Capítulo I: La llegada de la lluvia.
El camarero ya no le pregunta qué va a tomar. Marcos apaga el cigarro en el cenicero de plástico y deja las monedas sobre la barra. Al salir el calor de agosto le pega en la nuca y el olor al aceite quemado del polígono le hace fruncir su seño.
Mira al bordillo de la calle, y ahí sigue el mismo crio de siempre. Con los zapatos demasiado grandes y las manos entre las rodillas. Marcos se detiene un segundo, mira al chaval en silencio para después agacharse sin ningún motivo en mente.
“¿Tienes hambre?” Le pregunto al crio.
El niño niega con la cabeza, Marcos suelta una sonrisa hueca ante la clara mentira del mocoso. Se levanta y se pasa la mano por el pelo mirando la calle vacía. No hay nadie alrededor ni siquiera los borrachos alborotadores. En eso saco otro cigarro de su chaqueta desgastada, lo enciende solo para soltarlo al aire con un placer celestial.
“Toma” Le entrega unos cacahuetes que se compró esta mañana. “Es lo único que te puedo dar.” Dijo indiferente mientras le lanzaba la bolsa al niño.
El crio la atrapa contra su pecho sin dar las gracias. Marcos se queda de pie un momento, le da un ultimo vistazo al mocoso y se echa a andar hacia el bloque sin mirar atrás. El asfalto blando le pega las suelas. A mitad de acera oye los pasos pequeños detrás, “TSK” hace un chasqueo con la lengua irritado, pero decide ignorarlo.
Sube la escalera de su piso, mientras subía el olor de la humedad y posiblemente vómitos de algún borracho abrazan su nariz.
En el segundo rellano una vecina cierra de golpe haciendo caer unos cuantos azulejos los cuales ya estaban rotos. Marcos saca la llave, la fuerza un poco porque la cerradura ya no entra a la primera, empujando la puerta con el hombro logra entrar.
El piso, su dulce paraíso un lugar húmedo y con poca luz debido a la mala ubicación de la ventana y una iluminación pobre. En la sala la cual también es la cocina se encuentra un ventilador tan viejo y desgastado como el, una mesa pequeña a la cual le hace falta una pata apoyada únicamente por unos bloques que se encontró en la basura. Un cenicero lleno y la nevera haciendo ese ruido irritante que no le deja dormir.
“¿Qué quieres?” dijo irritado.
Al darse la vuelta ahí estaba el mocoso que lo había estado siguiendo sin decir ninguna palabra. Se asusto debido a la brusquedad de Marcos. Pasan unos cuantos segundos y Marcos irritado.
“Si no necesitas nada, largo.” Cerró la puerta.
“Maldito mocoso.” Dejo sus llaves tiradas en la mesa junto al cenicero. Se estiro en el sofá que se encontró tirado cuando fue a tirar los restos de su comida.
“Vaya día de mierda.” Saco un cigarro y lo encendió, exhalo el humo mirando el techo, lo que vio fue una mancha, posiblemente humedad del piso de arriba lo que hizo que se irritara aun más.
Apago el cigarro con fuerza en el cenicero, se levanto y se fue a su habitación, dejo su chaqueta en la cama y se cambio a algo más cómodo, una camisa blanca o lo que era una camisa blanca ahora amarilla por tanto humo de cigarrillo.
“Mierda, necesito otra cerveza.” Sujetándose la cabeza como si le doliera fue a su nevera en busca de su dulce elixir de vida. Al abrir la nevera lo único que vio fue una manzana ya podrida.
“¡Joder!” cerro la puerta de la nevera con rabia.
Saco su caja de cigarrillo para fumarse otro, tan pronto como el saco noto que la caja estaba completamente vacía. “Esto tiene que ser una puta broma.” Dijo mientras se rascaba la cabeza con enojo.
Fue a su habitación ya que normalmente siempre tenia un paquete de cigarros extra. Revolvió su ropa, los cajones de la mesa de noche y no pudo encontrar en ninguna parte.
Se desplomo en la cama mirando el techo, la luz amarilla de la habitación lo hacia sentir aun más ahogado en su inútil vida.
Sin más Marcos callo dormido.
Al día siguiente se levantó con un ligero dolor de cabeza. Llevo su mano a los bolsillos de su pantalón gastado.
“Cierto, no tengo cigarrillos.”
Se levanto y se puso su chaqueta de siempre, cogió las llaves de su apartamento y al salir capto algo por el rabillo de su ojo.
