Capítulo 1
Todo comenzó como un día cualquiera. La gente caminaba tranquilamente por las calles, los pájaros cantaban y la rutina transcurría con normalidad. Hasta que, de pronto, en algún punto del planeta se produjo una explosión gigantesca que cubrió la Tierra entera.
Tras el cataclismo, solo sobrevivió un pequeño grupo de humanos. El planeta mismo se expandió, volviéndose enormemente más grande. Mientras los supervivientes yacían inconscientes, el mundo comenzó a cambiar: surgieron diversas razas como los elfos, los dragones, los semi-humanos y los aéreos —seres de aspecto humano pero con alas—, además de incontables monstruos.
La Diosa de la Luna, movida por la compasión hacia la humanidad, decidió resguardar a los sobrevivientes encerrándolos en una cúpula temporal. Sin embargo, el hechizo no fue perfecto y trajo consigo extraños efectos secundarios. El principal fue que, mientras permanecían inconscientes en la cúpula, algunos humanos adquirieron juventud eterna; aquellos que eran ancianos —de 88 años o más— regresaron a ser bebés y comenzaron a crecer lentamente sin estar conscientes. Con el tiempo, unos pocos despertaron antes que el resto, mientras la mayoría continuaba sumida en el sueño.
Mil años después, la cárcel temporal finalmente se rompió, liberando a todos los que aún dormían. Los humanos aparecieron dispersos por distintos rincones de un mundo vasto e irreconocible.
Entre ellos despertó un joven en medio de un denso bosque. Abrió los ojos lentamente. Aunque conservaba sus rasgos característicos —cabello negro y ojos azules—, su apariencia se veía notablemente más pequeña.
Al recuperar el sentido, el joven dio un salto por el susto y terminó en el suelo. Se rascó la cabeza mientras intentaba asimilar la situación.
—¿Eh? ¿Dónde estoy? —murmuró confundido—. Lo último que recuerdo es la ciudad y un enorme destello... Bueno, por lo menos sigo sabiendo que me llamo Zéfiro Starling.
Zéfiro se miró las manos y examinó los alrededores. Ningún rincón de aquel lugar le resultaba familiar. Comenzó a caminar a paso lento mientras observaba su propio cuerpo; recordaba tener quince años, pero ahora lucía como un niño de doce.
—Suspiro... —expresó con impotencia antes de continuar sin rumbo fijo.
Miraba a su alrededor con perplejidad.
—Qué raro... No recuerdo que este lugar apareciera en los mapas.
De pronto, el crujido de una pisada entre los arbustos rompió el silencio. Zéfiro reaccionó al instante: sujetó un palo con ambas manos, adoptó una postura exagerada como sacada de una película de acción y gritó con voz dramática:
—¡Hey! ¡¿Quién anda ahí?! ¡Que sepa que si se acerca le voy a tirar un palo!
De entre las sombras emergió una silueta humana. Al dejarse ver con claridad, reveló a una joven de cabello verde, ojos del mismo tono y orejas puntiagudas: una elfa.
Zéfiro se quedó paralizado, con la boca abierta y la mente en blanco.
(¿Eh?... ¿Ehhhhh?... ¡¿Desde cuándo existen las elfas?!) —pensó alarmado.
La elfa se acercó con calma y lo observó.
—¿Estás bien? Pareces asustado —dijo con amabilidad—. Bueno, me presento: soy Lyra. ¿Y tú cómo te llamas?
Saliendo del trance, Zéfiro soltó el palo y adoptó una postura refinada, haciendo una reverencia propia de un mayordomo.
—Me llamo Zéfiro Starling, para servirle.
Lyra dejó escapar una pequeña risa.
—No sé por qué actúas así, pero te llevaré a la ciudad. Pareces bastante perdido.
Zéfiro suspiró aliviado y comenzó a caminar detrás de ella.
—Qué bueno... Por fin una ciudad normal...
Sin embargo, el alivio no le duró ni tres segundos. Al llegar, se topó con un asentamiento donde las casas estaban construidas en las copas de enormes árboles, rodeadas por decenas de elfos que transitaban por el lugar.
Zéfiro contempló la escena en silencio y pensó con resignación:
(Genial... Lo que me faltaba).
Mientras los dos iban caminando en silencio, de repente las matas de los árboles se sacudieron con fuerza. Entre los árboles emergió un monstruo de piedra con forma humanoide que embistió directamente hacia Zéfiro, soltando un gruñido ensordecedor.
—¡¿Pero qué diablos...?! —alcanzó a exclamar Zéfiro.
Apenas tuvo tiempo de reaccionar y se tiró torpemente al suelo, esquivando por un pelo la arremetida del gigante de roca, que terminó cayendo de golpe contra la tierra.
El monstruo se levantó de inmediato para atacar de nuevo, pero Lyra reaccionó al instante. Se dio la vuelta con serenidad y extendió una mano hacia la criatura. En un parpadeo, gruesas raíces salieron disparadas del suelo, atrapando con fuerza al monstruo por los dos brazos y las dos piernas, dejándolo completamente inmovilizado en el aire.
Sin perder el tiempo, Lyra volvió a alzar la mano. Un pico gigante formado por raíces entrelazadas se materializó frente a ella y salió disparado con violencia, impactando de lleno contra la criatura de piedra y destruyéndola en mil pedazos.
Zéfiro se quedó paralizado en el piso, mirando los restos de roca con la boca abierta.
(Definitivamente ya aluciné demasiado por hoy... Esto tiene que ser un sueño, no hay de otra) —pensó intentando convencerse a sí mismo mientras se daba varias cachetadas en las mejillas.
Lyra simplemente retomó su paso como si nada hubiera ocurrido. Al notar que él se quedaba atrás, miró sobre su hombro.
—Oye, ¿vas a venir o te vas a quedar ahí tirado?
Zéfiro reaccionó al instante, sacudiéndose el trance y poniéndose de pie de un salto.
—¡Claro, claro! ¡Ya voy!
Ambos continuaron su camino, dejando atrás el bosque para dirigirse finalmente hacia la ciudad.
Fin del Capítulo 1









Tu forma de redactar es mala, te recomiendo editar tu obra y leer mis libros
gracias noel mollinedo, es que soy nuevo y es difícil escribir en este teclado pero pronto mejoraré