Chapter 1
Kelly
Hoy me levanto de buen humor, aunque la primera clase sea Humanidades. La encuentro tan aburrida que siempre termino cabeceando. Allí me encuentro nuevamente a Weston, en primera fila como siempre. Con su sudadera negra con capucha, súper ancha, y su pantalón igual de ancho, sujetado por una correa que a veces, muy pocas veces, se le marca, pero ya sabemos que siempre la trae. No lo he visto ni una sola vez sin el gorro en la cabeza y sin las gafas oscuras. Hasta dentro del salón se las deja puestas. Su barba, un poco crecida y descuidada.
Weston Hagen, ese es su nombre. La primera vez que lo vi fue el primer día de universidad, caminando por el pasillo frente a la biblioteca. Ya había escuchado sobre los hermanos Hagen antes de entrar a la universidad. Familia con dinero e influencia en el mundo de los negocios. Según me dijo Josie, el hermano mayor, Rhett Hagen, es quien dirige el club deportivo de la universidad y actualmente está en tercer año. A él ya lo había visto en las redes sociales. Es el típico chico inalcanzable que tiene a todas locas en los comentarios de sus posts. Sin embargo, de quien no había visto ni una foto era del menor, Weston, de segundo año.
Lamentablemente para algunos, soy una persona curiosa, y no poder encontrarlo en ninguna red social me causó más curiosidad. Estaba súper emocionada de entrar a la universidad solo para verlo, aunque fuese de lejitos.
A diferencia de su hermano, él es raro, cero sociable y con cero chicas a su alrededor. Es un perfecto cero a la izquierda en toda la universidad.
—Buenos días, Kelly —me dice en voz baja Michael, estudiante de segundo año que conocí precisamente aquí porque se sienta junto a mí. Él y yo compartimos mesa.
—Buenos días… Hoy, por favor, mantente callado durante la clase. No quiero que el profesor nos llame la atención como ayer.
—No pasa nada. ¿Qué tal si vamos a la cafetería juntos a la hora del almuerzo?
—Shhh. Te dije que no me hables, pero ok. Allí nos vemos.
Michael, al igual que Weston, coge Humanidades como una de las clases básicas que son requisito para casi todas las profesiones. En esta clase no solo estamos los de primer año.
Mi sueño siempre ha sido tener los mejores recuerdos en estos cuatro años de universidad. Así que, antes de salir de la High School, me propuse que iba a dejar la timidez a un lado y, por supuesto, que necesitaba conseguir un novio. Que diga… Aún necesito conseguir uno.
Para ser realista, no soy la chica más guapa ni la que atrapa miradas cuando va pasando. En toda mi vida solo se me han acercado dos chicos. Uno en el campamento de verano, que resultó que solo cumplía con una apuesta, y otro que, a decir verdad, tenía muy mal aspecto. No soy superficial, solo que ni tenía buen aspecto y, para sumarle, no tenía buena personalidad. Ni lo uno ni lo otro.
Al salir de clases, me encuentro con Josie en el pasillo. Ella es mi única amiga de mi pueblo que entró también a esta universidad.
—Kelly, ¿viste que ya se abrieron las inscripciones para el equipo de volleyball de primer año?
—No, no he visto nada aún. Estuve esperando desde agosto, ¿y ahora es que lo van a hacer?
—Sí, se han tardado. Vas a ir, ¿cierto?
—Obvio que voy. Necesito entrar al equipo para poder seguir becada el próximo año. Si no logro entrar, estaré jodida.
—Vas a poder. Yo voy a ti.
La abrazo de lado.
—Ay, gracias. Por eso eres la mejor amiga del mundo.
—Lo sé, no me lo tienes que decir.
—Por cierto, Michael me dijo para encontrarnos en el almuerzo. Le dije que sí.
—Ay no, Kelly. ¿Por qué me haces esto? No me gusta él.
—Vamos, Josie. ¿Qué no te gusta de él? Está guapo.
