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ᎠᏬᏝᏨᎬ ᏢᏒᎬᏕᎯ, 𝔉𝔢𝔯𝔬𝔷 𝔊𝔲𝔞𝔯𝔡𝔦𝔞𝔫(K.M)

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Sinopsis

«Algunas criaturas nacen para ser temidas; otras, para ser protegidas. Pero a veces el destino decide que ambas encuentren su hogar en el corazón de la otra». ☆ - Adaptación autorizada Autora original = Vlen_valexX ☆ - Modificada a mi gusto y antojo, solo se mantuvo la idea principal. ☆ - Derechos son 50 a 50 ella dio la idea yo la desarrolle a mi manera de pensar y le di vida al Kookmin. Si gustas saber de la historia original te invito a leerla en el perfil de la escritora.

Estado:
Completa
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

𝔘𝔫𝔦𝔠𝔬


«Algunas criaturas nacen para ser temidas; otras, para ser protegidas. Pero a veces el destino decide que ambas encuentren su hogar en el corazón de la otra».

La familia Park era uno de los linajes de cambiaformas más antiguos, poderosos y respetados del continente europeo.

Su apellido estaba relacionado con grandes fortunas, propiedades extraordinarias y negocios que se extendían desde Francia hasta Inglaterra y otros países. Sin embargo, su verdadero prestigio procedía de su sangre: una estirpe de cambiaformas de linaje puro cuya naturaleza animal había sido conservada durante incontables generaciones.

La residencia principal de los Park se encontraba en Neuilly-sur-Seine, a las afueras de París. Una impresionante propiedad rodeada de jardines, fuentes de mármol, árboles centenarios y senderos que conducían hasta un hermoso lago privado.

La mansión era una combinación de arquitectura clásica francesa y elegancia contemporánea. Sus enormes ventanales permitían contemplar los jardines desde prácticamente cualquier salón, mientras que sus interiores estaban decorados con obras de arte, antigüedades y muebles pertenecientes a distintas generaciones de la familia.

Allí vivía Park Namjoon, un Alfa de linaje puro y patriarca de la familia.

Era un hombre de carácter firme, inteligencia extraordinaria y una presencia que pocas personas se atrevían a desafiar. Su aroma natural combinaba madera de roble, ámbar y una nota ligeramente ahumada que delataba su naturaleza dominante.

Estaba casado con Jin, un hermoso Omega cuya apariencia delicada escondía una personalidad bastante más obstinada de lo que muchos imaginaban.

Jin pertenecía a una antigua estirpe de conejos reales. Su forma animal era la de un conejo blanco de pelaje sedoso, ojos claros y orejas largas con un delicado tono rosado en su interior.

Su aroma a jazmín blanco, miel y leche dulce era tan característico que sus hijos podían reconocerlo incluso antes de verlo.

Namjoon solía bromear diciendo que había conquistado a su esposo gracias a su paciencia.

Jin, por supuesto, aseguraba que aquello era una mentira.

Juntos habían formado una familia.

Taehyung, Suga y Hobi eran Alfas de linaje puro. Cada uno poseía una personalidad diferente, aunque compartían una característica bastante particular: los tres tenían una debilidad exagerada por el menor de la familia.

Park Jimin.

A sus veintidós años, era el único Omega entre sus hermanos y, probablemente, el miembro más consentido de toda la residencia.

Su cabello era rubio platinado, tan claro que bajo determinadas luces parecía plateado. Sus ojos turquesa brillaban con matices aguamarina y sus facciones delicadas le conferían una belleza que llamaba la atención incluso cuando vestía de manera sencilla.

Pero su forma animal era todavía más especial.

Jimin era un pequeño conejo blanco.

Tenía un pelaje extraordinariamente esponjoso, unas orejas largas con el interior rosado, ojos turquesa luminosos y una pequeña cola pomposa que parecía una bolita de algodón.

Cuando corría por los jardines, sus patitas apenas producían ruido sobre el césped.

Y cuando se sentaba, acomodaba las orejitas y movía su diminuta nariz, resultaba prácticamente imposible no querer acariciarlo.

Su esencia Omega era igualmente particular.

Olía a vainilla suave, fresas blancas y flores de algodón. Era un aroma dulce, reconfortante y delicado que se volvía ligeramente más intenso cuando estaba emocionado o nervioso.

Desafortunadamente, Jimin también había heredado una salud bastante sensible.

Desde pequeño había presentado dificultades para adaptarse a los cambios bruscos de temperatura y era especialmente vulnerable a las enfermedades respiratorias.

