Capítulo 01
Pov. Narrador 🐻
La fría tarde golpeaba la piel del rubio, quien permanecía arrodillado frente a una tumba decorada con diferentes tipos de rosas. Las había acomodado una por una, procurando que ninguna hoja marchita estropeara el pequeño arreglo que había preparado antes de llegar.
Su mirada permanecía fija en el nombre grabado sobre la lápida.
Park Jimin.
Cuatro años.
Habían transcurrido cuatro años desde la última vez que escuchó su voz, desde la última vez que pudo sostenerle la mirada y desde aquella súplica que, a pesar del tiempo, seguía persiguiéndolo incluso cuando cerraba los ojos. Jungkook bajó la cabeza. Sus dedos comenzaron a jugar inquietos con el pasto húmedo mientras una sensación desagradable se instalaba en su pecho.
Se sentía una mierda.
No existía otra manera de describirlo.
La culpa era un sentimiento del que resultaba difícil desprenderse. Podía asistir a todas las terapias que le recomendaran, escuchar a cada persona que intentaba convencerlo de que había hecho lo correcto e incluso repetir aquellas palabras hasta memorizarlas. Nada de eso conseguía silenciar la voz que, en el fondo de su cabeza, insistía en recordarle que Jimin ya no estaba.
Y él seguía aquí.
Respirando.
Caminando.
Amando.
Viviendo una vida que, en ocasiones, sentía que no merecía.
-¿Jungkook?, ¿me estás escuchando?
La voz de Yoongi llegó desde el teléfono que sostenía contra su oreja. El rubio parpadeó, regresando lentamente a la realidad.
-Aquí estoy, Min.
-¿Aquí estás dónde? Porque llevo cinco minutos preguntándote dónde demonios te metiste y tú no has sido capaz de responderme una sola cosa.
Jungkook observó nuevamente la lápida.
-Estoy en el cementerio. ¿Qué sucede?
-¿Que qué sucede? -Repitió ella, incrédulo. - ¡Te dijimos que fueras por la torta, no que organizaras una excursión al cementerio, Jeon Jungkook!
El rubio cerró los ojos.
-Yoongi.
-¡No, nada de Yoongi! Ven inmediatamente antes de que Taehyung pierda la cabeza con la fiesta de Dohyun. Tu hijo lleva toda la tarde preguntando por ti y tu novio está a dos minutos de asesinar a alguien con una decoración de cumpleaños.
-Ya voy.
-Y espero que hayas traído la torta.
La llamada terminó.
El rubio apartó el teléfono de su oreja y dejó escapar una respiración cansada. Durante unos segundos permaneció inmóvil, contemplando el nombre que conocía mejor de lo que le habría gustado.
Después se inclinó hacia delante y acomodó una rosa que el viento había apartado del resto.
-Tengo que irme. -Murmuró.- Hoy es el cumpleaños de Dohyun.
Se detuvo.
No sabía por qué sentía la necesidad de explicárselo. Jimin no podía escucharlo. No podía reclamarle por llegar tarde ni recordarle que había prometido regresar antes de que oscureciera.
Aun así, lo hacía.
-Volveré pronto. Te lo prometo.
Aquella era la única promesa que Jungkook parecía capaz de cumplir sin falta.
Volver.
Volver a una tumba, a un recuerdo, a una culpa que se negaba a desaparecer. Porque sus últimos cuatro años podían resumirse en tres palabras: amor, culpabilidad y terapias.
Y ni siquiera la última había conseguido devolverle la tranquilidad.
Había aprendido a reconocer sus emociones, a hablar de ellas y a identificar los momentos en los que su mente comenzaba a arrastrarlo hacia un lugar del que le costaba regresar. Sin embargo, todavía le resultaba difícil aceptar algo tan sencillo como doloroso: él también era un ser humano. Durante demasiado tiempo se había tratado a sí mismo como una máquina. Una que debía funcionar correctamente, cumplir sus responsabilidades y resolver cualquier problema sin detenerse a sentir demasiado.
Sentir era perder el tiempo.
Eso se había repetido durante años.
Ahora comenzaba a comprender que aquella regla no le había ahorrado sufrimiento. Solo le había enseñado a esconderlo hasta que ya no sabía qué hacer con él.
Y, después de la pesadilla que creyó haber superado, todos parecían coincidir en una misma respuesta.
Hiciste lo correcto.
Jungkook detestaba esas palabras.
No porque estuviera convencido de haber hecho lo incorrecto, sino porque empezaba a preguntarse si lo correcto y lo necesario eran siempre la misma cosa.
Se incorporó, limpió el pasto adherido a sus pantalones y se despidió de Jimin con una última mirada.
Después caminó hacia su automóvil.
La vida seguía esperándolo.
