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Mr. Vampire. (Meanie)

Sinopsis

Wonwoo sabe que no hay dos amores iguales. Cada persona que pasa por tu vida está destinada a dejar su huella positiva o negativa, y aunque duela entenderlo al principio, es la mejor manera de superar un corazón roto. Cuando el hombre que creía amar elige a una mujer para casarse, Wonwoo decide irse del pueblo que lo vio nacer y crecer. SIn embargo, sus dos mejores amigos se unen a él, cambiando el rumbo de su vida para siempre.

Genero:
Fantasy
Autor/a:
SukieB00
Estado:
hace 3 días
Capítulos:
7
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 01. Wonwoo.

Alguien dijo una vez que si dudabas al elegir entre dos personas que amas, perderías a la indicada en un parpadeo. Pero, ¿qué pasa cuando eres precisamente tú al que no eligieron? ¿Solo por eso eres el indicado? ¿Que te garantiza que después de haber llorado amargamente en el bosque por la pérdida, ese hombre tocará tu puerta y te pedirá perdón? Y si cuando el momento llega, ¿ya es demasiado tarde?. Mis preguntas son todas hipotéticas porque al final de eso solo ha sucedido lo que más me temía.

La fiesta en su máximo apogeo celebra la unión de dos almas que se han elegido la una al otro para disfrutar de los días cortos de ser humanos. Ella, lleva un hermoso vestido blanco tan largo que corre el riesgo de pisarlo e irse de bruces contra el suelo. Si eso pasara, sería el único que reiría hasta el cansancio, pero no sucede, por supuesto. El velo arrastra todo el polvo detrás suyo mientras las niñas de las flores limpian el camino frente a la novia. Sé que tiene una sonrisa tan grande en el rostro que lo parte a la mitad. Ella me ha ganado. Lo tiene a él. Se casará con él y llevará con orgullo su apellido. Tendrá a sus hijos varones y los amará incondicionalmente. Ella ha ganado y yo he perdido. Es una verdad dolorosa de admitir, pero ya lo he hecho.

Él la espera en el altar. Sus manos están juntas al frente. El traje negro le queda como anillo al dedo y la corbata que le regalé antes de que se mudara a la gran ciudad está orgullosamente amarrada a su cuello. Mi lado más masoquista prefiere pensar que es su manera de llevarme con él. La parte racional sabe que no es así, que es la única que tiene porque en realidad las detesta, pero soy el único que lo sabe. Quizás no. Tampoco importa mucho.

La marcha nupcial rebota en mi cabeza forzando a las lágrimas a salir. Siempre pensé que él era para mi. Que esos ojos tan oscuros como el chocolate que me devolvían la mirada llena de amor y devoción lo haría por el resto de mi vida. Anhelaba sus manos en mi cuerpo como la tierra necesita las gotas de lluvia para sobrevivir. Los labios abultados que tantas veces recorrieron mi cuerpo y gemían mi nombre con pasión, ahora pronunciarán unos votos vacíos que no significan nada. Su mirada recorre el espacio mientras espera pacientemente a que sufutura esposa llegue al altar, en busca de algo que no encontrará. Si es a mí, no quiero que me vea, mientras yo tengo el privilegio de observarlo todo.

Se toman de las manos y una sonrisa parte sus labios en dos. El cura abre el libro entre sus manos y todos nos sentamos con calma. El viejo padre lee con calma los versículos que dan inicio a la ceremonia de matrimonio. Los bendice o le pide a alguien más que lo haga. Pregunta si alguien se opone y estoy a punto de levantarme.

“Nunca podría casarme con alguien como tú, Wonwoo. La elegiré por encima de todo. A ella.” sus últimas palabras las tengo grabadas a fuego en el pecho. Sentí ira ese día, pero ahora solo siento compasión. Él ha elegido su propio infierno y yo quiero ver como esa elección lo destruye.

Junhui y Xiaotong son marido y mujer en un instante. Comparten un beso tan corto que me hace reír, pero aplaudo con fuerza, deseando que esa felicidad que ahora tienen se convierta en un veneno tan fuerte que esa tierra fértil, termine siendo árida. Los novios caminan hacia las puertas de la iglesia y todos los observamos salir. Se dan un último beso. Y en ese preciso instante, me despido de la versión de mi que lo amó, aunque sé que no será tan fácil olvidar todo lo que hemos vivido juntos.

El pueblo se reúne en alguna parte a la que yo no voy. Mis maletas están en el coche listas para irme de este lugar y no volver jamás. Camino hacia el aparcamiento dónde he puesto mis cosas y desbloqueo el coche. Me ajusto el cinturón y cierta rubia de melódica voz me acompaña recordándome que quién elige, siempre elige mal.

La llamada de Jihoon resuena por el altavoz cortando la canción. Estoy acercándome a la salida del pueblo, así que, la tomo preparándome para mentir como siempre hago.

