Capítulo 1
Las luces del recinto se apagaron de golpe y los gritos de miles de personas se elevaron en la oscuridad. Durante unos segundos, únicamente las luces de los teléfonos iluminaron las gradas como pequeñas estrellas dispersas. Entonces, un único reflector atravesó el escenario y cayó directamente sobre Rachel cuando apareció con su guitarra entre las manos.
La multitud estalló.
Rachel sonrió ante el recibimiento mientras caminaba hasta el centro del escenario. Había esperado aquella noche durante meses y ahora tenía frente a ella un recinto completamente lleno, miles de personas coreando su nombre y una banda preparada para acompañarla durante uno de los conciertos más importantes de su carrera.
Entre la multitud se encontraba Axel.
Había llegado temprano, como siempre que se trataba de algo importante para Rachel. Permanecía entre los asistentes con una sonrisa orgullosa, observándola desenvolverse sobre el escenario con aquella seguridad que había adquirido durante los últimos años. La había visto ensayar hasta quedarse sin voz, frustrarse cuando una canción no sonaba exactamente como quería y celebrar cada pequeño avance de su carrera. Por eso verla allí, frente a miles de personas, debería haber sido uno de los momentos más felices de la noche para él.
Y durante unos minutos lo fue.
Rachel terminó una canción y se acercó al micrófono mientras acomodaba mejor la guitarra contra su cuerpo. Esperó a que los aplausos disminuyeran antes de hablar.
—Gracias. De verdad, muchísimas gracias a todos por estar aquí esta noche —dijo Rachel con una enorme sonrisa mientras observaba al público—. La siguiente canción es un poco antigua. La escribí hace bastante tiempo, pero sigue siendo muy especial para mí.
Los gritos volvieron a llenar el recinto.
Axel sonrió al reconocer aquellas palabras.
Conocía perfectamente la canción.
La había escuchado tantas veces que podía recordar prácticamente cada acorde. Durante mucho tiempo había pensado que aquella composición hablaba de él. Nunca se lo había preguntado directamente a Rachel porque, de alguna manera, había terminado aceptando aquella idea como una certeza silenciosa entre ambos.
Sin embargo, esa noche descubrió cuánto podía equivocarse una persona.
Rachel dirigió la mirada hacia uno de los sectores cercanos al escenario.
No estaba buscando a Axel.
Sus ojos encontraron inmediatamente a Fernando.
El joven permanecía entre el público observándola con una expresión satisfecha, y algo cambió en el rostro de Rachel apenas sus miradas se encontraron. No fue una reacción exagerada. Precisamente por eso Axel la reconoció con tanta facilidad. Sus facciones se suavizaron, sus ojos adquirieron una calidez especial y una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
Una sonrisa íntima.
Una que Axel conocía demasiado bien.
Los primeros acordes comenzaron a escucharse.
La sonrisa orgullosa que Axel había mantenido durante el concierto desapareció lentamente.
—Siempre él... —murmuró, aunque su voz quedó sepultada bajo los gritos de la multitud.
Rachel comenzó a cantar.
Axel conocía cada palabra, pero aquella noche las escuchó de una manera completamente diferente. De pronto, todas esas frases que durante tres años había relacionado con momentos compartidos entre ellos comenzaron a encajar alrededor de otra persona.
Fernando.
Rachel seguía mirándolo.
No necesitaba señalarlo ni pronunciar su nombre delante de miles de personas. Su expresión era suficiente. Había una calidez en sus ojos que Axel llevaba demasiado tiempo intentando encontrar cuando ella lo miraba a él.
Fernando sonrió desde su lugar y dejó escapar una pequeña risa de felicidad, evidentemente consciente del significado que escondía aquella canción.
Axel tragó con dificultad.
Sus manos se cerraron lentamente hasta formar dos puños a los costados de su cuerpo.
—Pensé que fui yo quien te hizo sentir así... —murmuró Axel, sin apartar los ojos del escenario.
Nadie podía escucharlo.
La multitud cantaba junto a Rachel, completamente ajena al pequeño desastre que estaba ocurriendo entre aquellas miles de personas.