Y, por desgracia, no podía pedirle que se detuviera mientras él intentaba aprender a vivir con lo que había perdido, con todo lo que había hecho.
-¡Por fin llegas!
Jin apareció en la entrada apenas escuchó el automóvil estacionarse. Su expresión se iluminó al ver a Jungkook, aunque aquella alegría duró exactamente lo que tardó en descubrir que el rubio no llevaba nada entre las manos.
-¿Y la torta? -Jungkook lo miró, Jin lo miró de vuelta.-
Ambos permanecieron en silencio durante un par de segundos.
-No me jodas. -Murmuró el mayor.-
-Voy a comprarla ahora.
-¡Jungkook!
-Lo sé.
-¡No, no lo sabes! ¡Porque si lo supieras, no estarías llegando con las manos vacías a la fiesta de cumpleaños de tu propio hijo!
-Jin, por favor.
-No me pidas por favor. Namjoon, ¡tu amigo ha perdido completamente la cabeza!
Desde el interior de la casa se escuchó una carcajada.
-¡Te dije que iba a olvidarse de la torta!
-¡NO AYUDAS, NAMJOON! -Gritó Jin antes de regresar su atención al rubio.- Entra. Y prepárate, porque Taehyung está molesto contigo.
Jungkook soltó una risa sin humor.
-¿Por qué no me sorprende?
-Porque lo conoces. Y porque, sinceramente, no sé cómo ninguno de los dos ha terminado estrangulando al otro.
Namjoon apareció detrás de Jin y rodeó los hombros de Jungkook con un brazo, guiándolo hacia el jardín.
-Vamos, Romeo. Intenta sobrevivir a tu propia fiesta.
-No es mi fiesta.
-Entonces procura sobrevivir a tu novio.
-Vete a la mierda, Namjoon.
-Ahí está. Ya estás recuperando el buen humor.
Jungkook negó con la cabeza, aunque una sonrisa involuntaria terminó dibujándose en sus labios.
El jardín estaba decorado con globos azules y blancos, pequeñas mesas dispuestas alrededor de la piscina y una enorme pancarta con el nombre del cumpleañero. Algunos invitados conversaban mientras otros bailaban al ritmo de la música. Todo parecía estar en orden.
Todo, excepto el pequeño desastre que se desarrollaba junto a la piscina.
-¡Dohyun, quédate quieto!
Taehyung sostenía un par de flotadores mientras intentaba colocárselos a un niño que parecía haber decidido que aquel era el peor invento de la humanidad.
-¡No quiero, papá! ¡Quiero nadar sin eso!
-Y yo quiero que dejes de moverte durante cinco segundos, pero parece que ninguno de los dos va a conseguir lo que quiere.
-¡No me gustan!
-Dohyun.
-¡No! -Taehyung cerró los ojos y respiró profundamente.-
Jungkook reconoció aquella expresión. Era la misma que su pareja utilizaba cuando estaba a punto de perder la paciencia, pero todavía intentaba comportarse como un adulto responsable.
El rubio se acercó justo a tiempo para levantar un poco la voz.
-¿Que sucede aquí? -Taehyung giró la cabeza.-
-Ah, mira. Llegó el salvador. -Jungkook fingió no escucharlo. Mientras Dohyun levantó la cabeza y sus ojos se iluminaron.-
-¡PAPÁ! -El pequeño se soltó de las manos de Taehyung y corrió hacia Jungkook, quien se agachó para recibirlo entre sus brazos.-
-Hola, mi amor.
-¿Por qué no me llevaste a almorzar?
La pregunta consiguió que Jungkook perdiera la sonrisa durante una fracción de segundo. Dohyun se apartó apenas lo suficiente para mirarlo a la cara.
-Te esperé mucho.
Y ahí estaba.
La culpa, esa maldita costumbre de encontrarlo incluso en los momentos más sencillos. Jungkook le acomodó el cabello con una mano.
-Lo sé, cariño. Lo siento mucho. Tuve un percance y no pude llegar a tiempo.
-¿Ya no querías ir conmigo?
-No digas eso. -Lo abrazó un poco más fuerte.- Claro que quería ir contigo. Te prometo que mañana vamos a almorzar juntos y podrás escoger lo que quieras. ¿Te parece?
Dohyun lo observó con desconfianza.
-¿Lo que yo quiera?
-Lo que tú quieras.
-¿Incluso hamburguesas? -Jungkook pinto una pequeñ mueca pero termino asintiendo.-
-Incluso hamburguesas.
-¿Y helado?
-También helado. -El pequeño sonrió.-
-Está bien, te perdono.
Jungkook soltó una carcajada y le besó la mejilla.
-Qué generoso eres conmigo.
-Lo sé. -Jungkook le bajo.-
-Anda, ve con tu tío Yoongi. Creo que tiene muchas ganas de meterse a la piscina.
