Cap 1
ENCUENTRO CERCANO
Lina
No podía moverme.
Mis piernas no me respondían. Mis ojos no podían dejar de ver sus amenazantes ojos, que analizaban con rapidez los míos, como si pudieran ver lo más profundo de mi alma.
De repente, a una velocidad imposible, vi cómo tomó su arma dejando el cuerpo de aquel hombre muerto en el suelo. La recargó, me apuntó y disparó.
Fue rápido. Apenas pude analizar con claridad lo que pasó en ese momento.
Todo empezó a oscurecerse, y lo último que sentí fue mi cuerpo desvaneciéndose en el suelo, casi al borde del edificio.
•••••
Podía escuchar algo.
¿Era un sonido?
No.
¿Era una voz?
¡Sí!
La voz de mi querida madre.
Llamaba con cariño mi nombre.
Sabía que era su voz, aunque no sabía de dónde provenía.
Como un eco en una habitación oscura que empezaba a convertirse en un lugar conocido.
Resonaba como el recuerdo de algo que pasó hace mucho tiempo, un recuerdo muy preciado.
Luchaba por reconocerlo, por intentar correr hacia la luz que se hallaba en aquella penumbra densa.
Luego la vi.
Era su rostro, el rostro de mi madre.
-Lina, hija, es hora de despertar, tienes que ir a estudiar-ella se veía como un sueño, empolvada y suave como una nube.
-¡Mamá! Tuve una pesadilla.
-Ay, hija-acarició mi rostro y me miró con una ternura que me dolió-. Tranquila, ¿qué soñaste?
Era un recuerdo de cuando era una niña, de cuando mamá seguía viva y yo tenía deseos de vivir.
Se sentía como un sueño, un sueño lejano en el que había tenido una pesadilla.
-Papá regresaba y me llevaba con él, dejándote sola-le conté, con ojos llorosos y la voz temblando.
-Hija, eso no va a pasar-me calmó, peinando mi cabello-. Yo nunca permitiría que te aparten de mi lado.
-¿En serio?-le pregunté, limpiando mis ojos con los labios caídos.
-En serio. Además, tu mamá siempre va a estar contigo, para protegerte y cuidarte-me respondió, mientras el sueño empezaba a volverse demasiado brillante, tanto que apenas podía verlo-. Siempre voy a estar contigo.
La última frase se quedó resonando en mis oídos mientras todo se desvanecía.
Quién diría que, al final, sí me quedé sola... y, para suerte, me acababan de disparar justo en el momento en que iba a saltar de un edificio.
Espera un momento...
¿Me disparó...?
¡ME DISPARARON!
Desperté.
Estaba acostada de lado en el suelo; se sentía frío.
Mi cuerpo estaba entumecido y no sentía las muñecas.
Mi cabello se encontraba esparcido por todo mi rostro, aunque, al estar prácticamente todo oscuro, no estorbaba mucho.
Intenté mover mis brazos, pero estaban esposados detrás de la espalda. Lo sentía por el frío del metal presionando mis muñecas, y no era la primera vez que me esposaban.
Intenté soplar el cabello en mi rostro para despejarlo, pero solo logré moverlo un poco y seguro me veía ridícula.
Pude darme cuenta de algo: todo se veía oscuro, pero se distinguía una línea delgada debajo de lo que parecía ser una puerta. Me quedé mirando la luz por unos minutos, esperando ver o escuchar algo que me dijera que había alguien ahí.
Estaba nerviosa, más que con miedo, aturdida.
Completamente confundida.
Un poco de todo.
Algo se acercaba. Podía ver la sombra de su figura atravesando la luz que entraba por debajo de la puerta.
Escuchaba cómo lentamente habría la puerta, sin prisa, hasta que escuché el rechinar zumbando en mis oídos.
El mundo se quedó congelado y mis ojos se abrieron con tal intensidad que seguramente mis pupilas parecían dos pequeños círculos, retrayéndose entre sí.
Un pequeño grito salió de mis labios, ronco y chillón.
Intenté retroceder, pero mi cabeza chocó contra la pared.
Me avergoncé de esto con rapidez mientras la figura oscura se acercaba, con pasos pausados y pesados.
Suspiró con pesadez, con una tranquilidad que parecía aburrimiento.
-¿Qué haré contigo?-susurró, más para sí mismo que para mí.
Su voz sonaba cansada y áspera. Me desconcertó por completo escucharla.
Se quedó mirándome por un par de minutos, unos muy largos e incómodos, en los que parecía estar pensando su próximo movimiento.
Yo aún seguía sin poder ver su rostro. Solo podía analizar su silueta, imponente pero suelta.
Paso el tiempo y ya empezaba a relajar mi cuerpo y calmar mis nervios, convirtiéndolos en curiosidad y extrañeza, cuando escuché el sonido de un arma siendo cargada.
Las cosas se pusieron divertidas.







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