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Cuidado

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Sinopsis

Hay experimentos que nunca deberían llevarse a cabo. En 2012, un proyecto científico pretende cambiar para siempre lo que la humanidad conoce sobre el universo. Pero algo sale mal y, en cuestión de minutos, el laboratorio se convierte en el escenario de un suceso inexplicable. Lo que ocurrió aquella noche quedó enterrado entre secretos y preguntas sin respuesta. Pero algunos secretos no permanecen ocultos para siempre. Y cuando la verdad empiece a salir a la luz, nada volverá a ser como antes. CUIDADO: hay cosas con las que es mejor no jugar.

Genero:
Horror
Autor/a:
hugoredo
Estado:
hace 2 horas
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
13+

parte 1 cap 1

CUIDADO

Capítulo 1: El Origen

23:47.

La primera señal apareció en una pantalla que llevaba nueve horas sin mostrar nada extraño.

La doctora Elena Weiss se inclinó hacia la pantalla.

—Samuel, ¿has tocado algo?

Al otro lado de la sala, Samuel Voss levantó la cabeza. Tenía una taza de café frío en una mano y una carpeta llena de anotaciones en la otra.

—No.

—Entonces ven a ver esto.

El laboratorio ocupaba varios niveles bajo tierra, lejos de las carreteras. Desde fuera parecía una instalación de investigación más. Bajo tierra, sin embargo, se extendía un complejo de pasillos, salas de pruebas, almacenes, dormitorios para los turnos largos y una cámara central construida alrededor de una máquina que, según sus creadores, cambiaría la historia.

Aquella noche había cerca de 60 personas dentro: científicos, ingenieros, técnicos, personal médico y guardias de seguridad.

Todos habían firmado documentos que les prohibían hablar de lo que hacían allí.

Ninguno había firmado nada para enfrentarse a algo que no comprendía.

En la sala principal, varias pantallas mostraban lecturas que nadie había visto antes. Una enorme estructura metálica ocupaba el centro de la cámara de experimentación. Sus anillos concéntricos rodeaban un espacio vacío, rodeado por cables y conductos que descendían hasta el suelo.

Samuel observaba los datos desde la plataforma de control.

Llevaba treinta y seis horas despierto.

—¿Estabilidad del sistema? —preguntó.

El técnico situado junto a la consola levantó la mirada.

—Noventa y cuatro por ciento. La energía se mantiene dentro de los parámetros previstos.

—¿Y las coordenadas?

—Confirmadas.

Samuel se quedó mirando el centro de la estructura.

Llevaban años trabajando en aquel proyecto. Habían realizado cientos de simulaciones, gastado millones en investigación y perdido más de una noche de sueño intentando resolver los mismos problemas.

Pero aquella vez era diferente.

No pretendían enviar una señal a través de una distancia enorme.Pretendían teletransportar por primera vez a una persona.

—Iniciamos la secuencia —ordenó Samuel.

El técnico introdujo el código de activación.

Las luces de la sala se apagaron.

Un zumbido grave comenzó a propagarse por las instalaciones. Primero fue apenas perceptible, una vibración que se sentía más en los huesos que en los oídos. Después aumentó hasta hacer temblar los paneles del suelo. Samuel permanecía frente a la pantalla principal, repasando los últimos datos. A su lado, Elena comprobaba que los sistemas de seguridad estuvieran preparados.

—¿Estamos seguros de que funcionará? —preguntó ella.

Samuel tardó unos segundos en responder.

—Con los objetos ha funcionado.

—No es lo mismo enviar una pieza de metal que enviar a una persona.

—Lo sé.

Al otro lado del cristal, un hombre se preparaba para entrar en la plataforma. Era el doctor Daniel Weber, uno de los científicos más experimentados del proyecto y especialista en sistemas de teletransporte.

Había participado en el diseño de buena parte del experimento y conocía los riesgos mejor que nadie.

Aun así, había aceptado ser el primero.

Daniel ajustó el dispositivo de comunicación que llevaba en la oreja y miró hacia la sala de control.

—¿Me recibís?

—Alto y claro —respondió Samuel por el micrófono—. ¿Cómo te encuentras?

—Nervioso. Pero, después de tantos años trabajando en esto, sería absurdo quedarnos a las puertas.

Algunos técnicos sonrieron.

Samuel también, aunque apenas durante un instante.

—Vamos a enviarte al punto de destino. Comprobaremos la conexión y, después, iniciaremos el regreso. Si notas cualquier anomalía, nos lo comunicas inmediatamente.

—Entendido.

Daniel entró en el centro de la plataforma.

Los anillos metálicos comenzaron a iluminarse uno tras otro.

