Crear nueva lista
Compartir con tus amigos
Personalizar legibilidad

Alastor

Todos los derechos reservados ©

Sinopsis

Una chica con extraños sueños descubre que algunos predicen acontecimientos reales. Pero cuando sus amigos juegan a la ouija, algo responde desde el otro lado.

Estado:
hace un día
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

Era un cálido día de primavera. Una ligera brisa arrastraba el aroma de las flores y, a lo lejos, se veía el río. Si se concentraba, incluso podía oír el estruendo de la cascada.

Ruth caminaba hacia su lugar favorito.

A sus quince años, no destacaba entre los demás adolescentes del pueblo. Era bajita, muy delgada y sin apenas curvas, con un rostro que difícilmente llamaría la atención de quien no se fijara en ella. tampoco hacía nada por remediarlo. Lo más destacable en ella era sus ojos de color azul cielo. vestía de manera sencilla, nada de escotes, vaqueros la mayoría de las veces, casi siempre parecía querer pasar desapercibida.

Su carácter tampoco ayudaba.

Era reservada, algo borde y bastante desconfiada. No soportaba las falsedades ni tenía paciencia con quienes fingían ser alguien que no eran. Prefería escuchar antes que hablar, y observar desde la distancia antes que formar parte de algo que no le interesaba.

Por eso muchos la consideraban rara.

A Ruth no le importaba. Hacía tiempo que había aprendido que estar sola resultaba mucho más sencillo que rodearse de gente en la que no confiaba.

Siguió por el sendero que conocía de memoria, aunque en realidad no era un sendero: tenía que apartar ramas secas, saltar raíces y esquivar los agujeros que la lluvia había abierto entre la maleza.

Cuando estuvo a una distancia prudencial, se sentó sobre una roca.

El aire era más frío cerca de la cascada. El agua caía desde una gran altura y el estruendo era constante. En verano, aquel lugar se llenaba de jóvenes que acudían a lanzarse desde lo alto.

Ruth nunca había entendido esa necesidad de demostrar valentía.

Los más osados —o los que tenían menos cerebro— saltaban sin pensar en las consecuencias. Era una especie de rito, una tradición que se repetía cada verano, aunque alguno pudiera acabar estampado contra las rocas.

Ella jamás había querido hacerlo. Y quizá por eso estaba sola.

En el pueblo la veían como un bicho raro: una chica que prefería sentarse bajo un árbol a observar pájaros antes que seguir al resto como una oveja.

No pensaba seguir al rebaño solo para caerles bien.

Permaneció un rato más contemplando la cascada. A veces imaginaba que alguno de aquellos chicos resbalaba y se abría la cabeza. La idea le arrancaba una sonrisa maliciosa. Después se sentía culpable.

Porque Ruth tenía algo que nadie más conocía: veía a las personas de una manera diferente.

Cuando miraba a alguien, atravesaba la malicia que los años habían ido acumulando y distinguía debajo al niño o a la niña que había sido: la parte bondadosa que, de algún modo, seguía viva en su interior.

Era como mirar directamente al corazón de las personas.

Y, a veces, intentaba sacar esa parte a la superficie. Cuando lo conseguía, se sentía especial. Sentía que podía ayudar.

Lo que todavía no comprendía era el precio.

Cada vez que despertaba la parte buena de alguien, algo dentro de ella desaparecía. Una pequeña parte de Ruth que no podía recuperar. Se estaba destruyendo poco a poco, entregando a los demás algo que le pertenecía solo a ella.

Durante mucho tiempo creyó que así lograría que la gente cambiara y fuera mejor. Pero con los años empezó a entender que no servía de nada.

La maldad no aparecía simplemente porque las personas hubieran crecido. No era algo que el tiempo depositara sobre ellas. Muchas veces la elegían ellas mismas. Por miedo, por comodidad, por sentirse seguras. Ruth no sabía exactamente por qué. Solo sabía que era así, y eso la entristecía.

Había perdido partes de sí misma intentando despertar algo que quizá nunca había existido... o que, sencillamente, los demás no querían que existiera.

Se llamaba tonta. Se prometía que no volvería a hacerlo, y aun así siempre repetía el mismo error. Una y otra vez, sabiendo que acabaría destruyéndola.

Apartó esos pensamientos de su cabeza y se levantó. Regresó al pueblo con la tristeza acompañándola en silencio.

Fue entonces, al pasar por una de las calles, cuando vio a un chico que no recordaba haber visto antes, debía ser nuevo en el pueblo. Él la saludó y se acercó.

Ruth estuvo a punto de seguir caminando. Pero se detuvo y habló con él.

No fue una conversación importante, pero resultó agradable. Hablaron un rato, hasta que ambos comprendieron que era hora de volver a casa.

Cuando se despidieron, una pequeña sonrisa asomó a la comisura de los labios de Ruth. Hacía tiempo que nadie conseguía sorprenderla.

Al llegar a casa levantó la mirada hacia el cielo. Estaba completamente despejado. Al día siguiente haría calor, y eso le agradaba.

Entró y encontró a su madre esperándola, lista para ponerla a hacer sus quehaceres. Ruth dejó sus pensamientos a un lado y se puso con ellos.

Los días pasaron y aquel chico acabó convirtiéndose en su amigo. Poco a poco, ambos empezaron a conocer a otras personas. En la misma calle donde vivía él había una chica que terminó uniéndose al pequeño grupo.

