Capítulo 1
BaekHyun no consideraba justo tener que quedarse en casa esa noche. Él quería salir con sus amigos, entrar a aquel pub elegante y exclusivo de Seúl y quizás emborracharse un poco, pese a que no sabía beber y le afectaba muy seriamente a sus poderes el ingerir alcohol. Y bueno, puede que por eso JiMin hubiera fruncido el ceño, dado una patada al suelo y dicho con voz cantarina y muy aguda que no puedes ir, Byun BaekHyun, y esa es mi última palabra.
Sip, definitivamente había sido la última palabra de su ángel de la guarda, pero no la suya. BaekHyun había murmurado improperios, había tratado de argumentar por qué tenía que ir a aquella fiesta e incluso, le había sugerido a JiMin que él se encargaría de lavar los platos durante todo un mes, en un intento por llegar a una especie de acuerdo donde ella no era tan malditamente inflexible.
No había surtido efecto. Su ángel había sonreído de medio lado, se había apartado un mechón de su bonito rostro y le amenazó con encerrarlo en su habitación para que no hiciera una estupidez. JiMin de hecho, lo encerró, lo empujó dentro de su cuarto cuando lo pilló tratando de salir a hurtadillas del piso compartido, y muy enfadada utilizó su magia para bloquear la puerta.
BaekHyun aún así, hizo una estupidez. Salió por la ventana desde el segundo piso del edificio, saltando a la escalera de emergencia y tratando de hacer el menor ruido posible para no despertar al jodido gato de la señora Lee del primero. Después, llamó a SeHun para que lo recogiera en un punto lejos de su casa y poder ir al pub Temptation.
Sabía desde un principio que estaba haciendo mal, pero eso no evitó que de todas formas entrara al jodido club. A fin de cuentas, era adulto, tenía ya veintitrés años y no era ningún bebé, podía conducir, beber o hacer lo que le saliera del pene, aunque JiMin no lo viera de esa forma. A decir verdad, entendía por qué ella se negó a que pusiera un pie en esa fiesta, pero mierda, estaba harto que por el tema de ser un semidios no pudiera hacer lo que quisiera.
¿No debería de ser al revés, uhm? ¿No debería de poder disfrutar más y mejor al tener poderes y todo eso? No. No cuando se tiene a una ángel guardián desde la infancia, cuidándole como una hermana mayor, procurando que no se hiciera daño y que de paso, no destruyera nada con sus poderes descontrolados. BaekHyun lo encontraba una exageración por parte de la chica, pero también sabía que en realidad, había mucho poder dentro de él que no sabía cómo controlar, y en parte, eso también era su culpa.
BaekHyun era hijo de Apolo con una humana, su relación con su padre era una mierda y su madre no quería saber nada más de ese bastardo, pese a ser una mujer cariñosa y entregada, una que quería muchísimo a su cachorrito, como solía llamarlo ella. JiMin, en cambio, era un ángel enviada por su padre para cuidarlo y protegerlo de las criaturas que vivían en Seúl y que podrían querer desear tener en su poder a alguien como BaekHyun. Y mierda, JiMin había actuado más como padre de lo que lo había hecho Apolo, pero suponía que ese era uno de los gajes de ser el bastardo de un Dios, o algo así.
El caso era que precisamente como era su cuidadora, JiMin vivía con él en un apartamento, mientras él estudiaba en la universidad, y aunque la quería muchísimo porque se había criado toda su vida con ella, BaekHyun encontraba irritante y molesto que ella decidiera por sí misma que no podía salir. Entendía que JiMin solo estaba preocupada por su seguridad, ya no solo porque pudieran hacerle daño, sino porque él podría hacerle daño con sus poderes a los otros, pero encontraba absurdo que no lo dejara ir a un inofensiva fiesta.
Espera, borra lo de inofensiva, pensó al ver a una pareja contra una pared besándose como si no tuvieran un mañana y a una bailarina en una tarima casi sin ropa. Sin embargo, sabía que lo que preocupaba a JiMin no era aquello, no era el sexo o las chicas en lencería. Lo que no le gustaba de aquellas fiestas eran sus amigos y los chupitos.