-- ¿Wonwoo? ¿Dónde mierda estás? – exclama mi mejor amigo – Por favor, dime que no te has ido sin despedirte.

-- Lo siento, Hoonie. – me disculpo con pesar – Pero es lo mejor y no puedo dejar que me convenzas de quedarme.

-- Ni loco haré eso, imbécil. Quédate dónde estás que nos vamos contigo.

Jihoon cuelga el teléfono y hago lo que me pide. Me quedo justo en la entrada del pueblo y lo espero. Pasan pocos minutos, quizás veinte en los que aprovecho de revisar mi teléfono para saber si la petición que hice para un trabajo en Busan fue aceptada, pero no hay nada aún. Me recuerdo que es fin de semana. Las personas simplemente esperarán al día siguiente para revisar las cosas. Un golpe sordo me sobresalta y veo a Jihoon y a Seungkwan entrar a la parte trasera de mi auto con rapidez.

-- ¡Conduce!

Jihoon grita y yo piso el acelerador. Los tres nos alejamos de aquel lugar del que nunca nos hemos atrevido a salir. Dejo atrás los árboles grandes, la pureza del aire al que amo, la tranquilidad de vivir en un lugar en el que todo el mundo se conoce y dónde los secretos no existen.

-- ¿A dónde se supone que vamos? – pregunto al azar un rato después. La música vuelve a llenar el auto, la misma mujer que los tres amamos, y tarareamos sus canciones como himnos – Solo por curiosidad.

-- No vamos a Busan, Wonwoo – dice Jihoon con una sonrisa que me eriza los vellos de la nuca – Nos quedaremos una temporada en Anyang.

-- ¿Anyang? ¿Te has vuelto loco? – gruño negando – Anyang está casi a cuatro días de aquí en auto, Jihoon.

-- Nos turnaremos para conducir, Woo – protesta mi mejor amigo, y Seungkwan elige ese momento para interrumpir, pero Jihoon lo calla – Mi amigo Mingyu nos recibirá allí.

-- ¿Quién es Mingyu?

-- El ex-novio de Seungkwan.

-- No es mi ex-novio, ya deja de decir esas cosas. – bufa el otro sacudiendo su naranja cabello – Mingyu es un amigo de la universidad. Es una persona amable, así que te pido que no seas borde con él.

Miro a Seungkwan por el retrovisor del auto con una ceja arqueada. Yo no soy borde, al menos con las personas que no son imbéciles. Niego sin querer prestarle demasiada atención y continúo conduciendo. Anyang está más lejos de lo que pensaba.

****

Llegara a nuestro destino nos toma mucho más tiempo. Una semana en carretera después, la casa del tal Mingyu aparece en una zona alejada. Jihoon tuvo que llamarlo para que nos indicara como llegar porque la ciudad es demasiado grande para unos pueblerinos que nunca han salido de su lugar. Es una casa preciosa con un jardín florecido en su totalidad. Aparcamos en la entrada como él nos indicó y salimos del auto al mismo tiempo. Inhalo profundamente y un dulzón olor a margaritas cosquillea en mi nariz. La tensión de días se desvanece de mi cuerpo como si nunca hubiera estado ahí.

-- ¡Llegaron! – exclama una profunda voz que me eriza la piel y me hace girar la cabeza al instante. Es alto, mucho más alto que yo. Su piel morena reluce con los rayos del sol mientras se acerca a nosotros tres. Los vaqueros gastados que lleva abrazan sus muslos y la camiseta amarillo pastel realza sus hombros anchos y bien esculpidos. Pero, su sonrisa me roba la respiración. Dos preciosos colmillos descienden mostrándose al mundo como el regalo que son. Sus ojos rasgados son expresivos y brillan como dos gemas inocentes que nunca han sido dañadas.

-- Chicos, este es Kim Mingyu – Seungkwan lo presenta y él sonríe con dulzura después de abrazarlo – Este es Jihoon – señala a mi amigo más bajo que se ha sonrojado y estrecha la mano de Mingyu con firmeza – y este es Wonwoo.

Sus ojos se posan en los míos y juro que el mundo se detiene en segundos. Contengo el aire y lo examino con la misma intensidad que él me observa. Estiro la mano y él toma la mía en un apretón cálido que me acelera el corazón. Su labio se crispa mostrando el colmillo y sus ojos brillan en rojo. De repente entiendo porqué vive lejos, porqué solo Seungkwan lo conoce y porqué las margaritas llenan el lugar en todas partes.

-- Mingyu, estás gruñendo – ladeo la cabeza sin soltar su mano y le digo, pero él me tira dentro de sus brazos como si perteneciera ahí -- ¡Oye!

Olisquea mi cabello y se me escapa un bufido. Intento empujarlo, pero es tan duro como un muro de carga. Sus manos se aprietan en mis caderas y un gruñido me obliga a mirarlo.

-- Te encontré, pareja destinada.


¿En dónde rayos me han metido?.

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