Solo quiero decir que este es el primer libro que escribo. Intentaré actualizarlo seguido, pero no puedo prometer nada. También tengan en cuenta que el inglés no es mi lengua materna porque soy de Alemania, así que habrá errores de gramática y ortografía. Si ven algo, solo escriban un comentario
:-) .
Punto de vista de ella
Estaba muy confundida. Mi mejor amigo Gabe y yo estábamos jugando afuera cuando el Alpha me mandó llamar. Mi amigo me dio el mensaje con una sonrisa burlona: «El Alpha dice que vayas a su oficina. Rápido».
Mi amigo ya tenía a su lobo desde que cumplió los diez años. Pero yo todavía no lograba conectar con el mío, ni siquiera ahora, que ya pasaron seis meses desde mi décimo cumpleaños. «¿Dijo para qué me quería ver?», le pregunté. No recordaba haber roto ninguna regla. ¿Tendría noticias sobre mi lobo? «Yo no perdería el tiempo haciendo preguntas tan tontas», me respondió él. Yo fruncí el ceño. ¿Qué le pasaba? Nunca se había portado tan mal conmigo. «Oye, Gabe, no seas grosero. ¡Es que no quiero hacer nada malo! ¿Me puedes decir qué quiere, por favoooor?». Gabe solo se encogió de hombros.
Yo estaba agradecida de tener a Gabe. Cuando era pequeña me molestaba mucho, pero de pronto se volvió muy amable y ahora es mi mejor amigo. En las últimas semanas no habíamos podido jugar tanto por los «asuntos de la manada», sea lo que sea que eso signifique. Gabe tiene que ir mucho con el Alpha. Él nunca me decía qué hacían en esa oficina, siempre se limitaba a sonreír y decir: «Son asuntos de la manada». Es muy desesperante, pero no tengo idea de qué querría el Alpha de alguien como Gabe. Claro, es el hijo del Beta, pero apenas tiene diez años. Tal vez se está metiendo en líos por mi culpa. Verán, los padres de Gabe parecen quererme cada vez menos estos últimos meses. A lo mejor piensan que le estoy «robando» a su hijo o que lo meto en problemas. Pero Gabe tiene razón, no debo hacer esperar al Alpha.
Al darme la vuelta, admiré la belleza que nos rodeaba. Había cabañas pequeñas construidas en el bosque alrededor de la montaña. Teníamos un lago cerca y todo se veía muy tranquilo. Me quedé mirando el agua y vi mi reflejo: pelo largo castaño y ojos claros. Miré hacia mi hombro, donde tenía esa marca tan rara. Nadie sabía decirme qué significaba. A mí me gustaba mucho, me hacía sentir especial, pero el Alpha Damien decía que eso no tenía nada que ver con que mi lobo no apareciera.
Empecé a caminar hacia la casa más grande en medio del territorio: la casa de la manada Greysilver. Mientras pasaba frente a algunas cabañas, noté que muchos miembros de la manada me quitaban la vista. Recuerdo que algunos empezaron a insultarme porque no tenía lobo, pero muchos seguían siendo amables. ¿Tendré lodo en la ropa? Me revisé de arriba abajo, pero no encontré nada. Estoy muy agradecida con esta manada porque soy huérfana. Pudieron dejarme morir cuando me encontraron en el bosque, pero me recibieron y me cuidaron. Solo espero encontrar a mi mate, aunque no tenga lobo. Dicen que puedo encontrar a mi mate a los dieciocho años. Ojalá para entonces ya tenga a mi lobo conmigo.
A veces me preguntaba: ¿Cómo habrán sido mis padres? ¿Por qué me abandonaron así, solo con una nota que decía que soy una mujer lobo? ¿Alguna vez me quisieron? ¿Dónde estarán ahora? Pero nunca obtuve respuestas a esas preguntas.
Cuando llegué a la casa de la manada, noté que algunos de los miembros de alto rango se veían enojados. ¿Hice algo malo? ¡Si hasta le avisé al Alpha Nathaniel que iba a estar afuera jugando! Mientras subía hacia su oficina, empecé a escuchar a la gente susurrar:
«... no es digna...»
«Qué vergüenza....»
«... esa marca tan rara...»
¿Están hablando de mí? No, no puede ser.
Toqué a la puerta de la oficina del Alpha. Él me dijo que pasara.
El Alpha Nathaniel era un hombre enorme. Durante mis primeros meses en la manada, e incluso ahora a veces, me daba miedo. Sobre todo porque de vez en cuando lo cachaba mirándome de una forma muy extraña. Lo miré a sus ojos oscuros y penetrantes.
—Hola, Alpha, ¿qué se le ofrece? —le pregunté. Él solo soltó una risita. «¿Ni siquiera sabes por qué estás aquí? ¿Acaso tu "amigo" no te dijo lo que planeamos para ti?». Me quedé confundida otra vez. ¿A qué se refería? Él no diría... De repente, sentí un golpe en la mejilla. Fue con tanta fuerza que salí volando contra la pared de la oficina. ¿Acaso me... me acaba de pegar? «¿P-Por qué?», chillé. «¡Eres un estorbo que no vale nada!», se rió él. «¡Ni siquiera tu "amigo" quiso salvarte ni decirte que escaparas!». ¿Por qué se reía? ¿Por qué tendría que escapar? Me pegué más contra la pared mientras él se acercaba a mí.
«¡Te di tiempo suficiente para encontrar a tu lobo! ¡Todos te aceptaron solo por tu dichosa marca! Pero ahora vemos lo que significa: ¡No significa que seas especial, te marca como alguien que no vale nada!». Empezó a patearme. «¡Yo, el Alpha Nathaniel, te condeno a la esclavitud! Te pudrirás en los calabozos y te trataremos como se merece un ser tan despreciable. ¡GUARDIAS!». En cuanto los guardias entraron y me agarraron, el Alpha se inclinó para susurrarme al oído:
«Nos vamos a divertir mucho rompiéndote, esclava».
Dicho esto, los guardias se me llevaron a rastras. Intenté resistirme, pero mi fuerza de niña no es nada comparada con la de un hombre lobo. «¡Por favor.... por favor, alguien! ¡A-Ayúdenme!». Pero nadie vino a rescatarme; todos se limitaban a mirarme con asco. Entonces, me golpeó una piedra. Busqué a la persona que la había lanzado y vi a Gabe entre la multitud, ya con otra piedra en la mano. «¿P-Por qué haces esto?». Nunca respondió a mi pregunta, solo lanzó la otra piedra. Pero el Alpha lo miró y le dijo: «¡Bien hecho!». Sentí que se me rompía el corazón en ese momento. Gabe....
Los guardias me llevaron al calabozo, abrieron una celda pequeña y me tiraron ahí. De inmediato empezaron a patearme hasta que escuché cómo se me rompía un hueso. «Creo que ya es suficiente. Hay que asegurarnos de que pueda servirnos mañana...», dijo uno de los guardias con una sonrisa malvada. Me dio un puñetazo en la cara justo cuando llegaba el doctor de la manada. Intenté suplicar por ayuda, pero el doctor rápido me inyectó algo. «No tiene lobo, pero el acónito y la plata deberían mantenerla débil. Quizá pueda hacerle algunas pruebas», dijo él sonriendo. Pronto mi vista se volvió borrosa y todo se volvió negro.
Recuento de palabras: 1197 palabras
(Intento que cada capítulo tenga entre 1000 y 1500 palabras)