A JiMin no le caía bien SeHun y esa era una verdad tan grande como que Apolo era un bastardo mujeriego. Puede que fuera porque su sonrisa era cínica o su expresión a veces no descifrara nada o tuviera que ver con aquella vez que BaekHyun casi se ahogó porque se le ocurrió la magnífica idea de ir a nadar a la piscina de la casa de los Kim después de haber bebido unos tragos de más. Tenían quince años, allanaron una morada y vomitaron en la piscina de los señores Kim.
JiMin no soportaba a SeHun desde hacía un par de años y aún rechinaba los dientes cada vez que él le decía que saldrían con su amigo, quizás porque SeHun estaba involucrado en la mitad de los desastres que había cometido BaekHyun sin darse cuenta, usando sus poderes por accidente. Y él, pese a apreciar su cariño y cuidado, no quiere vivir encerrado en una maldita burbuja.
Pero sí reconoce que quizás no es conveniente que beba demasiado esa noche. No obstante, cuando lleva ya el quinto chupito y nota que su mente está nublada, se ríe por todo y en general, todo empieza a darle vueltas, BaekHyun sabe que está achispado y que es el momento de parar antes de decidir que el tipo que está a su derecha, tratando de ligárselo, está bien como para enrollarse con él un rato en el baño de Temptation.
Pero BaekHyun no para, toma una sexta copa y el chico de la barra es listo, nota que no está en sus cinco sentidos y trata de meterle mano, mientras le endulza la oreja con palabras susurradas que tienen como único objetivo meterle el pene en el baño. Quizás por eso y porque recuerda el rostro cabreado de JiMin cada vez que se queja de que no se acuerda de con quién ha tenido sexo, es por lo que empuja al tipo lejos y se levanta a trompicones del asiento.
Cuando es consciente de que ha tirado al chico contra el suelo con fuerza y que éste lo mira con cabreo, BaekHyun se recuerda que es un jodido semidios y que debe de ser más suave con los mortales.
—Upss. —gorjeó sin sentido, llevándose una mano a la boca, riéndose nerviosamente, no pudiendo controlar sus reacciones debido al alcohol.
—¿Estás bien, chico?—preguntó la chica detrás de la barra, una alta, musculada y de aspecto de poder meterle un palo por el culo a cualquiera, incluso a él si no le daba una respuesta rápido.
—Sip, sólo necesito tomar el aire.
—Te puedo acompañar si quieres, muñeco.—dijo el tipo al que tiró al suelo, levantándose con la vergüenza subiéndole por el cuello, pero aún lo suficientemente osado como para seguir tratando de ligárselo.
La chica alzó las cejas, pareciéndole también absurda la forma de insistir del otro.
—No, gracias. Buscaré a mi amigo.—el tipo fue a agarrarlo por la muñeca, pero BaekHyun reaccionó antes y mierda, por eso no era bueno beber cuando se era un semidios sin entrenamiento, porque sus poderes se hacían cargo de él y no era ni consciente de las cosas que hacía.—Vas a dar media vuelta y te vas a olvidar de mí.
Vagamente, su mente era consciente de aquel susurro elocuente e hipnótico, pero sabía que ahora mismo no estaba dentro de sí mismo y que en una situación normal, sin tener tanto alcohol en sangre, BaekHyun no era capaz de usar esa mierda y conseguir que los demás hicieran lo que él quisiera. Si hubiera podido, no habría llegado hasta el club saliendo por la ventana de su casa, ¿no?
Sin embargo, en ese instante, el chico parpadeó, confuso un segundo y miró a BaekHyun como si éste fuera la única persona en ese maldito local, o algo así. La mano que buscaba atraparlo, bajó, quedando laxa contra su cuerpo y su cabeza se ladeó, como un robot tratando de asimilar las órdenes de su amo.
