~ cartas a Rose ~
~A Rose la conocí a los 5 años y a esa corta edad, mientras más sabía de ella, menos la conocía.
Rose fue creada para mí, y yo fui hecha para Rose... o al menos eso reflejaban sus ojos cada que nuestras manos se conectaban. ~
~ Rose era como una rosa, en lo tibio y cálido de mis brazos florecía de una forma tan hermosa... y en la soledad de mi despedida ella se perdía y en silencio se marchitaba.
Y cuando ella estaba junto a mí como una sombra, era yo de Rose.
—No pudiste detenerme... cuanto más yo me alejé, de más formas yo te amé, solo bésame lento y con cariño—.
~ Cuando Rose se acercaba a mí... con más heridas ella terminaba. ~
—... Debes cumplir lo que prometes...—.
~ En mi cabeza siempre escucho la voz de Rose, me recuerda que no tengo salvación... Rose era como un espiral, mientras más sentía que podía tocar su mano, más grande y extenso se hacía un abismo entre las dos. ~
~ A Rose le asustaba ese abismo... esa oscuridad, siempre lloraba sola en su habitación.
En cambio, a mí me encantaba esa oscuridad y eso era lo que Rose tanto odiaba... ~
~ Mientras yo caminaba en un sendero de sueños y esperanzas rotas... ella caminaba sobre una mentira provocada por un delirio... y al no soportar la verdad, bajo una sotana de discordia... me sepultó entre mil dudas
— Oye, Rose, ¿acaso mañana también saldrá el sol? ¿Y matará tu bella sonrisa?— ~
~ Rose tenía mil defectos que eran perfectos, tenía un brillo de vida y muerte adornando sus ojos... y a la vez tenía un alma rota gozando de vida.
— ¿Adónde vas cuando te duele el alma?
—Al cementerio. Si no puedes entender la soledad de los muertos, ¿cómo vas a entender la de los vivos?— ~
~ Yo tenía mil dilemas y Rose, en sus cálidas manos, tenía una fría calma de vida y tranquilidad...
Rose no solo era una compañía, fue al borde de mi desgracia en donde su humanidad y su calor se fueron extinguiendo... ~
~ Rose era frágil, débil, terca y, aun así, con todo eso y más... su felicidad yo la terminé consumiendo...
— Oye, Rose, sonríe para mí una vez más.
Oye, Rose, llora para mí una vez más... — ~
~ Una soga de palabras... eso era lo que Rose generaba en mí, mientras más cerca estaba de ella... menos precisas eran las cosas que quería dictar...
Tarde me di cuenta de que Rose solo era un espejismo en frecuencia de mi absurda monotonía. ~
~ Rose me odiaba y yo odiaba a Rose, nada nos complementaba, todo nos dividía y, aun así...
Rose me necesitaba y yo necesitaba de Rose, así era nuestra relación... así era vivir con esa extraña enfermedad titulada amor. ~
~ Cuando Rose desapareció, un grato aliento de paz yo obtuve, aun cuando en mis más oscuros pensamientos deseaba matarle...
Fue el tiempo el que me alejó de esa vieja fantasía y Rose desapareció con el pasar del viento... ~
~ ¿Quién era? ¿O qué fue Rose de mí? Es algo que aún con certeza no podría decir. Rose no fue alguien, ella era más bien una extensión de mí... una extensión muy enferma de mí... ~
~ — Oye, Rose, si no hubiera ido a las escaleras en aquella noche,
¿seguiríamos juntas? —
Aún suelo preguntar en esa vieja puerta de madera, esperando que dentro de la profunda oscuridad un «sí» me llegues a contestar. ~
~ Aun si no hubieras ido,
Tú y yo nos romperíamos en fragmentos, y yo, de igual forma, terminaría aquí encerrada con el delirio en mano...
~Buenas noches, Rose~.
~ Y al final, en una vieja y desgastada muñeca de porcelana quedó... destruí a Rose, claro que lo hice... la obligué a jugar mi juego, la usé mil veces y no paré... incluso cuando a gritos me pedía que soltara esa enferma adicción... ~
~ Rose tenía la culpa, era su culpa, nos orilló a ese abismo, y yo lo terminé consumiendo de una forma tan asquerosa que me gustó y el control perdí... Rose me enfermaba, me asfixiaba, y en mis sueños a Rose yo envenenaba.
—Rose, si te quiebras, espero que sea en mis manos.—
~ —Oye, Rose...
¿Cuándo termine de contar las estrellas...
mi soledad en
algún punto terminará?— ~






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