un suspiro y negando con su cabeza al mismo tiempo, volteó hacia los sirvientes y con una reverencia, agradeció. Notó como el rostro de ellos reflejaba el asombro, como si nunca hubieran recibido un agradecimiento en su vida.

Aquello le molestó y mucho. En todas sus visitas, podía ver como era el trato de ellos de parte de Jeongho, el cual era una de las razones por las que no se quedaba en ese lugar. No soportaba ver y escuchar, la forma en que se dirigía a ellos. De hecho, una vez le preguntó la razón por la que los trataba de esa manera y recibió una respuesta de la que le costó mucho controlarse y no golpear al mayor.

“Simplemente son sirvientes, no están para otra cosa más que servir. Para eso les pago”

Algo que su padre le había inculcado siempre, fue el respeto hacia el otro. Principalmente hacia los sirvientes. Esas personas velaban por el bienestar de ellos, así como los centinelas, que se encargaban de la seguridad. Por eso, ver como los demás los denigraban, era algo que lo ponía furioso y lo detestaba.

Durante el tiempo que estuvo en la Casa Real, almorzó y tuvo una vaga conversación durante ella con el otro rey. Cuando ambos terminaron, mientras los sirvientes recogían todo, ellos se dirigieron hacia el despacho de Jeongho. Allí conversaron un poco más hasta que Yoongi decidió que era momento para dirigirse hacia la cabaña que tenían. Despidiéndose de Jeongho, junto con un grupo de guardias, se dirigió a pie hasta allí. Luego Yoongi les dijo que lo dejaran solo y así él poder avanzar hasta el lugar por su propia cuenta. Quería estar un rato a solas y disfrutar un poco del bosque, aspirando el aroma natural que tenía. Algo que calmaba mucho a su lobo interno, luego de reunirse con Jeongho.

*****

Luego de dejar sus cosas en la cabaña, había decidido ir a pasear un poco y capaz dejar libre a su lobo. Si la memoria no le fallaba, había un pequeño lago cerca. Aquel lugar era perfecto para poder despejarse un poco. Así que, emprendió camino hasta allí, llegando luego de unos minutos.

El lugar era muy hermoso. El pequeño lago en ese momento estaba bajo, pero eso no impedía que se pudiera admirar la belleza que desprendía. Del otro lado, se podía ver como los árboles tapaban casi todo el cielo. Del lado de donde el pálido se encontraba, los árboles estaban un poco más separados y había mucho más espacio. Frente a él, estaba uno de ellos, de aspecto más regordete y sus raíces, caían y terminaban en lo que sería el fondo del lago.

Decidió que el lugar era perfecto para dejar salir a su lobo un momento, así que se acercó hasta el árbol y procedió a dejar su chaqueta en el suelo, sobre una de las raíces y así evitar que se ensuciara. Procedía a empezar a desabotonar su camisa, pero algo lo detuvo. Siendo más exactos, un aroma.

Un delicioso aroma.

Omega.

Aquello fue dicho por su lobo y ahora que toda su atención estaba en él, pudo notar el característico dulzor que todo omega tenía en su aroma.

Lentamente y tratando de no hacer ruido, rodeo el árbol y vio que en la orilla había una persona sentada. Agudizando un poco sus sentidos, pudo sentir con más fuerza el aroma que desprendía.

Vainilla y coco.

Una combinación exquisita.

No pudo ver el rostro de la persona, pero era un hombre. Tenía contextura pequeña y un hermoso cabello color cobrizo con mechas de un color rubio casi blanco. Característico de los lobos de Busan. Estaba vestido con un pantalón de jean color claro, una remera blanca y un cardigan color verde manzana, que caía sobre su hombro izquierdo.

A ojos de Yoongi, estaba hermoso. Solamente necesitaba ver su rostro, pero estaba seguro que era igual de bello. Estaba por acercarse un poco más, pero vió como el chico llevaba una flauta plateada a sus labios y comenzaba a tocar. Tanto él como su lobo, inmediatamente se sintieron relajados al escuchar la delicada melodía que producía el omega. No pudo reconocer el nombre de la canción, pero era muy atrayente. No supo cuánto tiempo estuvo tocando, pero se sentía adormecido. Estuvo por comenzar a dormitar, cuando sus sentidos se vieron alertados por la presencia de una persona que se estaba aproximando. Rápidamente se despabiló y miró atento, teniendo precaución en caso de que esa persona fuera peligrosa. Escuchó como el omega dejó de tocar y vió como se ponía de pie, dejando que la nueva persona se acercara y se metiera en su espacio personal. No pudo notar algún cambio en su aroma que le alertara algún peligro, así que Yoongi asumió que era alguien conocido. Intercambiaron algunas palabras, para luego ver como aquella nueva persona, que distinguió como un beta al no conseguir algún aroma, le extendía una tela larga. Captando al instante que era una capa y vió que el omega desconocido, se la ponía tapando todo su cuerpo y colocándose una capucha sobre su cabeza. El beta a su lado, procede a hacer lo mismo y ambos chicos se van, desapareciendo entre los árboles.

Yoongi intenta seguirlos, pero pierde el rastro del aroma del omega, aquello frustrando a su lobo por no poder satisfacer su curiosidad. Con un sabor amargo en la boca, vuelve sobre sus pasos, recoge su chaqueta y emprende camino hacia su cabaña.

Sin alguna duda, aquel omega había llamado su atención, pero más que nada, quería saber la razón por la que tuvo que cubrirse de esa manera.

*****

El día de la reunión había llegado.

El Rey de Daegu se encontraba en su cabaña terminando de prepararse, solamente le faltaba una prenda y ya estaría listo para partir hacia la Casa Real, sede en donde sería el baile temático. Con la ayuda de uno de sus centinelas, terminó de vestirse y agarrando una última cosa con mucho cuidado, se dirigió a la salida e ingresó al coche que lo trasladaría.

Su vestimenta era muy simple, pero con un toque de elegancia. Constaba de un traje completo color negro con zapatos del mismo color, pero lo que hacía resaltar su elegancia, era un trozo de tela que caía desde el frente de su hombro izquierdo y con un lazo, se sujetaba a su torso. Aquella tela, era un emblema que representaba a su pueblo. Era de un color rojo vivo, con detalles en negro y plata. Toda su vestimenta que debía usar en este tipo de eventos, tenían una prenda extra, que representaba al reino que gobernaba.

Luego de unos minutos, llegaron a la fila de coches que esperaban para ingresar al predio de la Casa Real. Desde donde estaba, pudo ver la cantidad de periodistas que había en la entrada, aquello hizo que hiciera una mueca. Nunca pudo acostumbrarse a la presencia de ellos, sus gritos aclamando tu atención y los constantes flashes. Siempre debía ocultar su disgusto y sonreír a la cámara. Siguieron avanzando, hasta llegar a la entrada, la cual contaba con una larga alfombra color vino. Antes de bajar, se tomó unos segundos y procedió a colocarse la delicada máscara, — combinando con su vestuario, con tonos rojizos y detalles en dorado —, y con un asentimiento dio aviso y su centinela bajó, para poder abrirle la puerta del coche.

Apenas puso un pie sobre la alfombra, se escucharon los gritos y ruido de flashes, capturando cada movimiento que hacía. Acomodando un poco su ropa, posó unos minutos y luego se dirigió al interior del lugar, dejando atrás todo el embrollo de gente.

Los que decoraron el lugar, se lucieron y mucho.

La temática del evento era un baile de máscaras, así que todo el lugar de adecuó a la misma. Habían instalado grandes candelabros y le daba una buena ambientación junto con las luces que habían puesto, que simulaban a velas. Se habían colocado mesas con varios aperitivos y bebidas. Los demás invitados estaban vestidos de una forma en particular, las mujeres con largos vestidos, parecidos a los de épocas antiguas, solo que tenían el toque moderno de la era actual. Los hombres, en cambio, tenían puestos trajes de distintos tonos. Salvo, aquellos que eran pareja, que combinaban su atuendo. Eso sí, todos al igual que él, tenían puesto algo que representaba al reino del que provenían.

Mientras recorría un poco el lugar, cruzó palabras con conocidos, que si no era por los distintivos de cada reino, no los reconocería. Una desventaja de las máscaras. A lo lejos pudo ver al rey anfitrión rodeado de varias mujeres, eso provocándole un enorme desagrado hacia su persona. Esa era una de las razones por las que se hacían este tipo de eventos. Todas las cosas más bizarras que podían suceder, pasaban y, todo quedaba entre las personas presentes. Nada salía de sus bocas. Cosa que al pálido le disgustaba y mucho.

La gala continuó, la gente comenzaba a mostrar realmente su verdadera personalidad. Sus ojos eran testigos de escenas que una persona normal no toleraría. Las parejas desaparecían entre los rincones y disfrutaban de realizar un espectáculo, que era más apropiado hacerlo de forma privada. El alcohol comenzaba a hacer estragos en sus organismos y hacía de las suyas.

Yoongi se mantenía en un rincón, disfrutando de su bebida y sin socializar con nadie. Siempre era así y no le molestaba. Estaba tan sumido en sus pensamientos hasta que algo lo distrajo. Siendo más exactos un aroma.

"¿Será posible?" se preguntó.

Su mirada se dirigió hacia el grupo de gente que estaba bailando, intentando ubicar a la persona de la cual provenía el aroma, fallando al ver muchas cabelleras iguales, sacando a las de los invitados. Así que, dejando su vaso en una de las mesas, comenzó a integrarse entre el conjunto de personas. Utilizando su olfato, fue acercándose al pequeño omega, quedando frente a su espalda a unos pasos de él.