Dohyun siguió la dirección de su mirada y descubrió a Yoongi recostado en una hamaca, con una expresión de absoluta indiferencia.
-¡TÍO YOONGI! -El hombre levantó la cabeza de golpe.-
-Mierda.
Jungkook aprovechó la distracción para alejarse antes de que su amigo terminara arrastrándolo a la piscina por culpa del niño.
Su atención regresó a Taehyung.
El pelinegro se había sentado en una de las sillas del jardín. Tenía los brazos cruzados y los ojos cerrados, como si estuviera intentando reunir la paciencia suficiente para no comenzar una discusión delante de todos.
Jungkook se acercó por detrás y se inclinó para rodearle la cintura con los brazos.
-Hola, cariño. -Taehyung soltó un quejido cuando sintió el peso del rubio contra su espalda.-
-Quítate. Estoy enfadado contigo.
-¿En serio?
-No, Jungkook. Estoy ensayando para una obra de teatro. -El mayor soltó una risa y depositó un beso en su mejilla.-
-Qué carácter.
-Y todavía tienes el descaro de decirlo. -Jungkook volvió a besarlo, esta vez cerca de la comisura de sus labios.-
-¿Vas a seguir castigándome mucho tiempo?
Taehyung abrió los ojos y giró la cabeza para mirarlo.
-¿Por qué fuiste al cementerio hoy? -La sonrisa de Jungkook se desvaneció ligeramente.-
-Quería visitar a Jimin.
-Lo sé. Pero también sabías que hoy era el cumpleaños de Dohyun.
-No iba a quedarme mucho tiempo.
-Pero lo hiciste. -Jungkook aflojó el abrazo.-
Taehyung se giró en la silla para quedar frente a él.
-Te esperamos para almorzar. Dohyun llevaba toda la mañana hablando de lo que quería comer contigo y al final tuve que inventarme algo porque no apareciste. Y, por si fuera poco, tampoco me dejaste dinero para comprarle nada.
El rubio frunció el ceño.
-¿Cómo que no te dejé dinero?
-Como lo escuchaste.
-Tae, hace poco recibiste el dinero de la venta de una de las mansiones de los Kim.
-Es mi dinero, Jungkook. -Él parpadeó, sorprendido por la respuesta.-
-Lo sé. No estoy diciendo que tengas que pagar las cosas de Dohyun si no te nace. -El semblante de Jungkook cambio de golpe.- Me refiero a que podrías haberme prestado y después te pagaba.
Taehyung se incorporó.
-¿De verdad crees que no soy capaz de comprarle algo a Dohyun?
-No he dicho eso.
-Pero lo estás insinuando.
-Estoy diciendo que podrías haberme prestado o entonces llamado y te enviaba dinero.
-¿Para qué? ¿Para que me recordaras que no tengo dinero suficiente para cuidar de nuestro hijo? -Se puso de pie molesto el pelinegro.-
-¡Taehyung, por Dios! -Jungkook también se puso de pie, bajando la voz al recordar que había invitados a pocos metros.- No conviertas todo lo que digo en algo que no es. Es solo que lo único que necesito de ti hoy es buena actitud, saludes a los invitados y estes con quien te pasas presumiendo en redes sociales.
-¿En serio me vuelves a sacar eso? -Se cruzo de brazos.- No tiene nada de malo que le quiera tomar fotos a Dohyun y quiera subirlas.
-Para mi si Kim porque te recuerdo que aún hay miles de personas que se atreven a llamarnos asesinos, por eso no creo que sea bueno que sepan quién es nuestro hijo.
-Y tu eres el único que le sigue dando importancia a lo que dicen, en serio, ¿no te han servido de nada las terapias de todos estos años?
El rubio apretó la mandíbula.
-¿Sabes qué? No voy a discutir contigo por esto.
-Claro que no. Porque tú decides cuándo podemos hablar y cuándo tengo que quedarme callado. -Jungkook lo miró con incredulidad.-
-¿Eso es lo que piensas de mí?
-A veces, sí.
La respuesta fue inmediata.
Demasiado inmediata.
Durante unos segundos, ninguno dijo nada.
Taehyung desvió la mirada primero. Jungkook, por su parte, pasó una mano por su cabello, intentando controlar la frustración que comenzaba a acumularse detrás de sus sienes.
-Yo estoy haciendo un esfuerzo, Tae.
-Nunca he dicho que no.
-Entonces deja de comportarte como si todo lo que hago estuviera mal.
-¡No se trata de eso!
Taehyung bajó la voz, aunque la irritación seguía presente en su rostro.
-Solo no vuelvas a sacar el tema de las fotografías de Dohyun. Es nuestro hijo. Me gusta tomarle fotos, guardar recuerdos y compartirlos con las personas que quiero.
