Prólogo
Aquella noche todo se sintió raro, mi hermano Richard había terminado de besar a su flamante esposa Blaire delante de nuestros ojos. Ella tiene un aspecto bastante extraño, una piel sumamente pálida y una mirada que provoca escalofríos, todo eso mientras lucía un elegante vestido blanco estilo sirena con brillos en el encajé.
Ni siquiera los ángeles ni las cruces retratados en los ventanales de la parroquia parecían detener su extraño aura. El lugar era hermoso, los detalles de las estructuras de estilo neoclásico gótico lo hacían verse encantador, como si fuese un antiguo palacio victoriano.
Los monaguillos que participaban de la orquesta parroquial estaban nerviosos y alterados estando cerca del altar nupcial donde mi hermano y su esposa se encontraban. Algunos tenían expresiones de repulsión y asco al verlos besarse delante de ellos. Y en verdad no los culpo, también sentí el mismo rechazo al verlos juntos.
Desde el primer día que ella apareció, cuando mi hermano decidió presentarla delante de todos nosotros en el día de mi cumpleaños, hacía un par de meses atrás, siempre me había dado mala impresión. Inclusive el mismo sacerdote, a quien contrataron para que llevará a cabo la ceremonia, se sintió incómodo ante su cercanía. Aunque tuviera que pretender que nada malo estaba sucediendo.
Y como si fuera poco, su familia también es bastante extraña. Especialmente su hermano menor, que jamás me había sacado la mirada de encima desde que nos conocimos. Y aún así lo sigue haciendo. Volteé la mirada, pude notar que me sonreía y me saludaba con la mano.
Decidí ignorarlo y apoyar mi cabeza sobre el hombro de mi madre. Que a pesar de tener un aspecto similar a aquella familia, al menos es mucho más amorosa y cálida.
Varios de los invitados comenzaron a aplaudir, tirando granos de arroz y pétalos de rosas apenas los recién casados salían caminando por la alfombra roja del altar hacia la salida, sosteniéndose de la mano.
Mis hermanas están sentadas al lado cerca de donde yo estoy sentada. Noelia se encontraba junto a su esposo, sosteniendo a su pequeña hija en brazos. Caroline, mientras tanto, tan solo contemplaba el evento de mala gana. Su expresión indicaba que no le agradaba para nada esa mujer, como si sospechara de algo.
Llevaba un vestido verde puesto, adornando mi corto cabello con una diadema y unos pendientes brillantes que colgaban de mis orejas. Y por lo visto, mi flamante cuñada también había puesto varios adornos de ese mismo color ¿Casualidad o es una manera de querer provocárme?
El color verde ha sido mi color favorito desde toda mi vida, en una ocasión he escuchado a Blaire decir que no le gustaba, que era aburrido ¿Y ahora se atreve a decorar varios de los adornos y detalles de su boda con el color que decía detesta? ¡Muy raro! ¿Tan repentinamente cambió de opinión? ¿O habrá sido idea de su primo Adrien para llamar mi atención? Siendo honesta no puedo responder a eso.
Mi madre me miró por unos momentos y me acarició el cabello, como si intentara transmitirle calma. Pero ni siquiera es que me sentía nerviosa, sino que estaba molesta y a la vez tenía por la seguridad de mi hermano, pese a que no lo había visto muy seguido en toda mi vida y que nuestra relación sea distante.
Mi padre, por su parte, continuaba con leves temblores en sus piernas. Desde que le diagnosticaron esa maldita enfermedad, todo se desmoronó en nuestra familia. Él siempre trata de mostrar una actitud positiva y de comportarse como el hombre que siempre fue toda su vida. Pero sabía que muy en el fondo estaba sufriendo. Y lo que es peor, es que no hay cura alguna. Especialmente porque ya tiene setenta y siete años, los médicos dijeron que era bastante común que las personas de su edad tienden a manifestar este tipo de patología.
Me rompe el corazón, porque quisiera intentar aliviar su dolor, y si fuera posible (que lamentablemente no lo es) eliminar ese mal. Tan solo nos queda acompañarlo en lo más que pueda. Por eso él mismo tomó la decisión de volver a su antiguo hogar en Alaska, luego de que la boda entre Richard y Blaire concluya. Allí ha vivido toda su vida, pero desde la muerte de su esposa anterior, no le quedó más remedio que vivir en California, dónde conoció a mi madre y donde yo nací aquel noviembre.