Era el niño que lo siguió la noche anterior, dormido con las manos rodeando sus piernas, sujetando una bolsa vacía de cacahuetes. Marcos mira al niño irritado pero no dice nada y solo se marcha a la tienda a comprar sus víveres.
Al salir de su edificio le inunda un fétido olor a comida podrida y posiblemente a eses humana combinada con orina. “Necesito un cigarro.” Dijo con un tono de voz desesperado.
La tienda del polígono ya esta abierta, con esas persianas que protegen al cajero para evitar algún robo. El paquistaní detrás del mostrador ya lo conoce y sin decir nada ni saludarlo, le pasa el paquete más barato de cigarros, una lata de cerveza y un pan. Paga con monedas oxidadas con olor a cobre. Al salir enciende el cigarro antes incluso de apartarse de la puerta.
El primer dragón le baja por el pecho y por un segundo el mundo deja de oler a mierda. Vuelve por la misma acera mientras disfruta de su cigarrillo.
“Esta es la puta gloria.” Sonrió para si mismo con alivio.
Al acercarse más al portal de su edificio, se encontró con su vecino de arriba, discutiendo con su esposa de nuevo.
“Eres una zorra… si lo vuelvo a ver te juro que lo mato a el y a ti.”Entre más se acercaba más escuchaba la pelea. Hasta que llego a la entrada donde estaban ellos.
La mujer lloraba mientras se tocaba la mejilla probablemente del dolor de algún golpe que le abra propiciado. Su cabello negro le cubría la mitad del rostro, en su piel es visible las marcas de abuso que el ha cometido contra ella.
Marcos paso a su lado sin decir nada, no podría importarle menos la situación de otra persona. Pero aun así no pudo evitar echar un ojo.
“¿Qué miras puto imbécil??” Grito con rabia su vecino al ver que Marcos le miraba
Marcos se detuvo en seco, se giro y con una voz fría le dijo.
“¿Crees que soy tu esposa para que me grites así? Mierda, ¿Quién te crees que eres?”
Se le acerco sin detenerse. El vecino entonces se relajo y no dijo nada.
Al mirar lo patético que se veía, Marcos volvió a su camino, subiendo las escaleras.
“Y tú, no he terminado contigo maldita…” Volcó toda su ira y humillación a su mujer, Marcos subió hasta llegar a su piso. No veía al crio por ningún lado, solo entonces soltó un suspiro de alivio y entro a su casa.
Ya en su casa se dejo caer en el sofá.
Encendió la televisión, colocando sus dos pies en la mesa de centro. Abrió una lata de cerveza y le dio un gran trago como si fuere el elixir de la vida misma.
“¡Hua! No hay nada mejor que esta mierda.” Dijo sonriendo, mientras agitaba las manos con alegría.
{Y en ultimas noticias, el consejo decidió volver a explo…
}
“Menudo montón de idiotas.” Marco apago la televisión ya con su alegría arruinado.
Dejo la lata de cerveza vacía en la mesa, se recostó en el sofá y simplemente cerro los ojos. No había nada que hacer y tampoco quería hacer nada.
El bullicio de afuera le llego rápidamente al oído, el sonido de las sirenas, las discusiones que provenían de la calle he incluso el sonido de algunas armas siendo descargadas enérgicamente contra algún pobre diablo.
Sin más se durmió, había pasado trece horas trabajando en el taller.
TOCK TOCK.
El sonido de unos golpes secos lo despertaron poco a poco, la cabeza le daba vueltas y el sonido se volvía más irritante conforme se despertaba.
TOCK TOCK.
Los golpeteos siguieron sin dar señales de detenerse, Marcos se sujeto la cabeza. “¡Ya voy!” grito irritado.
TOCK TOCK, aun así, los golpeteos provenientes de la puerta no parecieron querer detenerse.
“Maldita sea, les dije que ya voy.” Abrió la puerta con furia, la cual se calmo al ver las personas que había detrás de ella.
“Disculpe las molestias.” Dijo aquel hombre con una voz fría y monótona.
Marcos trago saliva, y su mente que estaba confusa y con dolor de cabeza debido al alcohol se aclaró lo más rápido que pudo.
Y no era para menos, en frente de el estaban dos hombres portando un uniforme azul oscuro, bien peinados dando un aire pulcro dando un contraste con el lugar sucio y en ruinas.
“Queremos hacerle unas preguntas.” Con eso los dos hombres entraron sin esperar la confirmación de Marcos.
“¿Eh? Si.” Respondió sin voz.