-No me gusta que miles de desconocidos sepan quién es.
-¿Y qué quieres que haga? ¿Que lo esconda?
-Quiero que lo protejas. -Taehyung lo miró fijamente.-
-¿De quién? ¿De personas que ni siquiera conocemos? ¿De gente que puede seguir diciendo lo que quiera aunque no suba una sola fotografía?, tú eres el único que sigue viviendo como si cada persona que nos mira estuviera pensando en eso.
La frase golpeó un lugar demasiado sensible.
-No vuelvas a hacer eso.
-¿Hacer qué?
-Utilizar mis terapias cada vez que no estás de acuerdo conmigo. -Taehyung guardó silencio. El rubio respiró profundamente.- Sabes que no me gusta hablar del tema.
-Y tú sabes que estoy cansado de que cualquier conversación termine convirtiéndose en una pelea.
Jungkook lo observó durante unos segundos, esperando que dijera algo más.
Taehyung no lo hizo.
Finalmente, el pelinegro recogió una toalla que descansaba sobre la silla.
-Eres ridículo, Jeon.
Se alejó antes de que Jungkook pudiera responder.
El rubio permaneció inmóvil, siguiendo con la mirada a su pareja hasta que lo vio acercarse a Dohyun, que ya estaba dentro de la piscina junto a Yoongi.
Quiso ir detrás de él.
Quiso tomarlo de la mano, pedirle que regresara y decirle que no había querido hacerlo sentir de aquella manera.
Pero también estaba enfadado.
Y, últimamente, parecía que el orgullo siempre encontraba una manera de interponerse entre ambos.
-Por un momento pensé que había llegado a un ring de boxeo en lugar de a una fiesta infantil.
Jungkook giró la cabeza.
Mina lo observaba con una sonrisa divertida, una mano descansando sobre su vientre de seis meses.
-No empieces. -Advirtió él.-
-¿Empezar qué? Si yo no he dicho nada.
-Tu cara está diciendo demasiadas cosas.
-Mi cara es preciosa. No es mi culpa que la tuya parezca la de un hombre que acaba de perder una discusión contra su novio.
-¿Dónde dejaste a tu insoportable esposo? -Mina puso los ojos en blanco antes de abrazarlo.-
-Secuestrado por Namjoon y Jin desde que llegamos. Hoseok está muy feliz de verte, por cierto.
-Lástima que no pueda decir lo mismo.
-Mentiroso. -Jungkook sonrió débilmente y permitió que su hermana lo condujera hasta las sillas.-
Mina tomó asiento a su lado y lo observó con una expresión más seria.
-Ahora sí. ¿Qué pasó?
-Nada.
-Jungkook.
-Solo discutimos.
-Eso ya lo vi.
-Entonces no sé para qué preguntas. -Mina le dio un pequeño golpe en el brazo, él suspiró.- Estamos idiotas. Eso es lo único que tengo claro.
-No creo que estén idiotas. Creo que están cansados.
-¿Cansados de qué? Trato de complacerlo en todo lo que quiere, intento cumplir sus deseos, organizar las cosas para que no tenga que preocuparse por nada… Pero nunca parece suficiente.
Mina lo escuchó sin interrumpirlo.
-Y llega un momento en el que me pregunto para qué me esfuerzo tanto si al final él termina haciendo lo que quiere, incluso cuando sabe que no estoy de acuerdo.
-¿Y se lo has dicho? -Jungkook la miró.-
-Claro que se lo he dicho.
-¿Y se lo has dicho sin convertirlo en una discusión sobre quién hace más por el otro?
El rubio abrió la boca, pero no respondió. Mina asintió lentamente.
-Eso pensé.
-No estás ayudando.
-No estoy aquí para darte siempre la razón, hermanito.
Le tomó una mano y la apretó suavemente.
-Escúchame. No puedes esperar que Taehyung adivine lo que necesitas, del mismo modo que tú no puedes decidir qué es lo mejor para él sin preguntárselo. Quizá estás haciendo muchas cosas por tu familia, pero eso no significa que siempre estés viendo lo que tu familia necesita de ti.
Jungkook bajó la mirada.
-Estoy intentando hacerlo bien.
-Lo sé.
-No quiero equivocarme.
La expresión de Mina se suavizó.
-Lo sé, Kook. -Él tragó saliva.-
-Pero a veces siento que haga lo que haga, termino lastimando a alguien. -Mina guardó silencio durante unos segundos antes de acariciarle el brazo.-
-No puedes pasarte la vida intentando compensar todo lo que ha ocurrido. Tienes derecho a vivir, Jungkook. Y también tienes derecho a ser feliz.
El rubio desvió la mirada hacia la piscina.