Lentamente, se acercó al chico, envolviendo su brazo alrededor de la cintura contraria, provocando que dejara de bailar y se tensara, pero el pálido comenzó a mecerse al compás de la música que se reproducía en el momento. Al mismo tiempo, soltando un poco de su aroma y así ayudar a que el omega fuera calmándose. Poco a poco, sintió como el chico dejaba de estar tan tenso y comenzaba a relajarse entre sus brazos. Con lentitud, ubicó su rostro en el hueco de su cuello y aproximó sus labios a la altura de su oído.

— ¿Puedo tener el honor de saber tu nombre, omega? — susurró, humedeciendo sus labios, rozando con ligereza, el lóbulo de la oreja del chico.

— Jimin. — escuchó como el chico respondía y notó como su voz salía un tanto ahogada.

El pálido sintió como su interior se contraía. La voz de aquel chico lo dejó embelesado, a pesar del ruido que tenían por encima, pudo apreciarla en su totalidad y juró escuchar a un ángel hablar.

— Jimin. Mmm… Un lindo nombre para un hermoso omega. — susurró, luego de soltar una risilla. — ¿Puedo preguntar también qué hacías en esta pista bailando solo, bonito?

— Supongo que no es un pecado bailar solo, ¿Qué piensa usted? — respondió el omega, volteando su rostro un poco, en dirección a la del alfa.

— No estoy en contra de eso, pero estoy seguro que muchos querrían poder disfrutar de un baile contigo y poder estar así de cerca — respondió, ejerciendo un poco más de presión en el agarre en la cintura del omega y dirigió su nariz hacia la glándula de donde provenía su aroma, ubicado en su cuello. Provocando inmediatamente, que el omega le diera paso a su cuello. — Por cierto, tuteame. No necesito que me digas usted.

— Mmm… — expresó Jimin, dejando caer su cabeza sobre el hombro del alfa y cerrando sus ojos, a causa de las sensaciones que comenzaban a producirse en su cuerpo. Comenzó a sentir un cosquilleo en su interior, a causa de la nariz contraria ejerciendo presión en el área sensible de su glándula de aroma.

— Entonces… — susurró el pálido, dejando el cuello del chico y volviendo a su oído. — Si me permites una pieza, ¿Seré un afortunado de estar cerca de tí por más tiempo, ángel?

El omega no dijo nada, pero Yoongi sintió como sonrió abiertamente y procedió a voltear entre su agarre y vio como alza ambos brazos, envolviendo con ellos, su cuello. De esta manera, pudo mirarlo detalladamente y lo que vió lo dejó sin aliento. Ese omega en definitiva era muy bello, sin duda alguna. Su cuerpo vestía un blusón de mangas largas, que si las luces no le fallaban, era de un color salmón y la tela era de seda, lo que hacía que sea ajustado a su figura. Dejando ver una hermosa cintura, algo peculiar en los omegas machos. Siguiendo con unos pantalones de vestir negros, también algo ajustado, haciendo notar unas hermosas piernas, unos zapatos de gala oscuros y, para terminar su atuendo, una máscara que escondía los rasgos de su rostro. Aquel elemento, siendo igual de delicado que todo su atuendo y combinando con él, con tonos dorados y negros.

Jimin acercó su rostro hacia el del alfa y con un asentimiento, aceptó la oferta. Ambos dejándose llevar por la música, disfrutando del ambiente entre ellos. Armando su propia burbuja, en la cual nadie los molestó.

Alfa y Omega viéndose por primera vez, a pesar de tener un objeto que evitaba que pudieran apreciar sus rostros por completo. Ambos inhalaban con ahínco el aroma que cada uno desprendía y así poder embriagarse de él. El omega gozando de poder tenerlo cerca de él, madera y café. Por el contrario, el alfa, al fin pudiéndose deleitar por completo del aroma de aquel omega, vainilla y coco.

Las horas pasaron y aquello que sería solo una pieza, se convirtió en varias más. Sus cuerpos nunca se separaron, no pararon de mirarse y jamás dejaron de compartir sonrisas. Alfa y Omega estaban pasando un momento único. Se estaban reconociendo y presentándose a cada uno, dando lo mejor de uno y así poder conquistar a la otra parte. Los demás haciendo ojos ciegos a lo que ocurría con la pareja.

La pieza que se reproducía estaba llegando a su fin, así como también la danza correspondiente a ella. Por unos segundos, la pareja se separa, manteniendo sólo uno de sus brazos extendidos y sus manos agarradas. Con un ligero tirón de parte del alfa, el omega procede a realizar unas ligeras vueltas, mientras envolvía su cintura con el brazo del mayor y quedaba con su espalda apoyada en el pecho del alfa. Ambos levantaron sus manos al mismo tiempo y entrelazando sus dedos, dieron el último movimiento a la par que la pieza daba su fin. El omega giró sobre su eje, provocando que ambos estén mirándose fijamente, con el brazo de Yoongi envolviendo la cintura del omega y Jimin, apoyando su mano en el hombro del alfa.

Permanecieron mirándose fijamente por unos segundos, hasta que una nueva melodía dio comienzo. Ambos percibieron como la temperatura del lugar comenzaba a ascender, producto de las feromonas de los demás y el alcohol en sus venas. Sintieron como algo encendía a sus lobos e hizo que dirigieran sus vistas a los labios contrarios. Jimin admirando los delgados labios del alfa y Yoongi, los carnosos del omega.

Los dos deseando degustar de ellos.

Como si de un imán se tratara, fueron acortando la distancia y rozaron sus labios. Aquella acción haciendo estragos en el alfa y sin importarle nada más, afirmó el agarre en la cintura del omega con ambos brazos y cortó toda separación entre ellos. Sus labios chocaron con los contrarios, ahogando entre ellos un pequeño gemido de sorpresa del omega. Sintió como Jimin se tensaba, pero pronto su cuerpo se relajó y ubicó sus brazos alrededor de su cuello.

Los labios del omega tenían una suavidad que no se imaginaba y un sabor exquisito.

Procedió a chupar lentamente el labio inferior, sintiendo como el cuerpo del omega se estremecía y soltaba un suspiro ahogado. Subió hacia el labio superior, igualmente chupando lentamente, percibiendo como el omega movía su rostro, tratando de profundizar el beso.

Se separó soltando una pequeña risilla, admirando el estado del omega. Sus labios se encontraban un tanto hinchados y tenía un ligero rubor, que podía notar, a pesar de la luz del ambiente.

— ¿Estás tan desesperado por que te bese, omega? — habló, llevando sus dedos hacia la boca del chico, dibujando con sus dedos el contorno de sus labios. — ¿Tanto te hice sentir con solo chuparlos? ¿Mmh?

— Alfa… Por favor…

— ¿Por favor, qué? — respondió Yoongi, ahuecando la mejilla del omega. — Dime que quieres, ángel.

— Bésame, por favor…

— Tus deseos son órdenes, cariño.

El alfa volvió a acortar la distancia entre ellos, pero esta vez, ingresando su lengua en la cavidad del omega y explorar el sitio con ella. Sintió como las piernas del omega perdían fuerza, por lo que nuevamente, ajustó el agarre de sus brazos en torno a su cintura y lo mantuvo en su lugar. El beso se tornó apasionado, estremeciendo de sobremanera al pequeño omega y haciendo estragos en el interior del alfa. El lobo interno de Yoongi rugiendo como loco, por poder al fin saborear a su omega de esa forma. Ambas lenguas luchando por poder explorar con ahínco las cavidades bucales de ambos.

Sus bocas se separaron solamente para poder tomar un poco de aire, pero rápidamente volvían a juntarse y fundirse en el beso. Sus manos no se quedaban quietas. Las del omega recorrían la ancha espalda del alfa, ejerciendo un poco de presión, intentando acercarlo hacia su cuerpo. Las del pálido se mantenían en su cintura, pero algún que otro momento, una de sus manos se movía hasta la parte baja de su espalda, reposando su mano allí y luego volver a envolver la cintura nuevamente.

El omega cortó el beso.

Ambos respiraban agitadamente, pero en ningún momento se separaron. Yoongi acercó su rostro nuevamente al del chico, pero sus labios chocaron con la mejilla del omega. Soltando un gruñido, se alejó y notó que Jimin miraba a ambos lados con atención.

— ¿Qué sucede, ángel?

Jimin dirigió su mirada al alfa y se mordió el labio inferior.

¿Qué sucede? — preguntó nuevamente, pero esta vez su cuerpo se puso rígido.

El omega notó como el alfa tomaba una postura defensiva, listo para enfrentar a cualquier cosa que lo estuviera incomodando. Así que rápidamente, frotó sus manos por los hombros del pálido, bajando por su pecho, dando ligeros golpecitos, tratando de calmarlo.

— Tranquilo, alfa… Nada está mal. — Comenzó a decir, mientras arrullaba al alfa. — Todo está bien, estoy bien.

Jimin inmediatamente sintió como el alfa dejaba de estar en aquella postura y su cuerpo se relajaba un poco, pero sus brazos no dejaron su cintura.

— ¿Entonces qué pasa, ángel? — habló frunciendo el ceño. — ¿Por qué te pones así?

— ¿Confías en mí? — preguntó el omega, envolviendo nuevamente el cuello del alfa con sus brazos. — Solamente responde eso.

— Sin duda alguna, bebé.