—Es que él habla mucho, y cada vez que se sienta con nosotras se paran muchas buitres a saludarlo. —Tuerce los ojos hacia arriba—. Luego nos andan mirando mal.
—Ya sé, pero no es su culpa. Al menos ellas se quedan paradas y nosotras sí estamos sentadas con él, ¿no crees?
—Sí, sí. Como digas…
Hace aproximadamente dos meses y medio comenzaron las clases. Mi primer año, y yo estaba requete emocionada. Pude entrar a esta universidad prestigiosa por una beca deportiva. Soy muy buena jugando volleyball, pero cuando me ven siempre piensan lo contrario, pues mi estatura es pequeña. Mido unos cinco pies con dos pulgadas y mi complexión es pequeña también. Muy delgada, sin grandes atributos.
Heredé la estatura de mi papá. Mi mamá es más alta que él. Mi tía Annie siempre los vacila diciendo que ellos son la nota discordante. Estatura baja, personalidades diferentes y gustos totalmente opuestos.
Lo malo es que la beca es condicional. Para que me la renueven el próximo año tengo que estar en el equipo oficial, y las selecciones de primer año las hace el club deportivo. Si no soy parte del club, no puedo ni hacer el tryout.
Estoy frente a la mesa de registro de clubes. A la fecha de hoy no me he unido a ninguno, así que esta vez no me queda de otra. Entraré al club deportivo. Estoy llenando las hojas y veo muchas reglas que parecen no ser simplemente para hacer deporte. Una de ellas dice que no nos debemos negar a las peticiones o exigencias del líder. Eso me parece raro, pero supongo que, viendo cómo son las cosas aquí, nos estará mandando a limpiar las duchas o quizás a limpiar balón por balón con una toallita diminuta. Creo que puedo tolerar eso con tal de entrar al equipo de volleyball y mantener mi beca.
Son las nueve de la noche y recibo un email de bienvenida del club con información sobre los encargados del liderazgo y sobre la próxima reunión.
A las nueve y dieciocho recibo un mensaje de texto de un número que no tengo guardado.
Número desconocido: Hola, soy Amanda Sierra. Seguramente ya leíste sobre mí en la información que se te envió en el email. Guarda mi número. Mañana, a las diez de la noche, comenzará tu iniciación en el club. Te estaremos esperando en el edificio viejo, lo que antes era el área de administración. No llegues tarde.
Guardo su número.
Kelly: Hola, un gusto. ¿Por qué a esa hora?
Amanda: ¿Tienes algún problema con el horario?
Kelly: No, solo que se me hace extraño reunirnos en la noche.
Amanda: Ejercicios nocturnos. Si no estás lista, puedes abandonar el club ahora.
Kelly: Ok, ahí estaré. Gracias.
No recibo contestación.
Hoy al amanecer solo tengo tutoría de matemáticas en la mañana. El tutor, Mathew Hagen, primo de los hermanitos Hagen, es quien me enseña las ecuaciones que necesito para pasar mi próximo examen de matemáticas.
El tipo es un genio enseñando. Lo hace ver tan fácil que, cuando me toca resolver un ejercicio, no sé ni por dónde comenzar.
—Kelly, hoy me enteré de que vas a reunirte para tu iniciación en el club de deportes.
—Sí, hoy será. Espero que me vaya bien. Llevo unos meses sin hacer ejercicio. ¿Usted sabe más o menos qué van a hacer?
—Mmm, por lo que he escuchado, hacen cardio en la noche. He oído algo sobre yoga y esas cosas. Creo que es para mantenerse unidos.
—Oh, suena bien.
—Sí. Ya sabes que Rhett es el líder, ¿verdad?
—Sí, lo sé. Se ve agradable.
—¿Has hablado con él alguna vez?
—No, nunca. Alguien como yo no tendría esa dicha de poder hablarle como le hablan otras.
Suelta una risa.
—Bueno, pero ahora en el club vas a poder hablarle y conocerlo mejor.
