LA Famiglia - The Bellomo's Libro uno

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Sinopsis

Armas, violencia, federales y la familia es todo lo que a Aria se le permitió conocer. Eso es hasta que conoce a alguien que la trata como se merece. Pero, ¿es él mucho mejor que cualquiera de los hombres que ya conoce? Todo el mundo parece pensar que sí. **Discreción del lector: se describen en detalle escenas de violencia, violencia doméstica y agresión sexual**

Genero:
Erotica/Drama
Autor/a:
CL
Estado:
Completado
Capítulos:
76
Rating
4.9 63 reseñas
Clasificación por edades:
18+

Uno - Aria


Mi cuerpo dio un respingo cuando cerraron un armario de un portazo. Yo mantenía la mirada fija hacia adelante.

—¿Dónde está? —me ladró el hombre mayor.

—No lo sé —dije con firmeza, negándome a mirarlo.

—¿No sabe dónde está su marido?

—¿Han ido a su trabajo? —pregunté, alzando por fin la vista hacia el hombre de pelo canoso.

—Sí, y no está allí —respondió con la voz llena de rabia.

—Entonces no sé dónde está mi marido —me encogí de hombros, volviendo a mirar la televisión apagada. Él se alejó de mí y empezó a revolver unos cajones en el pasillo. Me estiré al ponerme de pie y le grité antes de entrar en la cocina.

—¡¿Quiere otro café, detective?!

—No, gracias, Aria —soltó él con una risita. Pasé por el lado de los oficiales que estaban destrozando mi cocina y encendí la cafetera. Era demasiado tarde para tomar café. Sin embargo, tenía el presentimiento de que se quedarían en mi casa por un buen rato. Estaba haciendo lo que me habían dicho: hacer que se sintieran bienvenidos pero manteniendo la boca bien cerrada. Esta era probablemente la sexta vez este mes que me revolvían la casa. ¿Buscando qué? Quién cojones sabe.

—¿Su marido tiene armas? —Me pasé los dedos por mi cabello corto, rojizo y oscuro, soltando un suspiro. Era ondulado natural, pero necesitaba un buen lavado.

—No —dije simplemente, dándome la vuelta hacia el café.

—¿Drogas? —volvió a preguntar.

—No —respondí mientras servía el líquido caliente en mi taza. Se me antojaba un capuchino, pero mis raíces italianas me obligaban a tomar solo un expreso.

—Las encontraremos —dijo el oficial a mis espaldas. Me vendría muy bien que este tipo cerrara la puta boca.

—No hay nada que encontrar —me encogí de hombros y me tomé la mitad del café de un trago. Me empezaba a doler la cabeza. Una parte de mí quería irse a dormir y dejarlos a su aire.

—Pronto la dejaremos tranquila —apareció el primer detective con una sonrisa.

—Si pudieran, me gustaría irme a la cama —me reí, apoyándome en la encimera de la cocina.

—Si hablara con nosotros, esto terminaría más rápido —dijo él encogiéndose de hombros.

—¿Sobre qué? —puse mala cara. ¿De verdad pensaban que yo era tan jodidamente estúpida?

—Sobre los negocios de su marido —dijo despacio.

—Trabaja en la construcción, no hay mucho que contar —bostecé. Él se dio por vencido y salió de la cocina suspirando. Me quedé mirando cómo los demás ponían el lugar patas arriba. Abrían los cajones de un tirón y tiraban papeles por todas partes. Estaba furiosa. Sabía que me tocaría limpiar toda esta mierda después. No tenía ni puta idea de dónde estaba Giovanni. Llevaba unos cuatro días fuera y eso me servía de alivio. Seguro que se estaba follando a alguna de diecinueve años por ahí, pero ya me daba igual. No es como si pudiera pedirle amablemente que parara y él fuera a hacerme caso. Tampoco podía pedir el divorcio. Estaba atrapada aquí, siendo la eterna y abnegada esposa de la mafia.