Él me miró y me sonrió, poniendo su mano en la mía. Le devolví la mirada cargada de pena, pero mi padre intentaba transmitirme tranquilidad. Me dijo que todo estaba bien y que no me preocupara por él. Sabía que mi padre detestaba que yo estuviera triste, pero no podía evitarlo. No después de habernos enterado de semejante diagnóstico.
Y mientras nos mirábamos el uno al otro, el sonido de las campañas de la iglesia retumbaba por todo el espacio. Muchos de los presentes se incorporaron de los asientos de madera y se marcharon hacia la salida, dirigiéndose al salón de baile que estaba enfrente. Aún nos quedaba celebrar la fiesta de la post boda. Otros se habían quedado a orar en las capillas más próximas, donde yacían las estatuas de Jesús y de la virgen puestos en una vitrina.
Me levanté de allí y caminé lentamente hacia la puerta, acompañada de mis padres. Él caminaba tambaleante, ayudado por un pequeño bastón de madera que su médico le había recomendado usar.
Mi madre tuvo que ayudarlo a cruzar la calle sosteniéndolo del brazo. Una vez que toda la gente salió afuera, el párroco cerró las puertas de la iglesia por detrás. Pude ver qué suspiró aliviado ahora que la boda había finalizado. Lo que significa que ya no tendría que estar tolerando la incómoda cercanía de Blaire y de su familia.
El frío era muy intenso, la nieve estaba esparcida por cada uno de los rincones de las veredas. Mi madre me pasó un abrigo grueso junto con un gorro que ya tenía a mano, me los coloqué inmediatamente apenas puse un pie fuera de la parroquia.
Justo en ese momento en que llegamos a la entrada del salón de bailes, el descarado de Adrien me dedicó una sonrisa, como si hubiera ganado un premio por algo. Mi madre me dió un leve empujón para que me pusiera detrás de ella. Sabía que tampoco confiaba en él, porque cada vez que ese chico intentaba acercarse, se interponía entre nosotros.
Él y su padre, el señor McQueen entraron antes que nosotros. Los dos tenían un aspecto bastante espeluznante como para pretender ser hombres normales. No es por juzgar su apariencia, porque después de todo: tanto mi madre cómo mis hermanas mayores también tienen ese mismo aspecto. El problema es la extraña actitud que tienen ellos, Adrien siempre me ha estado acechando como si yo fuese un premio el que debía ganar a toda costa. Pero yo no jamás querría estar con alguien como él, mucho menos ahora que nos acabamos de convertir en parientes políticos.
Una vez dentro del salón, mis padres y yo nos sentamos en una de las mesas del costado. Todas tenían forma redonda, adornadas con impecables manteles blancos y varios platos con sus respectivos cubiertos. Los meseros del lugar iban y repartían varios platillos de comida y bebida por el lugar. Apenas tenía apetito, luego del mal momento que tuve durante toda la celebración de la boda.
—¿Estás bien, hija? — me preguntó mi madre.
—Si, mamá — asentí — Tan solo me gustaría ir al baño a peinarme y retocar mi maquillaje.
—De acuerdo — me respondió ella — Pero no te alejes demasiado.
—Está bien — le respondí.
Me incorporé y caminé lo más precavidamente posible, algunas de las personas se encontraban bailando cerca de la montaña de copas de champagne que estaban puestas sobre una de las grandes mesas. Intenté apresurarme antes de que el baile del vals comenzará.
Al llegar, me tope con Blaire junto a otra mujer en el baño, igual que perturbadora que ella, ambas me sonrieron mostrando sus dentaduras amarillentas. ¿Desde cuándo no se han lavado los dientes? Esa era una pregunta que no podía responder, pareciera que llevarán años luciendo sus bocas así.
—Hola Luna — me saludó Blaire, fingiendo simpatía — ¿La estás pasando bien?
—Supongo — le respondí de modo cortante.
La otra mujer se acercó hacia mí, estudiándome de reojo, como si yo fuese alguna especie de reliquia o tesoro oculto.
—Luna… — me llamó Blaire — Ella es mi hermana, Lara. Desde hace tiempo también quería conocerte.
