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𝗡𝗔𝗟𝗚𝗢𝗙𝗜𝗟𝗜𝗔 — 𝖢𝗈𝗎𝗇𝗍𝗋𝗒𝗁𝗎𝗆𝖺𝗇𝗌

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Sinopsis

⤷ ゛𝙉𝘼𝙇𝙂𝙊𝙁𝙄𝙇𝙄𝘼 ˎˊ˗ El venezolano sigue sin entender como el trasero redondito y firme de el salvadoreño le seguía siendo tan sexy, para el salvadoreño aquel solo era un pervertido. 𖹭. Venezuela x El Salvador. 𖹭. Serie: 'Filias' 𖹭. Sexfic. 𖹭. Escenas explícitas & sexo irreal.

Estado:
Completa
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

𝗻𝗮𝗹𝗴𝗼𝗳𝗶𝗹𝗶𝗮


Venezuela subía con pesadez las escaleras para llegar a su habitación, eran pasadas de las diez de la noche y el salvadoreño no había dado señales de vida.

¡Por Dios era su cumpleaños! ¿Acaso no sentía ni un poco de consideración por él? ¿En como se sentiría si no iba?

Por lo menos se debió molestar con avisar, así no estaría el esperándolo como un idiota.

Giró el pomo de la puerta adentrándose a su habitación extrañándose al estar esta a oscuras. Se dispuso a encender las luces pero cuando estaba a nada de tocar el interruptor una voz lo detuvo.

— ¡No! E-espera, no enciendas la luz. — Pidió, la clara voz de el salvadoreño.

— ¿Salva?. —

— S-si... —

— ¿Cómo... cómo entraste a mi habitación? ¿Por qué está todo a oscuras? —

El Salvador trago en seco, se escuchaba como se movía entre las sabanas de la cama. — ¿Te molesta?. —

— ¿Qué? ¡No!... ¿Puedo prender las luces? —

— ¡N-no!. — Negó apresuradamente. — Primero hablemos... ¿Por favor?. —

— ¿Por qué?. — Cuestiono, demasiado confundido el sudamericano.

— E-es... Vergonzoso para mi —

— Salva-... —

— Déjame hablar ¿Si? —

Venezuela, aun de pie en la entrada de la puerta, asintió en silencio, toda aquella situación lo embriagaba de curiosidad y sentía cierto nerviosismo a la vez. A pesar de que el mayor no lo viera el guanaco se aclaró la garganta para empezar a hablar.

— Desde hace tiempo yo- Me enamoré sin querer, ni siquiera me di cuenta, solo cuando ya era muy difícil ignorar lo que sentía. —

— Salva-... ¿Estás- —

— Si- Yo estoy enamorado de ti desde hace dos años-... Solo que nunca pensé que tu me llegarás a ver de ese modo-... Tenía miedo de esto. — Carraspeo. — De tu... problema, de que solo me usarás. —

— Salvador, no tienes que seg-... —

Y las luces fueron encendidas.

El venezolano abrió en grande sus ojos ante lo que estaba viendo, soltando un jadeo de sorpresa.

— ¿Sorpresa?...- —

Los ojos de Venezuela se clavaron en El Salvador, recorriéndolo con la mirada, observando e analizando lo que estaba usando.

Lencería.

Lencería negra junto a un conjunto del mismo color. ¡Joder! ¿Donde estaban los pensamientos puros cuando los necesitabas? Algo se estremeció y no fue su corazón cuando sus ojos alcanzaron el collar de gatito con su apellido escrito en él, se había endurecido.

— Salvador. — Su emoción era evidente, tanta, que cuando camino acercándose al menor, casi cae por tropezarse consigo mismo.

— ¡Cuidado!- — Reprochó, mientras iba a ayudar a el venezolano.