Con eso dicho por parte del alfa, el omega deshizo el agarre que ambos tenían y tomando la muñeca del pálido, salieron de la pista de baile.

Ignorando a los demás, salieron de la enorme sala en la que todos se encontraban. Por suerte, no se encontraron con ningún guardia real, así que rápidamente se escabulleron por los pasillos. El alfa estaba un tanto confundido, porque se suponía que por donde estaban pasando, era un lugar estrictamente prohibido.

“¿Cómo era posible que pudieran acceder a él sin problemas?”  pensó Yoongi.

Antes de que siquiera pudiera decir la pregunta en voz alta, ingresaron a una habitación y cuando menos se dio cuenta, fue empujado ligeramente y cayó sentado en una superficie cómoda y blanda. Inmediatamente notó que estaba sobre una cama.

Sin tener tiempo de poder observar el lugar en donde se encontraban, sintió como el omega subía sobre su regazo, ubicando sus piernas a los lados de su cuerpo, rodeando con un brazo su cuello y ubicando una mano sobre su pecho. Acariciando el lugar, así como lo hizo momentos atrás. Sus manos tomaron lugar sobre las caderas del omega y sintió como ambas se moldeaban sobre él. Como si fuera que fueron hechas para eso.

— Alfa… — susurró el omega. — ¿Sigues confiando en mí?

— ¿Puedo saber la razón de la pregunta, omega?

El pálido no recibió respuesta, pero soltó un suspiro ahogado al sentir la lengua del chico sobre su cuello. Dejando un rastro de besos húmedos hasta llegar a la comisura de sus labios. El alfa intentó unir sus labios, pero Jimin lo esquivó separándose y mirándolo desde arriba, uniendo sus frentes. Antes de que Yoongi pudiera decir algo, el omega comenzó a mecer lentamente sus caderas y arquear su espalda, sujetándose del cuello del pálido. Lentamente volviendo loco al alfa debajo suyo, quien se encontraba apretando su mandíbula y cerrando sus ojos, a causa de todas las sensaciones que el chico le hacía sentir.

— ¿Le hago sentir bien, alfa? — preguntó el omega. — ¿Le gusta?

— No tienes idea de lo que estás provocando, bebé. — respondió el pálido, humedeciendo sus labios. — No tienes idea…

Jimin simplemente soltó una risilla, provocando que Yoongi abriera sus ojos y se fijara en él. No dejándole pronunciar palabra alguna, el omega se ubicó exactamente sobre el miembro del alfa, — quien ya tenía un notorio bulto —, y comenzó a mecerse con un poco más de presión y rapidez. Sin separar sus frentes, Jimin comenzó a emitir suspiros pesados y uno que otro quejido. El pálido no pudo más y dejó salir un profundo gemido, que provocó que luego soltara un gruñido. Ubicando sus manos en las piernas del omega lo alzó, escuchando un gritito de asombro salir de los labios del chico y lo hizo girar, quedando Jimin sobre la cama y el pálido ubicándose entre sus piernas. Apoyándose sobre sus codos a los lados de la cabeza del omega y situando todo su peso sobre ellos.

— Lograste que soltara un gemido… — pronunció el pálido, humedeciendose nuevamente los labios. — ¿Disfrutaste eso, cariño?

Sin dejarle responder, simuló una embestida contra la pelvis contraria, rozando ambos miembros y obteniendo un hermoso gemido agudo.

— Mirate… — habló nuevamente, mirándolo fijamente. — Con un solo movimiento ya te tengo de esa manera, no puedo esperar a ver como quedas con todo lo que tengo pensado hacerte.

— Alfa… — susurró el omega, con voz ahogada.

— ¿Qué, cariño? — preguntó, simulando otra embestida, recibiendo otro gemido y viendo como ladeaba su cabeza, exponiendo su cuello. — ¿Quiéres más?

— Por favor… S-Solo…

— Antes te veías todo seguro sobre mí y ahora… Deberías verte, bebé. Suplicando porque tu alfa te complazca.

El pálido comenzó a repartir besos húmedos por todo su cuello y cuando llegó a la glándula de aroma del omega, inició una mezcla de besos, mordidas y lamidas, que tenían al omega vuelto loco. Sus gemidos eran algo que encendía de sobremanera al alfa. Saber que tenía en ese estado al omega debajo suyo, provocó que su lobo gruñera satisfecho.

Poniendo todo su peso en sus rodillas, dirigió sus manos hasta el borde de la prenda superior y poco a poco fue subiéndola, llevando consigo los brazos de Jimin y ubicándolos sobre su cabeza. Evitando dañar la delicada prenda, la sacó en su totalidad y la arrojó hacia un lugar desconocido de la habitación. Mirando con sumo detalle al chico, comenzó a deshacer el nudo de su corbata y sacarla de alrededor de su cuello. Juntó ambas muñecas del omega y utilizando la prenda, las ató en un nudo fuerte, pero evitando dañar al chico.

— Mantén tus brazos arriba, precioso.

Exclamó y dirigió una de sus manos hasta el comienzo de su cuello. Acariciando lentamente, sintiendo como el chico se estremecía bajo su tacto. Fue descendiendo despacio, hasta ubicarse sobre su tetilla izquierda, acariciando con sumo cuidado el pezón. Sintiendo con sus dedos lo erizada que estaba. Alejó su mano de la zona y notó como el omega se quejaba, así que liberando una ligera risilla, acercó su boca hasta dicho pezón y soltó un suave soplido sobre el lugar. Inmediatamente la espalda del chico se arqueó y de sus labios salió un gemido un poco más fuerte. Nuevamente, liberó otro soplido sobre el pezón y un pequeño sollozo salió esta vez de esos labios. Sintió como los brazos de Jimin se apoyaban en sus hombros, intentando rodear con ellos su cuello. Rápidamente tomó ambos con una sola mano y las ubicó de una manera un tanto brusca, sobre su cabeza. Alejando su boca de su pezón, ascendió con rapidez y se ubicó a la altura de los labios del omega.

— Parece que me saliste un tanto rebelde, bebé. — susurró el alfa, rozando sus delgados labios con los regordetes del contrario. — Creí haberte dado a entender que los dejaras en ese lugar.

— A-Alfa… L-Lo si-siento…

— ¿Esta vez me harás caso, cariño? — cuestionó, dando un ligero apretón a las muñecas que se encontraban atadas.

— S-Si, a-alfa… — murmuró, mirando fijamente al pálido.

— Buen chico.

Respondió y con un último roce de labios, soltó el agarre que ejercía sobre las muñecas y se dirigió nuevamente a la tetilla izquierda. Aunque esta vez, no realizó alguna estimulación sino que directamente rodeó con su boca el pezón. Obteniendo un fuerte gemido y que la espalda del omega se arqueara de nuevo.

Empezó a chupar y lamer la zona, logrando que la tetilla se erize mucho más. Con su otra mano, comenzó a estimular el pezón restante, dando ligeros apretones con su dedo índice y pulgar. Cuando sintió que era suficiente, intercambió las tetillas.

El omega era un mar de gemidos y sollozos ahogados. Nadie en su vida lo había hecho sentir de esa manera. De su boca solo salían gemidos y jadeos, clamando por más. Su mente se sentía en las nubes, el calor que surgía de sus cuerpos lo estaba sofocando, pero le encantaba. Sentir como aquel alfa lo trataba tan bien, le fascinaba. Hasta ese momento no se había dado cuenta de la humedad que sentía en su zona trasera y la palpitación de su miembro entre sus pantalones. Aunque le encantaba sentir las manos del alfa sobre él, siempre había un pequeño momento del cual disfrutaba a más no poder.

Rodeando las caderas del pálido con sus piernas e impulsándose con un poco de fuerza, logró quedar sobre el alfa a horcajadas. Pudo ver el asombro recorrer el rostro del hombre ante la acción que realizó el omega y aquello le hizo soltar una risilla.

Siempre disfrutaba hacer creer que lo estaban domando por completo, pero le encantaba tener el papel por un momento.

A pesar de tener las muñecas atadas, las dirigió hacia la chaqueta del alfa y la quitó del cuerpo del hombre, mientras dirigía su boca al cuello del pálido. Logrando sacarle algunos suspiros. Sin perder el tiempo, lanzó la prenda hacia un rincón de la habitación y procedió a desabotonar la camisa, dejando un camino de besos húmedos a medida que la prenda se abría y cuando la desabotonó por completo, se la sacó y realizó lo mismo que la chaqueta.

Ascendió nuevamente hasta el rostro del hombre bajo su cuerpo y unió sus bocas, expulsando un gemido de satisfacción por poder saborear nuevamente sus labios. Mientras sus labios se entrelazaban, sus manos fueron hacia el cinturón y lo aflojó, para luego abrir el botón del pantalón y bajar el cierre de este. Sintiendo inmediatamente el notorio miembro erecto bajo sus boxers.

Sin decir palabra, rompió la unión de sus labios y lentamente fue descendiendo, dejando alguna que otra mordida y lamida sobre el pecho del alfa. Llegando hasta la altura del miembro del pálido, dejó un beso sobre la tela de la ropa interior, logrando sacarle un gemido ronco a Yoongi. Agarrando la prenda junto con los pantalones, procedió a bajarlos sacándoselos completamente, con algo de dificultad al tener las manos atadas, pero lográndolo. Lamió sus labios ante la vista del alfa completamente desnudo frente a él, notando los músculos y el robusto cuerpo, — algo común en alfas — , excitándolo de sobremanera.