En la sala de control, los técnicos ocuparon sus puestos. Elena observó las lecturas y confirmó que todos los sistemas respondían correctamente.

—Coordenadas introducidas.

—Sistemas de seguridad activos.

—Conexión preparada.

Samuel se acercó al micrófono.

—Daniel, vamos a comenzar.

—Adelante.

El técnico encargado de la secuencia miró Samuel.

—A la espera de confirmación.

Samuel respiró hondo.

—Iniciad la transferencia.

Un zumbido profundo recorrió la sala.

La luz de la plataforma aumentó de intensidad hasta envolver por completo al científico. Durante unos segundos, su silueta permaneció visible entre los anillos.

Daniel levantó una mano para indicar que todo iba bien.

Y entonces desapareció.

La plataforma quedó vacía.

En la sala de control se hizo el silencio.

Un técnico revisó la pantalla.

—Transferencia completada.

Elena se inclinó sobre la consola.

—¿Tenemos confirmación del destino?

—Las lecturas indican que la transferencia se ha realizado correctamente.

Samuel no apartaba la mirada de la plataforma.

—Intentad establecer comunicación con Daniel.

El técnico pulsó varios controles.

—Daniel, ¿me recibes?

No hubo respuesta.

Volvió a intentarlo.

—Daniel, responde, por favor.

Silencio.

Elena consultó los datos.

—Puede que la comunicación tarde unos segundos en restablecerse.

Samuel asintió, aunque su expresión había cambiado.

Entonces, una señal verde apareció en la pantalla principal.

TRANSFERENCIA COMPLETADA CON ÉXITO.

Uno de los técnicos se levantó de su asiento.

—¡Lo hemos conseguido!

Otro comenzó a aplaudir.

En cuestión de segundos, la sala se llenó de felicitaciones, sonrisas y voces emocionadas. Después de años de investigación, habían logrado teletransportar a un ser humano a otro lugar

Samuel sonrió, incapaz de ocultar su alivio.

—Todavía tenemos que traerlo de vuelta —recordó Elena.

—Lo sé. Preparad la secuencia de retorno.

Los técnicos volvieron a sus puestos.

La celebración duró apenas unos segundos más.

Samuel se acercó a la consola principal.

—Introducid las coordenadas originales. Vamos a recuperar a Daniel.

Las luces de la plataforma comenzaron a encenderse de nuevo.

Todos miraban hacia el centro de la estructura.

—Coordenadas confirmadas —anunció el técnico.

—Conexión establecida.

—Iniciando secuencia de retorno.

El zumbido volvió a llenar la sala.

La superficie oscura del portal comenzó a expandirse entre los anillos metálicos.

Samuel se inclinó hacia delante.

—Vamos, Daniel. Vuelve a casa.

La luz aumentó.

Durante un instante, una figura pareció dibujarse en el interior de la abertura.

—Tenemos una señal —anunció un técnico.

Elena observó la pantalla.

—Espera... Esa lectura no coincide con la anterior.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Samuel.

—No lo sé. La señal está cambiando.

Las luces parpadearon.

El zumbido se volvió más grave.

Y, de repente, algo salió del portal y cayó sobre la plataforma.

Al principio, desde la sala de control, parecía un hombre arrodillado.

—¡Daniel! —exclamó uno de los técnicos.

Samuel se acercó al cristal.

—¿Daniel? ¿Me escuchas?

La figura no respondió.

Permanecía encorvada, con la cabeza inclinada hacia el suelo.

Elena miró las lecturas.

—Samuel... tenemos un problema.

—¿Qué ocurre?

Ella señaló la pantalla.

—No coincide con los datos biométricos de Daniel.

Samuel dejó de sonreír.

Al otro lado del cristal, la figura comenzó a levantarse.

Era demasiado alta, No tenía un rostro reconocible.

Donde debería haber ojos, boca y nariz, solo había una superficie lisa, interrumpida por pequeñas hendiduras que aparecían y desaparecían sin seguir un patrón.

Sus brazos eran excesivamente largos y su cuerpo tenía unas proporciones que no correspondían a las de un ser humano.

El policía que vigilaba la entrada de la cámara experimental se acercó a la puerta.

—¿Qué demonios es eso?

La figura terminó de incorporarse.

Nadie habló.

Durante unos segundos, todos esperaron que se girara y mostrara el rostro de Daniel.

Pero cuando levantó la cabeza, quedó claro que aquello no era el científico.

El policía abrió la puerta de seguridad y entró en la cámara.

—¡Señor! ¡Al suelo! ¡No se mueva!

La criatura giró lentamente la cabeza hacia él.

El policía levantó el arma.