—Voy a dar media vuelta y a olvidarme de ti.—afirmó, su voz impersonal, fría, bajo los efectos de su hechizo o lo que quiera que fuera aquello.
El chico se giró, alejándose de BaekHyun y entonces él despertó de su ensueño donde era un semidios que sabía lo que hacía para convertirse en el desastre que solía ser siempre. La mujer al otro lado de la barra lo miraba más curiosa que antes, no creyéndose lo que acababa de pesar frente a sus ojos y él sonrió con nerviosismo, aún achispado, diciéndose que tenía que salir de aquella mierda, antes de que comenzara a hacerle preguntas y a él se le soltara la lengua.
JiMin iba a matarlo si tenía que volver a desmemoriar a alguien porque él no sabía cerrar el pico cuando tenían un par de copas de más encima. Y con eso en mente, dio tumbos por el local, tratando de localizar a SeHun para marcharse, terminando rindiéndose y saliendo al frío de la madrugada solo.
Una vez más, SeHun lo había dejado solo y él se abrazó a sí mismo, sintiéndose solo y estúpido en la puerta del Temptation. Se quedó sentado durante unos minutos en el bordillo de la acera, bajo una farola y con el conocimiento de que tenía la mirada de los seguritas sobre él, por si acaso le ocurría algo. Cuando sintió que su mundo ya no giraba tan vertiginosamente y que era capaz de estar sobre sus dos pies, comenzó a caminar de regreso a casa, maldiciéndose por ser imbécil.
Lo peor de tener que volver a casa solo no era el pánico de la noche, las sombras o las criaturas que podían salirle a su paso. Nop, lo jodido era darse cuenta de que JiMin tenía razón al decirle que no era seguro salir con SeHun. A fin de cuentas, su amigo siempre lo terminaba dejando solo cada vez que iban a un club y a BaekHyun le irritaba como la mierda, que las palabras ácidas de su ángel de la guardia sobre el tipo fueran verdad. SeHun era su amigo, sí, pero muchas veces era un capullo y detestaba volver a casa solo y caminando porque él había desaparecido (seguramente para tirarse a cualquiera en el baño de minusválidos)
Dando pisadas fuertes y con el ceño fruncido, BaekHyun caminó por la calle principal, evitando las zonas oscuras y tratando de no pensar demasiado en lo mal que se estaba sintiendo. Podría haber llamado a JiMin, pero no quería tener que lidiar con su regañina, no al menos hasta que consiguiera entrar por la puerta de su casa o hasta la mañana siguiente, si tenía muchísima suerte. Le molestó no haber pensado en la posibilidad de tener que coger un taxi para volver, demasiado ofuscado en la idea de salir como para regresar en la vuelta, y consolándose diciéndose que al menos se le bajaría un poco la borrachera con aquel paseo, en caso de que JiMin estuviera esperándolo.
—Maldito SeHun. —maldijo con rabia, golpeando algo con su pie al dar una patada al suelo.
BaekHyun trastabilló, perdiendo su sensible equilibrio y parpadeó confuso. ¿Qué fue eso? ¿Una piedra? La cosa rodó por el asfalto, deteniéndose unos pasos por delante de él y no le habría llamado la atención si aquella piedra fuera en realidad una piedra. Porque las piedras no eran esferas perfectas ni rojas.
Él se acercó con cuidado, sintiendo un cosquilleo en la palma de sus manos a medida que estaba más y más cerca de la esfera. BaekHyun recordó vagamente sus clases con JiMin, él no solía prestarle mucha atención a sus explicaciones, pero creía saber que aquella sensación que estaba sintiendo era porque estaba frente a un objeto mágico que albergaba un gran poder. O algo así. Y fue gracioso, porque para BaekHyun la esfera roja parecía más una pokébal que un objeto mágico, pese al símbolo pequeño y negro que tenía en su centro con la figura de un fénix.
—¿Guardará dentro un Moltres? —se preguntó, riéndose de su propio chiste.
