Capítulo 1
VERITY
Me quedé mirando el mensaje en mi teléfono y sonreí.
«Hola, preciosa. Estoy en el hotel por negocios y me gustaría verte más tarde. Axel».
Está de vuelta en la ciudad.
Sentí que se me hacía un nudo en el estómago de solo pensar en volver a verlo.
Mi mente repasó la última vez que nos vimos. Vino a tomar un café y terminamos acostándonos cuando terminó mi turno.
—Verity —llamó Betty.
Solté un quejido mientras guardaba el teléfono en el bolsillo y regresaba a la tienda.
Betty me lanzó una mirada asesina. «¿Dónde diablos estabas?», siseó. «Se supone que te queda una hora de trabajo».
No dije nada y volví detrás del mostrador para servirles café a unos clientes.
Solo me faltaba una hora para terminar mi turno y largarme de aquí. Tenía el fin de semana libre, y era en lo único que podía pensar últimamente.
Había planeado salir con unos amigos esta noche. Sin embargo, sabiendo que Axel quería verme, tenía que planear mi escapada para estar con él.
A mis amigos no les importa que me acueste con alguien. Pero Axel no les cae muy bien, sobre todo por lo que es.
Axel es un hombre lobo que vive no muy lejos de aquí.
Has oído bien, un hombre lobo.
Los hombres lobo son conocidos en todo el mundo. A nuestro alcalde no le molestan, siempre y cuando no maten a nadie de nosotros.
Axel vive en una manada y a veces vienen aquí, al pueblo de los humanos. No sé qué clase de lobo es, pero le gusta divertirse.
Recuerdo que lo conocí una noche de fiesta y charlamos un rato. Se vino conmigo a mi apartamento y nos enrollamos. El sexo fue de otro mundo; nunca imaginé que un lobo pudiera follar tan duro y profundo. Me puso en un montón de posturas. No quería que la noche terminara, pero se fue al día siguiente sin decir ni una palabra.
Me dolió que se fuera así, pero no volví a pensar en él hasta que, semanas después, entró en la cafetería donde trabajo. Se sentó en una de las mesas y, durante mi descanso, volvimos a hablar e incluso intercambiamos números.
Empezamos a mandarnos mensajes y, a veces, a llamarnos. Era agradable, pero yo no esperaba nada serio. Solo me alegraba que quisiera conocerme. Últimamente las llamadas pararon cuando estaba con su manada, pero seguía escribiéndome cuando venía al pueblo para que nos acostáramos.
Mis amigas me decían que solo me estaba usando. Yo no quería creerles, aunque una parte de mí sabía que tenían razón. El problema es que me estaba enamorando de él.
Suena estúpido, lo sé, admitir que me estaba pillando por él.
Solo soy humana.
Pero joder, está buenísimo. Parece un modelo griego de dos metros con unos abdominales de infarto, y sabe cómo llevar un traje.
La hora pasó rápido porque vinieron pocos clientes. Todos saben cómo se pone Betty cuando se acerca la hora de cerrar. Empieza a perder los papeles con cualquiera que entre. Podía oírla recogiendo cosas. Ella siempre limpiaba la cocina mientras yo atendía a los últimos clientes.
Suspiré mientras veía salir a la última persona de la cafetería.
En cuanto cerraron la puerta, empecé a limpiar lo que quedaba detrás del mostrador, que no era mucho.
Cuando terminé, salí de detrás del mostrador y fui a la puerta para darle la vuelta al cartel de cerrado. Eché la llave y bajé la persiana de la puerta. Las ventanas ya estaban a oscuras porque Betty odiaba que la gente fisgoneara cuando cerraba. Se vuelve una vieja amargada si no se sale con la suya.
—Apaga la luz cuando salgas —gruñó Betty, subiendo a su piso.
Suspiré mientras me quitaba el delantal. Lo colgué en el gancho junto a la puerta y fui al cuartito del fondo para coger mi abrigo. Agarré la llave del gancho y la apreté en mi mano mientras me abrigaba para salir.
Cerré la puerta tras de mí y le eché la llave.
