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Entre tantas coincidencias ||Jeon Jungkook||

Sinopsis

Existen encuentros que parecen insignificantes, personas que llegan sin previo aviso y sentimientos que nacen cuando menos se esperan. Jeon Jungkook vive rodeado de luces, aplausos y millones de miradas. Ha conseguido aquello con lo que muchos solo pueden soñar, pero incluso detrás de una vida extraordinaria existe alguien que anhela disfrutar de las cosas más sencillas. Valentina Bennett, por su parte, solo intenta encontrar su lugar en un mundo que todavía le resulta desconocido. Independiente, de carácter fuerte y poco dispuesta a complicarse la vida, jamás imaginó que alguien pudiera poner su tranquila existencia de cabeza. Dos mundos distintos, dos caminos que nunca estuvieron destinados a encontrarse, pero que, por alguna extraña razón, comienzan a entrelazarse. Entre risas inesperadas, secretos, emociones difíciles de comprender y circunstancias que pondrán a prueba aquello que creen conocer, ambos descubrirán que el corazón no siempre sigue el camino que la razón considera correcto. Porque algunas historias de amor no comienzan con grandes promesas. A veces, comienzan con una simple casualidad. Y terminan convirtiéndose en aquello que jamás imaginamos necesitar.

Genero:
Romance,Drama
Autor/a:
J ♡
Estado:
hace 2 días
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
13+

➳ Capítulo 1

Valentina llevaba exactamente siete minutos intentando comprender por qué una factura de transporte aparecía registrada dos veces.

La primera vez pensó que había cometido un error, la segunda, que el sistema estaba fallando, a la tercera, después de revisar el mismo documento hasta sentir que los números comenzaban a mezclarse, llegó a la conclusión de que alguien había hecho mal su trabajo y ella estaba pagando las consecuencias.

—Fantástico —murmuró, apoyando la espalda contra la silla.

Eran las 10:23 de la mañana.

Sobre su escritorio descansaban una taza de café que había olvidado terminar, dos carpetas pendientes de clasificación y un pequeño cuaderno donde anotaba aquellas expresiones coreanas que todavía se le resistían.

Había llegado a Corea del Sur cinco meses atrás y, aunque su dominio del idioma había mejorado considerablemente, algunos términos administrativos seguían representando un desafío. Podía mantener una conversación formal, pedir comida y discutir con el repartidos cuando se equivocaba de dirección. Sin embargo, cuando alguien comenzaba a utilizar expresiones demasiado técnicas, necesitaba unos segundos adicionales para asegurarse de haber entendido correctamente.

Y en aquel trabajo, equivocase podía convertirse en un problema.

Volvió a comparar los documentos, los números coincidían, pero las fechas de recepción eran diferentes.

Abrió el registro de entregas, buscó el código correspondiente y descubrió que el segundo importe pertenecía a una operación que había sido cancelada.

Ahí estaba.

—Por fin.

Corrigió el registro, añadió una nota explicativa y guardó el archivo.

—¿Resolviste lo de las facturas?

Valentina levantó la mirada.

Kim Na-eun estaba apoyada contra la separación de su escritorio, con una carpeta bajo el brazo y una expresión demasiado alegre para alguien que llevaba trabajando desde las ocho.

—Sí, habían registrado dos veces el mismo transporte.

—¿Otra vez?

—Empiezo a sospechar que alguien disfruta poniéndome a prueba.

Na-eun sonrió.

—Deberías pedir un aumento.

—Debería pedir vacaciones.

—También.

Valentina giró la silla para mirarla mejor.

—¿Necesitas algo o vienes a supervisar mi sufrimiento?

—¿No puedo venir a saludar a mi amiga?

—Puedes, pero cuando llegas sonriendo de esa manera, generalmente significa que estás planeando algo.

Na-eun se llevó una mano al pecho con fingida indignación.

—Me ofende que tengas una opinión tan mala de mí.

—Tengo pruebas suficientes.

Su amiga soltó una carcajada, pero antes de responder miró discretamente hacia el otro extremo de la oficina. La señora Choi, supervisora del departamento, atravesó la oficina con varios documentos apretados contra el pecho. Venía de otra reunión y ni siquiera respondió al saludo de uno de los contables. Na-eun dejó de sonreír por un momento.

—Por cierto, ¿te enteraste de lo que están comentando?

Valentina siguió la mirada.

—¿Sobre qué?

—Dicen que habrá cambios en algunos departamentos —añadió Na-eun, bajando la voz —Están revisando los presupuestos.

Na-eun hizo una mueca, Valentina había notado que se posponían pedidos y contrataciones, aun así, las especulaciones de oficina rara vez eran fiables. La señora Choi desapareció desde la puerta de su despacho.

—Supongo que tendremos que esperar a que alguien nos explique.

—¿Almorzamos juntas? —preguntó Na-eun recuperando el entusiasmo.