Tomó la esfera con cuidado entre sus dedos, mirándola con detenimiento, fijándose en que su color no era exactamente rojo y que si la miraba con cuidado, podía ver llamas pequeñas y en movimiento dentro de la bola, casi como si esperaran ser liberadas, y demonios, aquello era muy raro. ¿De quién sería aquella esfera? Tendría que ser una criatura grande o puede que de un mago.
—¡Oye, tú! ¡Eso es mío! —gritó una voz aguda, asustándolo.
BaekHyun se cayó de culo al intentar coordinar sus miembros debido a que todavía no estaba sobrio y abrió la boca como un pez al ver al gato de un tono dorado y manchas negras, mirarlo con lo que parecía rencor y enfado, sentado justo detrás de él.
—Bien, vale, no más chupitos cuando salgas de fiesta, BaekHyun.—murmuró para sí mismo, rascándose la sien.
—No me importa lo que vayas a hacer la próxima vez que salgas, humano. —habló el gato con tono enojado. —Devuélveme la bola.
—Hablas.—soltó BaekHyun, impresionado.
Y mierda, era un jodido semidios, tenía un ángel de la guardia y su padre era el mismísimo Apolo, pero estaba desconcertado porque hablaba con un gato, joder. A fin de cuentas, no solía hablar con animales como si él fuera el protagonista de una de las obras de Disney.
—Sí, hablo.—asintió el gato, irritado. —¿Podemos superar esta parte y devolverme ya mi bola?
—¿Esta bola es tuya?—alzó las cejas BaekHyun, mirando alternativamente el objeto mágico y el gato.
Estaba claro que aquel no era un gato común, pero algo le decía que aquella bola tampoco le pertenecía.
—Sí, es mía. Dámela.
Un maullido rompió la noche y el gato saltó a por la bola. BaekHyun esta vez sí pudo reaccionar y se levantó, dejando que el animal cayera sobre la acera, mientras él mantenía la bola lejos de su alcance.
—Nunca he escuchado que los gatos tengan esferas de poder. —dijo lentamente, muy calmado, llegando a su boca una palabra técnica que había salido de sus subconsciente, quizás por las largas clases de JiMin tratando de explicarle algo sobre su mundo, mientras él dormitaba.
El gato rechinó los dientes, moviendo sus bigotes de forma graciosa.
—No eres un humano común.
—Tú tampoco eres un gato común, minino.
—Me llamo JongDae.—arrastró las palabras, cabreado.—Esa esfera es de mi amo y si no se la devuelvo hará de mí sopa de gato. Tienes que devolvérmela.
BaekHyun podría haber dejado caer la bola, podría habérsela dado al extraño gato llamado JongDae y regresar a casa. Él realmente podría haber pasado de aquello, porque las esferas de poder solían pertenecer a criaturas poderosas que necesitaban contener su poder en un objeto, para no explotar o algo así, y mierda, si se quedaba con ella, el amo de JongDae, iría a por BaekHyun.
Pero él estaba cansado, estaba harto de mantenerse al margen, de ser un niño protegido y de no saber qué peligros se escondía allí fuera, porque era apartado antes de que se hiciera daño. BaekHyun sentía curiosidad y también mucha estupidez, por eso sonrió de medio lado, mirando a JongDae y se guardó la bonita esfera del fénix en el bolsillo de su chaqueta.
—No. Yo la he encontrado y ahora es mía.
—No sabes lo que estás haciendo, mi amo…
—Tu amo puede chuparme el pene.—dijo de forma osada. —La esfera es mía.
JongDae iba a protestar, pero algo más llamó su atención y cuando BaekHyun frunció el ceño, pensando que se había metido en un buen lío con el amo del maldito gato, se encontró con la bonita cara de su ángel de la guardia, mirándolo muy cabreada.
—Por fin te encuentro, BaekHyun.
Al mirar detrás de él, JongDae ya no estaba y sip, él estaba en problemas de todas formas.
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