Comprobé que estuviera bien cerrada antes de echar la llave por la ranura del buzón. Betty odia cerrar ella misma; me deja la tarea a mí para sentirse segura.
Me di la vuelta y bajé por la calle hacia mi pequeño apartamento.
Solo vivía a dos manzanas de la cafetería.
Me ajusté bien el abrigo y caminé más rápido hasta llegar a mi edificio.
Entré y fui directa a mi casa.
Me quité el abrigo y fui a la cocina para encender la calefacción. Tenía frío, pero me quedé pensativa apoyada en la encimera.
Saqué el móvil y miré el mensaje de Axel.
Dudé sobre si debía verlo.
Sabía lo que iba a pasar. No estaba segura de si podría aguantar otra vez que me dejara sola por la mañana después de pasar la noche juntos.
Un pitido del móvil me sacó de mis pensamientos. Miré la pantalla y el estómago se me volvió a encoger.
Otro mensaje de él.
«Verity, por favor, respóndeme. Quiero verte. Axel».
Miré el mensaje y suspiré.
Quería verlo.
Quería pasar otra noche con él.
Sonó otro pitido, pero esta vez era de mi amiga Kelly.
«Lo siento, no puedo salir esta noche. Tengo una reunión temprano por la mañana», decía.
Suspiré.
Genial, ¿y ahora qué iba a hacer?
Después de unos instantes, se me ocurrió una idea.
Espero que a Axel no le importe venir aquí en vez de salir fuera.
Le escribí este mensaje:
«Hola, perdona que te conteste ahora, estaba trabajando. Quiero verte, pero no me apetece salir. ¿Qué te parece si vienes a mi casa? Haré que valga la pena».
Le di a enviar y me mordí el labio inferior mientras esperaba la respuesta.
No sabía si vendría. Si no lo hacía, me quedaría en casa viendo una película.
Podría salir sola, pero no tenía suficiente confianza para hacerlo.
A veces odiaba estar sola, aunque tenía sus ventajas.
Podía ir a donde quisiera sin que nadie me dijera nada.
Me mudé a este pueblo hace unos años.
Mi familia vive al otro lado del mundo. Me alejé de ellos porque nunca nos llevamos bien. Mi madre y yo discutíamos por todo, y mi padre solo aparecía cuando quería algo, que en su caso siempre era dinero.
Soy hija única y aprendí hace mucho que en esta vida estoy sola.
Elegí trabajar en cafeterías.
Me gusta este pueblo, pero no el trabajo, porque Betty es un hueso duro de roer. Pero no podía irme porque necesitaba el dinero.
Bueno, eso era una mentira que siempre le contaba a Kelly. Le decía que necesitaba el trabajo por el dinero, pero yo ahorraba más que nadie. Aprendí a tener una buena cuenta de ahorros que nunca toco.
Kelly y yo nos hicimos amigas cuando ella entró en la cafetería y apareció su ex para acosarla. No la dejaba en paz y montó un numerito.
Tuve que ser yo quien lo echara de la cafetería para ayudar a Kelly. Menos mal que Betty no estaba ese día. Si se entera de lo que le hice al tipo, le da un síncope. Debo admitir que su ex se veía mejor con el labio partido y una mancha de café encima.
Recuerdo que lo eché a la calle y cerré el local. Me aseguré de que Kelly estuviera bien y de que se calmara para llamar a la policía. Me quedé con ella y, desde entonces, somos amigas.
Un pitido interrumpió mis pensamientos y me revolvió el estómago.
Miré el teléfono y era un mensaje de Axel.
Lo abrí y sentí un cosquilleo de emoción al leerlo.
«Hola, preciosa. Imaginé que estarías trabajando. Pasaré por tu casa sobre las diez, cuando ya no haya nadie por ahí. Nos vemos pronto, hermosa».
Sonreí y miré el reloj de la pared de enfrente.
Tenía tres horas para arreglarme.
Estaba emocionada pero nerviosa.
Tenía que prepararme y sabía exactamente lo que iba a hacer.
Me aparté de la encimera y fui al baño.
Necesitaba ponerme a punto.
Sabía que tenía tiempo de sobra, pero quería estar guapa para él y sabía perfectamente qué me iba a poner.