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Turno de Trauma | KOOKMIN

Sinopsis

Park JiMin encargado del área de trauma del hospital universitario Hankuk de Seúl, está superado. Los pacientes son muchos y la ayuda es poca, el descanso es nulo y su alimentación precaria. Quiere con todas sus fuerzas convertir aquella área en la mejor pero pareciera que el hospital solo se empeña en eliminarla. La integración de Jeon JungKook, un nuevo especialista, pondrá el área en la que trabaja de cabeza, con su actitud de doctor impenetrable y excepcional. Jungkook es un ex doctor militar, acostumbrado a las inclemencias de un campo minado y completamente seguro de sus capacidades. Y la mezcla perfecta entre seriedad y provocación. ¿Será Jungkook la mejoría del área de trauma o será lo que Jimin estaba esperando, pero no lo sabía? ♡Inspirada en drama médico.

Genero:
Drama
Autor/a:
P_soft
Estado:
hace un día
Capítulos:
34
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

01

La ambulancia salía presurosa de aquel parque, la sirena ahuyentaba a las aves de cada árbol, haciéndolas volar despavoridas por el cielo azul, botando las hojas de los árboles en floración. La causa de la presencia del carro de rescate era por una razón, un herido.

Un senderista había caído por una pendiente, inconsciente, permanecía sobre la camilla de la ambulancia, con los paramédicos de emergencia a su alrededor quienes revisaban sus signos vitales y hacían las primeras contenciones.

—¿Revisaron el reflejo pupilar? —preguntó un hombre rubio mientras tomaba una pequeña linterna entre sus dedos y realizaba el examen de reflejo pupilar al paciente.

El hombre, de aspecto serio solo demostraba completa concentración.

—Si doctor, lo revisamos cuando lo encontramos —respondió el paramédico, un hombre con uniforme azul y camiseta de un tono naranja fluorescente con el número de emergencias estampado en la espalda.

El paramédico miraba al rubio con preocupación.

El accidente había sido crítico, con un rescate demasiado tardío, que ponía en estado crítico la estabilidad del paciente.

El paciente, un joven en sus veinte había caído y golpeado su cabeza, estaba manchado de sangre que, aunque no era mucha cubría casi por completo el lado izquierdo de su rostro. Y la pupila de su ojo izquierdo, lado donde había sufrido el golpe, estaba completamente dilatada.

El residente a un lado del doctor y parte del pequeño grupo de rescate revisaba el cuerpo del paciente con rapidez, sus manos temblorosas al ser una experiencia fuera del hospital no terminaban de sucumbir a su nerviosismo. Ese nerviosismo nato que no so iba, aunque no fuese la primera vez en terreno. Terminó de hacer su recorrido, un gesto de alivio surcó su rostro al hacerlo.

—Se encuentra sin otras lesiones doctor —habló seguro, con la respiración un tanto agitada.

El paramédico a los pies del paciente observaba todo con el ceño fruncido, ceño que se ocultaba un tanto bajo su gorra pero que aun así fue notado por el doctor.

—Comencemos, debemos afeitar su cabeza —ordenó el doctor mientras revisaba las pupilas del herido, aun buscando algún reflejo, un atisbo de esperanza que parecía no querer salir a flote.

Necesitaban afeitar la cabeza para una mayor observación de lo que el paciente tenía, una evaluación que se requería aun cuando estaban en una ambulancia en movimiento. Después de todo cada minuto contaba.

—Sin reflejo en el ojo derecho —el ceño del doctor se frunció llamando la atención del paramédico.

—¿Es grave? —quiso saber este, su vista oscilaba entre el doctor y el paciente.

El residente que ahora se encontraba cortando los mechones de pelo que estorbaban la visión de la lesión desvió su vista por un segundo hacia su superior.

El rubio dejó salir un suspiro sopesando todas las posibilidades antes de hablar, pero no era claro, no aún.

—Una cosa es clara, si hay daño cerebral no podemos hacer nada —habló con la vista puesta en el paciente, era muy joven y eso le aterraba un poco—, Pero si es un efecto temporal de una hemorragia, si tenemos opción.

El residente suspiró nervioso. Kwon Soon Young, era su nombre, tenía el pelo castaño y era dueño de una mirada felina por la cual se había ganado el apodo de Hoshi en la universidad y por su personalidad. Era residente hacia más de un año, tenaz y aunque muy carismático también mantenía aquel nerviosismo tan característico, algo que lo hacía único. Aunque también tenía otras cualidades, era muy inteligente y hábil. Y eso al doctor a cargo de él le gustaba.