Sin perder tiempo, agarró con ambas manos el falo erecto y comenzó a masajear lentamente. Viendo como el hombre temblaba ante la sensación que producía aquella acción. Empezó desde la base y recorriendo la longitud, llegó hasta la cabeza, extendiendo el pre-semen que sobresalía.

— Sí, bebé… Así…

— ¿Le gusta, alfa?

— Oh, sí… Lo haces muy bien, cariño…

Humedeciendo por última vez sus labios, se inclina y frota su lengua contra la punta. Yoongi inmediatamente gime ante la sensación y su rostro se arruga, cerrando los ojos con fuerza cuando Jimin lo toma en su boca y envuelve sus labios alrededor de él.

— Oh, mierda… — gime el pálido, lamiéndose los labios, admirando la vista de los labios del omega en su miembro. — Te ves tan jodidamente bien, ángel.

Jimin siente una mano en su cabello y con un apretón ligero, comienza a mover su cabeza de arriba hacia abajo. Moviéndose lentamente al principio, tomándose su tiempo para dejar que Yoongi realmente sienta todo, pero cada tanto acelera. La habitación pronto se llenó de sonidos lascivos, jadeos y gemidos salir de la boca del pálido; junto con su aroma intensificándose.

Cada vez que los gemidos de Yoongi se volvían más fuertes, el omega disminuía la velocidad o se alejaba para solo frotar la punta con su lengua, dándose cuenta de que aquello volvía loco al alfa. Jimin sonríe satisfecho y toma a Yoongi de nuevo en su mano, dejando un rastro de besos desde su base hasta su punta, luego toma solo la cabeza en su boca y la chupa con fuerza. Aquello hacía que el cuerpo de Yoongi se sacuda y jadeara en voz alta, pero tan pronto como notaba esa reacción, retomaba el solo lamer la punta.

— Deja de burlarte de mí. — Yoongi gime frustrado, haciendo que Jimin se ría y se alzara picoteando sus labios.

— Me gusta verte retorcerte. — pronuncia el omega sonriendo burlonamente, llevando de nuevo el miembro a su boca, dejándolo descansar sobre su lengua y frotándolo contra ella.

— Mierda, bebé…

Yoongi gruñe y niega con la cabeza, tirando de él y empujándolo contra el colchón. Ubicándose nuevamente entre las piernas del chico y fijando su mirada en su rostro, viendo como se mordía el labio con picardía.

— Me sorprendes, cariño. Lograste ponerme en ese estado teniendo un pequeño obstáculo, no me lo esperaba.

— Soy como un baúl con algunos secretos… — respondió el omega, batiendo sus pestañas y mirándolo con ojos seductores. — ¿Enserio no se lo esperaba, alfa? ¿Lo hice bien?

— Lo hiciste muy bien, ángel. Muy, muy bien… — respondió, acercando sus labios, pero solo rozándose y sin unirlos. — Ahora déjame recompensarte, cariño. Deja que tu alfa te de tu premio, bebé.

Con aquello dicho, el alfa unió sus labios en un beso apasionado y lleno de excitación. Dirigió sus manos hacia los pantalones del chico y en un segundo se deshizo de ellos, encontrándose con una lencería de encaje, que provocó que se le hiciera agua la boca.

— ¿Esperabas acción esta noche, cariño? ¿Mmh? — cuestionó, rompiendo el beso y echando un vistazo a la prenda.

— Uno nunca sabe lo que puede pasar. — soltó el omega junto con una risilla.

Uniendo nuevamente sus bocas, impidió que se diga más. Subiendo sus manos hacia las manos del omega y por fin liberándolo, sintiendo inmediatamente como su cuello era rodeado por ellos.

Tomando el cuerpo de Jimin entre sus brazos, lo alzó y lo colocó sobre su regazo, quedando él sentado en el colchón. Manteniendo uno de sus brazos en torno a su cintura, dirigió la otra hacia su trasero, ahucándolo con su mano, sintiendo al instante la humedad, producida por el lubricante natural del omega.

— Mira lo mojado que estas, bebé… Estas tan listo para mí, para tu alfa.

— A-Alfa… P-Por favor… — pronunció el omega, uniendo sus frentes.

— Dime lo que quieres, ángel… Dime lo que quieres que tu alfa te haga.

— Fóllame, alfa. Fóllame, por favor…

El sonido de tela rompiéndose, interrumpió en la habitación. El omega jadeando ante la vista de su lencería hecha trizas entre las manos del alfa y siendo arrojada hacia el suelo.

Un gemido agudo y fuerte salió de sus labios, siendo acompañado de uno ronco proveniente del alfa. El omega sintió como su interior era estirado ante la longitud del miembro del pálido, ahogándose ante la sensación del grosor del mismo. Sujetándose fuertemente con sus manos y clavando sus uñas en la ancha espalda del alfa, sintiéndose desfallecer.

El alfa se mantuvo quieto, dejando que el chico sobre él se acostumbrara a él. Había ingresado de manera brusca y juraba que había chocado con aquel punto débil para los omegas. Su lobo interno gruñía contento ante la sensación caliente que provenía del interior del omega. No pudo evitar dejar salir otro gemido ronco a causa de todo lo que sentía en ese momento.

— ¿P-Puedo m-montarte a-alfa?

— Adelante, bebé. Móntame.

Inmediatamente el omega comenzó a mover sus caderas en círculos, luego de adelante hacia atrás, chocando con su próstata con ese movimiento y aquello hizo que echara su cabeza hacia atrás, soltando un fuerte gemido. El alfa aprovechó la exposición de su cuello y comenzó a lamer y dar mordiscos por todo el lugar.

El ritmo del omega comenzó a acelerar y sus gemidos comenzaron a ser más sonoros. Sintiendo un inmenso calor en la zona de su vientre, señal de que su orgasmo estaba creciendo y pronto explotaría. El alfa pareció notar aquello, por lo que lanzó al chico contra el colchón, saliendo de su interior en el proceso. Obteniendo un jadeo de reproche por parte de Jimin, pero ocultándolo, uniendo sus labios nuevamente. Rápidamente, se alineó en su entrada e ingresó. Encontrando con sus embestidas un ritmo y satisfaciendo el placer que ambos cuerpos buscaban.

Sus aromas se impregnaban en la habitación, producto de toda la excitación que sentían por el otro. Buscando poder complacer las necesidades de ambos.

Entrelazando sus manos a los lados de la cabeza del omega, Yoongi comenzó a embestir más rápido, sacándole jadeos a cada una como respuesta. Su cuerpo sacudiéndose a causa de los espasmos que aquello le provocaba.

— ¡Ahí! ¡Ah!

— ¿Te gusta, bebé? — preguntó Yoongi, mirando como el rostro del omega se contraía. — ¿Mmh?

— S-Sí… Así… Sigue así, alfa, por favor.

El alfa arremetía contra el punto débil del omega, causando que Jimin temblara bajo sus brazos y soltara pequeños sollozos. En un segundo, las embestidas se volvieron cortas y bruscas, golpeando aquel punto sensible, causando que respirar se le volviera difícil al omega.

Jimin apretó sus labios, ahogando un chillido, sintiendo como un inmenso calor subía por todo su cuerpo, señal de que estaba cerca.

— ¿Quieres venirte, ángel? ¿Estás cerca?

— P-Por f-favor, alfa… — respondió de manera ahogada.

El alfa comenzó a embestir rápidamente, obteniendo un grito del chico. Viendo como el omega estaba cerca, decidió ayudarlo un poco. Soltando sus manos se incorporó, sin dejar de embestirle, ubicó una de sus manos en la cadera del chico y la otra en torno a su cuello, ejerciendo un poco de presión en la zona. Inmediatamente viendo como el omega cerraba sus ojos y se sostenía de sus brazos. Arremetiendo contra su interior sin parar, sintiendo su propio orgasmo llegar y su nudo creciendo.

— Vente para mí, bebé. Hazlo…

Sintiendo como si el mundo se hubiera pausado un segundo, Jimin retuvo la respiración y enterrando sus dedos en el cobertor, le daba la bienvenida a su orgasmo. Uno intenso, que provocó que su lubricante saliera en cantidad y su cuerpo se llenara de espasmos incontrolables. Manchando ambos vientres con su propio semen, sintiéndose en las nubes, jurando que se desvanecería. Lágrimas salían de sus ojos y palabras incoherentes de sus labios. Sollozando, sintió como las embestidas del alfa se volvían erráticas y cada vez más bruscas. Hasta que finalmente, con un gruñido fuerte el alfa dejó salir su semen, llenando el interior del omega y anudándolo de paso. Dejándose caer sobre el chico, respirando pesadamente y un tanto mareado a causa del fuerte orgasmo que también tuvo.

Sus pesadas respiraciones eran lo único que se escuchaban en la habitación. Lentamente, Yoongi liberó el cuello de Jimin y ubicando sus brazos a los lados de su cabeza, comenzó a dejar suaves besos sobre sus mejillas y comisuras de sus labios. El omega rodeo su espalda con lentitud y unió su boca con la del alfa. Ambos compartiendo un dulce beso y mucho más tranquilos que los demás, saboreándose despacio y disfrutando del choque de sus lenguas. Se separaron con un chasquido y unieron sus frentes, manteniendo sus ojos cerrados.

— Lo siento, ángel. Te anudé sin darme cuenta. — habló el alfa, dándose cuenta hasta ese momento, que había anudado al chico sin siquiera consultarle.

— Descuida, no te atormentes por eso.

Se quedaron unos minutos en silencio, no podían moverse mucho debido al nudo, así que mucho no podían hacer.