No padecía ninguna condición terminal, pero necesitaba ciertos cuidados.

El problema era que su familia había llevado aquellos cuidados demasiado lejos.

Jimin no podía salir sin que alguien preguntara adónde iba, cuánto tiempo permanecería fuera y si llevaba suficiente abrigo.

Sus hermanos eran particularmente insoportables.

Taehyung revisaba que tuviera todo lo necesario antes de salir.

Suga se encargaba de comprobar que sus medicamentos estuvieran en orden.

Hobi era capaz de llamarlo varias veces durante una misma tarde únicamente para preguntarle si había comido.

Y sus padres...

Bueno, sus padres eran otro asunto.

Jimin los amaba profundamente, pero algunas veces sentía que vivir con cuatro Alfas sobreprotectores y un padre Omega igual de preocupado era una experiencia que ningún joven debería tener que soportar.

Aquella tarde de noviembre, sin embargo, había decidido hacer algo diferente.

Había decidido escapar.

—Jimin, cariño, ¿dónde vas?

La voz de Jin llegó desde el salón.

El joven Omega, que estaba acomodándose un abrigo color marfil frente al espejo del vestíbulo, giró inmediatamente.

—Al jardín, papá.

—¿Con ese abrigo solamente?

Jimin miró su ropa.

Llevaba un jersey de cuello alto, pantalones claros, botas y un abrigo de lana bastante grueso.

—Sí...

—Hace frío.

—Lo sé, papá.

—Entonces lleva otra bufanda.

—Ya tengo una.

Jin apareció frente a él y acomodó cuidadosamente la prenda alrededor de su cuello.

—Ahora sí.

Jimin sonrió.

—Gracias.

Namjoon, que acababa de bajar las escaleras mientras revisaba su teléfono, observó la escena con una pequeña sonrisa.

—¿Vas a salir, pequeño?

—Solamente un rato.

—No te alejes demasiado.

—Está bien.

Jimin respondió con tanta naturalidad que ninguno de los dos sospechó que estaba mintiendo.

Porque su intención no era pasear por los jardines cercanos.

Quería visitar el lago.

Y quería hacerlo sin compañía.

Esperó pacientemente hasta que sus padres regresaron a sus ocupaciones. Después se dirigió hacia una de las puertas laterales de la mansión y abandonó la propiedad principal.

Una vez fuera de la vista de las ventanas, miró a ambos lados.

Nadie.

Sonrió.

—Por fin...

Su brazalete de plata emitió un pequeño destello.

Era una reliquia familiar que permitía a los cambiaformas conservar su vestimenta al alternar entre sus formas. Los modelos antiguos, como el suyo, estaban vinculados directamente a la esencia del portador.

Una luz plateada envolvió su cuerpo.

En cuestión de segundos, donde antes había un joven de cabello rubio platinado apareció un pequeño conejo blanco.

Sus orejas rosadas se levantaron inmediatamente.

Movió la nariz.

Después dio un saltito.

Y otro.

¡Era libre!

Jimin avanzó por el sendero, disfrutando de la sensación del césped bajo sus patitas. El aroma húmedo de la tierra se mezclaba con el perfume de las últimas flores de otoño.

Su pequeña cola pomposa se movía cada vez que corría.

Había algo maravilloso en aquella forma.

No necesitaba caminar con cuidado, ni preocuparse por su aspecto, ni responder preguntas.

Podía explorar.

Podía jugar.

Podía simplemente existir.

Cuando finalmente llegó al lago, se quedó completamente fascinado.

La superficie del agua reflejaba el cielo grisáceo y las ramas de los árboles que rodeaban la orilla. Algunas hojas doradas flotaban lentamente, mientras una brisa fría recorría el paisaje.

Jimin se acercó a unas pequeñas flores.

Las olfateó.

Después levantó la cabeza.

Fue entonces cuando percibió algo desconocido.

Cedro.

Cuero fino.

Especias oscuras.

Un aroma intenso, elegante y profundamente Alfa.

Jimin se quedó inmóvil.

Sus orejas se levantaron.

Había alguien cerca.

A pocos metros del puente de madera se encontraba Jeon Jungkook.

A sus veintiséis años, era el heredero de uno de los linajes ingleses más antiguos y respetados del mundo de los cambiaformas.

Su familia pertenecía a una estirpe de serpientes de linaje puro.

Y Jungkook, particularmente, era una mamba negra.

Una especie conocida por su velocidad, inteligencia y naturaleza territorial.

En su forma humana era un hombre de cabello negro, facciones marcadas y mirada profunda. Su presencia era imponente incluso cuando no hacía ningún esfuerzo por demostrarlo.