Venezuela se consideraba ligeramente afortunado, pero en ese momento no podía dejar de agradecer todo en su vida por poder presenciar a el salvadoreño tan jodidamente sexy, sin darse cuenta de que el mayor estaba babeando por su cuerpo y por la forma en que su trasero sobre salia de la falda dejando ver ¿bragas?.

Definitivamente, podía morir feliz.

— ¿Te lastimaste?. — Preguntó, sacando de el ligero trance a el venezolano, parpadeando aún atónito.

— ¿Qué?- ¿Ah?... No- — Decía sin dejar de evitar ver aquella minifalda, que dejaba mucha imaginación a su creativo cerebro. — P-pero- ¿Qué significa esto?. —

— Oh-... Eh, lo olvidaba. — Sonrojado, se acomodo en la cama. Miró al mayor y sonrió. — ¡Feliz cumpleaños!.

— ¡Soy tu regalo Vene! — Dijo de repente, lleno de confianza. — Puedes hacer conmigo lo que quieras. — Sonrió.

Los ojos de el mayor viajaron hasta la mesita de noche, notando varios objetos en ella, que talvez no iban a utilizar todos para una sola noche.

— ¿Lo que quiera? — Preguntó, halando a el menor hacía él.

— Ajá. — Recalcó con una sonrisa nerviosa.

— De acuerdo, lindo. — Tiró de El Salvador haciendo que este quedará de rodillas frente a él. — Entonces, empecemos. — Mordió la oreja de su amado, mientras sentía las respiraciones acelerarse, el salvadoreño se estremeció y gimió ansioso. Llevaba sus manos hacía el pecho del mayor, buscando quitar la estorbosa ropa. Pero Venezuela se lo impidió.

— No me toques a menos que yo te lo diga, ahora se un buen gatito y espera. — Ordenó.

— S-si. — Afirmó y asintió, no lo decepcionaría esta noche.

Venezuela acomodo a el salvadoreño en la cama, mientras, tiro de su cuello mirando los labios contrarios lamiendo los suyos.

— Ahora se un buen chico y dame tus manos. — Ordenó.

El Salvador obedeció, el venezolano lo movió un poco y puso sus manos a la cabecera de la cama.

El venezolano lo sentó sobre él permitiéndose observarlo de nueva cuenta con más detalle, Salvador podía sentirse endurecer ante la atenta mirada del mayor, jadeo.

Venezuela lo agarró por la mandíbula para besarlo, mientras que con su otra mano viajó hasta el pene del menor y lo acariciaba con dureza.

El tricolor se apartó jadeando, miró a el centroamericano que tenía los ojos entrecerrados pero sonreía, sus labios entreabiertos dejaban escapar pequeños gemidos de satisfacción; El Salvador lo estaba disfrutando.

— Salvador. — Gruño Venezuela.

— Castígueme, amo. — Sonrió.

Y Venezuela también lo hizo, pero sus ojos se oscurecieron sintiéndose más emocionado, en un rápido movimiento se deshizo de su playera arrojándola, dejando al descubierto su para nada despreciable torso desnudo, hizo lo mismo con el salvadoreño quedando en las mismas condiciones, las bragas del peli azul también fueron quitadas-arrancadas- con fuerza.

El Salvador se removió debido a la frialdad de estar casi desnudó, con sólo medias largas y su falda. — No te muevas. — se congeló al escuchar el profundo tono amenazador de el venezolano, no ese no era Venezuela era su amo.

Salvador miro fijamente el pecho y parte de los abdominales del mayor, jadeo cuando pudo ver un tatuaje en específico, sobre la linea V, con su nombre, ¡Santa mierda! ¿Cuando se había tatuado eso? Se mordió su labio inferior, el sudamericano sonrió sabiendo el porque de su reacción. Ya hablarían; Venezuela, mordió y chupo dejando marcas en el suave y pálido cuello.

— A-amo.. — Gimió.