El alfa se separó del omega y ubicó su mano cerca de la máscara que todavía estaba sobre su rostro. Lentamente la subió, logrando sacarla por sobre su cabeza y así poder admirarlo por completo, sin algo de por medio.

— Eres hermoso, ángel. Muy, muy hermoso. — expresó, recorriendo con sus ojos las fracciones del omega. Admirando cada una de ellas.

Notó como una de las manos del omega se dirigía a su rostro, pero se detuvo a la altura de él.

— ¿Puedo, alfa? — preguntó Jimin, obteniendo un asentimiento como respuesta.

Así que realizó lo mismo que el alfa y lo que vió, le sacó un jadeo asombrado.

— ¿Min Yoongi? ¿El Rey de Daegu? — cuestionó con voz ahogada, aquello confundiendo al alfa.

— El mismo, ángel. Pero… ¿Por qué esa reacción de tu parte? — preguntó, viendo como el omega tenía su boca abierta a causa del asombro.

— Oh, Madre Luna… — expresó, humedeciendo sus labios. — ¿Dime que estoy soñando? Señor, por favor pellizcame.

— Oye… no me trates de señor, no soy tan viejo. — reprochó el alfa, golpeando ligeramente la nariz del omega con su dedo índice. — ¿Por qué ese asombro?

— No puede ser… — expresó el omega, sintiendo su rostro arder. — No creí que en persona fueras mucho más apuesto, solo te conocía por las fotos de la prensa.

Yoongi rió ante la clara vergüenza que sentía el omega, aquello pareciéndole tierno. No aguantó las ganas y unió sus bocas por unos segundos, siendo correspondido por Jimin.

— Ya me estabas asustando, cariño. — contestó una vez que se separaron.

— Lo siento… No soy una persona que sale mucho y paso la mayor parte de mi tiempo mirando las redes sociales.

La respuesta del omega sonó un tanto raro a oídos del alfa, sintiéndolo un tanto incómodo. Aquello le extrañó un poco, pero decidió no preguntar.

Sintió que su nudo había bajado completamente, así que salió del interior del omega, lentamente. Recibiendo un pequeño gemido proveniente de él. Dejando un pequeño beso en sus labios, se recostó a un lado de Jimin, mirándolo de lado. El omega realizando lo mismo, ambos mirándose fijamente. Yoongi se sobresaltó e incorporó rápidamente, asustando un poco a Jimin.

— ¿Qué sucede, alfa? — preguntó, elevando su mano y ahuecando la mejilla del hombre.

— ¿Tienes algo con lo que pueda limpiarte, ángel? — respondió, llevando su mano hacia donde estaba la de Jimin. — No quiero dejarte así.

El omega se tranquilizó y sonrió, sintiendo un pequeño cosquilleo en su estómago. Realmente nunca alguien se había preocupado tanto por él luego del acto sexual. Se incorporó lentamente y se subió a horcajadas del alfa, acomodándose sobre él sin segundas intenciones y unió sus frentes, rozando sus narices, para luego dejar un pico en sus labios.

— Tranquilo, no te preocupes por eso. — susurró. — Estoy bien.

Se mantuvieron en silencio nuevamente, disfrutando del aroma que ambos liberaban. Señalando que estaban tranquilos el uno con el otro.

Luego de unos momentos el alfa rompe el pequeño abrazo y se levanta de la cama, buscando sus prendas. Colocándose su ropa interior y sus pantalones. Quedándose con su torso al descubierto. Agarrando sus zapatos, se sentó en el borde de la cama y comenzó a colocárselos. Sintiendo como el omega rodeaba su torso con sus manos y escondía su rostro en su cuello.

— ¿No puedes quedarte otro rato más? — preguntó el omega.

— Lo siento, cariño. De verdad me gustaría quedarme, pero debo irme. — respondió el alfa, rotando su cuerpo y mirando al chico de costado. Notando que se había colocado una bata de seda y así cubriendo su desnudez.

— ¿Podré verte de nuevo? — preguntó susurrando Jimin.

Yoongi se quedó mirándolo fijamente. En serio no quería irse y dejar a Jimin, pero ya era tarde. Pensando unos segundos, se le ocurrió una posibilidad, pero no sabría si el chico aceptaría.

— Sabes… — empezó a hablar el alfa. — No solo vine a Busan con el pretexto de este evento, sino para despejarme unos días. Algo que suelo hacer cada tanto, cuando mi lobo no se siente bien. — realizó una pausa y aprovechó para acomodar un mechón de cabello que caía sobre la frente del omega. — Mi familia adquirió un pequeño predio para uso personal en un lugar en el bosque. Allí se construyó una cabaña, que uso para esos momentos. Ahora me estoy hospedando allí y me quedaré ahí estos próximos días. Así que… Se me ocurrió, si quieres, podemos vernos allí y tener un poco más de privacidad. ¿Qué dices, ángel?

El omega se quedó mudo al saber eso. Pensaba que Yoongi se iría esa misma noche, pero para su suerte, éste se quedaría.

— Me encantaría, alfa. — respondió, contento por poder pasar más tiempo con aquel hombre.

Soltó una pequeña risa al verse siendo acorralado entre los brazos del alfa y el colchón. Yoongi tenía una enorme sonrisa en su rostro, aquello haciéndole sonreír por igual, dándose cuenta que el alfa estaba feliz por su respuesta.

— Entonces… Cuando tú quieras, sólo ve a aquel lago con el enorme árbol a un lado y allí estaré esperando por tí, ángel.

El omega solo asintió como respuesta y frotó nuevamente sus narices. Recibiendo un pequeño beso del alfa, antes de que se levante y termine de vestirse, tomando su chaqueta y máscara entre sus manos y lo vea dirigirse hacia la puerta de la habitación.

Lentamente se acercó a él, rodeando su cuerpo en un abrazo y besándose por última vez en la noche.

Se despidieron con una promesa de volverse a ver.

Mirando como el alfa desaparecía por el pasillo, sintió a su lobo gemir en señal de tristeza. Extrañando la cercanía de Yoongi a pesar de que no pasó ni media hora que se separaron.

Cerrando la puerta, trató de tranquilizarse, ordenando el desastre que hicieron y preparándose para descansar. Mentalizando que pronto se verían nuevamente.

Con el sentimiento de los labios del alfa recorrer su cuerpo, se entregó a los brazos de Morfeo.

******

Varios días habían pasado y sus encuentros en aquella cabaña se volvieron constantes. Disfrutando del tiempo que tenían, entregándose nuevamente el uno al otro, pero esta vez disfrutando de las caricias y el momento. Conociéndose un poco más a medida que los días pasaban, poco a poco formando un lazo, que sería muy especial para ambos.

Yoongi había avisado que se tomaría unos días más en Busan, explicando la verdadera razón a su segundo al mando. Asegurándose de que todo estaría bien en sus tierras y pidiendo que se le sea avisado inmediatamente en caso de cualquier tipo de emergencia.

Hoy se encontraría nuevamente con Jimin. Lo hacían todos los días, pero sentía que no alcanzaba, necesitando más tiempo.

Se encontraba esperándolo como siempre en el mismo lugar, pero sintiendo algo raro en el pecho. Su lobo estaba un tanto inquieto y aquello le preocupaba. Tenía la sensación de que algo pasaría, pero no sabía qué. Intentando calmarse, se dio cuenta que el tiempo corría y no había rastros del omega. Aquello pareciéndole extraño. Se estaba haciendo de noche y Jimin no venía a su encuentro. Trataba de tranquilizarse, mentalizándose que quizás el chico olvidó avisarle que no vendría, pero no se sentía tan seguro de eso.

Cuando la noche finalmente cayó, se dio cuenta que no vendría y emprendió camino hacia su hospedaje. Llevando consigo un poco de leña para prender la chimenea y aunque no sienta frío, disfrutar de ella.

Ingresó a la cabaña y rápidamente se dirigió a prender el fuego, yendo luego a la pequeña cocina y prepararse un té. Luego de verter el agua hirviendo en la taza, la tomó y se dirigió hacia el sillón. Dejó la taza en la mesita del centro y estaba por sentarse en el mueble, cuando un ruido le impidió.

Inmediatamente sus sentidos se pusieron alerta y esperó un momento, asegurándose de que ese sonido estaba allí. Recibiendo al instante otro, proveniente de la puerta de entrada. Tomando la palita de metal para las cenizas, se acercó sigilosamente a ella. Respirando profundamente, tomó el picaporte de la puerta y la abrió, provocando que su respiración se entrecortaba al ver lo que había tras ella.

Allí parado frente a él estaba el chico que ponía loco a su lobo.

— ¿Jimin? — preguntó, soltando el objeto de sus manos. — ¿Qué sucedió, ángel?

El alfa no recibió respuesta y aquello le extraños. Intentó oler su aroma en busca de algo en él que le diga algo, pero frunciendo su ceño al no poder percibirlo. Aquello provocando que su lobo gruñera en su interior.

— ¿Ángel?

— A-Alfa…

La voz rota y ahogada con la que habló, puso los pelos de punta al alfa. Inmediatamente encerró entre sus brazos el cuerpo del omega y mirando su rostro, buscando alguna señal que le dijera que algo estaba mal. Notando al instante como su cuerpo temblaba y lo que vio en el omega, le hizo emitir un fuerte gruñido. Provocando que el omega soltara las lágrimas que se encontraba reteniendo y comenzara a sollozar ahogadamente. Emitiendo jadeos y algún que otro gemido roto.