—¿Él habla con los integrantes del club? Siempre lo veo rodeado de la misma gente.
—Sí, creo que sí habla con todos. En especial la primera vez que alguien llega al club. Tú solo dale una buena impresión.
—Oh, bueno saberlo. Entonces… como ya terminamos, me iré. Tiene gente en la puerta esperando. Gracias, Mr. Hagen.
—A tus órdenes. Cuídate.
Tengo que llamar a mi mamá hoy. Llevo una semana que no la llamo, y ella me dijo que tengo que hacerlo mínimo una vez por semana para saber que estoy bien. Mi mamá es muy religiosa. Nos crio yendo a la iglesia católica desde pequeñas. A mi hermana y a mí. Ah, y al engendro de mi hermano mayor, el más problemático. Desde pequeño fue rebelde. Mi mamá lo metió en un colegio bautista y aun así no tuvo arreglo. Dylan es insoportable y es mi mayor buleador. No le importa que yo sea su hermana para decirme cosas que no debería. Sin embargo, con April es diferente. A ella sí la trata como la princesa de la casa. A mí me trata como si fuese un amigo más.
—Hola, hija, ¿cómo estás?
—Mamá, estoy bien. ¿Cómo están tú y papá?
—Estamos bien, hija. —Hace una pausa—. Qué bueno que me llamas. Justo estaba por hacerlo yo. Este mes no vamos a enviarte el dinero completo. April necesita unos libros nuevos para sus clases y cada libro cuesta sobre ochenta dólares.
—Mamá —la interrumpo—. Yo también necesito, sabes… Ni siquiera tengo un solo libro nuevo. Mi libro de Humanidades es usado y está todo tachado.
—Hija, entiende. April los necesita. A ti al menos no te da vergüenza usar libros usados.
—Mamá, claro que me da vergüenza. El libro de matemáticas ya tiene los ejercicios contestados y el profesor me regañó al frente de toda la clase. Tuve que conseguir el libro en PDF por internet y sacarle copia para poder hacer los ejercicios.
—Kelly, yo no te crie para que seas egoísta.
—Maaa… No soy egoísta. La comida de la cafetería es carísima y te sirven poco. Los dormitorios no tienen cocina, solo una nevera pequeña y un microondas. Me paso todas las noches cenando Maruchan y ya me apestan. Si me quitas parte del dinero, ¿cómo voy a sobrevivir el mes? Ya de por sí es poco.
—Kelly, lo siento, hija. De verdad, lo siento. Si te hubieses quedado en la universidad cerca de casa, no tendrías que pasar por esas necesidades. Estarías aquí en casa.
—Mamá, sabes qué… Tengo que colgar. Esta conversación ya la hemos tenido. Bye. Los amo.
Cuelgo el teléfono antes de que ella pueda responder.
De los tres hijos que ella tiene, yo siempre he sido la más recta. No es que sea perfecta, pero he tenido que ser la hermana comprensiva con April desde que éramos niñas. Es un fastidio y quisiera ser diferente. Bueno… soy diferente. No me gusta, pero me cuesta demostrar lo mucho que me enfadan las cosas, y esa habilidad ya la estoy perdiendo.
Son las cinco y treinta, y estoy pasando frente a una panadería que tiene un letrero. Están buscando personal para trabajar. Esta sería en este momento la mejor opción para no tener que depender tanto de mis padres. Bueno… seguiría recibiendo su ayuda, y esto sería como un dinero extra para mí. Para poder ahorrar, comprarme un carro usado y comer un poco mejor. Mi mamá no se tiene que enterar de que trabajo. Si se entera, querrá quitarme la ayuda para dársela a April. Sería injusto.
—Hola, señor. Veo que afuera tiene un letrero que dice que están buscando personal para trabajar.
—¿Tienes experiencia?
—Para serle honesta, no. Pero estoy dispuesta a aprender lo necesario para cumplir sus expectativas.