—De acuerdo — respondí en seco — Encantada supongo.
—No seas tímida, cariño — me dijo Lara — Somos familia ahora. No debes asustarte de nosotros.
—Si, claro – respondí a regañadientes. No tenía ganas de hablar con ellas.
Y justo en ese momento que saco mi labial para retocarme en el espejo y que él ambiente había quedado en silencio. Estás dos mujeres empiezan a tirar comentarios que me resultaron bastante incómodos. Primero fingían alabar mi aspecto, diciéndome que parecía sacada de un cuento, pero lo otro que dijeron me perturbó aún más.
—Oye Luna — murmuró Lana — ¿Qué es lo que pasá entre tú y mi hermano Adrien? ¿Por qué siempre lo evitas?.
En un principio no quería responderle, pero a decir verdad no pude evitar soltar las verdades.
—Porque es un asqueroso acosador — le dije finalmente — Y no lo quiero cerca de mí.
—Oh, Luna — dijo Blaire, fingiendo lástima — Qué pena que pienses así. Pero no seas dura con él. No es un mal chico, sé que en el fondo él te quiere.
Solté una risa sarcástica al escucharla. ¿Qué Adrien en el fondo me quiere? ¡Si claro! ¿Desde cuándo acosar a alguien que apenas se conoce es denominado como “amor”?
—De verdad lo decimos, Luna — agregó Lara — Adrien cree que eres especial, y por eso quiere salir contigo.
—No, gracias — respondí — A mi no me gustan los tipos como él.
—¡Vamos, Luna! – continuó Blaire, mientras se retocaba las sombras de sus ojos — Dale una oportunidad. Quizás tú y mi hermano sean el uno para el otro.
—¡Por favor! — dije, entre risas. Ya estaban comenzando a irritarme.
—Está bien — dijo Lara, finalmente — Como quieras. Pero créeme: no lo vas a poder evitar por siempre ahora que somos familia.
Finalmente se retiraron, dejándome sola allí dentro. Suspiré aliviada, ya era hora de que se fueran. Pero a decir verdad, no entiendo como pueden avalar tanto el acoso y pretender que eso es amor. Hubo chicos que me han gustado en la escuela en el pasado, y no por eso los seguía para todos lados. Ni mucho menos era insistente. Puede ser que yo no sea hombre ni sepa cómo se manejan los chicos cuando gustan de una persona, pero sé que lo que hace Adrien no es nada normal. Poco más y lo tengo pegado a mi espalda, con tal de no apartarse de mí.
Una vez que terminé, salí del baño. Solamente algunas pocas luces de colores azul y púrpura iluminaban el espacio, resaltando el mármol blanco de los pisos, todo el mundo se encontraba bailando el vals con sus respectivas parejas. La música del lago de los cisnes sonaba a todo volumen a través de los grandes parlantes que colgaban de las columnas del escenario del salón. Intenté caminar pegada a las paredes para pasar desapercibida, pero justo en ese momento fui interceptada por Adrien. No sé cómo es que me vió, pero de alguna manera supo que estaba allí.
—Hola mi princesa encantada — me saludó, con una sonrisa seductora que incomodaba.
—Hola.. — le devolví el saludo en seco, mientras intentaba esquivarlo.
—¿Cuál es la prisa? — me preguntó — ¿Estás asustada?
—Digamos que quiero ir a otra parte — le dije, mientras volvía a intentar evitarlo.
—¿Qué tal si bailamos este vals juntos? — me dijo, extendiéndome la mano.
—No, gracias — le dije — Quiero irme.
—¡No seas descortés! — me dijo, como si me regañara — Sería una falta de respeto que no te unas al baile para celebrar la boda de tu hermano.
Mi hermano Richard se nos acercó al vernos discutir dejando a su esposa esperándolo cerca de nosotros. Intenté explicarle que Adrien estaba molestandome, pero él decidió creerle al maldito bastardo de su cuñado, que pretendía ser alguien que actuaba con amabilidad, en lugar de a mí, que soy su hermana.
—¡Ya te dije que él me molesta! — le reclamé — ¡No lo quiero cerca de mí!
—Eso no es verdad — respondió Adrien, pretendiendo inocencia — Tan solo quería tener un momento contigo.
—Luna — me dijo mi hermano, estrechando sus manos — Te pido por favor, que te comportes. Él solo quiere bailar contigo.