Taehyung estaba ayudando a Dohyun a colocarse las gafas de natación. El pequeño no dejaba de hablar, y su pareja lo escuchaba con una sonrisa que Jungkook conocía demasiado bien. Una sonrisa que había extrañado más de lo que estaba dispuesto a admitir.
-Deberías aceptar mi propuesta de hace unos dias. -Continuó Mina.- Déjame a Dohyun unos días y vete de viaje con Tae.
-Tuvimos un viaje el mes pasado.
-Un viaje con Dohyun.
-¿Y eso qué tiene de malo?
-Nada pero también necesitan tiempo para ustedes dos.
Jungkook se quedó pensativo.
La idea le produjo una mezcla extraña de emoción y cansancio.
Porque sí, quería pasar tiempo con Taehyung. Quería despertarse junto a él, besarlo sin tener que preocuparse por quién estaba esperando en la otra habitación y conversar hasta quedarse dormidos. Pero también sabía que, últimamente, sus conversaciones parecían resumirse en discusiones estúpidas.
Discusiones que terminaban con él durmiendo en la habitación de invitados o, en los peores casos, en el cuarto de Dohyun, porque nada conseguía calmarlo tanto como abrazar al pequeño y sentir sus brazos alrededor de su cuello.
Era un consuelo egoísta, quizá.
Pero cuando su mundo parecía tambalearse, Dohyun seguía mirándolo como si su padre pudiera arreglar cualquier cosa.
Y Jungkook deseaba estar a la altura de aquella mirada.
Lo que más extrañaba, sin embargo, era otra cosa.
La mirada de Taehyung cuando todavía lo contemplaba como si fuera la persona con la que quería compartir todos sus días. Ahora el pelinegro parecía tener la atención dividida entre Dohyun y su creciente colección de pinturas. La casa de ambos se había convertido, poco a poco, en una galería privada.
Había cuadros en los pasillos, sobre las paredes de la sala y hasta en los rincones donde antes apenas había espacio para colocar una lámpara. Jungkook recordaba perfectamente el día en que Taehyung había comprado la primera obra de una nueva colección.
Había recorrido la casa con una sonrisa orgullosa y, cuando él le preguntó por qué necesitaba otra pintura, su respuesta había sido sencilla.
«El arte le da color a lo oscuro que es este hogar».
Aquellas palabras se habían quedado grabadas en su memoria.
Un año después, todavía le dolían.
¿No había suficiente color en aquella casa?
¿No eran Dohyun y él suficientes para llenar los espacios vacíos que Taehyung parecía encontrar en todas partes?
¿O había algo en su hogar que el pelinegro seguía siendo incapaz de nombrar?
-Quiero volver a hacerme cargo de las clínicas. -Anunció de pronto.
Mina dejó de acariciarle la mano.
-¿Qué? -Jungkook se puso de pie.-
-Mi terapeuta cree que estoy preparado para volver a dirigirlas.
-Jungkook, ya hablamos de esto.
-Y yo te escuché.
-Entonces deberías recordar que Taehyung y yo no estamos de acuerdo.
-Mi terapeuta me ha dado luz verde para lo administrativo.
-Pero eso no significa que tengas que hacerlo inmediatamente.
El rubio la miró con el ceño fruncido.
-Es mi carrera, Mina. Son las clínicas que construí. Me tomó años levantar todo aquello y no voy a pasarme el resto de mi vida apartado de algo que amo porque ustedes tienen miedo de que vuelva a equivocarme.
-No se trata de eso.
-Entonces, ¿de qué se trata?
Mina se quedó callada.
Jungkook respiró profundamente, consciente de que su tono había sido más duro de lo necesario.
-Lo siento. -Murmuró.- Pero necesito volver a hacer algo por mí mismo.
Su hermana lo observó durante unos segundos.
-Solo quiero que estés seguro de que estás preparado.
El solo se inclinó para besarle la frente y después se alejó, dispuesto a buscar algo de beber antes de regresar con los invitados.
Necesitaba distraerse.
Aunque, por alguna razón, empezaba a sospechar que ya no existía demasiada distancia entre sus distracciones y aquello de lo que intentaba escapar. La cocina estaba mucho más tranquila que el jardín.
Jungkook acababa de servirse un vaso de agua cuando escuchó una voz conocida desde la entrada.
-¡Mi Jungkook! ¡Qué felicidad verte!
La señora Park apareció acompañada por Félix, el enfermero que él mismo había contratado tiempo atrás para ayudarla con sus cuidados. El rostro del rubio se iluminó de inmediato.
-Señora Park. -Dejó el vaso sobre la encimera y se acercó para recibirla entre sus brazos. La mujer lo estrechó con tanta fuerza que Jungkook soltó una carcajada.-
-¡Pero mírate! Cada día estás más guapo.
