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Bajo Los Cielos Huecos

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Sinopsis

Los dioses exigen adoración, pero la Casa Dela prefiere la herejía. Ocultos en un denso bosque, guardan en sus filas entidades de otro mundo mientras le dan la espalda al clero. Cuando el joven Leter es elegido de forma imprevista para representar a su familia en la capital imperial, su extraña energía oscura y su desdén por lo sagrado lo ponen en el centro de todas las miradas. Con el imperio al borde de romperse por conflictos religiosos, Leter toma una decision imprevista. Jura lealtad únicamente a la corona. Enviado a las zonas más caóticas para sofocar una guerra santa, este joven hereje tendrá que sobrevivir a los fanáticos, proteger los secretos más profundos de su clan y demostrar su valía.

Genero:
Fantasy
Autor/a:
Detto
Estado:
hace 15 horas
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Primer capítulo: Mar de secuoyas

El eco seco de las espadas de madera, rompía la quietud de la región de Atla. En un claro del denso bosque, donde la luz llegaba escasamente al suelo debido a los grandes árboles, se encontraba una imponente mansión­—propiedad de el clan Dela— que parecía querer esconderse del resto del mundo.

Leter bajo el arma de entrenamiento, con la respiración acelerada. Apenas unas gotas de sudor se deslumbraban en su rostro, manchando algunos de sus cabellos, enmarcando su ojo izquierdo de color azul cristalino y el derecho de un marrón profundo como el roble.

—¡Leter! —La voz de una mujer rompió su concentración desde el umbral de la residencia—. Ya es hora de que entres. Valerius quiere verte.

El joven soltó un suspiro preparándose, limpiándose la frente con el dorso de la mano.

—¡Ya voy Eris! —respondió alzando la voz—. ¡Solo dame un momento!

Al entrar a la gran mansión, pasando por los grandes pasillos, tantos que parecen infinitos, en el medio de el hogar, se encontraba el gran salón, en el centro, el eco de sus pasos se detenía.

Los lideres de las distintas ramas de la familia Dela se encontraban ahí en silencio. Frente a todos se alzaba Lord Valerius Dela, un imponente mestizo de la tercera generación cuya autoridad solo era superada por los propios ángeles fundadores. En la diestra de Leter, observando todo con una mirada desafiante y encendida, se encontraba Eris, un ángel con un temperamento fuerte y con la experiencia de miles de batallas en sus manos.

Las miradas de todos se detuvieron frías y analíticas sobre Leter, quien ya se había posicionado firme frente a Valerius.

Lord Valerius —representante de la casa Dela— levantaba la mano para colocarlo en el hombro del joven Leter.

La corte del emperador Augustus ha convocado una asamblea extraordinaria para el día de la luna llena, que será dentro de 2 días—anunció fría y seriamente, con una voz que resonó en las paredes—. Como es costumbre debemos asistir para mantener buenas relaciones con la corona y así mantener nuestro estatus y posicionamiento discreto. Sin embargo, en esta ocasión, no iré acompañado de los guardias habituales, sino, que te llevare a ti conmigo.

No tardaron en sonar los murmullos en el gran salón al escuchar el anuncio de Valerius.

—… ¿Escucharon eso?

—¿En verdad van a llevar a alguien de la sexta generación?

— … ¿Escucharon los rumores de sus habilidades? ¿Cierto? Debe ser por eso.

Leter se quedo atónito mientras los murmullos giraban a su alrededor. En ese momento, Valerius levanta la mano haciendo que los murmullos cesen.

— Es hora de formar al siguiente representante de esta familia—declaro Valerius—. Debemos mantener la fachada o sino la gente del exterior incluyendo a la corona comenzara a sospechar ¿Alguna queja? —dijo Valerius en un tono desafiante—. Si no hay ninguna entonces la reunión de hoy ha llegado a su final. Retírense.

Eris quien estaba atrás mirando todo con una mirada desafiante a los demás. Miro a Leter con una mirada de orgullo y una sonrisa alegre en la que no se esforzaba por ocultar.

—¡No esperaba menos de nuestro joven prodigio! —Dijo entusiasmada—¡por algo los rumores hablan tan bien de ti!

—No exageres Eris, con esto tendré menos tiempo para entrenar afuera —dijo Leter, algo desanimado—. Así nunca te ganare en las batallas.

—¡Jajajaja! Algún día lo harás, estoy segura de ello ¿sí? —replico la mujer, manteniendo su tono orgulloso—. Por cierto, Leter. ¿Le dirás algo a tu madre o a la madre Hela?

—¡Si! —respondió sin dejar un segundo—. Es lo primero que hare jajaja.

—¡Te veo luego Eris! —exclamo Leter antes de irse corriendo entre los pasillos.

Eris mantuvo una mirada orgullosa hasta que Leter se fue, pasando a tener una mirada con un toque de melancolía.

Leter abrió la puerta de la habitación, cerrándola con un golpe seco del que ni siquiera se percató debido a la emoción que lo desbordaba. Se plantó frente a su madre con los ojos encendidos.

—¡Mamá, Mamá! Lord Valerius me ha considerado como el próximo representante de la familia—Dijo Leter casi saltando.

La mujer lo observo con una mirada cristalina y calmada, sin inmutarse.

— Oh, que alegría me da escuchar esas noticias, Leter. ¿Hay algo más? —Dijo la mujer sin cambiar su tono extrañamente plano.

—No madre, no hay nada más… Solo quería decírtelo—Dijo Leter, con algo de esperanza.

En ese momento, la puerta de la habitación se vuelve a abrir.