Vestía un abrigo negro de corte impecable y unos pantalones oscuros. Había llegado a Francia por asuntos relacionados con las inversiones internacionales de su familia y llevaba varios días hospedado en una propiedad cercana.

Aquella tarde había decidido caminar por los alrededores.

No esperaba encontrar compañía.

Mucho menos un conejo.

Su mirada se detuvo en la pequeña criatura blanca que acababa de aparecer entre los arbustos.

Jungkook arqueó una ceja.

—¿Y tú?

El animal levantó la cabeza.

Dos ojitos turquesa lo observaron con curiosidad.

El Alfa permaneció inmóvil.

Era un conejo precioso.

Su pelaje parecía nieve recién caída, sus orejitas tenían un delicado tono rosado y su pequeña colita parecía una bola de algodón.

Jungkook dejó escapar una risa baja.

—Qué criatura tan adorable.

El conejito movió la nariz.

Después dio un saltito hacia las flores.

Jungkook lo siguió con la mirada.

Entonces percibió su aroma.

No era una criatura común.

Había una esencia Omega escondida bajo aquella dulzura: vainilla, fresas blancas y flores de algodón.

El Alfa inclinó ligeramente la cabeza.

—Vaya... eres un cambiaformas.

El pequeño conejito levantó las orejas.

Jungkook sonrió.

—No tienes que esconderte.

Jimin no sabía qué hacer.

Aquel desconocido tenía un aroma bastante intenso. Incluso en su forma animal podía reconocer la naturaleza Alfa que desprendía.

Pero había algo más.

Una curiosidad difícil de controlar.

Se acercó un poquito.

Jungkook permaneció quieto para no asustarlo.

Y entonces ocurrió algo inesperado.

El brazalete del conejo comenzó a emitir una luz plateada.

El inglés se incorporó.

Una delicada energía rodeó al animal. Su pequeño cuerpo comenzó a transformarse lentamente, mientras el pelaje blanco desaparecía entre destellos luminosos.

Las patitas se convirtieron en manos, las orejas rosadas desaparecieron y su pequeña figura fue adquiriendo una forma humana.

Unos segundos después, frente a Jungkook apareció un joven.

Llevaba un abrigo de lana color marfil, pantalones claros y una bufanda alrededor del cuello.

Su cabello rubio platinado caía suavemente sobre su frente.

Y sus ojos...

Jungkook se quedó mirándolos.

Eran de un turquesa extraordinario, con matices aguamarina que parecían cambiar bajo la luz de la tarde.

El joven se acomodó el cabello detrás de la oreja.

Entonces descubrió que no estaba solo.

—¡Ah!

Jungkook arqueó una ceja.

—Buenas tardes.

Jimin abrió ligeramente los labios.

—B-buenas tardes...

El inglés dejó escapar una pequeña sonrisa.

—Disculpa si te he sorprendido.

—No... No pasa nada.

Jimin bajó la mirada, sintiendo cómo sus mejillas comenzaban a calentarse.

Su aroma se intensificó ligeramente.

Jungkook lo percibió.

Era dulce.

Mucho más dulce de lo que había imaginado.

—¿Vienes mucho por aquí? —preguntó el inglés.

Jimin negó con suavidad.

—Es la primera vez que consigo venir.

—¿Conseguir?

El Omega pareció arrepentirse inmediatamente de haber hablado.

—Mi familia es un poco... protectora.

Jungkook sonrió.

—Comprendo.

No insistió.

Sin embargo, había algo en aquel joven que despertaba su curiosidad.

—Por cierto, mi nombre es Jeon Jungkook.

Jimin levantó la mirada.

—Park Jimin.

El apellido hizo que Jungkook guardara silencio durante un instante.

Park.

Conocía aquel linaje.

Era imposible no conocerlo.

—¿Park? —repitió.

Jimin asintió.

—Sí.

El inglés observó nuevamente al joven.

Ahora entendía algunas cosas.

Aquel aroma excepcional, el brazalete antiguo y la pureza de su esencia Omega no eran casualidad.

Tenía delante a un miembro de una de las familias más importantes de Europa.

—Es un placer conocerte, Jimin.

—Igualmente.

Una ráfaga de viento atravesó el sendero.

Jimin se estremeció ligeramente.

Intentó disimularlo, pero unos segundos después se llevó una mano a la boca.

Una tos interrumpió la tranquilidad del lago.

Después otra.

Y otra más.

Su cuerpo se inclinó ligeramente hacia delante.

