La otra mujer del Alfa

Todos los derechos reservados ©

Sinopsis

Carrie estaba enamorada de su pareja elegida, el Alfa Dane, y se sentía plena en su papel como luna interina de Greenwoods, hasta el momento en que Dane descubrió a su verdadera pareja. Carrie fue descartada sin miramientos y desterrada de su manada cuando la tensa situación estalló en su contra. Incapaz de encontrar una nueva manada dispuesta a recibirla, Carrie vive como una rogue y se construye una vida entre los humanos. Logra recomponer las piezas y ser alguien satisfecha, si no feliz. Y entonces, conoce a su pareja. Esta historia contiene contenido maduro debido a escenas sexuales y otros temas para adultos.

Genero:
Fantasy/Romance
Autor/a:
Vielle
Estado:
Completado
Capítulos:
54
Rating
4.9 128 reseñas
Clasificación por edades:
18+

1 Invasora

Carrie

Era de noche, justo después de que el sol se ocultara tras el horizonte. Los pájaros cantaban en los árboles, ocultos en la penumbra que avanzaba, mientras los insectos y las criaturas nocturnas empezaban a moverse, sumando sus propios ruidos al ambiente.

Estiré las piernas mientras caminaba por el bosque con paso firme. Sacudí mi pelaje marrón e inhalé el dulce aroma de la naturaleza que flotaba a mi alrededor; era una mezcla de tierra, plantas y presas. Atrás quedaban los olores sintéticos del centro comercial donde trabajaba casi todos los días. También el parloteo incesante de mis compañeros y clientes, el pequeño apartamento donde vivía encerrada, el desastre en que se había convertido mi pasado, los juicios y los arrepentimientos. Todo se desvanecía al darle a mi loba la oportunidad de ser salvaje, tal como debía ser.

Correr bajo la luna llena se había convertido en mi terapia mensual. Era mi refugio ante el estrés de ocultar mi naturaleza entre los humanos. Lo último que quería era revelar mis secretos por accidente y que los cazadores vinieran a por mí. Ahora que no tenía manada, era mucho más vulnerable a su brutal justicia.

Mi loba estaba encantada de estar libre al fin mientras analizaba todo lo que nos rodeaba. Después de meses viviendo como humana, todavía no se acostumbraba a estar encerrada tanto tiempo. Se volvía mucho más dócil cuando la dejaba salir, y esta noche era la más importante del mes.

La luna llena no nos obligaba a transformarnos, como dicen las leyendas. Sin embargo, sí alteraba a nuestros lobos de una forma difícil de controlar y más difícil aún de ignorar. La mejor solución para esa agitación era correr con la manada, pero correr sola servía en caso de apuro.

Un apuro como ser una antigua luna interina desterrada a vivir como una loba solitaria. No era una vida glamurosa, pero sí mucho mejor que mis últimos días bajo el poder de mi antiguo compañero y alfa, el imbécil de Dane. Él y su preciosa parejita Heidi dándose aires por ahí... Vaya mierda de final había sido aquel.

Pero no era momento de lamentarse por el pasado. Me sacudí esos recuerdos amargos mientras trotaba por el bosque. Olía el rastro de animales por todas partes, pero los rastros estaban demasiado fríos como para seguirlos. Me las apañaba para comer bien gracias a mi trabajo, pero mi loba quería la satisfacción de cazar una presa y darse un festín.

Seguimos adelante, escurriéndonos entre los árboles en las partes más espesas del bosque. Tenía muchas ganas de aullar, pero como en todas mis carreras nocturnas, me contuve. No quería llamar la atención estando sola y vulnerable. Olí un alce y mi loba quiso seguirlo, pero rechacé el instinto. Yo era mucho más fuerte que un lobo natural, pero una presa tan grande era difícil de abatir yo sola. En su lugar, continué hasta que encontré el rastro fresco de una liebre y dejé que mi loba lo siguiera.