Axel respiró profundamente, intentando controlar el nudo que se había formado en su garganta.
—Realmente pensé que era yo.
Las palabras salieron más débiles esta vez.
No quería llorar allí.
No quería convertirse en el novio destrozado en medio de un concierto mientras todos los demás disfrutaban de una canción que acababa de adquirir para él un significado completamente diferente.
Rachel llegó a la parte más emotiva de la composición y su voz se volvió más suave. Cerró los ojos durante un instante antes de volver a mirar directamente hacia Fernando.
Y sonrió.
Aquello terminó de romper algo dentro de Axel.
No porque Rachel estuviera cantando una canción antigua. Tampoco porque Fernando hubiera regresado.
Era la forma en que ella lo miraba.
Axel había pasado tres años aprendiendo cada gesto de Rachel. Sabía cuándo fingía estar feliz frente a las cámaras, cuándo estaba nerviosa antes de una presentación y cuándo una sonrisa era únicamente parte del espectáculo.
Aquella sonrisa no pertenecía al espectáculo.
—La escribiste sobre él... —susurró Axel con la voz quebrada.
Bajó la mirada durante un momento y soltó lentamente el aire que estaba conteniendo.
Cuando volvió a observarla, sus ojos estaban húmedos.
—Y yo pasé tres años fingiendo que escribías sobre mí.
Rachel continuó cantando sin darse cuenta de nada.
Axel esperó.
Una parte absurda de él todavía esperaba que ella recorriera el público hasta encontrarlo. Que sus ojos se iluminaran al verlo y que, aunque fuera durante unos segundos, aquella canción dejara de pertenecer a Fernando.
Rachel paseó la mirada entre las primeras filas.
Axel sintió cómo su corazón se aceleraba.
Pero ella no lo encontró.
O quizá ni siquiera estaba buscándolo.
Sus ojos regresaron a Fernando.
Axel dejó escapar una risa baja, completamente carente de alegría.
—Tú aceptaste este noviazgo, Rachel —murmuró mientras continuaba mirándola desde la distancia—. Me dejaste quedarme a tu lado durante tres años...
Hizo una pequeña pausa, tragándose el dolor antes de terminar aquella verdad que finalmente comenzaba a aceptar.
—Pero él consigue las canciones.
Las últimas notas se desvanecieron.
El recinto entero estalló en aplausos.
Rachel apartó ligeramente la guitarra y se acercó nuevamente al micrófono, visiblemente emocionada por la respuesta del público.
—Gracias a todos —dijo con una sonrisa—. Y gracias también a la persona que inspiró esta canción. Sabes perfectamente quién eres.
Los gritos aumentaron.
Fernando sonrió.
Axel permaneció inmóvil.
Aquellas palabras fueron suficientes.
No necesitaba una explicación. No necesitaba acercarse a Fernando ni provocar una escena en mitad del concierto. Tampoco necesitaba subir al escenario para exigirle respuestas a Rachel delante de miles de personas.
Finalmente había entendido.
Había llegado demasiado tarde a un corazón que nunca había dejado de pertenecerle a alguien más.
—Esperé tanto tiempo para que me miraras como acabas de mirarlo a él —susurró Axel.
Sus ojos permanecieron sobre Rachel unos segundos más.
Después suspiró y dio un paso hacia atrás.
—Nunca lo hiciste.
Una risa suave y rota escapó de sus labios cuando negó lentamente con la cabeza.
—Yo nunca fui tu musa. Él siempre lo fue.
Axel retrocedió nuevamente mientras las luces cambiaban sobre el escenario y Rachel se preparaba para interpretar la siguiente canción.
Esta vez, cuando habló, lo hizo únicamente para sí mismo.
—Solo fui el hombre que se quedó a tu lado mientras tú seguías amando a otro.
Se dio media vuelta.
Caminó entre las personas que continuaban celebrando, esquivando hombros y cuerpos mientras intentaba llegar hasta la salida. Nadie prestó atención al joven que abandonaba uno de los conciertos más importantes de Rachel cuando todavía faltaba buena parte del espectáculo.
Antes de atravesar definitivamente las puertas, Axel se detuvo.
Miró hacia atrás por última vez.