Jungkook cambió inmediatamente de expresión.

—¿Te encuentras bien?

Jimin intentó responder, pero necesitó unos segundos para recuperar el aliento.

—Sí... solamente es el frío.

—¿Siempre te afecta así?

El Omega asintió tímidamente.

—Un poquito.

Jungkook observó su rostro.

—Deberías regresar a casa.

Jimin bajó la mirada.

—Pero acabo de llegar...

El comentario fue tan sincero que el Alfa no pudo evitar sonreír.

—¿Siempre eres tan desobediente?

Jimin levantó los ojos.

—¡No soy desobediente!

—Claro que no.

—Lo digo en serio.

—Te creo.

Jungkook introdujo las manos en los bolsillos de su abrigo.

—Entonces, ¿puedo acompañarte mientras disfrutas un poco más del paisaje?

Jimin sonrió.

—¿De verdad?

—Por supuesto.

Durante los siguientes minutos conversaron sobre cosas sencillas.

Jimin descubrió que Jungkook era inglés y que había llegado a Francia por asuntos familiares. Jungkook, por su parte, descubrió que el joven tenía una curiosidad casi infantil por lugares que para él resultaban completamente normales.

—¿Nunca has viajado a Inglaterra? —preguntó.

—No.

—Es un país bonito.

—Me gustaría conocerlo.

—Quizás algún día puedas hacerlo.

Jimin sonrió.

—Me gustaría mucho.

Jungkook lo observó discretamente.

El aroma dulce del Omega flotaba entre ambos, mezclándose con el perfume de las flores y la madera húmeda.

El Alfa sintió una curiosidad que no experimentaba desde hacía mucho tiempo.

No era solamente atracción física.

Le agradaba la manera en que Jimin sonreía, la forma en que sus ojos se iluminaban cuando hablaba y aquella pequeña tendencia a mover las manos cuando se emocionaba.

—Jimin.

—¿Sí?

—¿Puedo preguntarte algo?

—Claro.

—¿Por qué viniste en tu forma animal?

El Omega se quedó callado.

Después hizo un pequeño puchero.

—Porque quería salir sin que nadie me vigilara.

Jungkook soltó una carcajada.

—¿Tu familia es tan estricta?

—No tienes idea.

—Ahora tengo curiosidad por conocerlos.

Jimin abrió los ojos.

—No creo que quieras hacerlo.

—¿Por qué?

—Mis hermanos son Alfas.

—Eso no parece un problema.

—Son muy protectores.

Jungkook sonrió.

—Entonces tendremos que comprobarlo.

Jimin se rio suavemente.

Y aquella risa fue suficiente para que el inglés deseara escucharla nuevamente.

El sol comenzaba a ocultarse cuando Jungkook decidió acompañar a Jimin de regreso.

El Omega había empezado a estornudar y su garganta volvía a molestarle.

No quería preocupar a su familia.

Pero tampoco quería que aquel desconocido pensara que era incapaz de cuidarse.

—Puedo regresar solo —aseguró.

—No lo dudo.

—Entonces...

—Pero voy a acompañarte.

Jimin lo miró.

Jungkook sonrió ligeramente.

—Considera que es una cortesía de un caballero inglés.

El Omega soltó una risita.

Caminaron juntos por el sendero.

Al llegar a la entrada lateral de la propiedad, Jimin se detuvo.

—Es aquí.

Jungkook levantó la mirada.

Frente a ellos se alzaba una impresionante residencia.

El inglés observó la arquitectura, los jardines y los detalles de hierro forjado de la entrada.

No necesitó preguntar.

Había llegado a la residencia Park.

—Así que aquí vive mi pequeño conejo.

Jimin se puso rojo.

—¡No me llames así!

Jungkook sonrió.

—Lo pensaré.

—Jungkook...

El Alfa inclinó ligeramente la cabeza.

—Me alegra haberte conocido, Jimin.

El Omega sonrió tímidamente.

—A mí también.

Hubo un pequeño silencio.

—¿Puedo volver a verte?

Jimin bajó los ojos.

Su aroma se volvió ligeramente más dulce.

—Me gustaría...

Jungkook sonrió.

—Entonces será un placer.

Lo que ninguno de los dos sabía era que, desde una de las ventanas del salón principal, alguien había presenciado parte de aquella despedida.

Park Taehyung.

El Alfa estaba de regreso en casa y había reconocido inmediatamente el cabello platinado de su hermano.

También había visto al desconocido.

Y aquello no le había gustado demasiado.

—¿Quién es ese?

Su voz hizo que Jin levantara la mirada.

