Invisible a tus ojos

Todos los derechos reservados ©

Sinopsis

Alicia se ha sentido invisible durante toda la secundaria y se ha convencido de que le gusta que sea así, refugiándose en sus estudios. Hasta que un encuentro fortuito con Logan Saunders, el chico más popular del instituto, pone la vida de Alicia patas arriba. Ya no hay vuelta atrás: Logan la ha visto y, cuando se le mete algo en la cabeza, no hay quien lo detenga.

Genero:
Romance
Autor/a:
Jgoddard
Estado:
Completado
Capítulos:
29
Rating
5.0 22 reseñas
Clasificación por edades:
18+

Fuera de mi zona de confort


Invisible, eso es lo que soy. La mayor parte del tiempo me gusta que sea así. Pero cuando no puedes ni caminar por el pasillo hacia tu casillero sin que la gente te choque por accidente, es pesado. Pasan por tu lado sin darse cuenta siquiera de que estás ahí.

—¡No puede ser! ¡Miren nada más qué guapo se ve hoy!

Jessica es la única alma que me ve en esta escuela. Es mi mejor amiga desde tercer grado y es la que está gritando a mi lado. Ella es lo único que voy a extrañar de este pueblo horrible.

—¿De quién estarás hablando? —dije con sarcasmo mientras ponía los ojos en blanco.

—Alicia Cunningham, eres insoportable. Sabes perfectamente de quién hablo —me dijo entrecerrando los ojos. Me agarró por los hombros y me dio una vuelta para que viera bien al tipo alto y moreno por el que babea todos los días. Aunque tiene novio, no deja de mirar a Logan Saunders.

Se veía muy bien. Llevaba una camiseta negra bien apretada a su cuerpo duro, lo que marcaba cada músculo de su pecho y sus grandes bíceps. Sus jeans le quedaban perfectos y resaltaban su trasero. Y claro, mi parte favorita: sus ojos azules. Tienen un azul oscuro que te atrapa; uno podría perderse en ellos para siempre, como si estuvieras en medio del mar.

Claro que, como cualquier chico guapo de la escuela, su personalidad lo arruina todo. Es un arrogante que se cree superior a los demás; solo piensa en él mismo. He tenido un par de roces con el rey de la escuela que me han hecho confirmar que no me cae nada bien. No es que él se haya dado cuenta, claro.

—Jessica, un día de estos tu novio Kyle va a pasar justo cuando estés babeando por este bombón y no te lo va a perdonar —le recordé, remarcando la palabra «novio».

—Ay, por favor, mirar no es pecado. Además, Kyle sabe que lo amo. Se lo dije anoche —respondió con una sonrisa pícara.

Me quedé con la boca abierta. —No puede ser, ¿le dijiste que lo amas?

Ella asintió emocionada. —¡Y él me dijo que también!

—Eso es genial. Me alegro mucho por los dos.

—Así que vamos a salir a celebrar —murmuró sin mirarme a los ojos.

Entrecerré los ojos, ya sabía que mi amiga tramaba algo. —¿Tú y Kyle? —pregunté, sabiendo que no se refería a él.

—¡Vamos, Alicia, sabes que hablo de ti y de mí! —dijo haciendo un puchero—. Y... hay una fiesta.

Otra vez evitó mirarme.

—Ni hablar, ya sabes que no voy a fiestas. No me siento cómoda. No hay más que gente borracha y sudada tratando de ligar y restregándose unos con otros. Lo peor es que la última vez que me convenciste, tú y Kyle me dejaron sola para irse a buscar un cuarto. Ni siquiera se molestaron en decirme a dónde iban —le susurré enojada.

—¡Por favor! Kyle ni siquiera va a estar. Tiene un compromiso familiar. Quería ir a esta fiesta contigo para celebrar este gran paso que dimos. Por favor, por favor, por favor —hizo un puchero todavía más grande y me miró con ojitos de perro a medio morir.

—¡Está bien! Iré, pero si me dejas sola otra vez, Jess, te juro que será la última fiesta a la que vaya contigo —ella chilló de alegría y empezó a saltar en medio del pasillo. Varias personas se quedaron mirándola con cara de confusión.