-Usted siempre dice lo mismo.
-Porque es verdad, cariño.
Cuando finalmente lo soltó, la señora Park le acomodó el cuello de la camisa como si todavía fuera un niño.
-Me alegra mucho verte. Aunque, si te soy sincera, extraño cuando ustedes vivían cerca de mí. -Jungkook sonrió.-
-Todavía no he vendido la casa, podríamos devolvernos.
-¿Y quieres que Taehyung se enfade contigo? No, mi niño. Mejor voy a buscar a mi precioso cumpleañero que me ha tenido todo el dia con ganas de abrazarle. -La mujer se alejó con una risa, dejando a Jungkook junto a Félix.-
El castaño observó cómo desaparecía por la puerta y después volvió la atención hacia el rubio.
-A veces pienso que finge estar enferma. -Jungkook arqueó una ceja.-
-¿Por qué dices eso?
-Te sorprenderia ver como hace miles de cosas y nunca se queja, parece tener mejor salud que yo.
-¿Y eso te molesta?
Félix negó con la cabeza.
-En absoluto. Me gusta verla así. Aunque, si sigue empeñándose en hacer tantas cosas, un día voy a terminar perdiendo mi trabajo por no conseguir que descanse.
Jungkook soltó una risa.
-Puedes estar tranquilo. Ella te quiere demasiado para despedirte.
-Yo igual. -El castaño sonrió antes de apoyarse contra la encimera.-
-Por cierto, esta mañana fuimos al control médico.
-¿Y?
-Está perfecta. El médico dijo que todo va bien. -Jungkook dejó escapar un suspiro de alivio.-
-Me alegra escucharlo.
Y durante los siguientes minutos conversaron sobre la señora Park, sus cuidados y las pequeñas dificultades que habían tenido durante las últimas semanas. Félix era paciente, atento y tenía una facilidad particular para hacer reír a la mujer. Jungkook agradecía sinceramente que alguien la cuidara con tanto cariño.
Lo que no sabía era que, desde el otro lado de la puerta, Taehyung llevaba varios minutos observándolos. El pelinegro había ido a buscarlo para preguntarle si quería ayudar con las velas del pastel, el cual consiguió Jin con Nam, pero se detuvo al verlos conversando.
Félix acababa de decir algo que hizo reír a Jungkook.
Y Jungkook estaba sonriendo.
No era una sonrisa educada ni una de esas que utilizaba cuando tenía que fingir que todo estaba bien. Era una sonrisa auténtica, de esas que le arrugaban ligeramente los ojos y conseguían que sus facciones se suavizaran.
Taehyung conocía aquella sonrisa.
La conocía porque había pasado años intentando ser la persona que pudiera provocarla. Y, sin embargo, ahí estaba Jungkook, riéndose con otro hombre como si no llevaran toda la tarde discutiendo.
Taehyung cruzó los brazos, no tenía nada contra Félix.
Bueno, quizá sí.
Un poco.
El enfermero era amable, atento y demasiado atractivo para el gusto del pelinegro. Además, parecía entenderse con Jungkook con una facilidad que comenzaba a resultarle irritante.
Lo peor era que no tenía ninguna razón real para sentirse amenazado.
Félix no estaba haciendo nada malo.
Jungkook tampoco.
El problema era que Taehyung llevaba demasiado tiempo sintiendo que debía competir con todo aquello que conseguía captar la atención de su pareja.
Incluso con los recuerdos.
Especialmente con los recuerdos.
-¿Qué haces aquí? -La voz de Jungkook lo sacó de sus pensamientos. Taehyung levantó la cabeza y descubrió que ambos hombres lo estaban mirando.-
-Nada. Vine a buscarte. -El rubio sonrió.-
-¿Me necesitabas?
-Necesitamos las velas para el pastel, Jin trajo la torta con Nam pero olvidaron ese pequeño detalle.
-Ahora voy.
Taehyung asintió, aunque no se movió de su sitio. Félix se enderezó.
-Voy a buscar a la señora Park. Seguramente ya está intentando comer muchas chucherias.
-Gracias por acompañarla. -Dijo Jungkook. - Y por traerla.
-No tienes que agradecerme. -El castaño le dedicó una sonrisa antes de pasar junto a Taehyung.-
-Un gusto verte, Taehyung.
-Igualmente.
La respuesta salió más seca de lo que había pretendido. Félix no pareció notarlo. Se despidió con un gesto y salió de la cocina.
Jungkook observó a su pareja.
-¿Qué sucede?
-Nada.
-Tae.
-He dicho que nada. -El rubio ladeó la cabeza. Después una pequeña sonrisa comenzó a dibujarse en sus labios.-No me digas que estás celoso.
Taehyung abrió los ojos.
-¿Qué?
