😈
El cielo no era blanco.
Eso fue lo primero que Becky descubrió.
Durante toda su existencia había imaginado el reino celestial como un lugar de luz perpetua, nubes doradas y música.
Pero aquella noche el cielo estaba oscuro.
Las montañas se recortaban contra un horizonte azul profundo y las torres de los guardianes brillaban a lo lejos como estrellas inmóviles.
Becky estaba herida.
Muy herida.
Tenía un corte profundo en el costado y sangre oscura manchándole la ropa.
No recordaba exactamente cómo había llegado hasta allí.
Solo recordaba correr.
Correr hasta que las piernas dejaron de responderle.
Después había caído.
Y cuando consiguió volver a abrir los ojos, vio unas alas blancas.
Enormes.
Perfectamente extendidas.
La figura que estaba frente a ella sostenía una espada.
Becky intentó incorporarse.
La hoja descendió.
Se detuvo a centímetros de su garganta.
-No te muevas.
La voz era serena.
Demasiado serena.
Becky levantó lentamente la mirada.
-¿Un ángel?
-Sí.
-Genial.
La ángel frunció el ceño.
-¿Eso es todo?
-Esperaba morir.
-Podrías morir todavía.
Becky sonrió débilmente.
-Entonces estamos teniendo una conversación innecesariamente larga.
La ángel la observó.
-¿Quién eres?
-Becky.
-¿Qué eres?
Becky respiró con dificultad.
-Un problema, aparentemente.
-Demonio.
No fue una pregunta.
Becky cerró los ojos.
-Sí.
La espada seguía apuntándole.
-¿Qué haces en territorio celestial?
-Intentando no morir.
-Eso no responde.
-Es la única respuesta que tengo.
La ángel permaneció inmóvil.
Después guardó la espada.
Becky abrió los ojos.
-¿No vas a matarme?
-Todavía no.
-Qué alivio.
-No te emociones.
La ángel se arrodilló junto a ella.
-Estás perdiendo demasiada sangre.
Becky la miró con desconfianza.
-¿Vas a curarme para interrogarme?
-Voy a curarte porque no quiero que mueras en mi guardia.
-Eso suena bastante celestial.
La ángel levantó una ceja.
-Y tú hablas demasiado.
-Eso me lo dicen mucho.
Extendió una mano.
Una luz tenue apareció en sus dedos.
Becky retrocedió.
-¿Qué haces?
-Curarte.
-No me toques.
-Entonces muere.
Becky la miró.
La ángel esperó.
-Eres bastante convincente.
-Lo intento.
Becky finalmente se dejó tocar.
La luz atravesó la herida.
El dolor fue intenso durante unos segundos.
Después desapareció.
Becky miró su costado.
La herida estaba cerrada.
-Gracias.
La ángel se puso de pie.
-No me agradezcas.
-¿Por qué?
-Porque todavía no sé qué voy a hacer contigo.
---
Su nombre era Freen.
Becky descubrió que era una de las guardianas de las fronteras celestiales.
Una de las mejores.
Disciplinada.
Reservada.
Respetada.
Y, aparentemente, incapaz de sonreír.
-¿Siempre eres así?
Freen levantó la mirada del libro que estaba leyendo.
-¿Así cómo?
-Seria.
-Sí.
-Qué vida tan triste.
-No me quejo.
-Eso es porque no tienes sentido del humor.
-Sí tengo.
Becky sonrió.
-Demúestralo.
Freen cerró el libro.
-¿Qué quieres que haga?
-No sé. Cuenta un chiste.
-No.
-¿Por qué?
-Porque no quiero.
-Entonces no tienes sentido del humor.
Freen la miró.
-Tú tampoco eres particularmente divertida.
Becky abrió la boca.
-Eso fue un ataque.
-Fue una observación.
-Eres cruel.
-Soy un ángel.
-No son cosas incompatibles.
Freen tuvo que contener una sonrisa.
Becky la señaló inmediatamente.
-¡Lo vi!
-¿Qué?
-Casi sonríes.
-No.
-Sí.
-No.
-Freen.
-Becky.
-Sonreíste.
-Estás delirando.
-Te voy a hacer reír.
-Buena suerte.
Becky sonrió.
-Acepto el desafío.
---
Freen la había escondido en una antigua torre abandonada.
Nadie debía saber que estaba allí.
Cada noche llevaba comida.
Agua.
Medicinas.
Y libros.
Becky empezó a preguntarse por qué.
Una noche, mientras cenaban, preguntó:
-¿Por qué no me entregaste?
Freen dejó los cubiertos.
-No lo sé.
-Sí lo sabes.
-No estoy segura.
-Eso no te parece una buena respuesta.
-Es la única honesta.
Becky la observó.