—¡He dicho que no se mueva!

La criatura dio un paso.

El policía retrocedió, sorprendido por la altura de aquella figura.

—Samuel... eso no es Daniel.

—¡Sal de ahí! —gritó Samuel por el comunicador—. ¡Ahora mismo!

Pero ya era tarde

El guardia disparó.

El sonido retumbó por toda la cámara.

La criatura se inclinó ligeramente hacia un lado.

Los proyectiles impactaron contra su cuerpo, pero no reaccionó como habría reaccionado una persona. Su silueta se contrajo durante una fracción de segundo y volvió a recuperar su forma.

El guardia dejó de disparar.

La criatura inclinó la cabeza.

Después imitó el movimiento que él acababa de hacer.

Exactamente.

La misma inclinación.

La misma pausa.

El mismo ángulo.

—¿Qué demonios…? —susurró el guardia. era demasiado tarde.

El policía levantó el arma, pero antes de poder reaccionar, la criatura se abalanzó sobre él y lo lanzó contra el suelo.

El cristal de la sala de control se llenó de gritos de dolor y sangre .

En la sala de control estallaron los gritos.

__ ¡joderrrr!

—¡Cerrad la cámara!

—¡El sistema no responde!

—¡Desconectad el portal!

Las alarmas comenzaron a sonar.

Samuel golpeó la consola.

—¡Cortad la energía! ¡Ahora!

Pero nadie sabía qué estaba ocurriendo ni cómo detenerlo.

La criatura se incorporó y volvió la cabeza hacia el cristal.

Todos los científicos retrocedieron.

Samuel permaneció inmóvil, mirando aquella silueta extraña.

Habían teletransportado a Daniel a otro lugar.

Habían creído que podían traerlo de vuelta.

Pero lo que había regresado no era Daniel Weber.

Y mientras la criatura avanzaba hacia la salida de la cámara, Samuel comprendió que acababan de cometer el error más terrible de sus vidas.

No habían demostrado que el teletransporte humano fuera posible.

Habían permitido que algo entrara en su mundo.

***

—¡Protocolo de contención! —gritó Samuel—. ¡Todo el personal no esencial, fuera de aqui!

Las puertas de seguridad comenzaron a abrirse.

Los científicos recogieron sus pertenencias y abandonaron sus puestos. Los técnicos desconectaron los equipos que todavía respondían. Dos guardias entraron en la sala con armas reglamentarias y se situaron junto a la puerta.

El jefe de seguridad, Marcus Keller, habló por radio.

—Central, aquí Keller. Tenemos una anomalía en el sector siete. Necesito que aseguréis los accesos y preparéis los equipos de intervención.

La respuesta llegó con interferencias.

—Recibido.

Pero se ha cargado a un soldado y me temo que a Daniel tambien.

—¿Necesitan evacuación?

Un golpe sacudió la puerta.

—¡Evacuación inmediata del sector siete! —respondió Keller—. ¡Y bloquead los ascensores de acceso exterior hasta nueva orden!

Mientras samuel y los demas cientificos se abandonaban la cámara de pruebas

Entraron 4 soldados para intentar darles mas tiempo a los cientificos para que escapasen pero cuando entraron vieron que la criatura ya no estaba.

__ ¡ donde coño esta !

Nadie habló.

Nadie se acercó.

Cuando pensaban que ya no estaba,de repente en menos de un segundo,sin tiempo a reaccionar,la criatura aparece de repente y con lo que se supone que era su cara,aplasta a los cuatro soldados contra el suelo y les mata.

***

La alarma general comenzó a sonar.

—¡Código rojo! ¡Código rojo! —anunció una voz automática—. Incidente crítico en el sector de pruebas. Todo el personal debe dirigirse a los puntos de evacuación.

En los pasillos, las puertas cortafuegos descendieron desde el techo.

Los guardias de las distintas secciones abandonaron sus puestos para ayudar a evacuar al personal. Otros recibieron la orden de mantener despejadas las rutas de salida.

En la central de seguridad, Keller observaba las cámaras.

—Quiero imágenes de la cámara principal.

—Estamos intentando recuperarlas.

—¿Cómo que intentando?

—El sistema ha perdido la señal de todo el sector.

Keller se inclinó sobre la consola.

—¿Y los sensores térmicos?

—No detectan ninguna fuente de calor coherente.

—¿Ninguna?

—Negativo. Hay algo que interfiere con las lecturas.

Keller agarró la radio.

—Todas las unidades disponibles, responded. Necesito saber quién está dentro del sector de pruebas.

Varias voces contestaron al mismo tiempo.

—Unidad dos, evacuando personal.

—Unidad cuatro, pasillo norte despejado.