—¿Quién, cariño?

Taehyung señaló discretamente hacia el jardín.

Jin se acercó a la ventana.

Sus ojos se abrieron.

—¡Jimin!

Namjoon levantó la cabeza.

—¿Qué sucede?

—Nuestro pequeño está afuera.

Suga, que acababa de entrar al salón, frunció el ceño.

—¿Solo?

Hobi apareció detrás de él.

—¿Cómo que solo?

Taehyung señaló nuevamente hacia la ventana.

—No está solo.

Los cuatro observaron al desconocido.

Jungkook se encontraba despidiéndose de Jimin.

El aroma de un Alfa desconocido llegó ligeramente hasta el interior cuando la puerta se abrió.

Namjoon se incorporó.

Su expresión cambió.

—¿Quién es ese hombre?

Jin observó a su hijo, que parecía particularmente feliz.

Después miró al desconocido.

—No lo sé...

Taehyung cruzó los brazos.

—Voy a averiguarlo.

—Taehyung —advirtió Namjoon.

—Solamente voy a preguntarle su nombre.

Suga levantó una ceja.

—Eso dices siempre.

Hobi soltó una carcajada.

Y Jin, que conocía perfectamente a sus hijos, suspiró.

—Por favor, no asusten al muchacho.

Jimin entró en la mansión unos minutos después.

Apenas cruzó el vestíbulo, encontró a toda su familia esperándolo.

Se detuvo.

Parpadeó.

—Buenas tardes...

Namjoon cruzó los brazos.

—Jimin.

El Omega sonrió nerviosamente.

—¿Sí, papá?

—¿Dónde estabas?

—En el jardín.

Taehyung soltó una pequeña risa.

—Qué curioso. Nosotros te vimos junto al lago.

Jimin cerró los ojos.

Traicionado.

Por una ventana.

—Taehyung...

—¿Quién era ese hombre?

—Un amigo.

Suga levantó una ceja.

—¿Un amigo?

—Sí.

Hobi sonrió de manera sospechosa.

—¿Y cómo se llama nuestro pequeño amigo?

Jimin se acomodó el cabello.

—Jeon Jungkook.

El silencio fue inmediato.

Namjoon frunció ligeramente el ceño.

—¿Jeon?

Taehyung miró a su padre.

—¿La familia Jeon de Inglaterra?

Suga asintió lentamente.

—El heredero de la mamba negra.

Jimin abrió los ojos.

—¿Es una mamba negra?

Hobi comenzó a reírse.

—¿No sabías con quién estabas hablando?

—¡No!

Jin se acercó a su hijo y le acomodó la bufanda.

—Cariño, ¿te has enfriado?

Jimin estornudó.

Los cinco lo miraron inmediatamente.

—¡Jimin! —exclamó Jin.

—Estoy bien...

Namjoon suspiró.

—Ve a cambiarte. Te prepararé algo caliente.

Jimin hizo un pequeño puchero.

—Papá...

—No hay discusión.

El Omega subió las escaleras.

Pero antes de desaparecer, se giró.

—Jungkook fue muy amable conmigo.

Taehyung miró a Suga.

Suga miró a Hobi.

Hobi sonrió.

Aquella frase no pasó inadvertida para ninguno.

Aquella noche, mientras Jimin descansaba en su habitación con una taza de infusión caliente entre las manos, recibió un mensaje de un número desconocido.

Buenas noches, pequeño conejo. Espero que hayas llegado bien a casa.

Jimin abrió los ojos.

Después sonrió.

Buenas noches, Jungkook. Sí, ya estoy en casa.

La respuesta llegó unos segundos después.

Me alegra. No olvides abrigarte.

Jimin soltó una risita.

No eres mi padre.

Menos mal. De lo contrario, probablemente habría tenido que perseguirte por todo el jardín.

El Omega se rio suavemente.

Por primera vez en mucho tiempo, alguien había conseguido que deseara que llegara pronto el día siguiente.

Los días siguientes transcurrieron con una tranquilidad engañosa.

Jungkook continuó ocupado con sus asuntos empresariales, pero encontró varias excusas para visitar los alrededores del lago.

Jimin, por su parte, comenzó a esperar aquellas visitas con una emoción que intentaba ocultar.

Al principio conversaban durante unos minutos.

Después comenzaron a compartir paseos más largos.

Jungkook descubrió que Jimin adoraba las flores, los libros ilustrados y los dulces franceses.

Jimin descubrió que el Alfa inglés tenía un sentido del humor inesperado y que, a pesar de su apariencia intimidante, podía ser extraordinariamente paciente.

