Capitulo 1:La presentación
La noche madrileña no huele a misterio, cariño. Huele a una mezcla de perfume caro, tabaco rubio, ginebra de importación y desinfectante de pino baratero. Si alguien te dice lo contrario, o es un romántico empedernido o nunca ha pisado este negocio.Me llamo Francesca. Bueno, me llamo como tú quieras que me llame si la tarifa es la adecuada, pero para el mundo de la noche soy Francesca: española, veintitantos muy bien distribuidos, curvas peligrosas y una paciencia que ya la quisiera un santo de catedral. Trabajo en el mundo de la noche. Sí, soy prostituta. Ahorrémonos los eufemismos de “acompañante de lujo” o “modelo de protocolo”, que aquí entre nosotros no nos vamos a andar con rodeos.Mucha gente piensa que mi trabajo consiste solo en horizontalidades y sábanas de seda. Qué ilusos. Mi profesión tiene más de psicología y de comedia del arte que de otra cosa. Al final del día, o mejor dicho, al principio de la madrugada, yo soy la guardiana de los secretos que los hombres ricos, poderosos o simplemente aburridos no se atreven a confesarle ni a su almohada.Tomemos como ejemplo a mi primer cliente de hoy: Don Mauricio. Un empresario del sector inmobiliario, de esos que salen en la televisión con corbata de seda y cara de no haber roto un plato en su vida. En el mundo real, Don Mauricio dirige juntas de accionistas. En mi habitación, Don Mauricio se pone un pañal gigante, se mete en una cuna de madera que mandé a fabricar a medida y me pide que le lea el cuento de Caperucita Roja con voz de mala.—Francesca, ¿el lobo me va a comer si no me porto bien? —me pregunta el buen hombre, con sus sesenta y dos años y sus canas en las sienes, succionando un biberón lleno de descafeinado de sobre.—Si no te terminas el bibe, Mauricio, el lobo te va a subir los intereses de la hipoteca —le respondo yo, aguantando la risa y balanceando la cuna con el pie mientras me retoco el pintalabios rojo pasión en el espejo.Y como él, cientos. La noche es un escenario de lo más democrático: aquí los títulos nobiliarios y las cuentas bancarias solo sirven para pagar fantasías ridículas. Están los que pagan una fortuna solo para que les pise la espalda con tacones de aguja mientras recito la lista de la compra, los que quieren debatir sobre la alineación del Real Madrid en ropa interior, y las chicas —mis compañeras—, cada una con una historia que ríete tú de los guiones de Almodóvar. Está la Jenny, que estudia oposiciones a judicatura entre cliente y cliente, y la mítica “Rusa”, que en realidad es de Albacete pero descubrió que el acento de Europa del Este sube el caché un cincuenta por ciento.Así que acomódate, tómate algo fuerte y cierra la puerta. Te voy a contar lo que pasa cuando el resto del mundo se va a dormir. Pero te advierto: esto no es una historia de lágrima fácil ni un drama de televisión pública. Esto es la vida real, sin censura, con mucha picardía y, sobre todo, sin aptitud para menores de edad.