—Oh, Leter, eres tú.

Un hombre con los ojos verdes y una expresión muy calmada se para frente a el joven.

—¿Papá? ¿Qué haces acá? ¿No estabas de misi…? —Antes de acabar la frase es interrumpido.

—¡Oh, querido! ¡Qué gusto volverte a ver! —lo interrumpió su madre. Aquella mujer que hace unos segundos parecía flotar en un desinterés absoluto, ahora se desvivía en atenciones, con la voz cargada de una preocupación genuina—. ¿Estás cansado? ¿Necesitas comida o una ducha? ¿Quieres que te prepare algo?

—No, no te preocupes querida, solo tomare un baño.

Leter, quien se sentía ajeno en la habitación, solo camina hacia la puerta para retirarse.

—No se preocupen, mamá, papá, solo pasaba para saludar—Murmura Leter, retirándose en silencio.

El joven de ojos bicolores, camina por los pasillos mirando por las grandes ventanas que dan hacia los grandes árboles.

—No me gusta la vista… —murmura Leter.

Sin fijarse en su camino, Leter se topa de frente con la cabeza de su rama familiar: la madre Hela. Es un ángel de cabello rizado, blanco como la nieve, quien siempre mantiene una mirada profundamente cálida.

—¿Leter? ¿No te gustan los árboles?

—¡Ma-madre Hela! ¡No es eso! —respondió el joven, tomado por sorpresa mientras intentaba recomponerse—. Es solo que los árboles tapan la vista al cielo… Casi no llega la luz y tampoco se puede ver el horizonte.

—Escuche la declaración de Valerius. Se nota que te estima—habla relajadamente, aunque no le quita la mirada de encima en ningún momento.

—Eh… ¡Eso espero! Daré lo mejor de mi madre Hela

La mujer sonríe, una sonrisa de satisfacción ante la reacción de Leter.

—No te sobre esfuerces Leter. Esta familia te necesita —la madre Hela se acerca, pasando sus manos por la cabeza de Leter, dándole un pequeño beso en la frente, transmitiendo una calidez que disipa todo el frio del alrededor.

El joven quien se encontraba sonrojado por el acto de afecto de la madre Hela, se inclina levemente ante ella.

—Gracias, madre Hela… Si me disculpa, tengo que ir a hacer mis preparativos para partir hacia la capital —mencionó Leter antes de retomar el camino hacia su habitación.

Una vez en su cuarto, comenzó a alistar sus pertenencias con movimientos fluidos y ágiles. Estaba genuinamente entusiasmado con la idea de representar a su clan. Tan concentrada estaba su mente que no se percató de que una silueta se encontraba apoyada contra el marco de la puerta abierta, observándolo en silencio.

—¡Oye Leter! ¿Cómo te fue? —pregunta, acercándose a Leter por la espalda para darle un susto.

Leter abre los ojos ante la inesperada visita de Eris.

—¡Eris! No te había visto. ¿Por qué no tocaste la puerta? —habla Leter llevándose la mano al pecho—. ¡Te pude haber atacado Eris!

—Si, pero no lo hiciste —replico ella con total confianza—. Me hubiese gustado que lo intentaras, pero no eres tan afilado para eso, jajajaja.

Eris riéndose de la falta de instintos de batalla de Leter, se acerca mas para darle una palmada en la espalda que casi le saca el aire por completo.

—¡Eris! ¿¡Acaso quieres matarme!? —protesto Leter, intentando recomponerse—. Tengo que terminar esto para partir lo mas pronto posible hacia la capital.

—Lo sé, Valerius me pidió acompañarte.

Leter se giro de golpe, descolocado, aunque con la expresión más relajada que antes.

—¿En serio? —replica Leter.

—Si, en serio—responde Eris, con un tono burlón—. Después de todo, soy un ángel muy capaz, es por eso que nunca me has ganado jajajaj.

—¡Je! Es cierto, no puedo pensar en alguien mas fuerte que tu—Responde Leter alimentando el ego de Eris con una sutil sonrisa—. Entonces ayúdame a empacar mis cosas y luego yo te ayudare a organizar las tuyas. ¿Sí?

—Trato hecho. Solo no lleves tantos libros; no estamos yendo a leerle un cuento para dormir al emperador —mencionó Eris al ver la enorme pila de tomos que el joven intentaba meter a la fuerza en su equipaje.

—Pero son mis favoritos… —insistió Leter en un tono casi suplicante—. Déjame guardar algunos en tu equipaje. Tú solo vas a llevar algo de ropa. Si me ayudas con los libros, prometo entrenar más duro contigo de ahora en adelante.

—¡Esta bien! No me puedo resistir cuando me pides las cosas así, Leter.

Al caer la noche, la penumbra devoró por completo el mar de secuoyas. Leter y Eris aguardaban en la entrada principal de la mansión, apoyados contra la corteza de un colosal árbol. El profundo silencio del bosque pronto fue interrumpido por el crujido de la madera y el pesado andar de los caballos que arrastraban los carruajes de Valerius.

—Suban, tardaremos dos días y medio en llegar, no perdamos tiempo—anuncia Valerius desde la ventana del primer carruaje con su habitual tono serio y firme.

Leter y Eris, sin perder un solo segundo, subieron al segundo carruaje. Tras acomodar el equipaje y tomar sus asientos, las ruedas comenzaron a girar. El joven de ojos bicolores miró por la ventana cómo la imponente mansión Dela se desvanecía entre la oscuridad de los árboles, consciente de que dejaba atrás su jaula de oro para adentrarse en un destino completamente desconocido.

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