La liebre no tuvo oportunidad, mi loba era más rápida. Mató al animal y se lo comió enseguida; ella no era de las que jugaba con la comida. Luego se merendó a un ratón desafortunado que pasaba por allí. Después, se quedó satisfecha simplemente descansando un rato en la oscuridad, disfrutando de tener el estómago lleno y de no estar encerrada en una vivienda humana.

La luna brillante subió más en el cielo como si me llamara, y mi loba quiso moverse de nuevo. Gracias a esa luz y a mi excelente visión nocturna, el bosque se veía casi tan claro como el día, aunque fuera en blanco y negro.

La adrenalina me puso de buen humor, a pesar de la soledad de mi carrera.

Hasta que encontré un rastro que hizo que mi loba se detuviera y olfateara de nuevo con nerviosismo.

Olía a depredador, a lobo y a humano. Era el inconfundible rastro de un hombre lobo.

Aunque mi loba extrañaba a los de nuestra especie, era a su manada —nuestra antigua manada— a quien quería. No quería a un desconocido que podía ser peligroso. En mi poco tiempo como loba solitaria, había aprendido lo crueles que pueden ser los lobos de manada con los menos afortunados. Y un solitario no era mejor. Claro que había algunos pacíficos como yo, pero muchos otros eran criminales o habían perdido su humanidad. Se habían vuelto salvajes, locos y más impredecibles que un animal.

No creía que tuviera la suerte de que esos otros hombres lobo fueran inofensivos. Ojalá el rastro fuera más viejo de lo que parecía y no tuviera de qué preocuparme.

Entonces, un sonido rompió mis esperanzas y me heló la sangre. Fue un aullido poderoso y lúgubre que resonó en la noche. Varios más se unieron hasta formar un coro de voces caninas. Era hermoso y estremecedor, pero no estaba tan lejos como yo hubiera querido.

Me di la vuelta y corrí por donde había venido. Por una vez, mi loba estaba totalmente de acuerdo en que debíamos volver a nuestro asfixiante pero seguro apartamento. Ya había tenido suficiente carrera y no quería tentar a la suerte. Había corrido aquí muchas veces y sabía que el bosque no era territorio de ninguna manada. Eso significaba que probablemente eran un grupo de lobos solitarios, y yo no tendría oportunidad contra ellos.

Mientras corría, mantuve mis sentidos alerta. Ignoré los olores habituales del bosque para buscar el aroma a depredador. Estaba casi donde había aparcado mi viejo coche cuando volví a oler a los hombres lobo. Preocupada, bajé el ritmo al acercarme a mi escondite para buscar de dónde venía el olor.

Dos lobos me esperaban junto al coche. El corazón me dio un vuelco al ver que me bloqueaban la salida.

Por desgracia, me vieron antes de que pudiera escaparme. Un lobo grande de pelaje claro aulló, mientras el otro corría hacia mí ladrando con fuerza. Salí disparada en otra dirección, esta vez hacia la ciudad y mi casa. Tendría que correr hasta el agotamiento y tardaría horas en llegar, pero no se atreverían a atacarme entre los humanos, ¿verdad? Perder el coche era un golpe, pero podía reemplazarse; mi garganta, no.

Tal vez lo habría logrado, pero al lobo que me seguía se le unió otro, y luego otro más. Finalmente, una pareja logró cortarme el paso. Gruñí como advertencia cuando me obligaron a parar, con el lomo erizado. No podía vencer a cinco lobos, cuatro de ellos machos, pero estaba segura de que al menos les haría daño antes de que acabaran conmigo. Si tenía que morir, lo haría peleando. Giré la cabeza para vigilar todas las amenazas que me rodeaban.

No avanzaron, conformándose con mantenerme acorralada. Uno de ellos se transformó en un hombre de pelo negro y ojos claros muy llamativos que destacaban en su piel morena. Me miró y dijo: —Nuestro alfa quiere verte, invasora.