El rubio regresó a su trabajo de nuevo mordiendo las clavículas y parte del pecho del menor, bajo con lentitud dejando un camino de suaves besos hasta sus muslos. Mordió y masajeo en la suave y sensible piel. El azulado jadeo y gimió entrecortado tirando de las esposas en sus muñecas.

Venezuela tomó un mini vibrador que era uno de los objetos antes en la mesita de noche, lo empujó con cuidado en la entrada de el centroamericano, quien tiro nuevamente de las esposas sintiendo una punzada de dolor al no a ver usado lubricante.

Lo encendió en el nivel uno. Salvador arqueó la espalda, echando su cabeza hacia atrás. Un sonido lascivo salió de sus hinchados labios rojos, su cuerpo ya estaba cubierto de muchas marcas de mordidas y chupones, sus pezones se encontraban hinchados y erguidos debido a que Venezuela los mordió.

— ¡Ahh! — Sus ojos se llenaron de lágrimas cuando el mayor puso las pinzas en sus pezones. Dolía, pero podía sentir el placer detrás de eso.

¿Masoquista? Si, ¿Le importaba? No.

— Quiero que gimas más fuerte para tu amo, bebé. — Susurró con voz ronca mientras tomaba el látigo y azotó los gruesos muslos del menor.

— ¡Ahh! — El menor mordió su labio inferior mientras que el rubio no dejaba de azotarlo en las piernas y parte de sus brazos.

— Me hiciste esperar por ti demasiado antes, ¿te gusta torturarme, ah? — Lo azotó de nuevo.

— ¡Ah D-dios! Lo siento amo. — Jadeó.

Venezuela estaba ahogado en su fantasía, había esperado demasiado por esto, y el que el salvadoreño haya sido el que tomó la iniciativa lo ponía y mucho, no podía pensar en otra cosa que no fuera tener placer y darle placer a El Salvador.

— Ah, ahg! Amo por favor. — Suplicó.

— ¿Por favor qué, cariño? — Cuestionó con cierto deje de burla en su voz.

— ¡Fóllame! ¡Mierda! —

Venezuela sonrió sin expresión.

— Ooh... Salvador... —

— A-ah... Por favor, fóllame, te lo ruego —

El aire faltó en los pulmones de el venezolano quien tomó una bocada de aire antes de inclinarse y susurrar: —En cuatro, ahora.

El Salvador obedeció rápidamente, maniobrando para tener una posición un poco más cómoda a causa de las esposas. Venezuela le dio una palmada en el trasero haciéndolo rebotar. El mayor agarró uno de los lubricantes sobre la cama y sonrió, sacó el vibrador de la entrada del peli azul ya más dilatada y esparció sobre esta el contenido de la botella en su mano.

Venezuela se lamio los labios viendo el lubricante que se filtraba desde la entrada del menor hasta sus muslos. Le azotó el trasero y mordió su mejilla derecha. Tomó ambos cachetes entre sus manos apretujándolos a su gusto, se hizo paso hacia la rosada entrada y dio una larga lamida, gustoso, siguió con su trabajo de dilatar más la entrada de El Salvador con su lengua

— Se siente bien. — El salvadoreño podía sentir que tocaba el cielo. Estaba a punto de correrse, pero no podía hacerlo.

— Amo... —

— Córrete para mi, cariño. — Permitió desde su posición, con su cara enterrada en el culo de el salvadoreño.

Salvador sonrió y se corrió gritando el nombre de su amo. Incluso si estaba agotado no se sentía satisfecho, el tricolor aún no tenía un orgasmo, sólo se había dedicado a satisfacerlo a él. Y también necesitaba tenerlo dentro de él, era algo que llevaba ansiando desde hacía mucho.

— Tan hermoso. — Halagó Venezuela en un murmullo sin dejar de ver a el salvadoreño, ni siquiera estaba parpadeando, estaba loco de amor por él.

— Amo, necesito ser follado por ti.— Ronroneo.

Venezuela rio socarrón.