El estado en el que estaba el chico hizo que la sangre le hirviera. Afianzando el agarre en torno al omega, cerró la puerta y lo guió hasta el sillón. Tomando asiento y obligando al chico a sentarse en su regazo, guiando su rostro a su cuello, ubicando su nariz hacia su glándula de aroma y liberándolo un poco más, tratando de que eso ayudara a calmarle.

Todo el tiempo que el chico estuvo llorando, se dedicó a acariciar su espalda con una mano y mantener la otra rodeando su cintura. Para ese momento, Jimin ya había dejado de llorar, pero de vez en cuando soltaba algún hipido y no se separaba de su cuello. El alfa esperando pacientemente por el omega. No quería apresurarlo y provocar nuevamente un llanto.

Sintió como el omega dejaba su escondite y bajaba su mirada hacia sus propios dedos. A pesar de la poca luz, podía notar como sus ojos estaban rojos e hinchados, todavía con lágrimas alojadas en sus pestañas. Así que dejando su cintura, dirigió su mano hacia su mejilla, secándola con mucho cuidado, recibiendo un gemido adolorido a causa del roce.

Aquello hizo que nuevamente gruñera molesto.

La hermosa mejilla del omega se encontraba afectada a causa de un horrible moretón que estaba tornándose de un color violáceo, con toques verdosos. Siguió mirando con atención su rostro y notó como su labio inferior se encontraba roto y con restos de sangre seca.

— ¿Ángel? — murmuró el alfa, tratando de que su voz no sonara brusca a causa de la furia que sentía por dentro.

Vio como Jimin levantaba un poco su rostro, quedándose callado y sin mirarlo a los ojos.

— ¿Puedes mirarme un momento, bebé? — preguntó, acariciando su espalda, brindándole un poco más de consuelo. — Quiero verte, cariño.

Soltando un pequeño suspiro, el omega finalmente fijó su mirada con la del alfa. Notando al instante la dura expresión que se hallaba en su rostro.

— ¿Qué sucedió, amor? — cuestionó finalmente. Levantando su mano y acomodando su flequillo. — ¿Puedes contarme?

— Yo… — empezó Jimin, pero su voz salió entrecortada. Así que carraspeó y tragó saliva.

— ¿Alguien intentó hacerte daño, bebé? ¿Por eso estás así? Sabes que puedes decirme y así buscar al culpa-

— Mi padre me golpeó.

Aquella confesión provocó que el alfa cierre la boca y abriera los ojos, perplejo. Al instante sintió como su cuerpo ardía en furia y su lobo gruñía como loco dentro suyo. Si se encontraba con aquel idiota, sea su padre, estaba seguro que no dudaría en golpearlo.

— ¿Por qué, amor? — preguntó, esta vez abrazando al omega y atrayéndolo más cerca de su cuerpo. — ¿Por qué te hizo eso?

Jimin no respondió. Solo se quedó mirando al alfa, sintiendo sus ojos arder y se mordió el labio inferior, aguantando un sollozo, que luchaba por salir de su boca.

— ¿Puedes contarme la razón, bebé? — preguntó Yoongi, acariciando nuevamente la mejilla del omega. — No te juzgaré, eso nunca, cariño; pero necesito saber la razón y así poder ayudarte. Poder protegerte. — sintió su pecho doler, viendo como lágrimas comenzaban a caer de los ojos de Jimin. — Tú me importas demasiado, ángel. Demasiado. Me cautivaste desde esa noche que incluso, me quedé más tiempo aquí por tí. Mi lobo no puede estar lejos de tu omega y se vuelve loco, cuando te vemos partir. Dime la razón y te prometo que haré justicia por tí, no importa a quien tenga que enfrentarme, lo vales.

— N-No.

— ¿No qué, ángel?

— N-No lo v-valgo. — respondió, respirando ahogadamente. — M-Me lo me-merezco.

Un gruñido profundo se escuchó en el ambiente, causando que Jimin deje de llorar, viendo con ojos abiertos al alfa frente a él. Sintió como Yoongi ahuecaba su rostro con ambas manos y lo acercó al suyo.

— No se quien mierdas te dijo esa estupidez, pero se equivoca. — contestó con voz grave. — Déjame decirte una cosa, cariño. No hay nada más en el mundo que me moleste, que es ver a un omega lastimado; pero en este momento, estoy odiando verte a tí en esa situación. Sea cual fuere la razón, no es justo. Por eso, cuando digo que haré justicia por tí, es porque lo haré. Y no me vengas a decir en mi cara que no vales la pena, porque vamos a estar en un problema. En todo este tiempo juntos, pude notar que eres un ángel de persona. Amo cada detalle en tí, cada cosa que haces. Tu risa, tus ojos, tu cuerpo, todo de tí. Mi lobo y yo estamos locos por tí, amor. Eres mi pareja y estoy aquí para protegerte, bebé.

— ¿Somos pareja? — preguntó Jimin, susurrando.

— Creí que eso quedó claro estos días.  — respondió, sonriendo. — Eres mi pareja, ángel.

Luego de decir eso, sintió como los labios del menor chocaron con los suyos. Gimiendo de satisfacción y sintiendo como las lágrimas de Jimin mojaban su rostro. Lo único que pudo hacer fue corresponder el beso y transmitirle todo lo que sentía por él a través de esa acción. Sus lenguas explorando lentamente la cavidad bucal de cada uno, separándose solo unos segundos para respirar y unir nuevamente sus labios. Sus pechos ardían a causa de sus lobos, sintiendo como meneaban sus colas, contentos.

— ¿Me dirás la razón, mi amor? — habló Yoongi, rompiendo lentamente el beso. — Necesito saberlo, por favor.

— De acuerdo, te lo diré. — respondió Jimin, soltando un suspiro. — Desde que nací, mi padre me odia prácticamente. Siempre me culpó de haber matado a mi madre. Importandole poco que mi madre tenía un embarazo riesgoso y que desde el primer momento que supo que vendría al mundo, seguramente se podría complicar el parto. Así que ese día que nací, mi madre tuvo complicaciones y lastimosamente no pudieron hacer nada por ella. Al pasar los años, mi padre jamás pudo superar su partida y nunca cuidó de mí. De no ser por los del servicio, yo también hubiera muerto. Siempre prefería estar con otras mujeres y pasar el tiempo con ellas que con su propio hijo. Cuando me presenté como omega, comenzó lo que sería el infierno para mí y para todos en la Casa Real. A palabras suyas, era el vil reflejo de mi madre y siendo omega, era peor. Así que comenzó a darme inhibidores de aroma, supresores fuertes en mis días de celo y no dejaba que pusiera un pie fuera de la casa.

Jimin dejó de hablar y trató de calmar su respiración, que comenzaba a agitarse. Sintiendo inmediatamente las manos del alfa recorrer su espalda, ayudándole a tranquilizarse.

— Una vez, de noche, se me ocurrió salir al patio trasero. Era bastante tarde y no había nadie a la vista, salvo los centinelas, pero ellos lo tomaron como normal verme por el lugar. O eso pensaba, hasta que unos minutos después, veo salir a mi padre enfurecido y gruñendo. Recuerdo que agarró mi brazo fuertemente y me metió a la casa, tirándome de él hacia mi habitación. Cuando entramos en ella, me arrojó al suelo y comenzó a gritarme e insultarme. Yo estaba tan asustado, jamás me había levantado la voz. Estaba diciéndole que solamente quería salir y que no era problema eso, cuando sentí un ardor en mi rostro. Por primera vez, mi padre me había golpeado. Esa noche no dormí a causa del llanto y dolor que sentía en mi ser, porque siempre pensaba que él algún día cambiaría. Luego de ese día, mi padre comenzó a venir a mi habitación a insultarme y decirme que la muerte de mi madre había sido mi culpa, sumándole algunos golpes. Aquello se convirtió en mi rutina diaria, recibir sus golpes e insultos. Jamás habían sido tan fuertes, hasta hoy. — el omega dejó de hablar, sintiendo un nudo crecer en su garganta y comenzó a temblar. — Estos días que nos estuvimos viendo, siempre trataba de que no me viera y usar inhibidores de aroma, para que no note tu fuerte aroma a alfa y me descubra. Te juro que hice todo lo posible, pero no sé qué sucedió, pero hoy cuando estaba por salir, ingresó a mi habitación furioso. Empezó a decirme cosas horribles, c-como que era una zorra y q-que seguro mis escapadas eran porque me veía con un sinfín de alfas. Que pensaba que no se había dado cuenta de mis salidas diarias y mucho más. Luego de eso, comenzó a golpearme, p-pero e-esta vez mucho más fuerte. Una vez que terminó, no podía levantarme, tenía mucho dolor y sabía que me estabas esperando. Estuve varias horas esperando a recuperarme aunque sea un poco y así venir a verte. — Jimin comenzó a sollozar, cerrando sus ojos. — Todo ese tiempo estuviste en mi mente y me diste el valor que necesitaba. Así que me levanté y sin importarme nada más, salí de la casa y vine hasta aquí. — finalizó el omega, sintiendo ahogarse a causa del fuerte llanto, pero notando como una carga salía de su hombro al dejar salir todo aquello que estuvo guardando por mucho tiempo.

Yoongi se mantenía en silencio, pero sintiendo toda la furia que recorría su cuerpo. Sabía que Jeongho era un maldito idiota, pero jamás se le cruzó en la mente que era semejante bestia inmunda. Su lobo rugía en su interior al saber todo el daño que tuvo su omega, todo el sufrimiento que cargaba.