También descubrió algo más.

Jungkook jamás intentaba decidir por él.

Cuando le ofrecía su abrigo, esperaba su respuesta.

Cuando le sugería regresar a casa, no lo obligaba.

Y cuando Jimin hablaba, realmente lo escuchaba.

Aquello significaba mucho para un Omega que había pasado gran parte de su vida sintiendo que los demás decidían por él.

Una tarde, Jungkook llegó al lago en su forma animal.

Jimin estaba sentado entre las flores cuando una larga mamba negra apareció cerca del puente.

El pequeño conejo levantó las orejas.

Jungkook se detuvo a una distancia prudente.

Su cuerpo oscuro contrastaba con el césped y las hojas doradas.

Jimin lo contempló fascinado.

La serpiente levantó ligeramente la cabeza.

Su lengua bífida apareció por un instante mientras percibía el aroma del Omega.

Jimin dio un saltito.

Después otro.

Y terminó acercándose.

Jungkook permaneció inmóvil.

El pequeño conejo olfateó una de sus escamas.

La mamba negra pareció quedarse completamente sorprendida.

Aquello era algo que no había experimentado jamás.

Un pequeño conejo estaba inspeccionando tranquilamente a una de las serpientes más intimidantes de su especie.

Jimin movió la nariz.

Jungkook, si hubiera estado en forma humana, probablemente habría estado riéndose.

El brazalete de ambos emitió un tenue resplandor.

Unos segundos después, los dos recuperaron su apariencia humana.

Jimin quedó frente al Alfa, con las mejillas ligeramente rosadas.

—Eres muy grande...

Jungkook soltó una carcajada.

—¿Eso es lo primero que se te ocurre decirme?

—Tu forma animal...

—¿Te asusta?

Jimin negó.

—No. Es preciosa.

El Alfa lo observó durante unos segundos.

Después sonrió.

—La tuya también.

Jimin bajó la mirada.

Su aroma a fresas blancas se intensificó.

Jungkook se acercó ligeramente, pero se detuvo antes de invadir su espacio.

—Jimin...

—¿Sí?

—Hay algo que quiero preguntarte.

El Omega levantó los ojos.

—Dime.

—¿Te gustaría conocer Inglaterra conmigo?

Jimin abrió los labios.

—¿En serio?

—En serio.

—¡Me encantaría!

Jungkook sonrió.

—Entonces tendremos que hablar con tus padres.

La sonrisa de Jimin desapareció lentamente.

—Oh...

El Alfa comenzó a reírse.

—¿Tan terrible será?

Jimin lo miró con absoluta seriedad.

—No conoces a mis hermanos.

La conversación con la familia Park tuvo lugar pocos días después.

Jungkook acudió personalmente a la mansión, vestido con un traje oscuro y acompañado de una cortesía impecable.

Namjoon lo recibió en el salón principal.

Jin estaba sentado junto a él.

Taehyung, Suga y Hobi ocupaban los sillones cercanos.

Y Jimin...

Jimin estaba sentado entre sus padres, intentando no reírse ante la evidente tensión.

Jungkook inclinó ligeramente la cabeza.

—Señor Park. Señor Jin. Es un placer conocerlos.

Namjoon lo observó con atención.

—Jeon Jungkook. Hemos escuchado hablar de tu familia.

—Espero que hayan sido comentarios favorables.

Suga dejó escapar una pequeña risa.

Taehyung cruzó los brazos.

—Depende de lo que pretendas con nuestro hermano.

Jimin giró inmediatamente.

—¡Taehyung!

Hobi se tapó la boca para disimular una carcajada.

Jungkook mantuvo la compostura.

—No pretendo jugar con sus sentimientos.

El aroma de cedro y especias permanecía controlado, aunque su naturaleza Alfa era evidente.

—Jimin me agrada. Disfruto de su compañía y deseo conocerlo mejor. No estoy aquí por su apellido, por su linaje ni por la posición de su familia.

Namjoon lo observó en silencio.

—¿Y qué esperas de él?

Jungkook dirigió la mirada hacia el Omega.

Jimin tenía las mejillas rosadas y los dedos entrelazados sobre el regazo.

—Espero que pueda sentirse libre conmigo. Que nunca tenga que fingir ser alguien diferente y que pueda decidir por sí mismo qué desea para su vida.

Jin sonrió discretamente.

Aquella respuesta le había gustado.

Namjoon permaneció unos segundos en silencio.

Finalmente, se recostó en su sillón.

—¿Y qué ocurrirá si mi hijo decide que no quiere continuar conociéndote?