—Nos tardamos demasiado doctor Park —afirmó de pronto Hoshi en un suspiro nervioso.

—Tu solo aféitalo y desinfecta rápido, tenemos que hacer una incisión —contestó el rubio pendiente de la situación mientras hacía una evaluación mental en su cabeza, no podía fallar.

Al escuchar sus palabras el paramédico se alarmó.

—¿Incisión? ¿E-en movimiento?

—Si —contestó el doctor, simple, sus palabras eran un hecho que no aceptaba cuestionamientos.

Además, no era primera vez que lo hacía y en situaciones críticas y de emergencia, como lo era ahora, era necesario realizarla. El procedimiento que llevaba por nombre descompresión craneal tenía el propósito de aliviar la presión intracraneal, presión a causa de traumatismos considerables.

—Debemos abrirlo ahora —dijo el doctor sin flaquear.

La sirena sonaba estridente, haciendo eco en el lado rural de la ciudad alertando su paso en una carretera casi vacía, en cambio en su interior la situación era diferente. El ruido de la sirena era un ruido de fondo opacado por la tensión creciente en cada corazón dentro de la ambulancia, incluso, el latido del corazón del paciente inconsciente sonaba más que la sirena.

Pero el silencio que siguió al procedimiento reveló lo evidente, el resultado de una atención tardía. La presión Inter craneal estaba muy alta, la descompresión había fallado.

Y eso solo agravaba las cosas, el doctor, inquieto solo podía ver la nula presencia de la hemorragia, una hemorragia atrapada que comenzaba a desesperarlo.

Y es que, si solo hubiesen llegado más rápido, si el hospital solo los apoyara y no les hubiese hecho aquello de suspender algo tan importante como el helicóptero médico, esto no estaría pasando. Pero al hospital solo le importaban los números, las malditas cifras que según el director en jefe no hacían más que subir por culpa de su área médica.

Al final del día se preguntaba ¿Para qué lo habían colocado en ese lugar? ¿Por qué en lugar de darle una esperanza a aquella área médica solo hacían tambalear sus pilares y la hundían aún más?

Y lo más importante ¿Acaso no era su deber velar por el bienestar de los pacientes?

Al parecer les gustaba recibir financiamiento del gobierno para llenarse más los bolsillos de dinero.

El doctor Park permanecía sentado a la cabecera del paciente, de piernas abiertas y con los brazos apoyados en estas casi colgando. Lucía derrotado.

Sus manos enfundadas en guantes estaban ensangrentadas por el intento de punción craneal, se notaba el esfuerzo. Los demás lo notaban y lo admiraban. La máquina conectada al paciente sonaba constante mientras él respiraba entubado.

Apretó sus manos haciéndolas puños, sentía demasiada impotencia.

—Es grave —declaró.

El paramédico a un costado no comprendía. Lo que veía iba más allá de su conocimiento, las dudas le carcomían y lo hizo saber recibiendo la respuesta por parte del residente.

—Si fuese una hemorragia podríamos controlarla, pero con el cerebro inflamado así...—Hoshi titubeaba, trataba de encontrar una respuesta en su memoria, en libros leídos una y otra vez, pero no la hallaba y le era frustrante.

—Dale esteroides, vamos a hacer otro agujero —ordenó Park notando la mirada incrédula de Hoshi.

—¿Qué? ¿Otro agujero? —espetó el menor—, N-no podemos arriesgarnos, además de qué nos sirve...—le miraba afligido, lo vivido las últimas semanas los estaba superando y al parecer él era el más afectado, se sentía presionado y desalentado a la misma vez.

El doctor Park solo le miró apurándolo con la mirada, no se iba a rendir, debía intentarlo. No podía permitir rendirse cuando todos lo estaban haciendo.

—Nos amonestan con el presupuesto, que no debemos gastar. Nos quitan el helicóptero, que si de haberlo podido usar no habría pasado esto —el menor comenzaba a alzar la voz irritado con la situación.

—¡Yah, cállate! ¿No ves que el paciente se muere? Deja lo del helicóptero. Tonterías, eso ya no importa —gritó Park superado, sentía sus oídos ensordecer por haber alzado la voz.

Amaba a ese residente, pero a veces lo sacaba de quicio muy fácilmente.

—Cállate y sostenlo. Hare otro agujero —dijo, una vez más sin flaquear.

