Prólogo

Ciudad de México, Febrero de 2023
La entrevista surgió a raíz de la publicación de Bajo la misma oscuridad, mi primera novela.
Poco después de que el libro saliera a la venta, recibí la invitación de un medio cultural. Querían hablar sobre la historia, los personajes y el proceso que había detrás de escribir una novela acerca de criaturas que se ocultaban entre nosotros.
Nada demasiado personal, según el mensaje.
Acepté.
Cuando llegué, encontré un ejemplar del libro sobre la mesa. Varias notas adhesivas sobresalían entre sus páginas. La entrevistadora tomó asiento frente a mí, hojeó el ejemplar durante unos segundos y después lo cerró.
—Tu novela cuenta la historia de alguien cuya vida cambia para siempre después de una sola noche —comentó—. Pero antes de hablar del libro, quiero preguntarte algo que no aparece en sus páginas.
—¿Qué cosa?
Colocó una grabadora en medio de la mesa.
—¿Cuál fue la historia que te cambió a ti?
No respondí de inmediato.
Miré la portada de Bajo la misma oscuridad y pensé que aquella pregunta no formaba parte de la entrevista que me habían prometido. También pensé que todavía podía levantarme y marcharme sin contar nada.
—¿Podemos grabar? —preguntó.
Debí haber dicho que no.
En lugar de hacerlo, asentí.
La luz roja de la grabadora se encendió.
Durante algunos segundos ninguno de los dos dijo nada. En aquella habitación apenas se escuchaban el zumbido de una lámpara y el ruido distante de los automóviles que circulaban por la avenida.
—Cuando quieras —dijo finalmente.
—Creí que tú harías las preguntas.
—Las haré. Pero tú decides hasta dónde quieres llegar.
Asentí, aunque no estaba seguro de cuál era ese límite. Había pasado demasiado tiempo tratando de guardar aquellos recuerdos como para creer que podría hablar de ellos sin sentir nada.
—¿Te incomoda la grabadora?
Miré la pequeña luz roja.
—Un poco.
—Puedo apagarla.
—No. Si la apagas ahora, probablemente no vuelva a intentarlo.
La entrevistadora acomodó unas hojas y tomó una pluma.
—Antes de continuar, necesito que digas tu nombre y tu edad para la grabación.
Respiré profundamente.
—Mi nombre es Santiago Navarro y tengo veintisiete años.
—¿Por qué aceptaste responder mi pregunta?
—Porque quizá ya era momento de contar una historia.
—¿La tuya?
Observé nuevamente la grabadora.
—Durante mucho tiempo creí que era nuestra.
La pluma dejó de moverse.
—¿De quién estás hablando?
—De la persona que alguna vez lo fue todo para mí.
—¿Cómo se llama?
Guardé silencio.
—Todavía no es momento de decirlo.
—¿Por qué?
—Porque esta historia no comienza con ella. Comienza conmigo, aunque tardé muchos años en comprenderlo.
La respuesta pareció despertar su curiosidad.
—¿Qué pensabas del amor antes de conocerla?
Sonreí ligeramente. La pregunta parecía sencilla, pero la respuesta pertenecía a una versión de mí que ya no existía.
—Siempre quise tener una relación como las de las películas o las series de televisión. Una de esas historias con altas y bajas, discusiones, reconciliaciones y momentos perfectos.
Quería enamorarme profundamente y encontrar a esa persona a la que todos llaman alma gemela.
—¿Creías que existían las almas gemelas?
—En aquel momento estaba completamente seguro.
—¿Y ahora?
Me acomodé en la silla.
—Ahora creo que algunas personas llegan a conocerte de una forma que nadie más consigue. No sé si eso las convierte en tu alma gemela, pero sí las vuelve imposibles de olvidar.
—¿Tú encontraste a la tuya?
No tuve que pensarlo.
—Sí, o eso creía.
—Entonces, ¿por qué hablas de ella como si se tratara de una tragedia?
Bajé la mirada hacia mis manos.
—Porque encontrar a alguien no significa que podrás permanecer a su lado para siempre. A veces ni siquiera el amor es suficiente para evitar que una historia termine.
—¿Todavía la amas?
Sabía que aquella pregunta llegaría. Aun así, escucharla en voz alta me tomó por sorpresa.
—No sé en qué tiempo debería responder eso.
—¿Presente o pasado?
—Exactamente.
—Eso suena como un sí.
—Significa que algunas personas dejan de estar en tu vida mucho antes de dejar de formar parte de ti.
La habitación volvió a quedarse en silencio.
—Si pudieras regresar al pasado, ¿cambiarías algo?
Me incliné ligeramente hacia atrás.
—Durante mucho tiempo pensé que sí. Imaginaba todas las decisiones que habría podido tomar de otra manera, las palabras que habría callado y las cosas que nunca debí hacer.
—¿Y ahora?
—Ahora sé que, si cambiara una sola cosa, quizá nunca la habría conocido.
—¿Valió la pena, a pesar de cómo terminó?
Solté una risa breve, sin humor.
—Esa es la pregunta que todavía no puedo responder.
La entrevistadora hizo una anotación antes de continuar.
—Entonces, ¿por qué decidiste contar esta historia?
Miré hacia la ventana. Afuera, la ciudad continuaba moviéndose con absoluta normalidad. Siempre me había parecido extraño que el mundo pudiera seguir avanzando mientras la vida de alguien se detenía.
—Porque durante mucho tiempo creí que guardar silencio me ayudaría a olvidarla. No fue así. Los recuerdos no desaparecieron; solamente comenzaron a pesar más.
—¿Estás intentando olvidarla?
—No. Estoy intentando recordarla sin que hacerlo me destruya.
—¿Entonces qué buscas al contar todo esto?
—Quiero conservar la memoria de lo que vivimos. También quiero entender por qué, después de todo, todavía creo en las segundas oportunidades y por qué, al mismo tiempo, sé que tengo que dejarla ir.
—¿Quieres una segunda oportunidad con ella?
Tardé unos segundos en responder.
—Quizá las segundas oportunidades no siempre consisten en regresar con una persona. A veces consisten en recuperar a quien eras antes de perderte a ti mismo.
—¿Te arrepientes de haberla conocido?
—Nunca.
—¿Y de lo que ocurrió?
Sentí que la garganta se me cerraba.
—Agradezco las experiencias buenas y también las malas. Todas ellas me convirtieron en quien soy. Pero hay algo que todavía no consigo aceptar.
—¿La manera en que terminó?
Asentí lentamente.
—La manera en que todo terminó.
La pluma dejó de moverse otra vez.
—¿Qué ocurrió en diciembre de 2020?
Mis dedos se cerraron alrededor del borde de la silla.
Durante poco más de dos años había ensayado distintas respuestas para esa pregunta. Ninguna me parecía correcta. Algunas sonaban como excusas; otras, como mentiras que yo mismo quería creer.
—Eso fue lo que me trajo hasta aquí.
—No es una respuesta.
—Es la única que puedo darte por ahora.
—¿Ahí comenzó todo?
—No.
—¿Ahí terminó?
Miré la luz de la grabadora. Seguía encendida, registrando cada respiración, cada pausa y cada palabra que ya no podría retirar.
—Digamos que fue el momento en que comprendí que algunas historias pueden terminar sin saber que se terminó mucho antes.
—Entonces tendremos que regresar más atrás.
—Mucho más.
—¿Hasta cuándo?
No necesité buscar la fecha. Había permanecido en mi memoria durante todos esos años.




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