-Estás celoso.
-No seas ridículo.
-Cariño, te conozco.
-Pues parece que no tanto como crees. -Jungkook dejó escapar una carcajada. Taehyung lo miró con indignación.-
-¿Te parece gracioso?
-Un poco.
-Eres insoportable.
El pelinegro se dio la vuelta, pero Jungkook alcanzó a tomarlo suavemente de la muñeca.
-Espera.
-¿Qué quieres?
-Que me mires. -Taehyung permaneció inmóvil durante unos segundos antes de girarse lentamente.-
Jungkook le acarició la mano.
-Félix es el enfermero de la señora Park. Eso es todo.
-No he dicho lo contrario.
-No, pero tu cara acaba de escribir una novela entera.
-Pues deberías leerla. Quizá aprendas algo. -La sonrisa del rubio se suavizó.-
-¿Qué necesito aprender, Tae?
El pelinegro desvió la mirada.
La pregunta, pronunciada con tanta tranquilidad, consiguió desarmarlo más que cualquier broma.
-Nada.
-¿Seguro? -Taehyung guardó silencio. Jungkook se acercó un poco más.-
-Mírame, cariño. -Esta vez, Taehyung obedeció.- No tienes que competir con nadie.
El pelinegro sintió que algo se le apretaba en el pecho.
-¿Lo eres? -Jungkook parpadeó apenas.-
-¿Qué?
-¿Eres mío? -La pregunta quedó suspendida entre ambos.-
Por primera vez en toda la tarde, Jungkook no encontró una respuesta inmediata.
Taehyung bajó la mirada, arrepintiéndose casi al instante de haberlo preguntado. Se sentía ridículo. Tenían una casa, un hijo y cuatro años de historia compartida. No debería necesitar que Jungkook le confirmara algo que ambos habían prometido hacía tanto tiempo.
Pero había días en los que el amor parecía una certeza.
Y otros en los que necesitaba escucharlo en voz alta.
-Olvídalo. -Murmuró, intentando apartarse. Jungkook no lo dejó ir. En cambio, levantó una mano y le acarició la mejilla con el pulgar.-
-Ven aquí.
-Jungkook…
-Ven aquí, Tae.
El pelinegro terminó cediendo. El rubio lo atrajo hacia sí y le depositó un beso en la frente. Después otro en la mejilla, justo donde sabía que a Taehyung le gustaba sentir sus labios. El menor cerró los ojos. Durante unos segundos, la discusión de la tarde pareció quedar lejos.
-No me gusta que dudes de nosotros. -Susurró Jungkook.-
-Yo tampoco.
-Entonces háblame. No te guardes las cosas hasta que termines enfadándote conmigo por algo que ni siquiera sé que está pasando.
-Eso es bastante irónico viniendo de ti. -Jungkook soltó una risa baja.-
-Lo sé. -Le acarició el cabello y apoyó la frente contra la suya.- Pero estoy intentando hacerlo mejor.
Taehyung lo observó en silencio.
Quería decirle que él también estaba intentando hacerlo mejor. Que había días en los que no sabía cómo sentirse dentro de aquella vida que habían construido, que a veces necesitaba salir de la casa y caminar sin tener que ser el padre de Dohyun, la pareja de Jungkook o la persona que todos esperaban que fuera.
Quería decirle que, en ocasiones, ni siquiera sabía quién era cuando dejaba de intentar cumplir con todo aquello.
Pero no lo hizo.
En lugar de eso, se aferró a la camisa del rubio.
-Solo quiero que me prestes atención de vez en cuando. -Jungkook sintió que algo se le encogía dentro del pecho.-
-Lo siento, cariño.
-Y que dejes de irte sin avisarme.
-Mejorare.
-Y que no me hables como si fuera un niño.
-Eso también. -Taehyung entrecerró los ojos.-
-¿Estás escuchándome de verdad?
-Cada palabra.
-Bien. -Jungkook sonrió.-
-¿Hay algo más, señor Kim?
-Sí.
-Dígame.
-Bésame.
Jungkook sin dudarlo lo hizo.
No fue un beso tímido ni uno de esos que se daban por costumbre antes de salir de casa. Jungkook sostuvo el rostro de Taehyung entre sus manos y lo atrajo hacia sí con una intensidad que consiguió borrar la sonrisa burlona de los labios del menor. Taehyung respondió inmediatamente, aferrándose a sus hombros.
El rubio inclinó la cabeza para profundizar el beso, y el pelinegro soltó una pequeña risa contra su boca antes de volver a buscarlo. Había algo desesperado en la manera en que se besaban, como si ambos necesitaran recordar que seguían ahí, que todavía podían encontrarse en medio de todas las cosas que no sabían decirse. Jungkook rodeó la cintura de Taehyung y lo acercó hasta eliminar el último espacio entre sus cuerpos. El menor le acarició la nuca, enredando los dedos entre su cabello.
