Introducción
☆゜・。。・゜゜・。。・゜★
¿Cómo saber cuando amas a alguien de verdad?
Elias muchas veces se hizo esa pregunta, podría definir el amor según las películas que veía con su madre los viernes en la noche, las novelas que le contaban sus primas con emoción o de lo que veía de sus amigos.
Pero fue algo que jamás pudo entender.
En las historias, siempre hacían énfasis en una Omega delicada, con una cintura tan pequeña que de costado no podría verse, y que caía rendida ante un Alfa de máximo nivel: un CEO multimillonario que la amaría incondicionalmente (al final lograrían declararse su amor o si la historia era más picante serían novios).
Elias no era ni un Omega delicado ni un Alfa CEO: él era un Beta tan común como cualquier otro. Y para rematar, jamás se enamoró.
No es como si no se le surgiera la oportunidad, había tenido varias confesiones a lo largo de su vida y de pequeño siempre le decían que sería un Alfa, pero al momento de hacerse los análisis surgió que era un Beta. Así que mediante fue creciendo, dejó de resaltar tanto como antes, convirtiéndose en una hierba común entre miles de flores.
—Elias —su madre lo llamó desde la cocina, estaba haciendo un guiso que podría durarles toda la semana —¿podrías ir a buscarme sal?
—Ya voy, mami —gritó su hijo desde su habitación.
Estaba estudiando a pesar de que aún no era la época de parciales, los últimos años de secundaria eran cada vez más difíciles y como él estaba haciendo Economía le dificulta en especial la matemática dos con los límites. Necesitaba sacarse esa materia de encima.
Guardó su cuaderno entre las demás y ordenó su escritorio.
—¡Elias! —gritó su madre desde la cocina, al notar que pasaba el tiempo y su hijo no iba a buscar la sal.
—¡Ya voy, dije! —le replicó, saliendo de su cuarto.
Dejó la puerta abierta tras de sí y Rulitos, su gato negro peludo, entró corriendo.
Se dirigió a la puerta principal, pero su madre lo detuvo antes de que agarrara la llave.
—Te falta la bendición —le recordó su madre y con una mano empezó a trazar la santa trinidad.
Desde que su padre escapó con una Omega joven, Julieta, su madre, se había volcado por completo en la religión como si su vida dependiera de ello. Así que comenzó a detestar a Omegas por ser unas “zorras roba maridos” y rezaba para que nadie le quite a su hijo como hicieron con su marido.
—Ya está, que Dios te acompañe —terminó, dándole un beso en la frente a su mayor tesoro.
—Hágase su voluntad.
—Ese es mi hijo.
Elias tomó sus llaves y se cambió las pantuflas por sus converse nuevos, comprados por su cumpleaños número dieciocho.
Cerró la puerta en cuanto salió y recorrió el pasillo, llenos de cajas y algunos muebles.
“Debió mudarse alguien nuevo” pensó, mirando los muebles de colores tierra: su combinación favorita.
—Por lo visto el nuevo vecino tiene buen gusto —comentó en voz alta, pasando su mano en el sillón.
—Gracias —una voz amable habló tras de él.
Se giró, asustado al saber que había alguien y se sorprendió al notar a un Alfa con una expresión suave y lastimera, como si se tratase de un Omega.
—Ah, perdón —Elias tartamudeó un poco al reconocerlo —. No sabía que había alguien.
Era Lawrence Everett, el Alfa de su bachillerato que tenía a todos los Omegas, Betas y hasta Alfas mojados de solo pensar en él. Hasta a él se le hacía lindo.
—No pasa nada, Elias, ¿verdad? —le tendió la mano, tenía un reloj dorado y un anillo en el anular y otro en el pulgar —Te he visto por los pasillos de la secundaria.
No demoró mucho en estrechar su mano y sintió un escalofrío en su espalda, como si fuera una presa.
Desde que entró a la secundaria conoce a Lawrence, fue el único nuevo en resaltar entre tantos Alfas y una de las razones por las que Elias dejó de llamar la atención. Su primer encuentro fue cuando ese chico estaba cuidando unas flores en el Club de Agricultura, con las chicas en vez de jugar con los demás chicos al Fútbol. Así fue como se ganó la fama de ser un Alfa gentil entre los demás.
—Sí, también te he notado —reconoció Elias, un poco avergonzado ante la franqueza.
Lawrence sonrió y por unos momentos dejó de tener una expresión lastimera, parecía una serpiente mirando a un roedor gordo.
Apartó la mano sin darse cuenta y se la llevó al pecho, sintiendo como si su corazón casi se le sale por la boca del terror que le generaba.
—Perdón por molestarte —Lawrence lo miró con los ojos llorosos, con un arrepentimiento genuino que sobresaltó a Elias —, estaba tan emocionado por ver una cara conocida que nunca pensé que esto podría incomodarte.
—No, no —el Beta intentó reparar un poco el ambiente —solo estaba un poco sorprendido al verte por acá…
Parecía que estaba intimando a un Alfa enorme.
—Está bien, entiendo que puede sorprenderte que ahora seamos vecinos. Te vi salir del 102, yo soy del 101… —dijo Lawrence, señalando la puerta abierta.
Eran los únicos habitantes de ese piso (junto a Julieta, la madre de Elias), debido a que el vecino del 103 estuvo de vacaciones por un año entero y el 104 aún buscaba a alguien que lo alquilara.
—Ah… bien… —Era la primera vez que el Beta interactuaba con un vecino nuevo después de mucho tiempo, desde que su padre lo abandonó siempre pasa tiempo con su madre y casi no socializa con nuevas personas.
—Sí, también pediré que me trates bien —Lawrence tomó una caja pesada y se dirigió adentro del 101, el apartamento ahora habitado por el Alfa más popular de su institución.
Elias suspiró, sacó su celular y se dispuso a llamar a su mejor amigo, aún no podía creer lo que había pasado.
☆゜・。。・゜゜・。。・゜★
Primera novela en publicarse, espero que le den amor