—Ya, cálmate; estás haciendo un espectáculo.

—No inventes, te voy a poner tan guapa esta noche que tú vas a ser la que me deje sola en la fiesta.

—No lo vas a hacer y dudo mucho que pase —murmuré contra mi casillero mientras sacaba los últimos libros. Miré al grupo de los populares de último año, especialmente a uno de ellos, y pensé: «Nadie sabe que existo en este lugar».

Más tarde esa noche:

—¿Quieres dejar de manosearte la ropa? Te ves genial —Jess me quitó las manos de encima. Yo intentaba desesperadamente bajarme la falda que me obligó a ponerme mientras caminábamos hacia la fiesta.

—Esto apenas cuenta como falda. Es un pedazo de tela envuelto en mi culo y estoy a nada de que se me vea todo —me daba mucha vergüenza enseñar tanta piel. Creo que nunca había usado un escote así. En cuanto Jess me quitó las manos del dobladillo, intenté subirme la blusa para que no se me vieran tanto las tetas.

Jess suspiró con dramatismo, me agarró del brazo y me arrastró hacia un lado de la casa donde ya se escuchaba el ambiente.

—Escucha, eres una mujer fuerte, independiente y hermosa. Te ves muy sexy y es hora de que lo demuestres. Deja de arruinar mi creación. Vamos a entrar, vamos a bailar, nos vamos a emborrachar y a disfrutar de nuestra juventud. Llevas tres años metida en los libros sin mirar el mundo a tu alrededor. Pues hoy vas a mirar tú y todos te van a mirar a ti —gritó mientras me jalaba hacia la puerta.

No pude evitar reírme. Jess tiene una risa contagiosa y un entusiasmo que hace que hasta alguien tan aburrida como yo quiera participar. Quizás sí sea buena idea salir un poco de mi zona de confort esta noche.

Como era de esperar, la escena era la de siempre: adolescentes medio desnudos perreando en la pista con gente que ni conocen. La casa estaba atascada de gente y yo solo quería buscar un lugar donde pudiera respirar.

—Jess, ¿no hay algún lugar donde podamos estar con... menos gente? —dije empezando a sentir claustrofobia.

—Ven por aquí —me llevó a una esquina que estaba algo vacía y solté un suspiro de alivio—. Voy por un par de tragos. Quédate aquí, ahora vuelvo.

Asentí porque no valía la pena responder; apenas podía oírla. Me quedé ahí parada sintiéndome fuera de lugar, con ganas de irme a mi casa.

A lo lejos, en medio de la pista, vi a Sarah Richards. Con su pelo rubio y su cuerpo de modelo, parecía estar buscando a alguien desesperadamente. Se veía algo alterada. Al acercarse, pude oír el nombre que gritaba en su estado de ebriedad. Por supuesto, buscaba a Logan. ¿A quién más? La reina necesita a su rey.

De reojo vi a Logan entrar a la sala. Tenía cara de enojo y pánico. Miró a su izquierda y se encontró con un montón de gente que quería su atención. Miró a su derecha y me encontró... a mí.

Se acercó rápido y usó su cuerpo como un escudo contra el resto de la fiesta. Me asusté y di unos pasos hacia atrás hasta que choqué con la pared. Estaba tan cerca que no sabía a dónde mirar ni dónde poner las manos. Con la confusión, terminé apoyándolas en su pecho firme mientras él avanzaba. En cuanto me di cuenta, las bajé muerta de vergüenza y levanté la vista para ver qué rayos estaba pasando.

Al levantar la mirada, me encontré con esos hermosos ojos azul oscuro clavados en los míos. Logan respiraba agitado. Sentí su aliento a menta en mi cara y me di cuenta, con mucho nerviosismo, de lo cerca que estaban sus labios de los míos.

—Logan. ¿Qué estás...?

No pude terminar la pregunta. Logan me interrumpió diciendo: —Perdona por esto.

No tuve tiempo ni de confundirme antes de que sus labios se estrellaran contra los míos.