—Es cierto, Lunita – dijo Adrien, con una falsa sonrisa — Te dije que no debías irrespetar a tu hermano en su día especial junto a mi hermana.
Lo miré con una rabia contenida, su comportamiento hacía que lo odiara aún más. Lo peor de todo es que mi propio hermano lo defiende.
—Entiende, hermana — continuó Richard — Adrien solo quiere bailar contigo ¡Solo eso!.
—¡Me está molestando! — insistí.
—Pues si no quieres que te moleste baila con él — me respondió — Él no tiene malas intenciones contigo, hermana.
—¿Ah, no? — le dije con rabia — Lleva acosándome desde el día de mi cumpleaños ¡No lo quiero cerca de mí!.
Todos los presentes voltearon a mirarnos al escucharnos, preguntándose por qué había tanto escándalo en lo que se suponía que era una fiesta de unión marital. Blaire se acercó enseguida a nosotros al ver el escándalo que se había armado por la discusión.
—¿Qué está pasando? — preguntó, fingiendo no tener idea del asunto.
—No es nada, amor — le respondió Richard — Tu hermano solo quiere bailar con Luna. Pero hay ciertos inconvenientes.
—Me iré a la mierda — dije inmediatamente. Ya estaba cansada de tolerar todo este circo.
Cuando me di la vuelta para dirigirme a otro lugar, Adrien me sostuvo con fuerza de uno de mis brazos. El tacto de su piel era bastante frío, más de lo normal, como si un fantasma estuviera haciendo contacto conmigo. Le exigí que me soltará, pero él se negó.
—No te vayas, preciosa — me dijo — Aún no hemos bailado nuestro vals.
—¡Ya te dije que no quiero! — volví a insistir.
Busqué a mi madre por todos lados pero no estaba, había ido a llevar a mi padre a una de las recámaras, al parecer se había descompensado. Mire por otros costados y mis hermanas estaban cuidando a la pequeña Luana, junto con Mitchel, el esposo de Noelia.
—Luna… – me dijo Richard — Tan solo baila el vals con él y ya. No quiero más escándalos.
No tuve más remedio que aceptar, de nada servía que siguiera negándome. Me generó mucho asco ver la estúpida sonrisa triunfal de Adrien. No logró entender por qué no solamente se marcha y busca a alguien más como pareja. Además, por lo visto, parece ser un poco mayor que yo. Cálculo que debe tener cerca de unos diecinueve o veinte años. Aunque realmente no estoy segura de eso, pero es lo que su pálido rostro da a entender.
Nos dirigimos hacia la pista de baile, junto con las demás parejas, él sostuvo mi cintura y mi mano derecha. Luego giramos a paso lento hacia el costado, aún continuaba transmitiendo mi gesto de repulsión ante su cercanía.
—Te ves hermosa — me dijo.
Mire para el otro lado buscando a mis padres, pretendiendo que no los escuchaba. Él me acarició mi mejilla con suavidad, hasta llegar a besarme. Me aparté de golpe, detestaba que hiciera eso.
—No me toques — le dije.
—Tranquila — me respondió sonriente — Solo fue una pequeña muestra de cariño, Lunita.
Volví a ignorarlo y a mirar por otra dirección. Desde el otro costado, mi otro hermano, Gerard se encontraba con su esposa Débora y sus dos pequeñas hijas, enseñándoles algunos pasos de vals. Lastima que estaba atrapada en esta apestosa situación.
—Lindo corte – me dijo, en referencia a mi cabello.
Hace tan solo un par de días había retocado mi cabello, ya que estaba bastante desprolijo. Lo que me obligó a cortarlo aún más corto de como lo tenía antes. Lo máximo que llegué a tenerlo de largo fue hasta los hombros, jamás me gusto tenerlo tan largo, por eso siempre lo recordaba a cada tanto, es más cómodo para mí tenerlo así, además de sentirme segura y cómoda. Y este zoquete tiene el descaro de darme halagos por cada aspecto que yo tuviese, algo que me da asco escuchar.
—Oye, Luna — me dijo — No seas mala. Trato de ser amable.
Volví a ignorarlo, tenía la esperanza de que eso diera resultado y que finalmente se rindiera, así me dejaba en paz una buena vez por todas.