Rachel ya estaba interpretando otra canción.
No sabía que él había estado allí.
No sabía que Axel la había escuchado cantarle al hombre que nunca había dejado de amar.
Y tampoco sabía que acababa de perderlo.
Axel salió del recinto.
El apartamento que compartía con Rachel estaba completamente silencioso cuando Axel abrió la puerta.
Durante varios segundos permaneció en la entrada sin encender las luces.
Había demasiados recuerdos allí.
Fotografías de ambos decoraban algunos muebles. Una chaqueta de Rachel descansaba sobre el respaldo del sofá. Cerca de la cocina todavía estaba la taza que ella había utilizado aquella mañana antes de marcharse a preparar el concierto.
Tres años de relación estaban distribuidos por cada rincón de aquel apartamento.
Axel cerró los ojos.
Podía esperar a Rachel.
Podía sentarse en el sofá hasta que regresara y exigirle explicaciones. Podía preguntarle desde cuándo seguía enamorada de Fernando o por qué había aceptado estar con él cuando una parte de su corazón continuaba esperando a otro hombre.
Pero ya conocía la respuesta que realmente importaba.
Rachel amaba a Fernando.
Y Fernando había vuelto.
Axel no iba a quedarse esperando para descubrir cuánto tiempo tardaría ella en admitirlo.
Caminó hasta la habitación y sacó una maleta del armario. Comenzó a guardar sus pertenencias sin demasiado orden: ropa, documentos, zapatos y algunas cosas personales que había llevado consigo cuando ambos decidieron compartir aquel lugar.
Cada objeto hacía más real su decisión.
Cuando terminó, dejó la maleta junto a la cama y observó durante unos segundos el lado que había ocupado durante tanto tiempo.
Sacó su teléfono.
El nombre de Rachel apareció inmediatamente entre sus contactos.
Axel estuvo a punto de llamarla.
Su dedo permaneció suspendido sobre la pantalla.
Finalmente bloqueó el teléfono.
No iba a terminar una relación de tres años mediante una llamada mientras ella estaba en medio de un concierto. Hablarían cuando fuera el momento. Rachel merecía escucharlo directamente de él, pero Axel también necesitaba alejarse antes de hacerlo.
Tomó su maleta y salió del apartamento.
Una vez en la calle, la pregunta que había estado evitando finalmente apareció.
¿Adónde iba?
No quería regresar con Rachel.
Tampoco quería presentarse ante alguno de sus amigos en aquel estado y pasar el resto de la noche explicando lo ocurrido.
Entonces recordó a una persona.
Axel frunció ligeramente el ceño apenas el nombre apareció en su cabeza.
Valentina.
La madre de Rachel.
—Esto probablemente sea una pésima idea... —murmuró mientras miraba su teléfono.
Valentina siempre había tenido una relación particular con él. Nunca lo había tratado simplemente como el novio de su hija. Había sido amable con él, protectora incluso, aunque detrás de aquella atención permanecía la imponente empresaria capaz de intimidar a cualquiera con una sola mirada.
Axel dudó.
Acudir precisamente a la madre de Rachel después de decidir terminar con ella parecía absurdo.
Pero no sabía dónde más ir.
Levantó una mano y detuvo un taxi.
El conductor bajó la ventanilla.
—¿Hacia dónde vamos? —preguntó.
Axel permaneció callado durante un instante.
Todavía podía arrepentirse.
Podía buscar un hotel, llamar a algún amigo o simplemente caminar hasta aclarar su cabeza.
Sin embargo, terminó abriendo la puerta trasera y guardando su maleta.
—A la residencia Blackwell —respondió Axel finalmente.
Subió al vehículo.
Mientras el taxi comenzaba a avanzar por las calles iluminadas de la ciudad, Axel apoyó la cabeza contra la ventanilla y cerró los ojos.
No sabía si estaba haciendo lo correcto.
Tampoco podía imaginar que aquella decisión, nacida durante una de las noches más dolorosas de su vida, terminaría llevándolo directamente hacia la mujer que algún día ocuparía un lugar en su corazón que jamás había pertenecido a Rachel.