—Lo respetaré.

—¿Y si decide hacerlo?

Jungkook sonrió ligeramente.

—Entonces tendré el privilegio de demostrarle que puede confiar en mí.

Jimin levantó la mirada.

Sus ojos turquesa brillaron.

Taehyung observó a su padre.

Suga suspiró.

Hobi sonrió.

Jin fue el primero en hablar.

—Bueno... A mí me parece un muchacho educado.

Taehyung abrió los ojos.

—¡Papá!

—¿Qué? Es verdad.

Namjoon dejó escapar una pequeña risa.

—Está bien, Jeon. Tienes nuestra aprobación para conocer a nuestro hijo. Pero recuerda que Jimin es muy importante para nosotros.

Jungkook inclinó la cabeza.

—Lo sé, señor.

Suga levantó un dedo.

—Y no lo hagas llorar.

Hobi añadió:

—Ni lo dejes pasar frío.

Taehyung cruzó los brazos.

—Ni lo hagas sufrir.

Jimin cubrió su rostro con ambas manos.

—¡Por favor!

Jungkook sonrió.

—Haré lo posible por cumplir con todas sus condiciones.

Las semanas siguientes trajeron consigo algo que ninguno de los dos había esperado.

Jimin comenzó a recuperar pequeñas parcelas de libertad.

Jungkook lo llevaba a conocer lugares de París, siempre respetando sus tiempos y las recomendaciones de su familia.

Visitaron cafeterías, galerías de arte y pequeños jardines escondidos entre las calles de la ciudad.

El inglés descubrió que Jimin podía pasar horas contemplando escaparates y que tenía una debilidad extraordinaria por los pasteles de fresa.

Jimin descubrió que Jungkook era capaz de recordar detalles insignificantes de sus conversaciones y que, incluso cuando estaba ocupado, encontraba un momento para preguntarle cómo se encontraba.

Sus aromas comenzaron a mezclarse con familiaridad.

El cedro y las especias de Jungkook se volvieron una presencia reconfortante para Jimin.

Y la vainilla, las fresas blancas y las flores de algodón del Omega terminaron convirtiéndose en el aroma favorito del Alfa.

No se trataba de una obligación biológica.

Era una elección.

Una que ambos estaban haciendo lentamente.

Llegó diciembre.

La residencia Park estaba decorada con luces cálidas, enormes arreglos florales y un majestuoso árbol navideño que ocupaba buena parte del salón principal.

Aquella tarde, Jungkook había sido invitado a cenar.

Jimin llevaba un suéter blanco de cuello alto y unos pantalones claros. Su cabello rubio platinado estaba ligeramente despeinado y sus ojos turquesa brillaban bajo la iluminación del salón.

Jungkook, sentado a su lado, no podía dejar de mirarlo.

—¿Qué? —preguntó Jimin.

—Nada.

—Me estás mirando.

—¿No puedo?

El Omega sonrió.

—Eres extraño.

Jungkook acercó discretamente su mano a la de él.

—Y tú eres precioso.

Jimin bajó la mirada.

Sus mejillas se tiñeron de rosa.

El Alfa sonrió.

—¿Puedo tomarte de la mano?

Jimin asintió.

Sus dedos se entrelazaron suavemente.

Y, desde el otro extremo de la mesa, Taehyung observó la escena.

—Namjoon...

El patriarca levantó la mirada.

—¿Qué ocurre?

Taehyung señaló discretamente a la pareja.

—Creo que nuestro pequeño está enamorado.

Hobi sonrió.

Suga bebió tranquilamente de su copa.

Jin miró a su esposo con una expresión enternecida.

Namjoon suspiró.

—Parece que sí.

—¿No estás preocupado? —preguntó Hobi.

El Alfa contempló a su hijo.

Jimin estaba riéndose de algo que Jungkook acababa de decir.

Su aroma era dulce y tranquilo.

No parecía nervioso.

No parecía incómodo.

Parecía feliz.

Namjoon sonrió.

—No. Estoy tranquilo.

Jin apoyó suavemente la cabeza sobre su hombro.

—Nuestro pequeño está creciendo.

Después de la cena, Jungkook acompañó a Jimin hasta el jardín.

La noche era fría, pero el cielo estaba despejado.

Las luces de la mansión iluminaban los senderos y el lago reflejaba algunos destellos dorados.

Jimin se detuvo cerca del puente.

—Jungkook...

—¿Sí?

El Omega jugueteó con sus dedos.

—Quiero preguntarte algo.

—Adelante.

Jimin levantó la mirada.

—¿Por qué te interesaste en mí?