—¿Eso era todo?

—Por ahora.

—Ese por ahora no me gusta.

Na-eun comenzó a retroceder hacia su escritorio.

—Entonces a la una.

—Na-eun.

—¡Tengo trabajo!

Valentina la vio alejarse. Na-eun tenía el don de hablar de asuntos serios y, un minuto después, proponer un almuerzo como si nada. Quizá por eso se habían hecho amigas tan rápido. Fue la primera persona que le habló despacio sin hacerla sentir torpe por pedir que repitiera algo. Desde entonces compartían almuerzos, recorridos improvisados por Seúl y anécdotas que Valentina no siempre se atrevía a contarle a su familia.

Regresó a su computadora.


—Una vez más desde el segundo estribillo.

Jungkook levantó la cabeza, Hoseok examinaba la grabación de la última secuencia frente al espejo.

—El cambio de formación está bien —continuó —pero llegamos un poco tarde al siguiente movimiento, si ajustamos la transición va a verse mucho más limpio.

Jimin se acercó a mirar la pantalla.

—Creo que el problema está aquí —señalo un instante concreto del video.

Jungkook se inclinó para observarlo, había adelantado apenas el hombro en el desplazamiento central, bastaba para alterar la formación.

—Fui yo —reconoció.

Hoseok volvió a reproducir el fragmento.

—No solamente tú, tenemos que ajustar la entrada todos.

—Podemos marcarla con el golpe anterior —propuso Jungkook.

Namjoon, que se había acercado para escuchar la conversación, asintió.

—Probemos.

La música comenzó nuevamente, Jungkook regresó a su posición.

Acababan de regresar de una gira por Europa y tenían por delante dos conciertos en Seúl, afinar los movimientos formaba parte del trabajo. La música alcanzó el segundo estribillo, esta vez esperó la marca exacta y avanzó con el resto, el movimiento encajó. Hoseok lo confirmó cuando terminó la secuencia.

—Eso, mucho mejor.

Jungkook sonrió, recuperando el aliento.

—¿La repetimos?

—Primero agua —intervino Seokjin desde el otro extremo del salón —llevamos bastante tiempo.

—¿Estás cansado? —preguntó Jimin.

Jin le sostuvo la mirada.

—Estoy siendo responsable, alguien tiene que hacerlo.

Taehyung, sentado cerca de los altavoces, soltó una sonrisa mientras destapaba su botella.

—Hace cinco minutos estabas preguntando dónde íbamos a comer —le recordó Taehyung.

—Una cosa no impide la otra —replicó Jin, y la sonrisa de Jungkook se ensanchó.

Durante la pausa, Jungkook se sentó junto a Yoongi, que revisaba unas anotaciones en su teléfono.

—¿Qué haces? —preguntó.

—Revisando unos cambios de producción.

—¿Algo de mañana?

—De la segunda noche.

Yoongi le mostró una propuesta de transición entre dos canciones de la segunda noche.

—Si conservamos unos segundos la luz de la canción anterior, la entrada tendría más fuerza —sugirió Jungkook.

—Eso pensé.

—¿Ya lo hablaste con el equipo?

—Mañana.

Yoongi asintió y guardó la observación para la reunión técnica.

—Kook.

Levantó la mirada, Namjoon estaba junto a la puerta.

—Después del descanso tenemos una reunión corta con el equipo de producción.

—¿Sobre los conciertos?

—Sí, y parece que quieren revisar algunos asuntos de comunicación.

Jungkook sabía a qué se refería: los comentarios sobre unas fotografías tomadas durante la gira todavía circulaban en redes.

—Está bien.

Namjoon lo observó durante un segundo.

—¿Todo bien?

—Sí, pero espero que no se alargue como última reunión.

—Escucha lo que tengan que decir y luego explícales tu postura —aconsejó Namjoon.

Jungkook sonrió apenas.

—Lo haré.

Namjoon le tocó el hombro antes de irse.

—¡Jungkook! —lo llamó Jimin desde el centro del estudio.

—¿Vienes?

Los demás ocupaban ya sus posiciones, Jungkook dejó la botella a un lado y se levantó.

—Ya voy.

Mientras caminaba hacia el centro del salón, Jimin le dirigió una mirada divertida.

—Estabas muy serio.

—Estaba pensando.

—Eso suele ser peligroso —bromeó Jimin.

Jungkook soltó una pequeña risa y le dio un empujón amistoso con el hombro.

—Concéntrate en el ensayo.

—Tú concéntrate en no adelantarte otra vez.

Jungkook levantó las cejas.

—¿Quieres apostar?

Jimin sonrió inmediatamente.

—Ahora sí estás hablando.

Hoseok los observó desde el equipo de sonido.

—Si terminaron de competir, podemos continuar.

Hoseok puso la música antes de que pudieran continuar con la discusión, Jungkook regresó a su marca, aun sonriendo.

