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LABERINTO DE SEDA

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Sinopsis

Un minotauro demasiado orgulloso para pedir ayuda. Un amo de BDSM decidido a romper todas sus defensas. La empresa de seguridad de Logan se hunde. Fundar una agencia compuesta por criaturas mitológicas parecía una idea revolucionaria, pero ahora está a un paso de la bancarrota. Su última oportunidad llega de la mano de la propuesta más inesperada: El laberinto de seda, un exclusivo club BDSM para seres mitológicos, necesita a alguien que supervise las escenas. Así que Logan, un minotauro, va a ser el guardián del «laberinto», ¿no? Parece una broma de mal gusto. Pero no tiene elección. Por mucho que le duela a su orgullo, tiene que hacerlo. Lo que no esperaba era cruzarse con Michel Westbarn. Traicionado en el pasado, Michel juró que jamás volvería a abrir las puertas de su sala del placer a un nuevo sumiso. Sin embargo, en cuanto sus ojos se posan en el imponente minotauro, esa decisión se evapora. Por su cabeza aparecen quince escenas distintas cruzan su mente en un segundo: quince formas de hacer que ese cuerpo colosal suplique y disfrute como jamás lo ha hecho. Y ¿por qué la magia de Michel es tan fuerte cuando está cerca de Logan? Curioso, muy curioso. Tropos y clichés: -Monster Romance -Dom/Sub -BDSM -Proximidad forzada -Opuestos que se atraen -Curación emocional

Genero:
Lgbtq
Autor/a:
Alba
Estado:
hace 7 horas
Capítulos:
7
Rating
5.0 (1 reseña)
Clasificación por edades:
18+

Corbatas

Insultante.

Esa es la primera palabra que surge en la mente de Logan cuando ve el cartel de neón iluminando la callejuela en tonos rosas y violetas. El laberinto de seda. Y en la fachada hay un ventanal de cristal oscurecido donde la silueta de su enorme figura se desdibuja justo debajo de las letras.

—El club se llama así desde hace años —le asegura su socio, Aiden, uno de los pocos humanos que se atreve a ponerse al lado de un minotauro sin cagarse encima—. No te creas tan importante.

Logan siente cómo la mandíbula se le cierra y cómo los músculos de la boca se le agarrotan por lo mucho que aprieta los dientes. Fuerza a sus puños a abrirse. A su postura, a relajarse. Y a su cerebro que deje de quejarse, Logan sabe perfectamente que esto es un guantazo a su orgullo.

—No me importa. —Gira un hombro y luego el otro, para luego ajustarse los puños de la camisa blanca. Los dedos apenas le tiemblan. Bien—. Solo es un trabajo.

Aiden emite un gruñido sin significado. No hace falta decir en voz alta lo que ambos piensan. Los dos saben que no es solo un trabajo, es su última oportunidad de mantener el negocio abierto. De hecho, están usando el muy generoso donativo del padre de Aiden para pagar a sus empleados y muy pronto se quedarán sin dinero. Y odia la idea de volver a mendigarle al señor Jenois.

Ya puede escuchar lo que le diría: «Esto es lo que dije que pasaría. ¿A quién se le iba a ocurrir abrir una empresa de seguridad compuesta únicamente por mythos?». Pues a ellos dos, por lo que parece. Por los doce pezones de la Diosa, por supuesto que los humanos no dejarían a un lado su racismo para colocar a un basilisco como jefe de seguridad de un banco, o a un centauro como guardaespaldas de famosos. La palabra «ingenuos» se queda muy corta para describirlos a ambos.

—Estaremos bien —susurra Aiden tan bajo que apenas consigue oírlo.

No, él estaría bien. Con el dinero de su padre, Aiden podría abrir una docena de negocios, llevarlos a la bancarrota y aun así sobrarle el dinero. Ventajas de ser un Jenois. Logan tendría suerte si no acaba en la calle después de aquel fiasco.

Mythosecurity. Hasta el nombre es patético. Tanto como él mismo.

Logan vuelve a girar los hombros y se adelanta un par de pasos.

—No hacemos nada aquí plantados.

Le abre la puerta a su socio y se queda en la vía a la espera de que aquel pequeño humano se atreva a dar los últimos pasos. Cuando lo ve ahí todavía sin adentrarse en la oscuridad del club, Logan vuelve hacia él y le arregla la corbata de doble Windsor. Aiden tiene una colección casi infinita de corbatas y hoy viste con una de sus favoritas: de color verde intenso con unos cuantos hilos violetas que recorren la tela hasta llegar al pico inferior. Los colores contrastan con la camisa de un blanco roto y el traje de chaqueta perla.

—Te queda bien —farfulla Logan. No es muy dado a hacer cumplidos, pero a lo mejor unas palabras de aliento lo animan. O no, a lo mejor lo empeoran. Mierda, ¿cómo es tan complicado reconfortar a la gente? En las pelis lo hacen parecer mucho más fácil de lo que realmente es.

—¿No me queda como «un pijo estirado que no sabe dónde tiene su mano izquierda si no agarra un vermut a medio beber»? —pregunta Aiden, por fin apartando sus ojos azules de la puerta de cristal—. ¿O alguna de las muchas muchas otras versiones del mismo discurso que me has estado diciendo a lo largo de una década?

—O sea, sí. Pero ya sabes lo que opino de los trajes. —Logan intenta deshacer el nudo de su propia corbata negra, un préstamo de Aiden, que le queda demasiado corta. No obstante, se niega a gastarse quinientos créditos en un trozo de tela que solo va a llevar una vez. Y, en fin, Aiden lo había como si estuviera a punto de matar a un gatito cuando Logan le mostró un pack de tres corbatas marrones por diez créditos. Así que al final habían llegado a un acuerdo—. O de la ropa formal en general.

Sí, sobre todo porque en los trajes de etiqueta se considera de mal gusto llevar la cola a la vista de todo el mundo, así que Logan, como muchos mythos se ha visto obligado a enrollar su propio rabo alrededor de la pierna derecha. Y aunque está más que habituado a hacerlo, sigue siendo igual de incómodo que la primera vez.

—Pues más te vale acostumbrarte rápido, porque cuando nos contraten aquí, tendrás que llevar traje todos los días. —Aiden le devuelve el favor y le ajusta el cuello de la camisa. Y luego deja las manos en el pecho un segundo más de la cuenta—. Estaremos bien.

Logan lo duda muchísimo, pero no es capaz de quitarle la ilusión a su pequeño humano, la única persona que le ha cuidado de verdad. Así que asiente y, de nuevo, abre la puerta de cristal. Hace un pequeño gesto con la mano para que pase él primero.

Y esta vez, tras un profundo suspiro, Aiden se adentra en el club.

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