Luego de eso, tuvo el atrevimiento de besarme en los labios, intenté empujarlo pero era bastante fuerte. En ese momento, llegó mi madre y lo agarró por detrás de su camisa blanca.
—¡Deja en paz a mi hija! — le gritó.
—No se preocupe señora — respondió cínicamente — De hecho, su hija fue quien me besó a mí.
—¡Eres un maldito! — exclamé con furia.
—¿Lo disfrutaste, princesa? — me preguntó con cinismo — Yo sé que sí.
—¡Vete a la mierda! — le dije, aún asqueada por el beso que me dió.
Tenía ganas de darle una bofetada, pero por suerte mi madre lo sacó a tiempo, llevándolo hacia otra dirección, aún sosteniéndolo con fuerza. Estaba en estado de shock por lo ocurrido, algunas lágrimas salieron de mi rostro debido a la repulsión de su acto. Respire profundamente una y otra vez intentando calmarme, pero era sumamente difícil. Todos continuaban con el vals mientras yo sufría en medio de la festividad.
Caroline se acercó a mí para consolarme, luego de haber visto el incidente. Cerré mis ojos y la abracé inmediatamente. Apenas podía emitir una palabra debido al shock que sufría. A diferencia de la familia de Blaire, las pieles de mi madre y hermanas no eran tan frías. O al menos no las sentía de esa manera. Quizás sea porque ya estoy acostumbrada a su tacto y cercanía.
Al abrir de nuevo mis ojos, noté que las luces se habían encendido y todo el mundo se detuvo. La música ya había terminado, todos los presentes estaban expectantes a que iba a suceder ahora mismo.
Richard y Blaire salieron del escenario para dar algunos anuncios. Seguramente serán sobre el lugar a donde irían de luna de miel. O al menos eso era lo que yo creía.
—Quiero agradecerles a todos por venir está noche — prosiguió Richard, con su esposa abrazada a su lado.
No tengo idea del por qué, pero por alguna extraña razón Caroline se puso en alerta, tras verlos salir del escenario. Pese a que mi flamante cuñada destacaba mucho con su vestido, el rodete elaborado y las joyas que la adornaban, seguía transmitiendo una extraña vibra. Quizás sea eso que mi hermana esté percibiendo.
—Debemos decir que estamos muy felices de habernos unido eternamente para esta noche en un sagrado matrimonio — continuó mi hermano.
Me eché a reír por lo bajo, fue involuntario, lo admito. No pude evitar la risa al escucharlo.
—Por lo que… mi amada esposa y yo — prosiguió — Decidimos mudarnos a la ciudad de Skagway, en Alaska, agregó.
En ese momento me quedé sin aire, no podía creer lo que acababa de escuchar ¿Van a mudarse exactamente en la misma ciudad que mis padres y yo vamos a ir? ¡Increíble!.
—Mi familia ha vivido por largas generaciones en esa magnífica ciudad — agregó Blaire — Por lo que para mí es un orgullo continuar con nuestro legado.
¡Maravilloso! Justo cuando creía que no habría más coincidencias. ¿Ahora que sigue? ¿Que vayan a vivir a solo unos metros de nuestro nuevo hogar? ¡Dios mío!
—Y no solo eso… — continuó Richard — También pasaremos nuestra luna de miel en esa misma ciudad – hizo una pausa — Blaire y yo decidimos ir allí para poder recrear los viejos tiempos. Ya que, al igual que ella, gran parte de mi familia procede de allí.
Quedé sin palabras, ahora resulta que seremos vecinos cuando lleguemos allí. Eso significa que tendré que tolerarlos aún más seguido. Especialmente al insoportable de Adrien, que aún insiste en querer salir conmigo.
Levanté la vista y ví como me sonreía al pasar a unos metros cerca de mí, como si hubiera ganado la lotería. Ahora no sé cómo haré para tratar de evitarlos.
A su lado, estaba su padre, con su aspecto demacrado, luciendo un traje elegante. A decir verdad, él me da más escalofríos que su hijo. No sé porque siempre me mira con un gesto particular cada vez que me ve ¿Estará buscando algo? ¿O será que le recuerdo a alguna persona de su pasado? No lo sé, pero no tengo más opción que ser fuerte y no dejar que se sobrepasen conmigo.








