Capítulo 1
—Creo que empeoré las cosas. — le dijo Michael nada más entrar al apartamento vacío. —No creo que tu plan esté saliendo tan bien. Vamos a evaluar la situación.
Grenor estaba mirando por el balcón con la vista perdida, el apartamento estaba ubicado en el último piso, desde donde podía ver casi la ciudad completa de Chicago. Siempre le habían gustado las alturas y el mar. Es por eso que cada vez que podía, se iba al puerto y dejaba que el salitre inundara sus fosas nasales. Estaba acostumbrado a viajar solo, a estar solo, por eso le incomodaba la presión que sentía en el pecho al estar alejado de Nala. Necesitaba imperativamente solucionar todo con ella, para volver a sentirse el mismo.
—¿A qué te refieres? —Grenor se giró hacia su amigo y cruzó los brazos sobre su pecho. —¿Qué le dijiste?
—¿Cómo sabes que fui a verla?
—Me preguntaste por su dirección, te dije dónde estaba. ¿No crees que se sumar dos más dos, Michael?
—No tienes que ser tan sangrón. Solo quiero sacarte de la pena en la que te encuentras.
—No estoy en pena. — farfulló él. — Estoy..
—Hecho una mierda. — completó Michael. —No te das cuenta de que ella te hace falta.
—No. No comiences con esa mierda.
—No está mal admitir que alguien te hace falta y que su ausencia te lastima. Eso no te hace menos hombre.
—¿Qué le dijiste? — él obvió las palabras de su amigo. No iba a darle la razón. No cuando lo único que había hecho era buscar la forma de hablar con ella y hacer que regresara a Grecia.
—Le dije la verdad. — Michael lo miró duramente. — Fuiste tu quien cometiste tus errores. Lo mejor es ser honesto. No puedes pasarte la vida mintiéndole, no cuando quieres tener una relación con esa mujer.
—No quiero una relación con ella. — mintió él.
—¿No? — Michael lo miró con ironía. — ¿Entonces qué diablos hacemos en Chicago? ¿Por qué me arrastraste hasta aquí y compraste un jodido apartamento?
—No me molestes.
—No, respóndeme, Greg. ¿Qué buscas en ella? ¿Qué es lo que quieres? — Michael lo enfrentó y Greg no supo qué responder, porque ni él mismo lo sabía.
—Dime de una jodida vez qué diablos le dijiste antes de que te golpee. —En cambio amenazó. —No me jodas con tu psicoanálisis, yo no necesito esto.
Michael sacó el celular y comenzó a teclear. Aquello le irritó.
A Michael parecía no importarle su situación. Su amigo se había anotado en la travesía para convencer a Nala de darle una oportunidad.
—Michael, comienza a hablar.
—Te estoy reservando una mesa para que la lleves a cenar esta noche. —Él cubrió el celular para que la persona que está detrás de la línea no lo escuchara. — Vístete elegante, deja el mal genio aquí y procura estar arrepentido cuando vayas a buscarla.
Grenor soltó una carcajada al escuchar el tan descabellado plan de su mejor amigo.
—No puedes estar hablando en serio.
Su amigo definitivamente acababa de perder la cabeza.
Se colocó la gabardina y llamó a su chofer para que estuviera listo para recogerlo.
—¿Qué estás haciendo? — preguntó Michael al verle acercarse al ascensor. —¿No has escuchado nada de lo que te he dicho?
—Me marcho. Tomaré mi avión y me largo de aquí.
—¿Así de rápido te rindes? — lo enfrentó él. —¿Así de cobarde eres? En el instante en que algo se te complica, te marchas o le gritas.
—No sabes lo que estás diciendo. — comenzaba a enfurecerse. Cuando él fue a Chicago el día anterior lo hizo pensando que podía cambiar algo en la mentalidad de Nala, que podía hacerle ver lo arrepentido que él estaba.
—Lo sé, lo entiendo. Sé que te sientes presionado, Greg. Pero esto es algo repetitivo. No puedes salir corriendo a la primera. ¿Crees que yo no he sentido miedo con Patricia?
—Ustedes tienen una relación magnífica. Así que no te compares con lo que me sucede a mí.
—No lo estoy haciendo, te quiero hacer entender que todos pasamos por dificultades cuando queremos que algo funcione.
Grenor pulsó el botón del ascensor y aguardó sin prestarle atención a Michael.
—Greg, ¿Vas a largarte?
—No me molestes. Tu fuiste quien terminaste de alejarla de mí.