Jungkook sonrió.

—¿Quieres la respuesta sincera?

—Sí.

El Alfa se acercó un poco.

—Porque conocí a un pequeño conejo blanco que parecía dispuesto a explorar el mundo entero, aunque apenas se atreviera a dar unos pasos lejos de su casa.

Jimin soltó una pequeña risa.

—Eso no es una respuesta.

—También porque tienes unos ojos que no puedo olvidar. Porque tu aroma me resulta reconfortante. Porque me gusta escucharte hablar de las cosas que te hacen feliz.

Hizo una pausa.

—Y porque, cuando estoy contigo, no siento la necesidad de ser alguien diferente.

Jimin lo contempló en silencio.

El aroma del Omega se volvió más dulce.

—Yo también me siento feliz contigo.

Jungkook levantó una mano y acarició suavemente su mejilla.

—Jimin, quiero pedirte algo.

—¿Qué?

—Me gustaría que fueras mi pareja. No porque nuestros linajes sean compatibles ni porque nuestras familias lo aprueben. Quiero que sea porque tú también lo deseas.

El Omega sintió que el corazón comenzaba a latirle con fuerza.

Sonrió.

—Sí.

Jungkook pareció quedarse sin palabras.

—¿Sí?

Jimin asintió.

—Quiero ser tu pareja.

El Alfa sonrió de una manera que Jimin nunca había visto antes.

Después se inclinó lentamente.

—¿Puedo besarte?

El Omega respondió acercándose un poquito.

—Sí...

El beso fue suave.

Delicado.

Una promesa silenciosa entre dos personas que habían comenzado a conocerse por casualidad junto a un lago.

Jungkook apoyó su frente contra la de Jimin.

Sus aromas se mezclaron con naturalidad.

Cedro, especias, vainilla y fresas blancas.

Y, por primera vez, el Omega comprendió que no necesitaba renunciar a su independencia para sentirse protegido.

Podía tener ambas cosas.

Podía ser amado sin dejar de ser él mismo.

Al día siguiente, Jungkook acompañó a Jimin al lago.

El paisaje estaba cubierto por una fina capa de escarcha.

El Omega sonrió al contemplarlo.

—Quiero enseñarte algo.

Jungkook levantó una ceja.

—¿Qué cosa?

Jimin se apartó unos pasos.

Su brazalete comenzó a brillar.

Una luz plateada lo envolvió y, en cuestión de segundos, un pequeño conejo blanco apareció sobre la hierba.

Jungkook sonrió.

El animal levantó las orejas rosadas.

Su pequeña cola pomposa se movió mientras daba dos saltitos.

El Alfa se transformó también.

Su forma de mamba negra apareció sobre el césped, elegante y silenciosa.

El pequeño conejo se acercó.

Jungkook levantó ligeramente la cabeza.

Jimin olfateó una de sus escamas.

Después dio un pequeño saltito alrededor de él.

La mamba permaneció quieta.

Y si alguien hubiera podido interpretar sus pensamientos, habría descubierto algo bastante inesperado.

El temible heredero de la mamba negra estaba completamente enamorado de un pequeño conejo blanco.

Cuando ambos recuperaron sus formas humanas, Jungkook tomó suavemente la mano de Jimin.

—¿Sabes algo?

—¿Qué?

—Creo que nunca había conocido a una criatura tan adorable.

Jimin hizo un pequeño puchero.

—Otra vez con lo de adorable...

Jungkook se rio.

—No puedo evitarlo.

—¡Jungkook!

El Alfa lo atrajo suavemente hacia su pecho y depositó un beso en su frente.

—Te quiero, pequeño conejo.

Jimin levantó la mirada.

Sus ojos turquesa brillaron bajo la luz invernal.

—Yo también te quiero.

A lo lejos, la mansión Park permanecía iluminada.

En su interior, una familia esperaba el regreso de su pequeño.

Y, aunque probablemente Taehyung, Suga y Hobi jamás dejarían de vigilar al nuevo integrante de aquella relación, todos habían terminado aceptando algo.

Jimin había encontrado a alguien que lo quería sin limitarlo, que respetaba su naturaleza y que comprendía que su delicadeza no significaba debilidad.

Y Jungkook había descubierto que no todas las criaturas extraordinarias eran peligrosas.

Algunas tenían orejas rosadas, ojos turquesa y una pequeña cola pomposa.

Porque incluso una mamba negra podía encontrar su mayor felicidad junto a un pequeño conejo blanco.

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Buenos personajes

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author

que hermoso ❤️❤️❤️

un día
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