Saca un papelito, escribe algo y me lo entrega.
—A ese email envía tu información y tus documentos. Necesitaré también copia de ellos. Puedes comenzar la semana que viene. Ah… y necesitas traerme tu certificado de salud. Que no se te olvide.
—¿En serio? ¿Así tan rápido?
—Sí, ¿qué esperabas, mija? Tú necesitas trabajo y yo necesito una empleada.
—Bueno, muchas gracias por esto. Mi nombre es Kelly Rogers.
—Patrick. Patrick Grant. Envíame tu disponibilidad de horario por email. Vas a la universidad, ¿cierto?
Todavía cargo mi mochila y una carpeta en la mano.
—Sí, estudio en las mañanas y tengo una clase online. Por las tardes tengo disponibilidad completa. —Me quedo pensando un momento—. Tengo un detalle.
—¿Cuál?
—Hoy comienzo en el club deportivo de la universidad e intentaré unirme al equipo de volleyball, ya que tengo una beca y no la puedo perder. Todavía no sé si lograré entrar, pero, de lograrlo, no sé qué días serán las prácticas.
—De eso hablamos cuando sepas. —Me pasa una bolsa—. Es pan para que comas y engordes esos brazos. Estás muy delgada, señorita Rogers.
—¿En serio? Muchas gracias, de verdad, señor Grant.
—Ya vete. Tengo gente esperando.
—Ok, volveré pronto.
Voy caminando por la acera comiendo pan. El señor Grant parece cascarrabias, pero puedo notar que es buena persona. A mi lado se estaciona bruscamente un carro deportivo negro, con los cristales tinteados tan oscuros que no puedo ver para adentro. Del carro se baja Weston Hagen. Me sorprende que sea él, en un carro deportivo, como si no supiera que su familia es adinerada y que seguramente tienen bañeras llenas de billetes de cien. Me los imagino bañándose en ellas sin agua, solo puros dólares.
—Muévete —me dice Weston.
—¿Disculpa?
—Que te muevas. Estás en el medio.
Miro para el lado y estoy frente a la puerta de una tienda de antigüedades. Me echo a un lado sin pensarlo.
—Se dice con permiso, no muévete.
Weston se voltea. Ni siquiera le puedo ver los ojos con esas gafas oscuras que parecen de soldador.
—Digo muévete y tú te mueves, señorita Rogers.
Me atravieso más cerca de la puerta, estorbándole el paso. No sé por qué hice eso. Creo que siento que tiene la misma energía que mi hermano.
—¿Y ahora qué?
Me mira de arriba abajo.
—Pareces una vagabunda con esa ropa.
Se me cae la cara de asombro. ¿Cómo este sinvergüenza se atreve a criticar mi ropa con el aspecto que se carga? Suelto una risa irónica.
—Pero mira quién habla… Nada más y nada menos que el rarito del salón. ¿No has mirado tu ropa antes de salir de tu casa? ¿O viven en una realidad alterada?
Se agarra la manga del otro brazo con dos dedos, como mostrándomela.
—¿Ves esto? Esto es más caro que todo lo que traes puesto. Con lo que cuesta esta sudadera podría pagar toda tu carrera universitaria.
—Ay, por favor, no exageres. Podrá ser costosa, pero está horrible, como tu personalidad. Por eso no tienes novia.
Eso último se me salió sin pensarlo.
—¿Y tú? ¿Tú tienes novio? Porque el único chico que he visto que se te acerca es porque está detrás de tu amiga y no de ti.
Esto no va bien. Este chico responde a todo y no se queda callado. El enojo me sube desde las piernas. Es insoportable, y pensar que es el hermano de Rhett.
—Espero no volver a encontrarme contigo en ningún lado. Y en la clase de Humanidades ni me mires.
—Da igual. Nunca te miro, nena.
—Perfecto, entonces.
Me salgo del medio. Él entra a la tienda y yo continúo mi camino.