¿Invasora? Este no era territorio de manada. Nunca me había cruzado con otros lobos antes, y no había rastros ni marcas que me advirtieran esta noche. ¿Cómo se atrevían a decir que estaba invadiendo su terreno? Gruñí de nuevo.

—Lo mejor será que vengas por las buenas —dijo él. Su voz era tranquila y, por un momento de locura, casi pensé que podía confiar en él.

En lugar de dejarme convencer, lo miré con rebeldía y le enseñé los dientes. Aunque fuera lo más sensato, no tenía ganas de cooperar. Pero por ahora fingiría que les hacía caso, ya que no podía con todos a la vez. Solo tenía que esperar una oportunidad para escapar cuando bajaran la guardia.

Esa oportunidad no llegó. Me llevaron hacia adelante, rodeada por esos lobos solitarios que jugaban a ser una manada. Llegamos a un claro con varias caravanas y cobertizos situados alrededor de la estructura de un edificio. Era obvio que ese espacio abierto era nuevo, porque el suelo todavía tenía marcas de neumáticos enormes y huecos donde antes hubo árboles.

El olor de docenas de lobos me llegó a la nariz. Era un olor salvaje, pero no tan desagradable como el de otros solitarios que había conocido. Quizá era porque ahora yo olía igual, o quizá porque estos lobos se comportaban como una verdadera manada. Mi loba seguía alerta, pero su miedo había disminuido, reemplazado por una curiosidad vigilante y una energía extraña que no sabía identificar.

A pesar del miedo, sentí un chispazo de curiosidad. ¿Estaba viendo el nacimiento de una nueva manada? La mayoría de las manadas tenían generaciones de antigüedad y los lobos rara vez querían empezar de cero. Pero las manadas originales tuvieron que salir de alguna parte, ¿no? Esto era arriesgado, pero también intrigante.

Una mujer con ropa gastada se me acercó con una manta gris. —Transfórmate —dijo con tono autoritario.

Me sentía expuesta ante esos extraños, pero hice lo que me pidió. Me envolví en la tela, dejando solo mi cara, mi pelo negro rizado y mis pies a la vista. Me habría gustado tener mi propia ropa o algo decente que ponerme, pero esto era mucho mejor que nada.

—Sígueme —dijo ella, y lo hice, todavía flanqueada por varios lobos.

Mi loba estaba cada vez más inquieta. Intenté calmarla. Sabía que echaba de menos estar con otros lobos porque yo también lo sentía, pero esto no era como estar con mi antigua manada. Esta gente era desconocida e impredecible.

A ella no le importaba mi prudencia.

Un hombre se acercó a nosotros, claramente visible bajo la luna. Era puro músculo, algo fibroso pero muy fuerte, con una mandíbula marcada y el pelo oscuro. Tenía un tatuaje que le subía por el brazo y se perdía bajo la camiseta; no pude evitar seguirlo con la mirada y preguntarme hasta dónde llegaba.

Entonces, lo miré a sus ojos casi negros y entendí por qué mi loba estaba tan emocionada. Ella estaba radiante y ese sentimiento me contagió, pero también recordé al último alfa en el que me atreví a confiar. Le di todo lo que pude y me pagó mi lealtad presionándome hasta que me rompí y lo perdí todo.

Aun así, este hombre no se parecía a nadie que hubiera visto antes. Su apariencia era como un sueño que no recordaba hecho realidad. Ahora que estaba frente a mí, sentía como si siempre lo hubiera conocido y deseado.

Tal vez valía la pena intentar confiar de nuevo...

Él se me quedó mirando igual de asombrado que yo a él, y luego soltó un juramento entre dientes. El ceño fruncido en su frente confirmó que mis dudas iniciales eran acertadas. Todos los alfas eran unos idiotas arrogantes en los que no se podía confiar, y este no sería diferente.

Su expresión parecía de asco o alguna otra emoción negativa. Me recordó a cómo me miraba el imbécil de Dane al final. Se me hundió el corazón e intenté controlar mi temblor.

—No necesito una compañera —masculló.