La decisión estaba tomada. Y no daría marcha atrás.

Para cuando llegaron tenían todo preparado, parte del equipo médico de trauma los esperaba fuera del hospital, la ambulancia frenó, las balizas encendidas y el sonar de la sirena hacían notar que una emergencia estaba en curso.

Los oídos del rubio zumbaban. Un pitido molesto lo hacía ladear la cabeza de vez en cuando.

—¡Doctor! El neurocirujano está esperándolo —gritó una enfermera mientras entraban al hospital con el paciente.

En la sala de TAC el ambiente era tenso. El pronóstico era desalentador. El rubio se sentía inútil.

El monitor mostraba las imágenes cerebrales del joven paciente y él sabía lo que significaban.

—La actividad cerebral ha disminuido mucho. La sensorial está bien, pero... —el neurocirujano vacilaba.

—El problema es la actividad motora —completo el rubio sin apartar los ojos del paciente en aquella máquina. Su semblante decaído era visible para el neurocirujano a su lado quien le apretó el hombro en consuelo.

—Sí y si despierta, necesitará cuidado de por vida.

El silencio se apoderó de la pequeña habitación. Hoshi agachaba la cabeza derrotado al igual que el rubio. No había mucha esperanza, solo podían prever lo peor.

—Gracias por su ayuda —agradeció al equipo, un suspiro salió de sus labios mientras con una de sus manos agarraba su bata y le daba tirones. Un acto que realizaba al sentir nerviosismo.

La puerta fue abierta dejando entrar a la enfermera jefe, se veía preocupada por lo que debía informar.

—Doctor Park, ha llegado un familiar...—el nombrado agachó la mirada.

Si, se sentía avergonzado e inútil. Todo parecía en su contra.

Y lo peor estaba por venir. Debía de informar el estado del paciente a su familia.

Su pecho se apretaba de la desesperación, se recompuso como siempre, colocando su mejor cara. Con rostro medio relajado salió de la habitación, seguido de Hoshi quien mantenía un semblante serio.

En la sala de esperas de emergencias una mujer mayor yacía sentada en las butacas, su pierna se movía inquieta, estaba nerviosa. Al verlos acercarse se levantó rápido botando su bolso en el proceso, aunque eso no le importo, quería saber sobre su hijo.

-Buenas tardes, soy el doctor Park Jimin, encargado de la unidad de trauma -se presentó respetuoso y con una reverencia.

Hoshi permanecía a su lado con ambas manos frente a él de forma respetuosa.

—Doctor, mi hijo... —la mujer hablaba nerviosa, sus lágrimas acumuladas en los ojos reflejaban su angustia, sabía que algo estaba mal.

—Intentamos todo lo que pudimos, el golpe fue muy fuerte y su cerebro se inflamó demasiado...—hizo una pausa preparándose para la peor parte—, el paciente, está en estado vegetativo.

La mujer colocó ambas manos sobre su boca tratando de contener un jadeó inútilmente, sus lágrimas comenzaron a caer silenciosas sobre sus mejillas, estaba en shock. El ambiente estaba cargado de preocupación, las máquinas de la sala de emergencias sonaban distantes mientras las enfermeras caminaban de un lado a otro en sus quehaceres diarios.

—¿No pueden hacer nada? —preguntó la mujer con un dije de esperanza el cual desapareció por completo al escuchar las siguientes palabras del doctor. Era una batalla perdida, tanto como para la madre como para los médicos quienes la miraban con el rostro compungido.

—Lo sentimos.

Lo siguiente que se escucho fue un grito desgarrador de la mujer mientras esta en su dolor se dejaba caer de rodillas al suelo.

¿Lo hubiéramos salvado con el helicóptero? Pensó Hoshi.

El Dr. Park está devastado. Le hizo traqueotomía y le abrió el cráneo, todo en movimiento. Hizo todo lo que pudo. Eso era lo que pasaba por la mente de Hoshi mientras miraba la espalda de su mayor caminar frente a él. Sus hombros caían derrotados reflejando emociones que trataba inútilmente de ocultar.

En el refugio de su oficina Jimin miraba un punto fijo en su escritorio. Su mente volaba.

Menos pacientes significaban menos gastos, menos gastos menos déficit.

Jimin golpeo la mesa de su oficina con rabia, estaba harto.

Y una vez más se preguntó ¿Para qué lo habían colocado ahí? Solo estaban destruyendo el camino que con tanto esfuerzo se había construido.