— Haré justicia por tí, mi amor. Te lo juro con mi vida, que Jeongho pagará todo lo que te hizo. — le respondió, viendo como Jimin dejaba de llorar y lo miraba con ojos grandes.

— ¿C-Cómo lo h-harás? Él t-tiene sus influencias aquí, no podrás hacerle nada. No podr-

— Tienes a un soberano como pareja, cariño. Aparte, no tiene que suceder en este territorio…

— ¿De qué hablas, alfa? — preguntó el omega, confundido.

— Dime ángel — respondió Yoongi, rodeando la cintura del omega y atrayéndolo a su cuerpo. — ¿Vendrías conmigo?

Jimin miró al alfa con ojos muy grandes, asombrándose por aquella propuesta.

— Pero… no tenemos mucho tiempo juntos, Yoonie, ¿Qué dirá tu gente?

— Bebé… Si hay algo que no toleramos en mi pueblo es a la gente sufrir y más cuando son omegas. Cuando sepan que el Omega del Rey ha sufrido, lo único que querrán en justicia por tí.

— ¿O-Omega del R-Rey? — tartamudeó el omega.

— Claro, amor. Al ser mi pareja, inmediatamente obtienes ese título.

— P-Pero… ¿E-Eso no s-sucede cuando h-hay un l-lazo f-formal de por medio? — preguntó, confundido. Al instante abrió los ojos y ahogó un grito al ver el rostro de Yoongi. — ¡¿Q-Quieres formalizar l-lo n-nuestro?!

— Algún día me gustaría, ángel. No tiene que ser ahora, tranquilo. — respondió, calmando al omega. — El pueblo va a estar muy satisfecho con saber que encontré a mi pareja, con eso basta. Entonces… ¿Qué dices? ¿Vendrás conmigo, bebé?

Jimin se mantuvo callado por unos segundos, aquello poniendo un tanto inquieto al alfa, preocupándose de sobre manera al darse cuenta que capaz fue muy precipitado al ofrecerle aquello. Estaba tan sumido en sus pensamientos que un beso suave y delicado, lo interrumpió.

— Sí, alfa. — respondió el omega, una vez que se separaron. — Iría a cualquier lugar, mientras pueda estar contigo.

Aquella respuesta alegró demasiado al alfa, besando con pasión al omega. Prometiendo protección y refugio en sus brazos, también de que no tendría que preocuparse por nada y que todo lo manejaría él.

Durante la noche, Yoongi se encargó de curar sus heridas y brindarle todo el consuelo que necesitaba, dejando que Jimin se refugie en sus brazos y se duerma, ronroneando en su pecho a causa de todo el amor que estaba recibiendo de su alfa.

*****

Al otro día, pidió a sus centinelas que preparen el vehículo y que le avisaran cuando estuviera listo, porque regresarían a Daegu.

Era bastante temprano todavía, por lo que Jimin se encontraba dormido todavía y no quería despertarlo. Sentía que el omega nunca pudo tener una noche tranquila. Él en cambio, no pudo pegar ojo en toda la noche. En su mente solo podía imaginarse a Jimin sufriendo y estando solo, sin tener a nadie que lo socorriera.

Había tomado una decisión y esperaba que funcionara.

Luego de unos momentos, su centinela le avisó que todo estaba listo. Así que, ingresó a la cabaña y lentamente, ingresó a la habitación. Se acercó a la cama y comenzó a despertar al omega, despacio. Lograndolo luego de unos minutos.

— Buenos días, ángel. — saludó, dejando un pequeño besos en los labios regordetes de Jimin. — Levántate, debemos irnos, amor.

— ¿Qué? ¿De qué hablas? — preguntó el omega, confundido.

— Nos iremos a Daegu, cariño. — respondió, acariciando la mejilla de Jimin con sus nudillos. — Mientras más rápido te saqué de aquí, me sentiré más tranquilo.

— Pero… — habló Jimin, sentándose en el colchón. — ¿Y mi padre?

— Por él no te preocupes, una vez que estemos en mi territorio, no podrá hacer nada. — respondió, poniéndose de pie. — Claro, si es que no quiere comenzar una guerra.

— ¿G-Guerra?

— Aunque tranquilo, bebé. — siguió hablando, soltando una risilla y negando con su cabeza. — No le conviene porque sabe muy bien que perderá en un segundo.

El omega se quedó boquiabierto, viendo al alfa recoger sus cosas. Pensaba que se irían luego de unos días, pero vio que no iba a ser así.

— Vamos, ángel. — habló el alfa, extendiendo su mano hacia Jimin. — El auto nos está esperando.

Lentamente, Jimin se puso de pie, acomodándose la ropa, — que el alfa le había prestado la noche anterior —, acercándose a Yoongi. Entrelazando sus dedos, ambos salieron de la habitación y recorrieron el lugar hasta llegar a la puerta de entrada. Salieron y Jimin vió que habían varios centinelas, quienes realizaron una reverencia a medida que Yoongi pasaba frente a ellos.

Siguieron caminando unos minutos, hasta que salieron hasta una carretera en donde estaba estacionada la camioneta en la cual Yoongi había llegado. Uno de los centinelas se encontraba con la puerta trasera abierta, esperando para que ingresaran en él. Jimin dejó de caminar, llamando la atención del alfa, obteniendo una mirada confusa.

— ¿Ángel?

Yoongi no recibió respuesta, así que se acercó al omega y ahuecó su rostro entre sus manos, elevándolo y así poder mirarse uno al otro.

— ¿Qué sucede, bebé?

— ¿Todo estará bien, Yoonie? — preguntó el omega. — ¿Qué sucederá con mi padre cuando sepa que dejé Busan? Tengo miedo, alfa.

— Él no podrá hacer nada, como te dije antes; una vez que estés en territorio de Daegu, no podrá sacarte de ahí. No tengas miedo, amor. No debes temer a mi lado, todo va a estar bien. — respondió Yoongi, al ver el miedo recorrer el rostro del omega. — Una vez que lleguemos allí, comenzaré a tramitar todo y así no tendrás que preocuparte por eso.

— ¿Seguro? — preguntó Jimin, formando un pequeño puchero, inconscientemente.

— Muy seguro, mi amor. — respondió Yoongi, depositando un pequeño beso en la frente del chico. — ¿Vamos?

Recibiendo un asentimiento de Jimin, se acercaron al vehículo, dejando que él ingrese primero, cerrando su puerta. Luego, rodeó el coche e ingresó por el otro lado, sentándose a su lado y entrelazando sus dedos. Con una afirmación de su parte, el coche se encendió y prendió marcha de regreso a Daegu.

Durante el viaje, Yoongi se encargó de tranquilizar a Jimin, pero cuando llegaron al territorio, el omega estaba muy asustado. Cuando se estacionaron frente a la Casa Real, se sintió desfallecer. Yoongi abrió la puerta y salió del vehículo, extendiendo su mano y ayudándolo a salir de este. Notando inmediatamente el clima frío del lugar, temblando ante ello. También viendo la cantidad de gente que estaba afuera y dándole la bienvenida a su Rey, con una reverencia de noventa grados.

El alfa rodeó su cintura y comenzó a caminar en dirección al interior del lugar. Jimin notó las miradas sorprendidas sobre ellos, pero recibiendo un saludo al fijar la mirada en ellos. Cuando entraron al lugar, lo que vio lo dejó sin aliento. El interior era hermoso, muy hermoso. Estaba intentando analizar el lugar cuando un grito agudo lo interrumpió. Volteando en dirección a él, notó a un chica venir rápidamente hacia ellos y se tiró sobre el alfa a su lado, rodeando su cuello con sus brazos. Su omega gruño ante aquello, también haciéndole poner inquieto, sobre todo cuando Yoongi correspondió ese abrazo.

— ¡¡Yoonie!! ¡¡Volviste!!

“¿Yoonie?”, pensó el omega.

— Yeji, cariño… Yo también te extrañe.

“¿Cariño?”, pensó nuevamente, sintiendo su corazón doler.

Viendo como rompían el abrazo, entrelazó sus propios dedos, sintiéndose fuera de lugar. Su mente ideando cosas ante aquella interacción.

— Cuando Daehyun me dijo que tardarías más en venir me puse triste. — habló aquella chica, que notó que era una joven omega. — Nunca te habías quedado por tanto tiempo allá.

— Lo sé, cariño. — escuchó responder al alfa, viendo como ahuecaba su rostro entre sus manos. — Sucedieron algunas cosas, pero ya estoy aquí.

La chica comenzó a reír, pero sus ojos se dirigieron a su persona, viéndola fruncir el ceño, señalando confusión. — ¿Quién eres tú?

— Yeji, no seas tan brusca. Este es Jimin… — habló el alfa, acercándose a Jimin y rodeando su cintura con su brazo. — Él es mi pareja, mi omega.

Jimin vió como aquella omega abría y cerraba su boca, buscando palabra ante aquella confesión, pero no obteniendo ninguna. El alfa no se da cuenta de ello, mirando con una sonrisa a Jimin. El omega se sentía un tanto incómodo. No sabía quién era esa chica y su reacción no ayudaba mucho.

— ¿Qué?

Aquella pregunta hizo que el alfa fijara su mirada en la omega, frunciendo el ceño. Jimin aprovecho eso y lentamente se deshizo del agarre del alfa. Abrazándose a sí mismo, sintiendo ahora la mirada del alfa sobre él.

— Lo que escuchaste Yeji. Él es mi pareja.

— Pero… ¿Cómo?