Durante unas semanas fueron solo tres.

Después fueron cuatro.

Luego cinco.

Y, casi sin darse cuenta, terminaron siendo quince.

El pueblo era pequeño y resultaba difícil mantener a los adolescentes separados durante mucho tiempo. Siempre aparecía alguien nuevo, alguien que conocía a otro y acababa incorporándose al grupo.

Ruth todavía no imaginaba que aquellas personas llegarían a formar una parte importante de su vida.

Se divertían como cualquier grupo de adolescentes. Hacían gamberradas, se metían en problemas por cosas absurdas, pasaban las tardes juntos y encontraban cualquier excusa para reírse. Con el paso de los meses, la amistad se fue haciendo más fuerte.

Cuando uno tenía un problema, los demás estaban allí. Cuando alguien necesitaba ayuda, no hacía falta pedirla.

Eran como hermanos.

Al menos, así lo sentían entonces.

El chico que Ruth había conocido aquel día se llamaba Sergio.

No era especialmente llamativo. Algo rellenito, no destacaba entre los chicos de su edad. Sin embargo, tenía una personalidad que hacía difícil no cogerle cariño.

Siempre estaba alegre. Incluso cuando las cosas en casa no iban bien, aparecía con una sonrisa. Parecía ver la vida de una manera diferente al resto.

Tenía la cabeza llena de pájaros, como cualquier adolescente: soñaba despierto y a veces decía auténticas tonterías. Pero debajo de todo aquello había alguien con las prioridades bastante claras.

Ruth descubrió pronto que podía confiar en él.

Noelia fue la tercera en incorporarse al grupo.

Era delgada y tampoco destacaba entre las chicas de su edad. Vestía ropa ancha, muchas veces con un estilo de rapera e incluso algo macarra.

Su personalidad era justo la opuesta a la de Sergio. Bastaba con que algo no le gustara para que mirara mal a quien tuviera delante. No soportaba las bromas, desconfiaba de todo el mundo y siempre parecía encontrar una segunda intención detrás de las palabras ajenas.

Nunca estaba del todo relajada. Siempre parecía a la defensiva.

A simple vista, Sergio y Noelia no tenían nada en común, y por eso a la gente le sorprendía tanto que fueran amigos.

Pero Sergio sabía lo que había detrás de aquella actitud.

Noelia llevaba una coraza, una barrera que había construido para mantener al mundo alejado. Solo dejaba acercarse a quienes demostraban que de verdad querían conocerla. Y quienes la atravesaban descubrían a una persona completamente distinta.

Noelia reía. Cantaba. Bailaba.

Era dulce y tenía un corazón enorme. Quizá demasiado grande para su propio bien, y por eso algunos intentaban aprovecharse de ella.

Ahí estaba Sergio.

Siempre aparecía cuando alguien cruzaba la línea. La protegía, y ella lo cuidaba a él. Noelia le daba una tranquilidad que Sergio necesitaba, y él conseguía que ella se sintiera segura cuando las cosas se complicaban.

Se ayudaban con los deberes, con los problemas familiares, con los compañeros de clase y con cualquier dificultad que surgiera. Eran inseparables. Uña y carne. Cada uno aprendía del otro.

Durante mucho tiempo, más de uno pensó que acabarían siendo pareja. Nunca ocurrió. Ni siquiera estuvieron cerca.

Entre ellos no había nada romántico. Eran amigos. Hermanos.

Y eso era todo.

Ruth observaba aquella relación con curiosidad. Le gustaba ver cómo dos personas tan diferentes podían complementarse así, quizá porque ella sabía que las apariencias engañaban. Lo había comprobado demasiadas veces.

¡Cuéntale a Noemi Merino lo que piensas sobre este capítulo!
Me encanta

1

Me encanta

Divertido

0

Divertido

Picante

0

Picante

Suspense

0

Suspense

Emotivo

0

Emotivo

Profundo

0

Profundo

Alentador

0

Alentador

Impactante

0

Impactante

Bien escrito

1

Bien escrito

Trama absorbente

0

Trama absorbente

Buenos personajes

0

Buenos personajes

Diálogos potentes

0

Diálogos potentes

author

Un inicio interesante.

10 horas
1

Otras recomendaciones

Perdida en ti

Rusmila judit: Me ha gustado mucho el contenido de este libro Porque te sumerges a otra dimensión y cada capítulo te llena de nuevas sensaciones

Leer ahora
Les pertenezco.

Tiffany: Está muy bueno, espero sigas actualizando, tiene muy buena trama la historia 👍👍

Leer ahora
La Segunda Oportunidad Del Beta

Dulce: Llore, sufrí, me emocione, gran historia.

Leer ahora
Propiedad de la Bestia

casia2608: Una historia tan genial ente contada, dolor, odio, miedo pero sobre todo el. Amor. Esta genial

Leer ahora
Instinto (KM)

Izamar: Estare esperando con ansias k actualises me tienes pegadita a esta historia .

Leer ahora
La Conquista del Alfa

Mariela: Me gustaría saber cómo continúa !!

Leer ahora
Lady Venom se consigue una amante | GL

Jul: La historia te atrapa desde el principio. Gracias por traducirla.

Leer ahora
As de Corazones

Diana: Me enganchó la trama, es muy detallada en ciertas cosas y cruda

Leer ahora