Veía una puerta sin salida, para él era una ruina inminente.

Se levantó resuelto saliendo de su oficina, la puerta se cerró tras él de un portazo.

Sus pasos eran rápidos, aún por sus cortas piernas caminaba a todo lo que podía, su ceño fruncido lograba que los demás funcionarios del hospital le miraran confundidos. Era extraño ver al Dr. Park enojado. Era el mejor y el más estricto en su área, sí, pero también era uno de los doctores con la mirada más dulce del hospital.

Como alma que lleva el diablo llegó a la oficina del jefe Han, el director en jefe del hospital, un viejo en sus cincuenta y tantos años conocido como el lame botas del director general, aunque hacia todo lo contrario que le mandaba, irónico. Su cabello negro teñido tenía la raíz demasiado a la vista, sus dientes amarillos de tanto café le disgustaban. Era asqueroso y más aún cuando se le insinuaba. Le daba nauseas.

Abrió la puerta de cristal sin detenerse a reparar en nada, sus ojos viajaron directo a la persona que buscaba.

El doctor Han le miraba sorprendido, pero con un leve enfado representado en su ceño fruncido mientras mantenía una taza de café en sus arrugadas y feas manos.

—¿Qué cree que está haciendo doctor Park? —le preguntó aun en su asiento, la mirada ahora le titubeo, era nerviosa, porque Han conocía esa mirada en el doctor Park.

—Yo debería preguntarle eso a usted —Jimin camino a paso firme y sin contenerse comenzó a hablar—, ¿Qué diablos cree que hace?

La oficina estaba en silencio, el campo de visión del rubio se limitaba solo a una persona, el doctor Han. La rabia e impotencia estaban tomando completo control de sus actos y aunque le apenaba perder la compostura, le apenaba más en lo que el área médica se estaba convirtiendo a esas alturas.

El mayor se removió nervioso dejando salir un “No entiendo de lo que me habla” de su boca, la tasa en su mano temblaba.

—El área de trauma, los insumos y ahora el puto helicóptero —Jimin mantenía el ceño fruncido. Comenzaba a sentir dolor de cabeza, hacían días que no podía dormir bien ya que era el único encargado del área de trauma, el alimento apenas tocaba su estómago y la constante preocupación de su área era algo que lo mantenía completamente ocupado.

-Un paciente casi murió por no llegar a tiempo, todo se retrasó —continuó, su tono elevándose cada vez más, sus ojos llenos de rabia se llenaban de lágrimas de frustración— ¡Si hubiésemos tenido acceso al helicóptero habríamos podido darle alguna esperanza, pero ahora solo es un vegetal en la camilla del hospital!

Cuando terminó el pecho le subía y bajaba por el esfuerzo. Se sentía mareado.

Han solo lo miraba con el rostro como papel, blanco.

—¿Helicóptero? ¿Suspendieron el helicóptero? —preguntó alguien. Y ahí estaba, una mirada de terror en el señor Han quien se había hecho pequeño en su asiento y miraba a sus espaldas. Ya no era el altivo viejo Han, ahora parecía un perro regañado.

Jimin se calló congelándose en su lugar. Aquellas preguntas habían venido de su espalda, por eso se giró, lento, ahí fue cuando notó al director general del hospital.

Gong Ji-cheol, sentado con una postura impoluta en un traje negro le miraba confuso, a su lado un hombre más joven, quizás de su misma edad, estaba serio pero curioso, su mirada estaba puesta en él y la comisura derecha de su labio se levantaba levemente como si la situación le gustara y se divirtiera con ella.

De pronto Jimin se sintió avergonzado, su postura cambió nerviosamente.

El director no dijo nada, solo oscilaba su vista entre Jimin y el jefe Han quien no sabía dónde meterse.

—Señor director... —Jimin hizo una reverencia mientras colocaba sus manos frente al él y las estrujaba nerviosamente.

—Doctor Park retírese —ordenó Gong Ji-cheol sin mirarle, su atención estaba completamente puesta en Han.

JiMin salió de la oficina haciendo una reverencia en completo silencio. La ira se había desvanecido por completo. Había explotado frente al director general y frente a un extraño que podía ser quien sabe que persona. Se sentía morir.

Pero el daño ya estaba hecho y en esos momentos solo una cosa pasaba por su cabeza y era que podrían cambiarlo de área o en el peor de los casos despedirlo.

Estaba jodido.

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