-Te extrañé hoy. -Murmuró Taehyung cuando se separaron apenas para respirar. Jungkook lo miró con ternura.-
-Estuve aquí toda la mañana.
-No así. -La sonrisa del rubio desapareció lentamente. Taehyung apoyó la frente contra su pecho.- A veces te tengo delante y aun así siento que estás en otra parte.
Jungkook cerró los ojos.
Por un instante, pensó en la tumba que acababa de abandonar. En las rosas. En el nombre grabado sobre la piedra.
En todas las palabras que nunca tendría la oportunidad de decir.
Después abrazó a Taehyung con más fuerza.
-Estoy aquí. -Susurró contra su cabello.- Contigo.
El pelinegro permaneció en silencio unos segundos antes de levantar la cabeza.
-Entonces no me hagas sentir que tengo que compartirte con todo lo demás. -Jungkook le acarició la mejilla.-
-No tienes que compartir nada.
Taehyung lo estudió con atención, como si quisiera asegurarse de que hablaba en serio. Después una sonrisa pequeña, casi tímida, apareció en sus labios.
-Es que tú eres mío, y de nadie más. -Jungkook soltó una carcajada suave.-
-¿Ah, sí?
-Sí.
-¿Y quién decidió eso?
-Yo.
-Qué conveniente. -Taehyung le dio un pequeño golpe en el pecho.-
-¿Quieres que te demuestre que hablo en serio? -El rubio arqueó una ceja.-
-Me encantaría ver cómo piensas hacerlo.
El pelinegro sonrió antes de volver a besarlo. Esta vez fue él quien tomó la iniciativa, aferrándose a la camisa de Jungkook mientras el rubio lo rodeaba por la cintura. Durante unos instantes, Jungkook se permitió olvidar las discusiones, la culpa y las preguntas que lo perseguían desde hacía cuatro años.
Solo estaba Taehyung.
Su boca.
Sus manos.
La manera en que todavía conseguía hacerle sentir que, pese a todo, existían cosas que valía la pena conservar. Cuando se separaron, el pelinegro permaneció cerca, acariciándole la mejilla.
-Te amo, Kook.
-Yo también te amo, Tae.
Y, en aquel momento, quiso creer que esas palabras eran suficientes. Quiso creer que el amor que sentía por Taehyung no había cambiado, que las dudas eran únicamente el resultado del cansancio y que, con un poco de tiempo, ambos conseguirían recuperar aquella tranquilidad que parecía haberse perdido entre las responsabilidades y los años.
Quiso creerlo tanto que no se permitió hacer ninguna pregunta.
Hasta que Taehyung volvió a sonreírle.
Fue un gesto pequeño, apenas una curva en sus labios mientras acomodaba el cuello de la camisa del rubio.
Pero Jungkook se quedó inmóvil.
Porque, por una fracción de segundo, aquella expresión le recordó a alguien más.
No a Taehyung.
A Minju.
A aquella forma particular de sonreír que había aprendido a reconocer entre los distintos rostros, gestos y maneras de ser que habían formado parte de la vida del hombre que amaba.
Jungkook parpadeó, intentando apartar el recuerdo.
No tenía sentido pensar en eso.
No ahora.
No mientras Taehyung seguía acariciándole la mejilla, mirándolo con una ternura que el rubio conocía de memoria. Sin embargo, algo había comenzado a moverse dentro de su cabeza.
Una duda pequeña.
Incómoda.
Una pregunta que llevaba demasiado tiempo intentando mantener enterrada.
Si había amado a Minju de aquella manera, si había aprendido a reconocerla entre todas las demás facetas de Taehyung, si su corazón todavía era capaz de distinguir cada uno de aquellos recuerdos…
Entonces, ¿qué significaba eso para el hombre que tenía delante?
Jungkook bajó la mirada hacia los labios de Taehyung, todavía curvados en una sonrisa.
Y, sin poder evitarlo, pensó en otra persona.
En una presencia que había marcado su historia de una manera diferente, en una voz que todavía parecía resonar en los rincones más oscuros de su memoria.
Daehyun.
El rubio sintió que se le helaba la sangre.
No había querido pensar en él.
No después de todo lo que habían vivido. No después de los cuatro años que había dedicado a construir una vida con Taehyung, a cuidar de Dohyun y a convencerse de que, por fin, había encontrado la manera de seguir adelante.
Pero la pregunta apareció de todas formas.
Cruel.
Inesperada.
Imposible de ignorar.
¿Qué pasa con Daehyun?, ¿seguía detras del rostro de su amado?
Pov. Narrador 🐻
-No se aceptan copias ni adaptaciones.-





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