—Necesito que me prometas algo.

—No —contestó Valentina antes de escuchar la propuesta.

Na-eun parpadeó.

—¡Todavía no te he dicho qué es!

—Precisamente por eso.

Almorzaban en un restaurante cercano a la oficina. Valentina acaba de probar el primer bocado cuando Na-eun la miró con una gravedad teatral.

—Escúchame primero —insistió Na-eun.

Valentina tomó un poco de agua.

—Te escucho.

Na-eun le mostró en el teléfono el anuncio de los próximos conciertos de BTS en Seúl.

—Ah, no.

—¡No he terminado!

—Ya hablamos de esto.

—Hablamos de que yo quiero ir, no de lo que pasaría si consiguiera dos entradas.

—¿Dos? —repitió Valentina, dejando los palillos.

Na-eun asintió con entusiasmo.

—Dos.

—¿Y por qué necesitas dos?

—Porque quiero ir contigo.

—No, Na-eun —respondió Valentina.

—¡Pero sería increíble!

—Para ti.

—¡Para las dos!

—Na-eun, yo no conozco ni la mitad de las canciones que vas a querer cantar.

—Eso tiene solución.

—No pienso estudiar un repertorio como si tuviera un examen.

Su amiga se rio.

—No tienes que hacerlo, solo quiero que vengas y disfrutes.

Valentina volvió a concentrarse en la comida.

No tenía nada en contra BTS, de hecho, le gustaban varias de sus canciones. Había escuchado algunas en la academia de baile y otras formaban parte de sus listas habituales. Reconocía el talento de los integrantes, especialmente la energía de sus actuaciones, pero nunca había sentido la necesidad de pagar una entrada para asistir a uno de sus conciertos, mucho menos una VIP.

—¿Sabes cuánto cuesta una entrada de esas? —preguntó.

Na-eun asintió.

—Sí.

—Entonces comprenderás por qué prefiero conservar mis órganos.

Su amiga soltó una carcajada.

—¡Yo me encargaría de conseguirlas!

—Ese no es el punto.

—¿Cuál es el punto?

Valentina la miró.

—Que no quiero que gastes tanto dinero en mí.

Na-eun dejó de sonreír por un momento.

Conocía demasiado bien a Valentina, sabía que su amiga tenía dificultades para aceptar invitaciones costosas y que siempre insistía en pagar su parte, incluso cuando alguien deseaba tener un gesto amable con ella.

—Valentina —dijo con un tono más tranquilo —si consigo las entradas, será porque puedo permitírmelo.

—Na-eun….

—Y porque quiero compartirlo contigo.

Valentina bajó la mirada, su amiga continuó.

—No te estoy pidiendo que te conviertas en ARMY de la noche a la mañana, solo quiero que hagamos algo diferente.

—Contigo nunca existe la posibilidad de hacer algo normal, ¿verdad?

Na-eun sonrió.

—Claro que sí, ayer fuimos al supermercado.

—Compraste tres tipos de fideos porque las envolturas tenían personajes de una serie.

—¡Estaban en oferta!

Valentina empezó a reír.

Na-eun también.

Y durante unos minutos la conversación se desvió hacia la cantidad absurda de compras que su amiga había acumulado durante aquella semana, pero cuando terminaron de almorzar y salieron nuevamente a la calle, Na-eun volvió a sacar el tema.

Esta vez sin bromas.

—Piénsalo, ¿sí?

Valentina la observó, su amiga tenía una expresión ilusionada, no era solamente el concierto, lo comprendió entonces.

Na-eun quería vivir aquella experiencia con alguien cercano, tener a quién mirar cuando comenzara una canción que adoraba, con quién comentar lo ocurrido después y con quién compartir la emoción de una noche que llevaba mucho tiempo esperando.

Valentina conocía esa sensación, la había experimentado muchas veces con sus hermanos, había momentos que disfrutaba simplemente porque podía compartirlos con alguien.

—No te prometo nada —respondió finalmente.

Na-eun sonrió.

—Eso es mejor que un no.

Valentina levantó un dedo.

—Pero quiero dejar algo claro.

—¿Qué?

—Si voy, no voy a ponerme uno de esos atuendos extravagantes que me enseñaste ayer.

Su amiga abrió la boca.

—¡Pero todavía no te mostré los nuevos!

Valentina se detuvo en mitad de la acera.

—¿Los nuevos?

Na-eun sonrió con una inocencia demasiado ensayada.

—Encontré algunas opciones.

—No.

—Hay una chaqueta preciosa.

—No.

—Y unos accesorios que...

—Kim Na-eun.

—¡Está bien!

Las dos continuaron caminando entre risas, Valentina no había aceptado, pero por primera vez desde que su amiga comenzó a hablar del concierto, la idea ya no le parecía completamente descabellada.

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