—Unidad cinco, tenemos una puerta bloqueada.

—Unidad tres…

La comunicación se interrumpió.

Keller esperó.

—Unidad tres, repita.

Solo recibió estática.

—Unidad tres, informe.

Nada.

Una de las operadoras levantó la mirada.

—Señor, hemos perdido la cámara del corredor norte.

—Restablecedla.

—No puedo.

—¿Por qué?

La operadora señaló la pantalla.

—Porque la cámara sigue transmitiendo.

Keller la miró.

La imagen mostraba un pasillo vacío.

Al fondo, bajo una luz de emergencia, había un guardia de pie.

Permanecía inmóvil, mirando directamente a la cámara.

Keller reconoció el uniforme.

—Amplía la imagen.

La operadora obedeció.

El rostro del guardia estaba parcialmente oculto por la oscuridad.

—¿Quién es?

La operadora consultó el registro de personal.

—Agente Daniel Ruiz. Unidad tres.

Keller activó el comunicador.

—Ruiz, aquí central. ¿Me recibe?

El guardia no se movió.

—Daniel, confirme su posición.

La figura levantó lentamente la cabeza.

Y sonrió.

La imagen se distorsionó.

Cuando volvió a estabilizarse, el pasillo estaba vacío.

Keller sintió que se le tensaba la mandíbula.

—Bloquead el corredor norte.

—Señor, todavía hay personal asignado en esa zona.

—He dicho que lo bloqueéis.

La operadora activó el cierre.

En algún lugar del complejo, una puerta de acero cayó con un estruendo.

Keller volvió a mirar la pantalla.

Durante un instante, creyó distinguir una silueta al final del pasillo.

Después, la cámara se apagó.

***

Samuel y Elena corrieron hacia la zona de evacuacion.

A sus espaldas, varios científicos intentaban seguirles el paso, pero uno de ellos tropezó con un cable y cayó de rodillas. Otro se detuvo para ayudarlo.

—¡Seguid corriendo! —gritó Samuel.

Llegaron a la primera puerta de seguridad.

Elena introdujo su tarjeta y pulsó el control.

La pantalla parpadeó.

ACCESO DENEGADO.

—No puede ser.

Lo intentó otra vez.

ACCESO DENEGADO.

—¡La central ha bloqueado el sector! —dijo Samuel.

—¡Pues que lo desbloqueen!

Elena agarró el teléfono de emergencia.

No obtuvo respuesta.

A través del cristal de la puerta, Samuel vio aparecer a tres científicos que corrían por el corredor.

Uno de ellos era Martin Hale, responsable del equipo de ingeniería.

—¡Abrid! —gritó Martin desde el otro lado—. ¡Abrid la puerta!

Samuel golpeó el cristal.

—¡Elena, abre!

Ella introdujo un código manual.

La puerta comenzó a desbloquearse.

Pero algo se movía al fondo del corredor.

Una silueta demasiado alta.

Demasiado rápida.

Martin miró por encima del hombro.

Se quedó paralizado.

—No…

La criatura avanzaba hacia ellos.

—¡MARTIN, CORRE! —gritó Samuel.

Martin se volvió y echó a correr.

El primero de los empleados consiguió llegar a la puerta. Elena lo agarró del brazo y tiró de él hacia el interior.

El segundo llegó un instante después.

Martin estaba a pocos metros.

Entonces las luces del corredor se apagaron.

Se escuchó un grito.

Un golpe.

Y el sonido de alguien cayendo contra la puerta.

Elena retrocedió horrorizada.

Al otro lado del cristal, Martin estaba en el suelo.

No se movía.

La criatura permanecía agachada junto a él.

Samuel no podía apartar la mirada.

—Abre la puerta —dijo.

Elena lo miró, incapaz de reaccionar.

—¡ABRE LA PUERTA!

—¡Samuel, no podemos!

La criatura levantó la cabeza.

Miró directamente a través del cristal.

Después se incorporó.

Elena pulsó el cierre de emergencia.

La puerta se cerró con un estruendo metálico.

Durante unos segundos, la criatura permaneció al otro lado.

Luego se alejó.

Samuel apoyó ambas manos en el cristal.

Martin seguía en el suelo.

Pero ya estaba muerto.

—Tenemos que llegar al control general —dijo Elena, con la voz quebrada.

Samuel asintió lentamente.

A su alrededor, el complejo se había convertido en un laberinto de alarmas, puertas bloqueadas y comunicaciones interrumpidas.

Había cerca de sesenta personas trabajando allí cuando comenzó el experimento.

Ahora, por primera vez, Samuel se preguntó cuántas quedarían vivas al amanecer.

***

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