— Hmm ¿Debería?. —

¡Demonios! ¡¿Era siquiera una pregunta?! Eso es todo lo que quería hacer, desde que lo vio en su cama vestido de esa forma, su pene seguía tan duro como una roca, pero también quería satisfacer a los dos. Pero ya había sido suficiente ¿Verdad? Ahora sólo tiene que follarse a el guanaco y terminar con ese juego, para hablar de algo todavía más importante que tener sexo, su futuro juntos. Se deshizo de sus últimas prendas tirándolas por alguna parte de la habitación.

Se coloco entre las piernas de el menor acomodándose, comenzó un besó hambriento y desordenado -un poco difícil debido a la posición- tragándose los jadeos de El Salvador mientras alineaba su miembro en la apretada entrada. Adentrándose con cuidado de no lastimar a el centroamericano, no debía ser un animal que sólo busca su propia placer, ambos debían disfrutarlo.

— Umhg- es grande... —

Venezuela espero a que se comenzará a acostumbrar iniciando un vaivén de caderas lento y profundo, los gemidos, jadeos y gruñidos de ambos no se hicieron esperar, el rubio saco su pene hasta la punta y entro de una sola estocada causando que el salvadoreño soltara un grito estrangulado.

Las embestidas comenzaron a tomar un ritmo más rápido y animal, el bicolor gritaba y jadeaba sin poder contenerse, era algo que jamás había podido experimentar. El sudamericano junto sus bocas nuevamente en un beso desordenado, sus dientes chocando entre si y saliva escurriendo por sus mandíbulas.

— ¡Tan jodidamente bien! Oh, cariño. Me tomas tan bien. —

— ¡Vene! ¡Ahg! —

— ¿Quien es tu amo? ¿Ah? ¿A quien le perteneces?. — Preguntó sin dejar de embestir dando justo en ese punto que hizo gritar a El salvadoreño aún más.

— ¡Ah! ¡T- Ahh! —

— ¡Palabras, cariño! — Una serie de nalgadas se unió a la salvaje unión.

— ¡Tú! ¡Ah! ¡Tú eres mi amo! —

El mayor sonrió satisfecho.

Venezuela sonrió que estaba llegado a su clímax, llevo su mano al pene necesitado de atención del menor, sin dejar de embestir agarro de la falda de olanes para tomar mejor impulso. Salvador gimió ante la doble estimulación.

El Salvador hizo sus manos puños tirando aún más de las esposas, seguramente eso dejaría marcas. Un par de embestidas más bastaron para que ambos llegarán al deseado orgasmo, jadeantes y sudorosos se permitieron derrumbarse. El salvadoreño sobre el colchón y el venezolano sobre él.

— Salvador. — Lo llamó.

— ¿Si? —

— ¿Esto significa que quieres ser mi novio? —

El Salvador sonrió. — No bobo, solo quería saber como se sentía tener sexo contigo. —

Las manos de el de estrellas apretaron sobre las caderas de el bicolor, este último solo mordió su labio inferior.

— Dundito, obvio que si. — Con está respuesta, Venezuela soltó un suspiro tembloroso.

— ¿Eso significa que podré tocar, morder y aplastar tu trasero como yo quiera?. —

— ... ¿Supongo?. —

— Yeii. — Venezuela sonrió mostrando sus hermosos dientes delanteros, se inclinó comenzando a dejar un camino de besos sobre la sudorosa espalda de castaño.

— Felicidades...- Uhmg — Salvador jadeo al sentir como e tricolor comenzaba a crecer nuevamente en su interior. — ¿Es enserio?. — Cuestionó incrédulo.

— Estoy entre tus majestuosos atributos. ¿Que esperabas? —

— Pervertido. — Venezuela soltó una risita.

— ¿Una segunda ronda, chiquito? — Diablos, en este momento el salvadoreño temió en verdad por su culo.

— Si... amo. —

Puaj, ¿quedarse en silla de ruedas? Eso no es nada.



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