-¿Nunca habías visto un demonio antes?
-Sí.
-¿Entonces?
-Eran diferentes.
-¿Diferentes cómo?
Freen tardó en responder.
-Eran enemigos.
Becky sonrió con amargura.
-Eso es lo que nos enseñaron.
-Sí.
-A nosotros también.
-¿Qué les enseñaron?
Becky dejó el vaso.
-Que los ángeles son arrogantes.
Freen arqueó una ceja.
-¿Y lo somos?
-Algunos.
-¿Yo?
Becky la miró.
-Todavía estoy decidiendo.
-Qué honor.
-No te emociones.
Freen sonrió.
Becky la observó.
Esta vez Freen no ocultó la sonrisa.
-Ahí está.
-¿Qué?
-Tu sonrisa.
-No sé de qué hablas.
-Cada día me gustas más.
Freen se quedó quieta.
Becky también.
-Eso salió sin querer.
-Ya.
-No tienes que responder.
-Bien.
-Perfecto.
Silencio.
-Pero...
Becky levantó la mirada.
-¿Pero?
Freen habló muy despacio.
-No me desagrada.
Becky sonrió.
-Eso fue casi una declaración.
-No exageres.
---
Las semanas pasaron.
La herida de Becky sanó.
Pero ella no se marchó.
Freen tampoco se lo pidió.
Empezaron a pasar más tiempo juntas.
A veces hablaban durante horas.
Otras simplemente compartían el silencio.
Una noche Becky encontró a Freen sentada en el balcón.
Miraba el cielo.
-¿Qué haces?
-Pensando.
-Eso parece peligroso.
Freen sonrió.
-Ven.
Becky se sentó a su lado.
-¿En qué piensas?
-En lo extraño que es.
-¿Qué?
-Que tú estés aquí.
-¿Te arrepientes?
-No.
-Entonces...
Freen miró las estrellas.
-Toda mi vida me dijeron que los demonios eran incapaces de sentir como nosotros.
Becky se rio suavemente.
-Eso es absurdo.
-Lo sé ahora.
-¿Y qué más te dijeron?
-Que los demonios mienten.
-A veces.
-Que destruyen.
-Algunas personas también.
-Que no aman.
Becky dejó de sonreír.
-¿Y tú qué piensas?
Freen la miró.
-Que me mintieron.
El corazón de Becky dio un vuelco.
-Freen...
-No quiero que confundas esto.
-¿Esto qué?
-Lo que siento.
Becky sostuvo su mirada.
-¿Y qué sientes?
Freen respiró profundamente.
-Algo que no debería.
-Eso no responde.
-Te quiero.
Becky se quedó completamente inmóvil.
-¿Como amiga?
Freen negó.
-No.
Becky tragó saliva.
-¿Entonces?
-De la forma que puede destruirme.
Becky sonrió tristemente.
-Eso es bastante dramático.
-Lo sé.
-Pero me gusta.
Freen la miró.
-¿Tú también?
Becky tomó su mano.
-Sí.
Sus dedos se entrelazaron.
Ninguna dijo nada más.
No hacía falta.
---
Pero el cielo empezó a sospechar.
Una mañana Freen regresó a la torre con una expresión diferente.
Becky lo notó inmediatamente.
-¿Qué pasó?
-Nada.
-Freen.
-Me están buscando.
Becky se puso de pie.
-¿A mí?
-A las dos.
-¿Por qué?
-Han descubierto que alguien ha estado entrando aquí.
Becky sintió un nudo en el estómago.
-Entonces me voy.
Freen negó.
-No.
-Es tu hogar.
-Tú también estás empezando a serlo.
Becky la miró.
-No digas cosas así si no estás preparada para cumplirlas.
Freen se acercó.
-Estoy preparada.
-¿Aunque tengas que perderlo todo?
Freen no respondió inmediatamente.
Después dijo:
-Sí.
Becky negó con la cabeza.
-No.
-¿No?
-No quiero que pierdas tu vida por mí.
-No estoy perdiendo mi vida.
Freen tomó su rostro entre las manos.
-La estoy eligiendo.
Becky cerró los ojos.
-Tengo miedo.
-Yo también.
-Nunca he tenido algo que perder.
Freen apoyó su frente contra la suya.
-Ahora sí.
---
Los encontraron al amanecer.
Una docena de ángeles rodeó la torre.
Freen salió primero.
Becky permaneció detrás.
El comandante la miró.
-Apártate.
Freen no se movió.
-Es una demonio.
-Lo sé.
-Entonces entrégala.
-No.
El comandante endureció la expresión.
-Freen, esta es tu última oportunidad.
-No.
-¿La eliges a ella?
Freen miró hacia atrás.
Becky estaba allí.
Asustada.