Jimin sentía ahora la mirada de la omega, pero no quería dirigir su mirada a ella. Solo pudo cerrar sus ojos y tratar de calmar las náuseas que sentía. Su mente no ayudaba mucho en este momento, lo único que podía pensar es que aquella omega sea algo de Yoongi.

Aquel pensamiento hizo gemir de dolor a su lobo.

No lo toleraría si eso fuera cierto, no podría. Pensaba que él era su pareja, ¿Acaso eso no fue lo que el alfa le dijo? ¿Acas-

— Hermanita…

“¿Hermanita?” pensó en omega, levantando su mirada.

Vió como el alfa miraba con el ceño fruncido a la omega frente a ellos, reflejando molestia. Pero, ¿Había escuchado bien?

— Será mejor que cuides lo que vas a decir.

— Hermanito… Lo siento, pero esto me sorprende. No sabía que ya tenías pareja, ¿Por qué no me dijiste? — vió como el rostro de la omega se contrae en tristeza.

— Lo conocí en este viaje, Yeji. Todo fue tan inesperado, pero tuve que quedarme unos días a arreglar unas cosas con él.

Jimin sentía su rostro caliente. Sin dudas su mente era una perra, una maldita perra. Hasta ese momento se dio cuenta de los rasgos muy parecidos que ambos compartían. Sintió como la vergüenza le recorría el cuerpo. Notó como ahora aquella omega se acercaba a él, fijando su mirada en él. Vio de reojo como Yoongi se ponía tras de él, poniendo sus manos en sus costados, ante cualquier cosa.

— Eres muy bonito. ¡Bienvenido a la familia! — expresó Yeji, alzando sus brazos y rodeando al omega con ellos.

Jimin se quedó congelado entre los brazos de la omega, pero lentamente subió las suyas hacia su espalda y de forma torpe, correspondió el abrazo. Juraba por un momento, que aquella chica lo odiaba.

— Yeji, para. — habló Yoongi, separando a su hermana de Jimin. — Lo aplastas.

— Eres un malhumorado, solo lo estaba abrazando. — expresó la chica, cruzando sus brazos. — Estoy realmente muy feliz de saber que encontraste a tu pareja, hermanito. Mamá y papá estarían muy orgullosos de tí.

Jimin notó como los ojos de Yeji se humedecían, pero en su rostro había una enorme sonrisa. Dirigió su mirada al alfa, viendo que se encontraba de la misma forma. Aquello hizo que su corazón se apretujaba, dándose cuenta del inmenso cariño que se tenían ambos.

— Gracias por la bienvenida, Yeji-ssi. Cuidare bien de tu hermano, puedes estar tranquila. — habló el omega por primera vez, sorprendiendo a la chica.

— Tranquilo Jimin-ssi. Si mi hermano te eligió es porque así será. — respondió con una sonrisa en su rostro. — Les deseo lo mejor y una buena relación para los dos. Eso sí, quiero cuatro sobrinos.

— ¡Yeji! — regañó a su hermana, sintiendo a su omega jadear ante el asombro y ver a la chica reír fuertemente.

*****

Durante algunas semanas, Jimin se quedó todo el tiempo en la Casa Real. En ningún momento salió al exterior, no porque no pudiera, sino porque nadie sabía sobre él. Yoongi tuvo que pasar muchos días sin poder acompañarlo, ya que tenía que ponerse en marcha con la situación de él y su padre. Según le había explicado, iba a poner una especie de justificativo ante el abandono de su tierra. Poniendo una cláusula muy importante en la que decía que él no podría abandonar el territorio de Daegu al ser la pareja del alfa. También, mandando a hacer una denuncia por maltrato y abuso por parte del Rey de Busan ante su hijo, pero aquello quedando como un documento en caso de emergencia.

Uno de esos días en los que se estaba tramitando todo estos papeles, descubrió que Jimin jamás fue presentado ante el pueblo de Busan como su soberano. Aquello hirviéndole la sangre y poniendo a su lobo furioso. Eso justificaba la razón por la que Jimin era obligado a quedarse en su casa y la falta de su aroma en el lugar. Todavía podía recordar el llanto doloroso de su parte, cuando le confesó aquello.

Por eso aquel documento de emergencia. En caso de que Park Jeongho decidiera amenazarlo y así poder tener a su hijo de regreso, él tendría aquel as bajo la manga. Ya que si aquel documento salía a la luz, toda la verdad de Jimin siendo el príncipe se sabría y sería todo un escándalo.

Jimin comenzó a salir y recorrer el pueblo, pero nadie sabía todavía sobre su estatus en el reino y su relación con Yoongi. Le gustaba recorrer los bosques, pero no yendo demasiado lejos para no preocupar a su alfa. Todavía no podía acostumbrarse al frío que había en el lugar, por lo que siempre salía bien abrigado.

Tiempo después, Jimin fue presentado oficialmente como la pareja del Rey de Daegu. Aquella noticia alegró demasiado a todo el pueblo, contentos porque su rey encontró a su pareja.

A partir de ahí se lo veía siempre acompañando al alfa, ganándose inmediatamente el corazón de la gente ante su humildad y empatía. Importándole poco ensuciarse sus manos o romper algún que otro protocolo, siempre y cuando pudiera ayudar a los demás. Yoongi enamorándose cada día más de él y haciéndoselo saber en todo momento, sea en público o en privado. Cuando estaban al ojo del público, el alfa siempre mantenía una mano en su cintura o tomaba su mano cuando caminaba. Siempre que el omega se separaba un momento, Yoongi siempre lo miraba atento por si necesitaba algo.

Aquello estrugía el corazón de la gente, amando aquellas interacciones entre los dos, sobre todo cuando el alfa se preocupaba por el omega.

Era un día en donde se celebraba una pequeña competencia de deportes. Era un día hermoso y toda la gente estaba en las calles. Yoongi y Jimin ese día tenían que asistir a ese evento. Cuando llegaron al lugar, les pidieron inaugurar realizando una pequeña demostración de atletismo, lo cual aceptaron sin dudar. Aunque sólo debían correr unos metros. Así que se colocaron en la meta y esperaron a la señal para comenzar a correr. Cuando escucharon la señal, comenzaron a correr, escuchando a la gente alentar por ellos. Todos sabían que el alfa podría ganar, siendo parte de su naturaleza la rapidez, pero no confiando mucho porque los omegas podrían ser muy ágiles. Estaban llegando a su meta, con el alfa a la delantera, cuando de un momento a otro, Jimin tropieza con una pequeña piedra, cayendo al suelo al instante. Ante el golpe, emitió un pequeño gritito que provocó que el alfa se detuviera y fijara su mirada en él. Viendo a su omega en el suelo, se acercó rápidamente y cerciorarse de que estuviera bien, haciendo caso omiso a que estuvieran en público, lo levantó en vilo y se dirigió hacia la enfermería. Su prioridad en ese momento era que Jimin no estuviera herido.

Este y otro tipo de situaciones más, hacían que toda la gente disfrutara de verlos.

Meses más tarde, finalmente se unieron de forma oficial, creando aquella marca que demostraba a la sociedad que estaban unidos, y unos días más tarde, anunciando que tendrían una boda. Siendo aquella celebración, el evento del año.

Para ellos no era nada más que papeles de formalidad, porque con solo tener la marca ya era suficiente.

La boda se realizó en otoño, recibiendo a muchos reinos como invitados y disfrutando a más no poder. Para ese momento, Jimin había asumido que no volvería a ver a su padre, sintiéndose suficiente con la compañía de su alfa y su cuñada. Cuando la boda terminó, se fueron de luna de miel al Reino de Osaka, llevándose una enorme sorpresa al descubrir que Yoongi sabía hablar en japonés. En aquel viaje se entregaron en cuerpo y alma, todo el tiempo, prefiriendo pasar tiempo en la cama que salir a pasear.

Tres meses después, se anunció la espera del primer heredero.

La pareja lo descubrió un día en el que Jimin se desmayó de la nada en un evento público. Aterrando enormemente a Yoongi y llevándolo apresuradamente hasta el hospital, descubriendo que la causa de aquel desmayo, era un pequeño feto de dos meses y haciendo llorar de emoción a la pareja.

Jimin comenzó a ser el centro de atención y enamoró al público al dejarse ver en los eventos con su hermosa pancita y a su rey cuidando siempre de él. Muriendo de ternura cuando Yoongi acariciaba aquella zona, pensando que no lo notarían.

Siete meses después, el pueblo le dio la bienvenida al nuevo heredero, esperando en la entrada del hospital maternal para omegas. Brindándole todo el cariño hacia la pareja y llevándose una sorpresa, cuando ambos salieron a presentar a su recién nacido, notando que era una niña.

Aquella pequeña bebé, ya se había ganado al pueblo y junto a sus padres, sería producto de las más hermosas interacciones. Siendo criada en un ambiente lleno de amor, enseñanzas y valores, que más tarde serían vistas en público.

Una noche, alimentando a su pequeña bebé, Jimin se puso a pensar. Tiempo atrás si alguien le decía que viviría todo esto, seguro se reiría en su cara. Jamás se habría imaginado que todo su sufrimiento acabaría y todo por conocerlo a él.

Volteó lentamente a escuchar la puerta abrirse, viendo a su alfa ingresar con cuidado a la habitación. Acercándose con cuidado y rodeando el cuerpo del omega, mirando a su hija dormitar en sus brazos.

Ambos agradeciendo a la Madre Luna, por haberlos hecho encontrarse y disfrutar de aquella noche que comenzaría todo.

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