Al acompañarlos a la sala, los dos hombres se quedaron de pie con una postura digna. Uno de ellos miro el lugar con cara de asco sin preocuparse por ocultar su expresión.
“Vera, estamos aquí buscando a una persona.” El oficial, hablo con su voz monótona, su rostro firme y perfilado sumado a su altura lo hacían ver imponente.
“¿Una persona?” Repitió Marcos, mientras se sentaba.
“Es alguien muy peligroso para la sociedad.” Marcos trago saliva una vez más.
“Yo no he visto a nadie que parezca peligroso.” El otro oficial que estaba callado, rubio de ojos color carmesí hablo.
“Mentir no sirve de nada.” A diferencia de su compañero, su tono de voz contenía una mezcla de desdén y furia.
Marcos se sobre exalto, cuando el oficial rubio hablo y se acerco a el de forma repentina.
“Lo digo enserio.” El oficial rubio, apretó los dientes con enojo y se acerco a Marcos preparado para darle un puñetazo.
“Basta, Chris.” Chris el rubio se detuvo, volteando a ver a su compañero que lo había detenido.
“¿Por qué? Es obvio que nos esta mintiendo.” Resoplo. “No perdamos el tiempo con esta peste.” Marcos arrugo la cara de enojo ante el comentario del oficial.
“Mira chico, sabemos que la persona que buscamos estuvo aquí. Es un niño.” De su chaqueta saco unas fotos donde aparece Marcos y el niño vagabundo al que le dio su pan.
“Ahora supongo que negaras haberlo visto.” Marcos sudo frio. Nada bueno saldría si los perros de casa no le creyeran.
“Si, lo vi ayer después de salir del bar.” Respondió con nervios. “Le di un pan y me siguió hasta aquí.” Al contestar Chris se sobre salto.
“Lo sabía, ves como los de su calaña siempre mienten.” Arrugas se le formaron en el rostro.
“Calma Chris, ultima advertencia que te doy.” Dijo irritado. “Tienes que disculparlo, es su primera vez y esta enojado porque lo enviaron aquí.”
“¿Ahora, donde esta ese chico?” Aunque su tono de voz seguía siendo monótona, había un pequeño aire de peligro en la forma que se lo dijo.
“N- no lo sé.” Inconscientemente se encogió del susto.
“Miente, nos vuelve a mentir.” Chris sujeto del cuello a Marcos.
Una mano se poso sobre Chris, al voltear la mirada fría y fulminante de su compañero hizo que soltara a Marcos. “Perdón.”
Se acerco a Marcos. “Sera mejor que no nos mientas, no quiero hacerte daño.” Miro fijamente a Marcos.
Negando con la cabeza y sudando frio. “Lo digo enserio, me siguió hasta la puerta y luego lo deje afuera. Ya por la mañana no estaba.” Comenzó a explicar todo con prisa.
“Bueno, entonces no hay nada que podamos hacer.” Se alejo de marco, lentamente dio una vuelta por toda la sala, observando cada rincón que podía. Cogió un marco donde había una fotografía de una familia feliz en lo que parece ser un parque de atracciones.
“Sabes, ¿tú nombre?” Le pregunto. “Marcos…”
“Sabes, Marcos. Mentirle a un oficial es un delito que se paga con la muerte.” Dejo suavemente la foto donde estaba.
Sacudió sus manos para quitarse el polvo que le había dejado aquel marco.
“Si yo me llego a enterar que estas escondiendo a ese niño… no puedo prometer que seré suave contigo.” De su cadera saco una porra, listo para usarla.
Marcos trago saliva una vez más, el imponente oficial saco finalmente su porra y se la acerco a la cabeza de Marcos.
“Esto, es lo suficiente fuerte para causar mucho dolor…pero no la muerte.” Su voz calmada contrasta con la fiereza que sus ojos transmitían. Chris por otro lado estaba sonriendo con su porra ya en mano.
“Pero si dices que no lo sabes, entonces no hay nada que podamos hacer.” Retiro su porra y la volvió a poner en su lugar. “Bueno, Marcos nos retiramos.” Dijo sonriendo.
Chris chasqueo sus dientes y guardo su porra.
“Quisiera poder quedarme más, pero este lugar me está dando nauseas.” Se lleno la mano con un pañuelo cubriéndose la boca.
“Espero no volver verle.” Con esa frase salió del piso de Marcos, el cual finalmente pudo respirar normal. El dolor de cabeza que le había desaparecido volvió aun más fuerte que antes.
“Ja, ja, ja, ¿qué clase de mierda fue esa?” Se derrumbo en el suelo sin poder mover las piernas.
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