Pero no escondida.
Freen volvió la mirada al comandante.
-Sí.
El silencio fue absoluto.
-Entonces ya no eres una de nosotros.
Freen respiró profundamente.
-Quizá nunca lo fui de la manera que ustedes querían.
Los ángeles levantaron sus armas.
Becky salió.
-¡Esperen!
Freen la miró.
-Becky, vuelve dentro.
-No.
-Por favor.
-No voy a dejar que mueras por mí.
-No estoy muriendo.
-Todavía.
Becky se colocó a su lado.
-Entonces tendremos que encontrar otra manera.
Una voz surgió entre los ángeles.
-No existe otra manera.
Becky miró al comandante.
-¿Están seguros?
-Sí.
-¿Por qué?
-Porque el cielo y el infierno son enemigos.
Becky sonrió.
-Eso no es una razón.
-Es una ley.
-Las leyes también pueden estar equivocadas.
Freen la miró.
Y comprendió que Becky tenía razón.
No podían cambiar siglos de odio en una mañana.
Pero podían negarse a seguir repitiéndolo.
---
La guerra no terminó aquel día.
Pero algo cambió.
Freen abandonó el cielo.
Becky abandonó el reino inferior.
Y durante meses vivieron escondidas en una pequeña casa entre ambos territorios.
No fue sencillo.
Discutían.
Tenían miedo.
A veces Becky echaba de menos su hogar.
A veces Freen extrañaba sus alas entre las torres celestiales.
Una noche Becky encontró a Freen sentada sola.
-¿Quieres hablar?
-No.
-Está bien.
Becky se sentó a su lado de todos modos.
Después de unos minutos, Freen habló.
-Extraño mi casa.
Becky asintió.
-Lo sé.
-Y me siento culpable por no extrañarla lo suficiente como para volver.
-No tienes que volver.
-Pero era mi vida.
-Sí.
Freen la miró.
-¿Y si algún día me arrepiento?
Becky respiró profundamente.
-Entonces me lo dices.
-¿Y qué harás?
-Escucharte.
-¿No intentarías convencerme de quedarme?
Becky negó.
-No.
-¿Por qué?
-Porque amarte no significa encerrarte conmigo.
Freen se quedó callada.
Becky continuó:
-Si algún día quieres volver, quiero que puedas decírmelo sin miedo.
-¿Aunque eso signifique perderme?
-Sí.
Freen bajó la mirada.
-Eso es amor.
Becky sonrió.
-Supongo.
Freen tomó su mano.
-No quiero volver.
-¿Segura?
-Sí.
-Entonces quédate.
Freen apoyó la cabeza sobre su hombro.
-Me quedaré.
---
Con el tiempo, humanos, ángeles y demonios comenzaron a escuchar historias diferentes.
Historias sobre una ángel que había protegido a una demonio.
Sobre una demonio que había salvado a un ángel.
Sobre dos mujeres que habían descubierto que el odio podía heredarse, pero no tenía por qué conservarse.
Y quizá esa fue la verdadera revolución.
No una guerra.
No una batalla.
No una victoria.
Solo dos personas negándose a odiarse porque alguien les había enseñado que debían hacerlo.
Una noche, Becky y Freen estaban sentadas frente al fuego.
Becky miró las alas de Freen.
-¿Las extrañas?
Freen observó sus propias alas.
-A veces.
-¿Quieres volver a tenerlas?
-Sí.
Becky sonrió.
-Entonces algún día encontraremos la manera.
Freen la miró.
-¿Y tú?
-¿Yo qué?
-¿Extrañas tu mundo?
Becky pensó unos segundos.
-A algunas personas.
-¿Y lo demás?
Becky tomó su mano.
-No.
Freen entrelazó sus dedos.
-¿Por qué?
Becky apoyó la cabeza sobre su hombro.
-Porque encontré algo mejor.
-¿Qué?
Becky levantó la mirada.
-Un lugar donde puedo ser yo.
Freen sonrió.
-¿Y dónde está ese lugar?
Becky la miró directamente.
-Donde estés tú.
Freen la besó.
Sin miedo.
Sin esconderse.
Sin pedir permiso al cielo ni al infierno.
Y muy lejos de allí, por primera vez en siglos, una antigua frontera comenzó a desaparecer.
No porque un ejército la hubiera destruido.
Sino porque alguien finalmente comprendió que una frontera deja de ser necesaria cuando las personas de ambos lados dejan de verse como enemigos.
Freen había nacido para proteger el cielo.
Becky había nacido en el reino de las sombras.
Ninguna de las dos había elegido dónde nacer.
Pero sí podían elegir dónde quedarse.
Y aquella noche eligieron lo mismo.
Juntas. 🪽🔥








